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LA CASA DE JACK/ Glenn Gould & Johann Sebastian Bach- Lars von Trier

 


NOTA PELÍCULA: 9
NOTA MÚSICA: 9

THE HOUSE THAT JACK BUILT-2018

Festival de Cannes: Sección oficial (fuera de concurso)


Podemos escribir, deducir o establecer multitud de juicios y pareceres sobre 'La Casa de Jack', su interpretación como historia y el papel que la música juega en ella; no obstante, considerando que el matiz musical de las canciones pop queda en un papel milimétricamente opaco, incluso vomitivo respecto al nivel de la obra en su conjunto, escribo estas breves palabras para concretar el significado musical en una sola faceta: el Arte.

Así como el Arte juega un papel obsceno y protagonista en la idea de la historia, en su filosofía y en el entendimiento al que nos lleva, nosotros podemos y debemos focalizar la identidad de todo el entramado en las imágenes reales del pianista Glenn Gould interpretando a J.S. Bach, que es el Arte.



Gould, extrañísimo intérprete y mano derecha de la obra del compositor alemán; genio alejado de los cánones y el método; auténtico devorador de la vida interpretativa e, incluso, obsceno 'asesino en serie del instrumento del piano', Gould simboliza el sentido último de toda la historia: interpretando de manera intelectual el Arte de las notas de Bach, Glenn Gould y su insólita y chocante personalidad al piano representan la atónita presencia de Jack frente a la vida. 

¡Qué atronador contraste: el Arte y el genio frente al infierno y la desgracia!


Obra extraordinaria, no apta para principiantes: una película atronadora.


Antonio Miranda

Diciembre 2025


LA DOLCE VITA- NINO ROTA/ Federico Fellini

 


LA DOLCE VITA- 1960

Festival de Cannes: Palma de Oro (mejor película)

9 sobre 10


Irremediablemente no busques el sentido a La Dolce Vita en su música, como tampoco lo hagas con la historia de Fellini desde sus secuencias locas y disparatadamente intelectuales. Porque la producción es esto: un culto sinsentido al que aferrarnos cuando las elucubraciones trascendentales nos parezcan interesantes.



La música del genial Nino Rota rompe con su propio significado y acompaña, dinámica y costumbrista, al grupo de acontecimientos que nos harán sentir personas. Bufona elegancia de las trompetas o clarinetes sarcásticos, como bufones son los protagonistas o sarcásticos los contenidos. La aristocracia, ridiculizada según muchos medios dedicados a la crítica, ¡es la mera excusa! ¡Nos encontramos ante la risa por la vida, por todos nosotros!

Disfruta, en definitiva, de un arte intelectual que hiere su grandeza para bajarse al mundo real.

Entrañable.


ANTONIO MIRANDA

Octubre 2025





SIRAT, TRANCE EN EL DESIERTO/ Kangding Ray-Oliver Laxe

 


SIRAT, trance en el desierto-2025

Festival de Cannes- Premio del Jurado


Nota película: 6

Nota música: 5


Producción española seleccionada para representar a España en los Oscar 2026. Un filme que deja un sabor de boca agradable al final de la historia pero que, personalmente, me ha costado ir asimilando como reflejo de un tipo de vida muy alejada del que pudiera predicar y en la que el director se regodea excesivamente en instantes y con situaciones redundantes y sin sentido, sin contenido ni trascendencia. Unos silencios y conversaciones bastante alejados del cine de autor, absolutamente flojas (como lo son en el ambiente que se describe, por otro lado) donde priman, y con una música que se limita a cumplir, con lo que es suficiente dentro del carácter hipnótico de la obra. Una música sintetizada en todo momento y fácil, muy fácil de componer y de aplicar a las imágenes; no obstante, sin pretensiones iniciales.





El motivo de contrastes entre culturas y formas de vida adquiere en el filme un significado claro, demasiado patente: excesivo y poco natural.

Una producción sobrevalorada que no deja, en historia ni en composición, ninguna huella notable.


Antonio Miranda

Septiembre 2025



WILLOW- James Horner


9 sobre 10

Festival de Cannes-Sección oficial: fuera de concurso


WILLOW (1988)
JAMES HORNER


Exuberante composición. Partitura de un James Horner pletórico, repleto de Arte por donde quieras mirar su trabajo y que no hace sino crecer su figura tras el fatídico accidente de avión que le costó la vida.

Los primeros diez minutos son devastadores. Bastaría con ellos para dejar claras las intenciones del artista y la calidad y su dominio de una aventura ya convertida en clásico de aventuras de culto. El manejo de la narrativa es excepcional pero, no obstante, el tema principal es de tal belleza y se ejecuta de tal manera y en instantes estudiadísimos que absorbe todo cuanto alrededor de él funciona. Un servidor, hace ya muchos, muchos años...fue cautivado por esta melodía y, afortunadamente, con ella se inicio un periplo de interés por la música de cine que jamás será borrado por cualquier otra melodía. Espectacular.


La partitura, bajo una clara influencia del clasicismo musical, consigue hacer olvidar este aspecto y logra un nivel de narración de las secuencias, las cuales presentan un dinamismo intensísimo, muy alto combinando con habilidad unos temas con otros y presentando con agilidad una propuesta magistral, cauta hasta llegar al final, con fuerza pero sin desmedida presencia, algo que Horner siempre conseguía. El espectacular tema principal, tierno y evocador, al lado del tema clásico de acción y todo entrelazado como una estructura única consiguen posicionar al compositor como lo que fue, una promesa mayúscula de la música de cine en aquella época que conseguiría composiciones, además de ésta, de una maravillosa e inaudita calidad.



Con uno de los temas principales que más se disfruta en un filme cada vez que aparece, 'Willow' es una obra de un nivel incuestionable, recomendable para cualquier estudioso y, sin duda, ideal para todos los principiantes.

Para terminar, un pequeño detalle, curiosidad que se destapa como inteligencia musical de un genio indudable cuando estudias su intención: la parte final, maravillosamente compuesta y aplicada a la acción (eran los primeros tiempos de Horner), resulta de un minutaje largo, trepidante y durante él en ningún momento suena el tema romántico (asociado a la niña, al esfuerzo, a la lucha, al coraje, al idealismo...). Las trepidantes notas parecieran habérselo 'comido' literalmente. Tras todo este fragmento, Horner literalmente nos inyecta la muerte por placer cuando lo vuelve a insertar en el abrazo de Willow con su esposa. Asombroso, de esas escenas que no aparentan gran cosa pero que, sin duda, la sencilla genialidad de un mago del cine consigue mutar la normalidad hacia la belleza. Inigualable.



Antonio Miranda. Junio 2020






BIENVENIDO MR. MARSHALL- Jesús García Leoz & Juan Solano

 



8 sobre 10

BIENVENIDO MR. MARSHALL (1953)


FESTIVAL DE CANNES


Película entrañable y repleta de matices que distan mucho del conocimiento científico empírico que el espectador pudiera presenciar en pantalla; no obstante, espectacular decisión de Berlanga al no otorgarle a la música un papel trascendental. Nos encontramos ante una composición pura y como tal, prácticamente, vacía de interpretación y estrictamente narrativa. No por esto, absolutamente, su papel es secundario.


García Leoz mantiene esa función tan compleja para un compositor de no desviar su obra de lo que estrictamente quiere el director. Y así ocurre en la historia. Podemos presenciar, en la presentación inicial del pueblo y los personajes, unas notas en constante escucha con la peculiaridad de que si cerramos los ojos y atendemos sólo a los sonidos, tras haber visto la secuencia, podríamos casi milimétricamente narrar nosotros lo que va ocurriendo. Esto es,claro está, la deducción observacional del carácter puramente narrativo, y sin falta de calidad notable, de la música en 'Bienvenido Mr. Marshall'.

El ambiente y los cuadros costumbristas del lugar, de los habitantes y de la sensación del proyecto lo proporcionan las exquisitas composiciones en formato canción del compositor Juan Solano, estudiadamente repartidas a lo largo del metraje.




Tras un inicio de créditos que el mismísimo Manuel de Falla pudiera haber firmado, García leoz mantiene esa línea narrativa comentada para fusionar ésta con su folclórico, clásico y melódico inicio en el instante en el que, como nos cuenta Berlanga, se inicia la intención de juntarse las dos culturas que conviven en la historia: americana y española. Sin duda, una 'treta' artística excepcional.

Mencionar aparte la conocida canción 'Americanos', compuesta como toda la obra vocal por Juan Solano y letra de Miguel Mihura, que pulió finalmente el guión premiado de Berlanga y Bardem. Un lujo, sin duda, entre una historia magnífica y una composición notable.


Antonio Miranda

Julio 2022



MUERTE DE UN CICLISTA- ISIDRO B. MAIZTEGUI/ JUAN ANTONIO BARDEM- ESCENAS de música y cine




MUERTE DE UN CICLISTA (1955)

ISIDRO B. MAIZTEGUI/ JUAN ANTONIO BARDEM

Escena final- La mujer coge el coche.

Festival de Cannes: Premio de la Crítica Internacional



Filme español de Juan Antonio Bardem y thriller notable con una banda sonora bastante desequilibrada. Maiztegui deambula con subidas, bajadas, aciertos, fragmentos de música que realmente pasa desapercibida y otros de enorme presencia.



ESCENA:

   



 La escena que nos atañe y con la que podemos explicar, como en todo nuestro Ciclo End Titles ‘Escenas de música y cine’ hacemos, el filme completo y la influencia de su música, llega en un final interesantísimo y la partitura, acertadamente por fin, de la misma forma. El inicio de ésta en la primera escena fue prometedor. Unos albores estilosos a la forma del gran Bernard Herrmann y otros a la de Miklós Rozsa nos anuncian un gran músico pero, realmente, algo perdido en la historia. Maiztegui nunca consigue una línea única, deshace lo bien fabricado y no emplea su mayor éxito: la escena del asesinato de Juan por parte de María José, atropellado con el coche. El minimalismo del autor es espectacular, véase la secuencia y podremos apreciar cómo cuatro notas, macabras y tensas, aparecen al inicio y no dejan de sonar hasta el final, ocurra lo que ocurra. Pareciere que la música va a matar, que ella es la forjadora del pensamiento macabro que se apodera de la joven María José. La tensión, el dramatismo, el anuncio de lo que va a ocurrir manteniendo la incertidumbre e, incluso, las descripciones de los movimientos de ella (cómo música y mirada se unen es verdaderamente impactante), todo forma una red que, habiendo escuchado el intento por ‘musicar’ toda la historia, más bien el director tendría que haber optado por borrar y mantener esta única secuencia. Incluso lo posterior es inadecuado a una obra seria: veámoslo.

La composición final del autor (con la que se cierra la escena del ciclista avisando del accidente y se inician los créditos finales), con no menos culpa por parte de Bardem (quien con toda seguridad quiso este matiz para la conclusión de su obra), es, cuanto menos, cómica. Existen varios ejemplos en la historia del cine cuya conclusión (de la mano de la partitura) es sorprendente respecto a lo planteado y a la seriedad de las historias (recuerdo ahora el ‘Nosferatu’ de Herzog y Popol Vuh) y estamos ante una de ellas. Aquí, el músico debería haber compuesto una versión de la secuencia inicial y el director saberlo indicar acudiendo al drama de la historia y no pareciendo estar cerrando una película de dibujos animados.

Por tanto, producción cuya secuencia explicada tiene una fuerza muy importante en la trama (los instintos, la muerte, la avaricia, la desgracia humana…) y que, desde la música, está excelentemente explicada y con tanta fuerza brota su calidad que tumba definitivamente el resto del trabajo del compositor. Secuencia exquisita y partitura decepcionante.

Nota:
Escena- 9
Banda Sonora-5

Antonio Miranda. Agosto 2020



LOS PÁJAROS/ THE BIRDS- Alfred Hitchcock




10 sobre 10

FESTIVAL DE CANNES: SECCIÓN OFICIAL (FUERA DE COMPETICIÓN)


Los pájaros

Título original: The birds
Año: 1963
Nacionalidad: EE.UU.
Director: Alfred Hitchcock
Intérpretes: Tippi Hedren, Rod Taylor, Jessica Tandy, Suzanne Pleshette, Veronica Cartwright.
Sinopsis: Melanie, una joven de la alta sociedad de San Francisco, conoce por casualidad al abogado Mitch Brenner, al que posteriormente sigue hasta la pequeña localidad costera de Bodega Bay. Allí, comienzan a sucederse extraños ataques por parte de las aves del lugar.

Inolvidable clásico del “Mago del Suspense”, con el que, tras el rotundo éxito de su anterior trabajo, Psicosis, no sólo no defraudó la expectativa generada en su día, sino que completó un asombroso póker de cuatro obras maestras consecutivas en el lustro que va de 1958 a 1963, con Vértigo, Con la muerte en los talones, la mencionada Psicosis y la que nos ocupa.

El carácter críptico de la historia y, especialmente, la ausencia deliberada de explicación a los hechos han dado lugar siempre a multitud de lecturas e interpretaciones. Mediante estas líneas plantearemos la nuestra, que, dicho sea de paso, no excluye sino que más bien se complementa con cualquier otra, y según la cual, estamos ante una metáfora de la pérdida del control sobre su propio destino que le causa el amor a la protagonista. Ésta es una joven rica, caprichosa, que hace cuanto le viene en gana en la vida y que tiene controlados sus sentimientos (esto lo simboliza la pareja de periquitos que a su llegada a Bodega Bay lleva enjaulados, y, por tanto, controlados); pero a medida que se enamora de Mitch, pierde el control sobre sus sentimientos y su vida, y llega el caos. Deja de estar en su mano su propio destino, de la misma forma que, si bien se puede tener enjaulados a un par de pájaros, no se puede tener así a todas las aves del mundo y, por tanto,el devenir de los acontecimientos escapa a nuestro poder de decisión. El amor, fuerza incontrolable que trasciende a nosotros mismos y a nuestra comprensión, arrasa con todo y se convierte en un elemento exógeno que nos dirige. Arrasa incluso con la estabilidad de la madre de Mitch, que desde el principio ve con recelo la llegada de Melanie (el pánico al ataque de los pájaros representa el pánico a que el idilio entre Melanie y su hijo le haga perder la compañía y la protección que le supone el tener a éste), y arrasa también, en este caso con consecuencias aún más trágicas, con Annie, la profesora que tuvo una relación amorosa con Mitch en el pasado y que aún está enamorada de él.


El primer tramo del metraje nos ofrece algunas pistas de esta identificación entre el comportamiento de los pájaros y el enamoramiento de Melanie: cuando ésta conoce a Mitch en la pajarería, uno de los ejemplares se escapa de su jaula, simbolizando un primer síntoma de la pérdida de control sobre sus sentimientos. Posteriormente, cuando ella observa a Mitch escondida desde la barca, en lo que supone la primera vez que lo ve desde aquel encuentro casual, se produce la primera agresión por parte de una gaviota, una agresión fugaz y aislada que representa el primer “golpeo” del amor. Y, más adelante, tampoco es casualidad que sea a Annie (la profesora) a quien matan las aves, en un paralelismo con el hecho de que la llegada de Melanie “mata” sus esperanzas de recuperar a Mitch.


Resulta una verdadera delicia la perfección con que nos obsequia el genio londinense en la planificación y el montaje de cada escena, nada nuevo en la filmografía de quien es uno de los directores que mayor número de obras maestras legó a la historia del cine. Sirvan como ejemplo algunas de esas escenas que destacaremos por su brillantez:

§  La del ataque de los pájaros mientras los protagonistas están en la cafetería, con una magistral creación de tensión al montar en paralelo el desastre generado por el incendio en una gasolinera, la aproximación de las aves en un plano aéreo subjetivo y las reacciones de los personajes al otro lado del cristal;
§  La de otro ataque, en este caso en la escuela, y especialmente con esos momentos previos en que Melanie espera a la pequeña Cathy sentada en un banco mientras un inquietante número de cuervos empieza a reunirse a sus espaldas sobre unas atracciones infantiles, para, tras unos instantes en que han permanecido fuera de campo pero todos sospechábamos lo que estaba ocurriendo, mostrarnos que se había terminado por juntar una ingente cantidad de ellos, listos para atacar. ¡Qué lección de cómo construir mediante la sugerencia y la expectativa del espectador una secuencia de suspense!;
§  La del interior de la casa, ya en el tramo final, en que los protagonistas se preparan, esperan y reciben la violenta acometida de las aves, en una escena que con toda seguridad debió de influir en George A. Romero a la hora de rodar La noche de los muertos vivientes (1968), sustituyendo los pájaros por zombis;
§  Por último, la célebre escena final. No se podría conseguir mayor tensión y desasosiego que colocando a los protagonistas en un lento e inquietante desplazamiento entre centenares de los amenazantes seres, dejándolos por completo a merced de ellos.


Mención aparte merece también, por último, el apartado de los efectos de sonido, fundamental en esta obra.Su diseño contó con el asesoramiento del gran Bernard Herrmann, quien firmó algunas de las partituras más memorables de la filmografía hitchcockiana. El filme carece de música como tal, pero bajo la supervisión del genial compositor neoyorquino los graznidos de los pájaros, acompasados y recreados electrónicamente, se convierten en la música de la película, llenando de tensión y terror cada una de las escenas de los ataques. Este recurso resulta de lo más acertado y efectivo, pues ¿qué música podría igualar el pavor causado por el sonido que emana, directamente y de forma natural, del origen de la amenaza?





BSO- DOCTOR ZHIVAGO- Maurice Jarre



10 sobre 10

Festival de Cannes: nominada a mejor película


DOCTOR ZHIVAGO (1965)
MAURICE JARRE

La versatilidad de Maurice Jarre para ‘Doctor Zhivago’ es asombrosa, consiguiendo empastar ámbitos musicales tan dispersos como lo son los ambientes sociales de un filme tan complicado. Es una música de fuerza social, prácticamente la partitura se convierte en una composición política que ahonda en las diferencias entre las clases sociales del filme. ¿Música política? End Titles se mantiene en esta arriesgada postura y la fundamente en un hecho que lo demuestra con claridad: Jarre no da un giro conforme al que hace la aventura cuando, por ejemplo, Zhivago y su familia caen a vivir en el campo, envueltos en un aire de naturaleza y frío que bien hubieran exigido ese cambio musical; sin embargo, no existe.



La universalidad de la música, los 16 compases bien reconocibles del tema principal (que Jarre tuvo que enseñar individualmente a los instrumentistas de balalaica durante las grabaciones con orquesta), su Óscar, el claro alcance por parte del artista de los niveles máximos del romanticismo de la música clásica rusa del siglo XIX, la continuidad de las partituras para el cine ruso del siglo XX…muchas razones para enfatizar la importancia de esta música; nosotros las dejamos de lado y volcamos su trascendencia en la historia de la música de cine en cuanto a la potencia que Jarre muestra en todo momento. ‘Doctor Zhivago’ resulta de las partituras más poderosas de la historia, su compositor lo es, un romanticismo, una tensión, un énfasis social y una presencia que, si bien nunca deja de estar empastada con el todo, cuando hace aparición consigue ocultar el resto de los detalles de esta grandísima obra.



La partitura no es descriptiva, incluso tampoco narrativa, asombrosamente es memorística, evocadora y prácticamente en todo momento traslada las secuencias a un ámbito trascendental. Vemos la relación de Lara con Zhivago como algo etéreo, nunca apoyado por la música sino elevado por ésta.  Muestra de ello es el primer beso entre ambos, envuelto en el silencio…

Su tema principal, en forma de vals, se estructura inteligentemente en dos partes al tiempo, cuales son las de la historia: la clase social alta y poderosa (ritmo de vals) y el pueblo obrero (la melodía)



Podemos entender la complejidad de la partitura en dos o tres escenas simplísimas del filme, entre ellas (avanzada la historia) cuando Zhivago, separado de su vida rural por un grupo de soldados rojos, topa junto a ellos con varias mujeres que huyen del horror de la guerra. La muerte y la desolación están reflejadas en este encuentro; no obstante, el sol parece querer aparecer entre las nubes: suena el tema principal, reflejo de la luz añorada, el amor y la vida, entre la miseria de la realidad (música memorística).

En fin, una obra aparentemente lineal pero con una fuerza tremenda, una personalidad nunca vista y la genialidad de uno de los más grandes compositores de la historia.

Puntuación: 10


Antonio Miranda. Junio 2019





BSO- TAXI DRIVER- Bernard Herrmann




10 sobre 10

TAXI DRIVER (1976)
BERNARD HERRMANN

Festival de Cannes: Palma de Oro

Banda sonora turbadora, la más arriesgada del autor y, por instantes, con las composiciones más vigorosas de su carrera. La combinación de matices de su propio (y personalísimo) estilo con el mundo del jazz, aderezado todo hacia el control de las imágenes hace de ‘Taxi Driver’ la obra más inesperada del músico y ejemplo máximo de su versatilidad maestra. Esta obra pareció señalarle con el dedo de manera tan inquietante como la música giraba drásticamente con ella y decidió metafóricamente, quizá, terminar con la vida de su creador tras concluir su grabación para quedar, ¿quién sabe?, como única muestra de un nuevo estilo.

Herrmann compone asombrosamente toda la cinta en el inicial tema principal. Se nos anuncia el sentido último de la obra, incluso sus detalles, y el terrible mundo que se nos avecina con la sola presencia de estos minutos y cuatro o cinco movimientos de cámara del director. Una unión tan exquisita como lo era la que tenía con Hitchcock y el planteamiento de dos vertientes musicales, como lo serán las de la historia: la vida y la muerte.



Con una de las escenas más impactantes de la historia del cine (y no nos referimos a la fantástica final), musicalmente hablando (conduciendo de noche el taxi, su cliente anuncia que va a matar a su propia mujer a la cual se ve a través de una ventana cometiendo una infidelidad), Herrmann, que ya ha compuesto la escena (recordemos las palabras iniciales de esta reseña) matiza en detalles acudiendo por vez primera a su orquestación en forma de sus ya envenenados y famosos vientos sordos. Las notas son mantenidas, intermitentes, una especie de los temas de la ducha en ‘Psicosis’ o John Williams en ‘Jaws’: ni tan conocidas ni tan mediáticas y sí, no cabe duda, igualmente impactantes. Más sobrias, más contenidas y más sigilosas… Asombroso. Deteniéndonos en ella, su estructura es inigualable. Las cuatro notas  que van agravándose (y que se erigen a partir de ahora como las reinas de la partitura) son interpretadas por los vientos cuando la imagen asciende por la fachada de la casa. El momento es tenso. Segundos antes del marido desvelar la identidad de la mujer a la que se refiere, Herrmann convierte las cuatro notas en una, la cual repite dos veces con una duración equivalente a las anteriores, con lo que inyecta mayor nerviosismo al espectador y consigue, sutilmente, que la partitura continúe sonando aún cuando ningún instrumento se escucha: el instrumento ahora es la voz del marido diciendo que se trata de su mujer y la va a matar. Es, sencillamente, genial. Lo que hace de un músico incrementar su labor a la de una dirección de escenas que ni los directores podrían conseguir. Aquí, sólo en End Titles, podrás encontrar la explicación a la trascendencia y calidad de esta secuencia aparentemente poco importante. Su poder de cambio en los acontecimientos queda demostrado con el enlace que Herrmann teje, pocos segundos después, al terminar la conversación entre el protagonista y su amigo taxista en la que le confiesa sus problemas de identidad, de vida existencial al fin y al cabo: termina la secuencia con las cuatro notas antes mencionadas.



Como hemos dicho, la evolución del filme es magnífica, poco a poco llega la obscuridad de la vida y nos damos cuenta de la facilidad con la que compositor y director nos la habían anunciado en los primeros segundos de historia: la vida y la depravación, el amor y el odio. El inicio del director  en su carrera trabajando con música original y el final del genio en vida: su última composición, habiendo sido concebida (quizá de ahí su naturaleza igualmente enfermiza) enfermo Herrmann de gravedad. La vida nos concedió el tiempo preciso para concluir su trabajo. En definitiva, obra ejemplar en su carrera y en la música de cine.




Puntuación: 10

Antonio Miranda. Mayo 2019







BSO- APOCALYPSE NOW- Carmine Coppola & Francis Ford Coppola




10 sobre 10

APOCALYPSE NOW (1979)
CARMINE COPPOLA & FRANCIS FORD  COPPOLA


Festival de Cannes: Palma de Oro 1979


Composición abstracta, profunda, meticulosa y acertadísima.

Estructura manifiesta volcada en un final que resulta desesperadamente atractivo en su desconocimiento. Notas musicales que engrandecen el argumento y su obscuridad pero no una fácil escucha.



La partitura para ‘Apocalypse Now’, claramente influenciada por la marcha de la música contemporánea de concierto de su tiempo, se proyecta únicamente, y de manera arriesgada, hacia el personaje final, el coronel Kurtz. El resultado es asombroso: la obra llega a plantear la duda de sus dos referentes, Kurtz o el capitán Willard (que va en su busca) y acude a esta disyuntiva para formar su cuerpo más potente, el de la citada duda como duda es la marcha de Willard río arriba y como lanzadera real de la música hacia la figura de Kurtz: Willard, que es quien busca y duda de Kurtz, es la figura donde descansa la partitura que, como un pasajero más de la lancha, será llevada hasta el ‘fin del mundo’ donde reside Kurtz.



Película de contrastes, no podía ser de otra manera la aparición de la música rock, incluso Wagner y su conocida melodía para ‘La Valquiria’, pero con la fuerte intención de permanecer casi de forma etérea: escuchamos estas canciones y nunca, para el estudioso y atento espectador, llegamos a disfrutar con ellas lo que lo hacen los soldados. Nosotros, sencillos objetos manejados por el compositor, obedecemos al deseo de la composición y la dirección de tener siempre presente la inquietud y el horror próximos. Una partitura, de manera casi obsesiva, con un carácter claramente latente y que llega a adoptar una forma tan hipnótica cual partita para flauta del mismísimo Johann Sebastian Bach. Atreverse padre e hijo con la composición e inserción de este modo de partitura en una historia de guerra resulta, cuando menos, asombroso.



En definitiva, obra maestra de en la que los Coppola muestran una coordinación en la que la figura de director del hijo es fundamental. Obra nada conocida, apenas considerada y, sin duda, con una importancia vital en la historia bélica y un nivel sobresaliente.

Puntuación: 10

Antonio Miranda. Diciembre 2018




BSO- UN CONDENADO A MUERTE SE HA ESCAPADO- W.A. Mozart




9 sobre 10

FESTIVAL DE CANNES: mejor Director


Un condamné à mort s'est échappé ou Le vent souffle où il veut (1956)
W. A. MOZART

Película intelectual, pausada, filosófica en la que un condenado a muerte estudia y lleva a cabo su fuga de prisión. El filme tiene marcados matices religiosos, características notables de fe y, sin duda, orientado hacia las creencias, la constancia y las metáforas entre vida y muerte, entre praxis y pensamiento. Esto, absolutamente, nos lo indica el uso que el director hace de la música en la historia.

El empleo de la partitura es estudiadísimo aunque, en apariencia y tras recibir con sorpresa deducciones sobre la composición y su poco uso en el filme (falso), uno queda ensimismado por la buena disposición final de Bresson y Mozart a tenor de lo desapercibidas que pasan las notas para la mayoría de los críticos. La música, queridos amigos, es la primera pista para el estudio del significado de una producción cinematográfica.



La historia transcurre siempre en planos primeros (increíble) y con lugares y secuencias repetidas, como bien se trata de la vida monótona en una cárcel. El uso de la música también es así: con una estructura simétrica, sonando orquesta y coro (el fragmento más extenso) al inicio y al final, el director emplea la misma frase orquestal (cual leitmotiv), sin coro, durante toda la cinta, cada diez medidos minutos, antes de la última y larga secuencia final: asombroso y estudiado al milímetro.
Por otro lado, el fragmento de la ‘Missa in C minor, K. 427’ de Mozart (obra única en el filme) es aplicado con coro, ya dicho, y sin él. Ambas vertientes tienen un claro significado: la aparición de las voces simboliza la libertad, el exterior y aparecen al inicio y al final cuando la historia está en exteriores, primero perdiendo la libertad y, finalmente, consiguiéndola (la religión); la otra vertiente, sin voces y con las cuerdas de la orquesta y aplicada de manera monótona siempre cada diez minutos y cuando los presos salen todos juntos al patio, nos da a conocer su vida en los interiores de la cárcel, la privación de libertad (el camino de la ‘no religión’). Tengamos en cuenta que uno de los símbolos musicales más fuertes de toda la historia, relacionado con la religión, es el coro de voces.



El detalle con el que se cierra la obra es esplendoroso: Bresson aplica la parte en la que Mozart ha cambiado la tonalidad de tema principal, usado hasta ahora. Nos resulta más limpio, más vital dentro del sufrimiento y la muerte: los presos han escapado.

Ejemplo de cómo emplear sutilmente y, al tiempo, de forma sobresaliente la música clásica en el cine.

PUNTUACIÓN: 9


Antonio Miranda. Agosto 2018.



BSO- EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO- Sofia Gubaidulina.



9 sobre 10

2017: Festival de Cannes: Mejor guion (ex aequo)


THE KILLING OF A SACRED DEER (2017)
Sofía Gubaidulina, Schubert, Bach y varios.

Majestuosa obra del director griego Yorgos Lanthimos, en absoluto recomendable para amantes del cine pasivo y comercial o sí, por otro lado considerado, con la esperanza de conocer verdadero arte. Pausada, tensa, atrevida, reflexiva y metódica. Vayamos al lado musical, punto fílmico que nos interesa.
El tratamiento que el director realiza con la música es ejemplar. Ninguna pieza compuesta para la ocasión, Lanthimos opta por un conjunto muy compacto y bien presentado, todo él atado, abrigado e influenciado por la grandeza de dos piezas clásicas, un inicio y un final el primero directo y eficaz y el segundo, sin duda, de una mezcolanza religiosa y satánica devastadora: espectacular. Los temas son el ‘Stabat Mater, D 383- I. Jesus Christus schwebt am Kreuzel', de Schubert y ‘St. John Passion, BWV 245- No. 1, Chorus. Herr, unser Herrscher', de Bach, ninguno de los autores mencionados en los créditos de la edición discográfica y sí los intérpretes.



Hay en la música de ‘El sacrificio de un ciervo sagrado’ la unidad precisa, el impacto necesario y el estudio óptimo para otorgar a la historia el matiz deseado por el director, una adjetivación del argumento absoluta y en un primer plano tan rotundo que, por instantes, las notas llegan a ser tratadas intencionadamente con un volumen ensordecedor y que, en segundos concretos, tapan incluso el lenguaje, prueba incuestionable de la trascendencia de la composición de las piezas para la película. De hecho, un detalle importantísimo es el inicio de la locura de la familia ya desde el segundo inicial, cuando las imágenes simplemente relatan los encuentros entre el joven Martin y el padre de la familia. Cómo el director trata estos primeros minutos es de una inteligencia desbordante y consiguiendo, incluso, adaptar movimientos y detalles al sonido o intensidad de la música, teniendo siempre en cuenta que él ha de conseguir su secuencia ya que los temas no han sido compuestos para la ocasión. La línea que traza inicialmente, con el tema ‘Sonata para violín y cello, Rejoice!- IV. And He Returned To His Own Abode’, como director del comienzo intuitivo, es interesantísima. Este fragmento se repite siempre que joven y adulto se ven (elemento embriagador único de los primeros minutos) y como única referencia musical del casi primer cuarto completo del filme. Tras la pieza de Schubert, ésta de la compositora Sofia Gubaidulina se convierte en única transmisora de lo que está por llegar. El espectador conoce que nada normal está ocurriendo, que un desenlace extraño vendrá mientras sus ojos presencian escenas que su mente ya olvida, gracias a la transposición musical que nos lleva hasta las futuras. Espléndido.



Existe en la obra, igualmente en la musical, una estructura dual muy marcada: el lado sacro y clásico de las dos piezas mencionadas y el adjetivo contemporáneo y experimental del resto de la composición. La abstracción, etérea concepción y misticismo del lado clásico y, por otro, la realidad, la descripción y la angustia vital del contemporáneo. Éste, a su vez, se viste de negro y blanco en un topetazo de contrarios que, al tiempo, se complementan para formar un todo: el tránsito al futuro de la parte inicial y el apoyo ya a la realidad angustiosa que se nos muestra en la parte central y final del filme. En fin, una combinación de estructuras formales que, de hecho, actúan sobresalientemente como si de una partitura escrita original se tratara.



Aderezada la historia con tres o cuatro temas puntuales que sólo sirven para matizar instantes y que, en la escucha aislada del cd, bien podrían haber desaparecido a la más mínima intención de contemplarlos oficialmente, el argumento se asienta en tres motivos principales. El primero, ya comentado (‘Sonata para violín y cello, Rejoice!- IV. And He Returned To His Own Abode’, de Gubaidulina), ha mantenido una evolución intensa y estudiada en los minutos nacientes. El segundo, ‘Et Exspecto- I. Movement’ también de Gubaidulina, da un paso más en contundencia y gira determinados momentos hacia el ‘golpe’, el nerviosismo y la adherencia a la imagen (que no tuvo el primero). La habilidad musical de Lanthimos se muestra: la estructura compositiva del filme ha quedado sellada. ¿Cómo?: escuchamos prácticamente una hora de historia bajo la batuta de las piezas de la compositora rusa. Un detalle: Gubaidulina es conocida por la profundidad religiosa de sus obras y el matiz trascendental de sus composiciones, lo cual nos lleva a crear un lazo más en la forma estudiada de la música en la presente película: demostrado queda el sentido religioso del tema inicial y final. Y con la elección de la artista rusa, igualmente la parte central de las notas más contemporáneas. Un todo que adquiere el sentido profundo de un significado que el espectador, a medida que avance la historia, irá creando alrededor de sus propias creencias y especulaciones. Absolutamente una película personal, individual y subjetiva.



Lanthimos desarrolla la parte más dramática con el tema de Gubaidulina ‘De Profundis’. Un drástico movimiento en la historia que nos lleva hasta el problema de la familia. Hasta ahora, la música describía y profundizaba en la relación del joven Martin y el médico. Siempre se escuchaba en sus encuentros o relaciones. El director, astuto, mueve el argumento para con la desgracia familiar al tiempo que lo hace con este fragmento histriónico, ahogante y mortífero. Ha llegado el desenlace.
La  evolución de la música y la historia van a la par. Si bien, al inicio, aquélla residía en el corazón del espectador y ésta se mantenía lineal, avanzando los minutos ambas fusionan sus caminos y adquieren un paralelismo absoluto, consiguiendo tensionar al espectador con toques inteligentes en pantalla y en partitura. Lanthimos acude a un par o tres más de fragmentos de contemporánea, una vez afianzada su temática musical, cierra los histriónicos sucesos con fragmentos neutros en cuanto a estudio (una vez fabricado el armazón) y concluye religiosamente como inició todo, ahora con el tema de Johann Sebastian Bach, como ocurre en otras muchas obras de grandes cineastas: un canto al pensamiento, al orden del caos que ha ocurrido, a la metafísica de la existencia y a la metáfora satánica de una raza, la humana, a la cual somete el mismísimo Satán a los propios deseos y castigos que ella misma genera dando forma al monstruo social que representa el joven Martin.

Puntuación: 9

ANTONIO MIRANDA. DICIEMBRE 2017




BSO- ED WOOD- Howard Shore.


8 sobre 10

1995: Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (mejor película)

ED WOOD (1994).
HOWARD SHORE.


TRABAJADÍSIMA, inspirada y genial partitura del compositor, quizá, más firme y serio de los últimos tiempos para una obra compositivamente hilarante del magnífico director Tim Burton, curiosamente alejado en aquellos meses del inigualable creador de casi todas sus atmósferas, Danny Elfman, con el que tuvo ciertos desencuentros en ‘’Pesadilla antes de Navidad’’. Nunca sabremos qué habría conseguido Elfman con esta maravillosa película entre manos; eso sí, su inconmensurable fuerza en el universo Burton quedó también ligeramente  fijada en la obra de Shore, sin ninguna duda.

Inicio alocado y ciertamente extraño, étnica, jazzística y percusivamente aderezado (la época del cine a la que hace referencia toda ‘’Ed Wood’’ se caracteriza por la entrada en el séptimo arte de una mezcolanza musical variadísima), comicidad delirante, créditos iniciales maravillosos y, tras varios minutos, fijación clara de un mundo de idas y venidas como será la personalidad arrolladora y la vida sin tregua del personaje principal. En seguida, sorprendentemente, aparición del otro personaje con fuerza, el anciano actor de cine de terror Bela Lugosi, tan exquisito en pantalla como el giro drástico que Shore le asigna para optar por la orquesta clásica y sus claras referencias a la música de las películas de terror del pasado. La plasticidad, al tiempo que rugoso perfil, que el compositor aplica a la imagen del viejo es sobresaliente y, sin duda, el mayor logro de toda la composición. En el otro lado, el tema principal de la composición que nos llevará, siempre, a la dispar actividad de Wood y en el que, además de esa múltiple referencia musical, destaca el empleo del theremin, uno de los primeros instrumentos electrónicos, inventado en 1919, y que en cine se empleó de forma sencilla para mencionar momentos de ciencia ficción.



La partitura avanza y su presencia va siendo menor al tiempo que más clara y definida por Shore. La secuencia en la que Wood va a la casa de Lugosi para ayudarle tras una crisis es ejemplar: las notas ‘’suenan a Shore’’, puedes escuchar en una, en otra o en la combinación de varias ligeras reminiscencias a sus obras, a su estilo, al tiempo que de forma repentina, pero siempre medida y tranquila, avanza un paso más y enlaza su personalidad con la de las obras clásicas de terror, siempre con la figura del anciano tremendamente influyente. Maravilloso. Muestra de, también, otro de los méritos más afinados de la obra: la combinación profesional, cauta y cimentada de varios estilos y referencias.



En la parte final Shore se muestra temporalmente magnífico, entrando en escenas más cortas y finalizando brillantemente mediante varios y constantes minutos en los que la melodía se convierte en uno de los personajes más influyentes de las sensaciones últimas. En definitiva, trabajo muy serio y práctico de Howard Shore que se caracteriza por su solidez y la mezcla de multitud de referencias, estilos y épocas siempre dando forma a una estructura única.



Puntuación: 8


Antonio Miranda. Junio 2017.



BSO- JULIETA- Alberto Iglesias.



9 sobre 10

2016: Festival de Cannes: Sección oficial largometrajes a concurso


JULIETA (2016)
ALBERTO IGLESIAS.


Nos encontramos ante una obra mayúscula, entre las mejores del compositor y ejemplo de cómo una partitura puede controlar, a su antojo, los vaivenes sentimentales de manera absoluta y dejando muy atrás cualquier otro aspecto que pudiera influir en ellos. Nunca un director consigue una impresión pura de su contenido a no ser que la música no fluya. Más aún, cuando el binomio director-músico está tan consolidado como el presente y Almodóvar confía de manera total en Iglesias, éste tiene la libertad de caminar por dónde él quiera, precise y desee  y con la que, con total seguridad, saldrá victorioso. Éste es el caso de ‘’Julieta’’, una composición con tres sectores que lo llenan todo: los vientos (trompeta sorda y flauta), la percusión jazzística y las cuerdas percutidas. Tres aplicaciones tan potentes que, solas, podrían argumentar la historia completa y que, por momentos, llegan a fusionarse admirablemente.




En ‘’Julieta’’, Alberto Iglesias desprende una calidad narrativa inigualable. Con un sonido herrmanniano muy transformado a su propio estilo sin que nunca lo lleguemos a tildar de similitud sino, sin duda, de cercanía, Iglesias cuenta una atmósfera oscura al tiempo que tranquila y transforma unas imágenes no demasiado lóbregas en auténtica sensación de eclipse artístico.

En conclusión, partitura que se sitúa en la cima de las más grandes del artista y, con merecimiento, debería ser una de las candidatas a los mejores premios del año. Serena, meditada e inteligente: sobresaliente trabajo.

A TENER EN CUENTA: la templanza y serenidad con la que un artista es capaz de abordar una obra completa con su música, paciente y, al tiempo, devastadora.


Antonio Miranda. Diciembre 2016.





LOS 400 GOLPES- Jean Constantin.


10 sobre 10

1959: Festival de Cannes: Mejor director



LES 400 COUPS (1959).
JEAN CONSTANTIN.


Música costumbrista, ‘’cosmopolitamente’’ rural, que acompaña con desarrollos de notas cortas, al tratarse de personajes infantiles, las desventuras y pensamientos profundos de un joven rechazado por una sociedad que se manifiesta drásticamente contraria a él. En ‘’Los 400 golpes’’, un debutante Francois Truffaut otorga confianza plena al compositor y cantante (y poco cercano al mundo del cine) Jean Constantin que compone una partitura dinámica (como el filme), sencilla (como el filme) y con una, al tiempo, gran firmeza (como en el filme) que poco a poco va conformando una estructura muy estable e importante en la historia.

Encontramos en la composición unos detalles muy estudiados (el giro en el tono de la música cuando el pequeño Antoine Doinel descubre las infidelidades de su madre o inicia pensamientos inquietos, los sonidos tipo ‘’glockenspiel’’, siempre modulados, para reflejar los sueños del pequeño…) y una evolución continua, equilibrada y notable comenzando desde la presentación del tema principal, que encontraremos variado en bastantes secuencias de la primera parte, hasta terminar en un último tercio soberbio en el que la música se llena de matices y grandeza, siempre sencilla.



El tema principal de la obra tiene una característica peculiar, imperceptible, inteligente y asombrosamente asociada al niño protagonista y que, con su única presencia en el filme, eleva a éste y a la misma composición a niveles sobresalientes: la transposición musical de notas que Constantin aplica a la melodía (cambio de registro hacia una escala superior) no es sino el sentido de inquietud y evolución en la vida del chaval que, pese a sus constantes problemas, mantiene siempre una actitud positiva y vitalista hacia un crecimiento personal y resistencia a lo convencional. Magnífico.


El último tercio de metraje nos guarda la mejor disposición de la partitura y la demostración de su variedad de registros y calidad y habilidad compositiva del autor. Nos referimos a los minutos que abarcan la escena del robo de la máquina de escribir. Un alarde de fotografía urbana de aquellos años abrigada por un tema dinámico magnífico (que combina desde ritmos latinos hasta un jazz de gran calidad técnica),  ligeros toques de piano atonales y el acompañamiento de toda la orquesta, por vez primera, al instante en el que Antoine llora dentro del furgón de la policía. Una intensidad dramática absoluta que da pie a un final hermoso y tranquilo.
En definitiva, filme sobresaliente con una composición que, sin ser nada fácil conseguir alzar a la propia obra global, lo hace sin alardes extraños ni pomposidades musicales. Una partitura humilde al tiempo que espectacular.







Antonio Miranda. Noviembre 2016.