Descepcionante composición. Intento por no hacer nada, por no decir nada, por no sentir nada...
Dos o tres pinceladas de los temas principales de Horner que no hacen sino hundir más a Newton-Howard al mostrar la grandeza del fallecido genio en contra de la actual partitura.
James Newton-Howard confirma su condición de genio que pudo ser y no fue. En mi opinión, su música se encuentra en ese limbo neutro que engancha al principiante en música de cine y pronto le abandona, dejando destapadas a la luz todas sus carencias. Un compositor que refleja en esta partitura, que podía haber sido una extraordinaria ocasión de reivindicarse, lo que es: poco de muchas cosas.
Composición
interesante, dual y ligeramente golpeada por el director. La pareja de
compositores principales (hay varios temas, próximos al ambiente rock de las
canciones no originales, encargados a otros artistas de menor nombre),
tremendamente dispares en su función y formas, resulta, sin embargo, de un equilibrio notable. La
escucha, durante el desarrollo de los acontecimientos, de bastantes canciones
no originales forma un conflicto potentísimo en la situación de lo que ocurre y
en el sentido global y último de todo, que queda contagiado por esta
desafortunada intención de tanta música distinta y múltiples manos que la
componen.
La
introducción musical a la historia es curiosa: centrada en Max, el taxista,
suena siempre música no original, canciones de una tipología rechazable,
artística y cinematográficamente hablando, pero que manifiestan un ambiente
mundanamente cosmopolita y cierta inquietud o revuelo cuando la escena aún es
tranquila. Asociado esto a la figura de la mujer que entra en el taxi, llega
ahora el hombre que, subiendo al vehículo de Max, inicia una conversación
alborotada, directa y violenta que el director opta por adornar mediante el
inicio de la partitura original, descansada y tranquila. Una especie de
estructura en espejo y capicúa interesante. No obstante, desechable inicio.
Sólo comenzamos a sentir verdadera noción fílmica cuando la música suena de
manos ya de Antonio Pinto, auténtico creador del ambiente nocturno, cosmopolita
y agobiante de la historia. Su capacidad para describir y acompañar el aire de
las atmósferas es fantástica. El contraste entre su batuta tranquila y la
violencia del carácter de Vincent es, sin duda, espectacular y un punto
importantísimo en el argumento.
La
partitura, en conjunto, va tomando forma y base y ya a mitad de historia se
asienta y convence. Lejos queda el horrible inicio, antes comentado. De cuando
en cuando, canciones regresivas. Avanzando los minutos, la partitura crece de
una forma sutil, elegante y positiva: curiosamente, los fragmentos pausados,
rebosantes de atmósfera idealista, van explicando la vertiente que más interesa
al director, apartada ya la acción violenta en un rincón trascendente del filme
pero eso, sin dejar de ser rincón.Criticable resulta la inserción comercial de
las ya dichas canciones pop-rock, motivo únicamente de atracción hacia un
público mayoritario ya que, de otro modo, su presencia no podría explicarse. Un
elemento negativo, sin duda, a la hora de la valoración de un cuerpo de
partitura, en principio, solvente.
La
composición concluye de forma eficaz; la violencia absoluta de Vincent hace que
Newton-Howard despegue y firme unos minutos de estructuras típicas de acción
basadas en la fuerza de los sintetizadores y una capacidad rítmica y narrativa
notable. Atrás queda el ámbito dramático y soñador de las conversaciones entre
el taxista y el asesino, involucrados ambos en toda la historia en un
innumerable mosaico de muertes, trepidantes escenas y reflexivas
conversaciones. En definitiva, una partitura bastante equilibrada en cuanto a
los dos principales compositores y desajustada sobremanera por la música no
original, opción comercial de muchos filmes y error artístico en la mayoría de
ellos.
Diez
minutos dura el inicio secuencial de la segunda entrega de la saga de Nolan. Si
en la primera entrega la partitura comenzaba con una interesantísima mezcolanza
de los posteriores temas a trabajar, ahora se nos golpea directamente con un espectacular
tema de acción. Sigue la misma línea de ‘’Batman Begins’’, aunque veremos si
con sus idénticas partículas negativas. Se trata de una combinación, fantástica, por cierto, entre el
apoyo a la secuencia mediante ritmos arpegiados y efectos y la narración, por
instantes concretos, de lo que va ocurriendo. Completando las bases rítmicas
aparecen dos temas, que serán los principales de la segunda entrega y, a juicio
de quien esto escribe, insuperables: las dos conocidas notas de la primera película
permanecen (mucho se ha hablado sobre ellas; suponen, en contra de lo que
muchos han comentado, un tema en sí, digno y con fuerza arrolladora, del
superhéroe. Sin duda lo son y para nada mantienen a Batman en un estado de
indefinición musical. Otra cosa distinta es cuándo es usado, cuestión ya más
debatible pero aclarada en el artículo de ‘’Batman begins’’) y, por otro lado,
un compendio de sonidos tocados por las cuerdas que en la mayoría de los casos
surgirán como base musical y, por tanto, poco perceptibles. Sin embargo, ahí
están, son el nuevo toque de identidad del filme, esta vez con más cuerpo y
oscuridad que en la primera entrega. Suenan por vez primera, para que resulten
fácilmente identificables por quien esto lee, en el momento justo en que el
policía Gordon aparece al lado del foco con el emblema del hombre murciélago.
Sublime composición.
Entramos
en una fracción de metraje más pausada, tras el inicio frenético. Entra en
escena Newton-Howard, cuyos temas varían sensiblemente de la orientación en
‘’Batman Begins’’, ahora no tan dulces y sí con un mayor tono dramático, oscuro
e inquieto (el pasado de Bruce, su infancia, es tema de la primera parte de la
trilogía; ahora, los episodios descritos por el artista radican en secuencias
tranquilas de diálogo, tramas y pequeños conflictos internos). Eso sí, siempre
a la altura. Poco dura su aportación y en seguida comenzamos a escuchar apoyos
exquisitos a los sucesos que van aconteciendo, todos con un carácter global de
unidad que les hacen mantener la narración de la historia como un único
devenir. Así lo muestra la partitura, enlazando varios capítulos sin dejar de
sonar. El matiz lúgubre es absoluto,
aunque mantenido, calmado, como parado por esos arpegios hipnotizadores e
interminables y encumbrados como seña de identidad por las referencias al
villano, el Joker. Apréciese ese sonido sintetizado y chirriante, como oxidado,
que otorga a los momentos la demencia que ya posee, de por sí, el genial
personaje.
Nos
hemos adentrado de lleno en la trama; pocos fragmentos tranquilos aparecen aquí
(tiempo tardará en llegar la muerte de Gordon y algo más tarde la sutil y
delicadamente descrita entrega del hombre murciélago a las autoridades). Los
capítulos de la búsqueda y captura de Lau, el contable de los mafiosos de
Gotham, o el inicio del episodio del Joker en la fiesta del ático de Bruce y su
continuación son sensacionales y sus notas primeras, en los comienzos de las
secuencias, ‘’tecnológicamente’’ soberbias. Los arpegios sintetizados y
orientados a los bajos electrónicos imprimen una brutal potencia y una
inquietud total y los ritmos de narración son controlados por los artistas de
forma innegable. Lo mismo ocurre pasada ya la mitad de la trama: Batman queda
atrapado en su vehículo. La persecución de la que forma parte, junto al Joker,
ha sido narrada magistralmente con…silencio. De pronto el superhéroe sale del
coche, destruido, en una especie de moto y su presencia, de nuevo en pantalla,
ostenta una autoridad inquebrantable: comienza la música.
El
segundo tercio de metraje termina de forma espectacular. La historia, la
película y la música han ido tomando un cariz cada vez más sólido, pero jamás
con vistosidad desmedida, algo no demasiado fácil de conseguir en obras de este
tipo. La destrucción producida voluntaria y estudiadamente por el Joker consuma
la partitura de acción y, por su parte, tras el desastre, el intimismo presenta
al piano un tema hermosísimo, nada facilón ni presuntuoso e iguala su función a
la de la parte más furiosa de la música, algo, también, encomiable. Hemos
alcanzado la madurez absoluta de una creación artística de muy alto nivel. Y
aún queda el último tercio (recordemos, fragmento en el cual la banda sonora
para ‘’Batman begins’’ sufre un desmedido bajón. Cuidado).
Comenzamos
esta parte final, tras el exitoso culmen, de nuevo a alto nivel. Aparecen las
notas mencionadas al inicio del artículo; intencionadamente usadas tras la
fuerza musical que acaba de concluir, los artistas nos vuelven a inyectar una
dosis de atención. Este detalle, el arpegio rítmico en tonos graves, que
machaca la secuencia del Joker en el hospital disfrazado de enfermera, y el
empleo habilidoso durante la secuencia de, no las dos conocidas notas del tema
de Batman de toda la trilogía, sino sólo una de ellas, nos hacen pensar en un
final de partitura ‘’terrible’’.
El
desenlace, con la amenaza del Joker a toda la ciudad, va a ser tratado de forma
ejemplar por la partitura; se ha lanzado, por fin, el tema de esta segunda
entrega: el arpegio de notas suena ahora con más fuerza, presencia e, incluso,
rapidez. Hará aparición, ligeramente, el tema intimista con el que se culminó
el clímax anteriormente citado y, para terminar, un delicioso final de
partitura: trágico, pausado, anterior a la muerte final, en el ámbito del mejor
y más dramático Zimmer.
Concluyendo,
la trilogía para Batman de Christopher Nolan ha dado un salto encomiable en
calidad musical. La obra de los dos compositores para ‘’Batman: the dark
knight’’ es, sencillamente, soberbia. Rectificadas las carencias de la primera
entrega, manteniendo los detalles de más calidad e imprimiendo al trabajo una mayor
oscuridad tonal, el resultado es impecable.
ESCÚCHALA SI...: gustas de las verdaderas obras maestras de Hans Zimmer y una encomiable puesta en partitura del mítico hombre murciélago.
NO LA ESCUCHES SI...: tenías alguna esperanza de que la función de Newton-Howard fuera de mayor peso que la del compositor alemán.
LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: debería, sin duda, serlo dentro del género.
OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''Hannibal'' (Zimmer), ''El príncipe de las mareas (Newton-Howard).
El
inicio de la trilogía sobre el famoso y oscuro superhéroe nos deja pegados a la
pantalla, hablemos de la partitura que se nos avecina, aunque igualmente de las
secuencias previas al núcleo principal, donde se nos introduce en la verdadera
historia de Bruce Wayne. Las notas nos presentan, durante quince minutos,
varias estructuras, que más adelante serán desarrolladas, pero todas ellas con
un carácter fantasmagórico excepcional. Pequeños apoyos con texturas siempre
lineales, basadas en las cuerdas de la orquesta; una ligera y poderosa
narración, inteligentísima, de la llegada de Bruce a la cumbre de la montaña y,
finalmente, esa nota de graves tildada con una voz femenina ligera. Se ha iniciado
todo; Batman nace. Sólo las referencias
a Gotham adquieren una ligera esperanza y nos introducen, a su vez, en
el siguiente núcleo del film, más intimista.
Nunca ha resultado nada fácil, y
por tanto provechoso, un proyecto de tal magnitud desarrollado entre dos
artistas de la talla de Newton- Howard y Zimmer. El resultado: bueno (y
sorprendente). Ambos fluyen en ideas que mantienen la unidad completamente.
Tras un inicio, ya comentado, en el que temáticas diversas aparecen y se nos va
situando la historia, nos encontramos con la parte más tierna y melódica (nunca
abandona esa inquietud oscura y encubierta, aunque, en mi opinión, la que
adopta el compositor de ‘’Gladiator’’ en la tercera entrega es la más acertada
a este respecto), a cargo del compositor estadounidense (los temas de acción y
poder, para el alemán). Nada fácil de insertar entre fragmentos que nos
mostrarán una potencia y fuerza descomunales, esta ración de ternura mantiene,
aún disponiendo melodías sencillas, el nivel de calidad necesario para no
palidecer el conjunto global de la composición.
Llega la secuencia del inicio
del hombre murciélago; el instante en el que Bruce comienza algo grande y
descubre su cueva y, como tal, el compositor lo muestra: suenan los arpegios
característicos de Batman, un tema sencillo con el que se logra a la perfección
identificar al héroe, algo nada fácil tras las muchas composiciones, a lo largo
de la historia, que Batman ha sufrido, y la mayoría de gran calidad. Ahora
llega algo más siniestro, menos heroico, más inquietante. En espera: las dos
fantásticas notas tocadas por los vientos, que pronto se añadirán al tema. Nace
Batman; con la misma pausa estudiada se está formando el tema del superhéroe.
Siguiente fase de la creación:
Bruce aparece junto a uno de los policías, ahora ya envuelto en un vestido
negro, previo al traje definitivo. La música se va completando; suena ahora el
tema de las dos notas y los efectos sintetizados simulando el aleteo del
murciélago. La partitura y el tema central llegan a su máximo esplendor,
denotan siempre inquietud, desasosiego interno y poder, una fuerza que está por
llegar y que luego se expandirá por todo lugar y en todo ámbito temporal; una
autoridad venidera por parte de Batman. Y por fin su aparición en pantalla,
trabajada lejos del tema principal, el cual, realmente, indica la omnipresencia
del personaje cuando suena y éste no aparece en imagen. Es un interesante
contraste entre pasado y presente aunque, tal vez, la posibilidad de
presentarnos al héroe bajo las dos formadas notas ya conocidas habría sido una
posibilidad. Este asunto no deja indiferente a cualquier estudioso y mucho se
ha hablado de él. En opinión de quien esto escribe, sin duda, estas dos notas
suponen un tema principal de enorme fuerza y definición pero que no es empleado
al uso: refiere la autoridad y poder de Batman en todo momento, en todo lugar.
La trilogía presenta al hombre murciélago como un ser algo inquieto, etéreo, no
predecible ni material. Así suenan las dos notas, casi siempre fuera de presencia
en pantalla de Batman, lo que significa
una referencia clara a los adjetivos comentados. En absoluto es un tema clásico
y típico de superhéroe, entonándose heroicamente cuando el ser en cuestión
aparece, corre, salta, vuela o actúa. En Batman, no. De hecho, él no es así. El
tema denota su volatilidad, por eso suena cuando no vemos su figura, para
recordarnos que el mundo en pantalla no es otra cosa sino: BATMAN.
La parte central del metraje se
aborda desde las dos vertientes, tanto la intimista (en los menos momentos)
como la propia de Batman ya formado. La descripción en fragmentos activos, pero
no violentos, es la reina de la historia. Atmósferas que apoyan siempre la
figura del superhéroe para crear una noción sobre él de grandeza, que no de
fuerza, como habría ocurrido si la partitura centra su calidad en las batallas
que surgen. Ejemplo máximo lo tenemos cuando el hombre murciélago es rodeado
por los S.W.A.T. en un recinto donde Rachel, su compañera de infancia, ha sido
mortalmente envenenada. Aparece por vez primera desde hacía muchos minutos,
concretamente siempre cuando Bruce aún no era Batman, el heroico motivo de los
vientos entonando dos notas, aunque de forma fugaz. El personaje está
afianzado; se presenta el verdadero peligro: Batman actúa. El tema empleado es
una delicia para la pantalla, la historia, el personaje y el oído. Pero justo
cuando más nos deleitan los artistas intuimos una sensación extraña, algo nos
dice que la música no es la misma; el estudioso en seguida se dará cuenta de que
el tacto oscuro y sombrío bruscamente desaparece. Estamos ante la única
sensación negativa de la, hasta ahora, magnífica partitura. Esta secuencia lo
delata absolutamente: un inicio grande de secuencia, ya mencionado, y una
narración intermedia bastante trivial que nos lleva hasta los scores más
normalitos de ‘’los mediaventures’’. Aparecen melodías simplonas, que no
sencillas, y ritmos sintetizados sin cambio alguno. La estructura gira
repentinamente y la sorpresa es mayúscula. Quizá en la pantalla, inmerso entre
imagen, sonido e historia, el detalle no sea excesivamente llamativo pero, sin
duda, el cambio inexplicable está ahí.
Llegado el final, se mantiene la
misma tónica y la composición concluye con un potente apoyo a la escena del
tren de Gotham. Algún que otro cambio de ritmo interesante pero, intercalando
matices de temas anteriores, poca novedad que merezca la pena si no fuera por
la apoteósica aparición de Batman concluida la destrucción del aparato: con las
dos notas, sencillas y directas, se puede magnificar y otorgar una calidad
insuperable a una imagen más que con cinco minutos de marcados y triviales
ritmos.
Llegada la calma, regresa la
composición poderosa. Un fragmento intimista de calidad y un final con los
créditos en los que vuelve a sonar el verdadero ‘’Batman’’, poderoso,
siniestro…oculto.
En conclusión, un trabajo que
inicia la trilogía de Batman de Christopher Nolan con nota alta pero que, sin
duda, podría haber conseguido más. Una orientación muy meritoria tras la
genialidad de Elfman para la obra de Burton, difícilmente superable, y que pone
las bases para la llegada de trabajos más compactos en próximas entregas.
ESCÚCHALO SI...: eres seguidor de estos dos grandes compositores y tienes inquietud por qué pueden hacer juntos.
NO LO ESCUCHES SI...: no quieres quedarte con una impresión final algo dubitativa.
LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO...: no.
OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''The Pacific'' (Zimmer); ''Waterworld'' (Newton- Howard).