Obra excepcional, una historia con un dinamismo extraordinario y una pulcritud sobresalente. Falta John Williams, lo escuchas, lo sientes y es tan grande su figura que hasta se encuentra presente en la obra; no obstante, no podría ser otro genio como Newman el que tomara su lugar, el que abrazara la gloria de Williams desde cerca, efectivamente no a su lado, pero con una elegancia y humildad tan notables que la obra musical es importantísima.
Próximo a la desesperación; colindante a la emoción; cercano a la desolación contenida y comprometido con el romanticismo. Una composición extraordinaria. De la misma forma que con Williams, hecho de menos maestros tan inigualables como Newman.
Tropiezo en la misma piedra; no obstante, partitura bien creada. Aquí paramos, nada más. Una obra formalmente notable y, en conjunto, muy débil. Referencias sin fin a su obra pasada, Danny Elfman se limita a crear sensaciones a las imágenes y un repertorio de melodías, conceptos y estructuras que nos hacen pensar una y otra vez en 'Eduardo Manostijeras', evidentemente no consiguiendo la magna obra referida y, sin duda, desnaturalizando y evitando la personalidad de 'Dumbo'. Recomendable para iniciados en la música de cine y dadora de nada al resto.
Puntuación: 5
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THOMAS NEWMAN- THE HIGHWAYMEN
Tropiezo (también) en la misma piedra. Los formalismos de Newman siempre son excepcionales y la interpretación, admirable. La unión con la imagen, siempre notable; no obstante, nada nuevo en esta composición que si se tratara de sus comienzos, seguramente llamaría la atención de manera poderosa. No encontramos temas pausados deliciosos ni sobresaltos que hagan de la inquietud una característica a destacar. Demasiado lineal. Demasiado lo mismo. Demasiada neutralidad.
Puntuación: 5
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CARTER BURWELL- MISSING LINK
Trabajo muy serio del autor, uno de los compositores más complejos y complicados para escuchar, no apto para principiantes y de los menos reconocidos, sin duda. La obra de Burwell en los últimos años es extraordinaria y al nivel de los más grandes. Nada comercial, en esta partitura sigue su línea y, si cabe, ahonda más en la creación de una melodía no melódica. Burwell no emplea un tema principal llamativo ni sentimental y sí un sentimentalismo culto que elabora con un conjunto de notas y temas no atonales pero sí lejos de cualquier matiz fácil y comercial. Notable. La joya de un genio.
Exquisito trabajo, portador de una escucha que va creciendo, inquietantemente pausada, confusa a veces al oído más comercial y con un final apoteósico, a la altura de la inalcanzable ''Cadena perpetua''. Una obra del genio compositor, hijo de Alfred Newman, con una cantidad de matices y valores muy altos y que solamente serán percibidos de forma pura y neutra con varias escuchas de la partitura completa y su visionado en pantalla.
Existe en ''El puente de los espías'' una clara referencia, más que por propia en sí por necesidad de la estética fílmica del director, Steven Spielberg, a su eterno compositor y maestro de maestros, John Williams. El empleo de los vientos y ciertas atmósferas y estratos de notas delatan el amor del director por su ''perdido'' amigo pero, sin duda, necesario para que su nuevo filme tuviera esa pizca de identidad que Williams siempre daba. Aportada la anécdota y resuelta satisfactoriamente por Newman (al insertar este detalle envuelto en sus propias melodías), el artista inicia un viaje complejo, serio, firme y que tendrá como colofón un final repleto de belleza y al nivel de muy pocos artistas hoy día.
Los detalles
compositivos que encontramos en la partitura de ‘’Cadena perpetua’’ son
majestuosos. Una de las creaciones musicales para cine más grandes de la
historia. Un inicio soberbio que difícilmente será captado por cualquier
espectador que, enfrascado en la parte introductoria, atienda a lo que se narra.
Efectivamente, lo que se cuenta (la voz en off del preso Red) y, con
anterioridad, el discurso del fiscal durante el juicio, son los elementos
fundamentales del preludio que comentamos. Y aquí, atónitos, presenciamos la
grandeza de un compositor ya entre los grandes. Thomas Newman actúa en los dos
momentos iniciales de mayor trascendencia. Primero, al situarnos en el suceso
causa del litigio: Newman es capaz de apoyar la imagen con tanta sutileza que
su delicadísima composición llega a ser narración en sí de lo que ocurre. Algo
muy difícil de ver hoy día en las partituras para la gran pantalla (y que es la
línea a seguir en el resto del filme), cómo el compositor se sitúa en el fondo
de lo que acontece pero, inconscientemente para el espectador, llega a tener en
su mano y sus notas el guión de la situación. Segundo, al presentársenos el
ambiente carcelario: la música inicia su presencia en primer plano. El tema
principal suena, poderoso y tiernamente intrigante. Nos encontramos ante una
obra en la que la sección de graves de la orquesta va a adquirir una
importancia como nunca antes. La aparición, manejo y arreglos que se le
atribuye son inteligentísimos y, parte de ello, se nos muestra en este inicio
del filme. Hay un detalle formidable; el nuevo preso viaja en autobús, llegando
a la cárcel. La voz en off cuenta cómo ocurre. Suena el compositor, pero los
graves no (gran detalle ya que si esta sección orquestal lo hiciera, la
sensación que provoca la voz cambiaría radicalmente, al igual que la imagen que
se quiere matizar al terminar lo que se cuenta). Lo hacen, de nuevo, cuando la
escena carece de narración y se juntan los presos para presenciar la llegada.
La partitura nos lleva donde el artista pretende. No hay duda. Y será la tónica
durante la mayor parte del discurso: reflexiones de Red como voz superpuesta,
apoyadas por la música de Newman y concluidas con un cambio a otras notas,
melodías o temas iniciados y potenciados con la aparición de los graves.
Podríamos
quedarnos con las partes narradas de Red y comprenderíamos la historia. El
guión se resume en unas breves líneas y varios sentimientos intensos. Si
eliminamos la voz en off y nos quedamos con imagen y música, igualmente
trascendería el significado. De ahí la muestra de la gran labor de guión que
ejerce Thomas Newman en ‘’Cadena perpetua’’. El dominio que muestra controlando
tempos y ritmos en sus estructuras musicales es elegantísimo. El matiz sutil y
delicado de toda la composición es igualmente respetado en cualquier situación
narrada o apoyada, incluso incrementando la calidad compositiva si cabe cuanto
más compleja se presume la secuencia.
Unen a la
película contrastes visibles, pero siempre bien enfrentados y estudiados.
Violencia y meditación, muerte y vida, creencia y realidad, esperanza y pesimismo.
No obstante, la partitura se decanta siempre hacia las vertientes más
tranquilas y metafísicas, objetivo e intención final del metraje como tal. La
imagen encierra a los protagonistas; la música los libera y es un absoluto
cuadro descriptivo de las miradas, expresiones y pensamientos de estos hombres
que, sometidos por todo, se esperanzan en algo, que no es poco en el estado en
el que viven. Las melodías se mantienen y parecen flotar durante todo el
argumento, algo así como anunciando la única realidad, que no es la que viven,
que es la que viene…
En la mitad de
la historia presenciamos un suceso aparentemente normal. Se trata del viejo
Brooks, un anciano al que conceden la libertad. Vayamos a nuestro ámbito, el
musical. Nada cambia, estructura y atmósfera no varían aún reflejando la vuelta
a la vida, a la libertad. Entonces hemos de preguntarnos: ¿es ‘’Cadena
perpetua’’ una llamada a la vida, o a la muerte? Expliquémoslo: hasta el
momento podríamos entender la postura de Newman como el llamamiento a la
esperanza, a la ilusión por terminar en la prisión y volver a vivir la
libertad. No es así. Ahora presenciamos cómo uno de los presos es libre, y nada
cambia. Lo refleja el mismo anciano, nada satisfecho por su nueva vida. Las
notas suenan algo perezosas, pero no menos que antes (parémonos en el detalle
que usa el artista para reflejar el final del viejo, su muerte: suenan los
graves de la orquesta, poderosos, en relación a su importancia comentada
anteriormente). La partitura es una auténtica apelación a la miseria vital, a
la mismísima muerte. Ella es la libertad (a la que tanta gente asocia, en la
película, con la salida de la cárcel). No, no es así. El compositor nos conduce
tranquilo, como la vida lo hace también con lentitud, a la muerte. Justamente
esta es la estructura compositiva de la obra, pausada y lenta (el devenir
vital) que culminará, al final del metraje, con una conclusión que sube su tono
hasta alcanzar auténticos momentos de belleza musical (la muerte).
El final del
filme es, musicalmente, sublime. A partir de la liberación de Red, tras la
revelación de los últimos sucesos, en los que la partitura enciende ligeramente
el botón de la acción, los acontecimientos evolucionan de forma brillantísima.
Nos encontramos ante el final más hermoso, hablando desde el ámbito de la
música de cine, de la historia del séptimo arte. Sencillamente de una
estructura tan arrolladoramente romántica que la idea de filosofía musical o
del sentimiento es, ciertamente, escasa para definirlo. El mantenimiento descriptivo
de las secuencias desde la salida de la cárcel hasta la lectura de la carta...
Y, a partir de aquí, de forma directa y
violentamente delicada, el compositor elabora una serie de melodías finales,
incluidos los créditos, que nadie, amante del cine, debiera desconocer. Thomas
Newman narra el encuentro final y las sensaciones últimas con una capacidad de
genio indudable: la apoteosis musical más grande que un servidor haya escuchado
jamás. Obra maestra.
En conclusión,
nos encontramos ante, con seguridad, una de las composiciones para cine más
grandes de todos los tiempos. Una partitura solemne, delicada y tristísima que
alcanza las cotas más altas en la historia del arte y que no debería faltar en
el conocimiento de ningún amante de la cultura.
Imprescindible.
ESCÚCHALA SI...: no quieres dejar pasar la mejor composición de toda la historia del cine.
NO LA ESCUCHES SI...: eres un aficionado al que le gusta la música sencilla o estás en los inicios de un verdadero acercamiento a las bandas sonoras. Si sólo pretendes escuchar música, olvídate.
LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: lo es.
OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''Mujercitas'', ''Camino a la perdición''.
Una obra sencilla, directa, descriptiva en su mayor parte; Newman continúa su estilo habitual, romántico y experimental, pero nada más allá de lo que hasta ahora había hecho en otros scores.
Poco más podemos apuntar de esta composición, realmente para olvidar en la carrera del autor.
ESCÚCHALA SI...: no conoces aún la tipología Newman y quieres pasar un rato de agradable escucha.
NO LA ESCUCHES SI...: pretendes encontrar algo grande en Thomas o, incluso, si su nominación te anima a intentar aumentar su categoría.
LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO...: nunca lo conseguirá.
OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: Unstrung Heroes; Little women.