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BSO- EL FARO DE LAS ORCAS- Pascal Gaigne.


9 sobre 10


EL FARO DE LAS ORCAS
PASCAL GAIGNE


La ductilidad de Pascal Gaigne en todas sus obras es realmente admirable. Nos encontramos ante una composición cuidadísima, de gran estructura y estudio por parte del músico, como suele acostumbrarnos, dentro de una película con crítica algo tibia en nuestro país y una respuesta de público casi ausente pero que, como nos comentó Pascal, ‘’le encantan las cosas delicadas, sensibles, humanas y generosas que llegan al corazón y El Faro de las Orcas lo es’’. La habilidad artística de su inicio es notabilísima guardando detalles, en consonancia con el director, que al estudioso llegan a conmover de manera innegable: la fuerza del tema principal, que Gaigne emplea por vez primera cuando el protagonista se acerca al mar y se encuentra con la bestia marina, es de tal magnitud que su belleza pareciere iniciar la partitura en ese preciso instante (en palabras del autor: ‘’es el primer tema que compuse al ver el montaje, casi al instante’’). Su hermosura melódica no se inyecta en el espectador de manera gratuita o por sí sola, Pascal ha presentado su música inteligentemente bajo patrones de notas neutras en clara espera ante la llegada luminosa del motivo principal. Las notas de éste brotan en una secuencia múltiple que se inicia con la figura del hombre, pasa por la mirada melancólica de la mujer y terminan en el momento natural comentado con el animal. Una estructura formal en la que la música une, ata literalmente, las tres vidas que nos vamos a encontrar en el filme, todas ellas sentimentales, una de ellas por no poder adentrarse en el mar, otra (la del niño) frenada en su deseo de contactar con el hombre y su mundo y una tercera, la madre, angustiada por no curar a su hijo. Tres ‘’no’’ que Gaigne enfatiza hacia el ámbito del romanticismo vital. Extraordinario inicio.



Los detalles compositivos y de aplicación de la obra aparecen de manera constante. La trasposición de figuras en la música de cine, orientado esto hacia lo que el espectador percibe, es fundamental: la orquesta (sin ningún adorno sintetizado, libre, natural como el agua del mar que baña a las orcas y en clara representación de su global como espejo de la Naturaleza que en el filme brota por todos lados, tanto la humana como la marina, tanto la sentimental como la vida misma…) inicia un ritmo medio activo significando la llegada del ataque de las bestias a los leones marinos. La base que emplea el artista con los violines es uno de los apoyos mostrados ya en fragmentos anteriores; no obstante, la pieza elabora la percepción y el sentimiento del niño autista, en absoluto refleja la violenta situación natural entre los animales y sí la angustia interior del pequeño cuyo mundo propio se ve zarandeado por una situación exterior. Fijémonos aquí en el contraste entre esta pieza y el resto cuando nos referimos a los ambientes de la historia y, sobre todo, al del niño: la música se mueve tranquila y pausada siempre alrededor de una nota mantenida que Gaigne no cambia durante, incluso, minutos en algunos de los temas (así es la vida de los protagonistas, lineal, melancólica e invariable en conjunto; proyectada vida hacia un futuro incierto).



La historia avanza con su banda sonora en pleno trabajo. No es fácil encontrar, hoy día, compositores que, basando su obra en la imagen, no sucumban al pozo profundo que supone la parte central de la obra en la que, irremediablemente, la mayor parte de las veces la composición frena, decrece o no aporta nada. Gaigne sorprende y siempre desde el lado sutil, prudente y elegante de la música: el primer encuentro del niño con la orca, donde muestra su alegría moviendo los dedos de sus manos, en absoluto es tratado de forma excesiva y sentimental. Muy fácil habría sido tocar las emociones del espectador aplicando la belleza del tema principal en los instantes concretos del contacto; no obstante, ‘’Primer contacto’’ se establece en el detalle comentado de la nota mantenida de fondo y sugiere ese primer encuentro pero con una cautela tan exquisita como la que se ha de tener con un niño autista y su evolución. Magnífico ejemplo de seriedad a la hora de ‘’musicar’’ una escena tentadora.




Gaigne emplea sonidos y estructuras del folclore argentino (de hecho, en el filme suena y está presente el gran Astor Piazzolla), lugar donde se desarrolla la historia. El bandoneón está milimétricamente insertado en una intención sencilla y práctica. El tono lineal (como ya hemos apuntado) y repetitivo de ciertos esquemas es un estudio más de la obra en su vertiente de aplicación que algunos confunden con la repetición sin más. Evidentemente nos encontramos delante de la fabricación de una idea existencial del niño cuya vida, cuyos actos y cuya vitalidad no son, precisamente, activos, de ahí el matiz lento, minimalista en estructura y cauto de una composición ejemplar que necesita de un estudio detallado y atento para no caer en triviales críticas a un trabajo muy notable.

La parte final introduce ligeras variaciones. La evolución de la historia avanza, la situación de los protagonistas va cambiando (siempre de forma sutil) y los temas, que mantienen el tono intimista siempre, son detallados con estos matices. Un desenlace medido, mirado y hermoso y la parte última del filme y de la edición en cd que hacen la delicia romántica de cualquier seguidor del autor, de la música de cine y de las condiciones elevadas de una obra. La ligera variación introducida en la melodía principal mediante la presencia arrolladoramente delicada del cello es el colofón drástico al cambio que se genera en el niño. Fijémonos qué delicia de matiz para reflejar una situación potente y de gran fuerza e importancia en la historia y que termina por otorgar a la música de Pascal Gaigne la situación absoluta de unos sentimientos infantiles y adultos que se entrelazan y juntan formando el conglomerado global que la partitura ata. Maravillosa obra.



Antonio Miranda. Octubre 2017.



BSO- EL OLIVO- Pascal Gaigne.





EL OLIVO (2016).

La música para ‘’El olivo’’ se mueve en dos temas principales, como lo hace la historia, entre dos personajes bien marcados (el abuelo y la nieta) o entre dos lugares ciertamente diferenciados (España y Alemania); entre dos personalidades opuestas (la pasividad del anciano y la virulencia de la joven) o dos situaciones antagónicas (la ilusión y la ternura al lado del abuelo y la energía y desbocada obsesión en busca del árbol). En fin, la estructura de aplicación de la banda sonora está inteligentemente cuidada para dar forma, e incluso fijarla, a la de la historia en sí. El tema principal ), que ya aparece con presencia desde el inicio, tiene varios significados claros, siempre escuchándose cuando Alma aparece en los primeros minutos para, finalizando la introducción, sonando con la figura del abuelo en pantalla, evidente referencia a la relación dual que se va a establecer en el filme, atando un fuerte nudo inicial para dejarnos claro quién va a marcar la historia. Nos encontramos ante el fragmento más cercano al tono desenfadado del argumento y, sin duda, guía absoluta del viaje que Alma emprenderá, minimalista, aeróbico y en absoluto expresivo sino, acertadamente, evolutivo en sentimientos. He leído que su crecimiento emocional es nulo y su música estática; exacto, precisamente así lo requiere la historia, música ''estática'', aeróbica y, sin duda, con un marcado crecimiento equilibrado y no, como casi siempre se pide, visceral.



El segundo de los temas es tan sencillo como acertado, expresivo (ahora sí) y logradísimo. El artista consigue dar a su intención una globalidad de fuerza pasmosa: una sola nota mantenida de la sección grave de la orquesta contiene más historia en sí misma que minutos y minutos del propio argumento en pantalla. Es asombroso cómo puede llegarse a formar un sentimiento, una imagen, un recuerdo y un ‘’todo’’ mediante una sola nota; realmente, de los detalles más impactantes y, al tiempo, humildes y escondidos que un estudioso de la música de cine puede encontrar en una partitura en los últimos años. A mi parecer, siempre personal (evidentemente), este fragmento, igualmente variado a lo largo del filme, resulta la parte más importante de la música, los minutos más intensos y una de las claves para entender el sentido global y el sentimiento total de la presente obra de la directora Iciar Bollain. Su atmósfera pausada, incluso ligeramente sintetizada, nos traslada al recuerdo, siempre a la figura romántica del anciano y al amor incondicional de Alma hacia él. Su escucha a lo largo de la película se torna una delicia, simplemente brotar la nota única inicial provoca estados hipnóticos y alusiones instantáneas a la unión delicada y tierna entre el anciano y su tierra: su árbol.



Concluyendo, ejemplo de cómo una música práctica puede ser, igualmente, notable. Su función no pretende ser otra y la que es, sin duda, ejerce de inyección positiva a un argumento que necesita de ella inexorablemente. Muy recomendable trabajo.



A TENER EN CUENTA: La fuerza que el artista otorga a uno de los dos temas principales, inicialmente y en apariencia el que parte por detrás, pero que adquiere una importancia tan grande que la sencillez compositiva de su forma sólo la consiguen verdaderos artistas. Terminada la historia, Gaigne compone los créditos finales con una elegancia que la aparición del diálogo entre instrumento de cuerda y piano, tras los acontecimientos acaecidos, parece tomar una vida propia como si de una nueva historia, con ambos protagonistas, se tratara. Espléndido inicio de estos títulos finales.

PUNTUACIÓN: 8

Antonio Miranda. Mayo 2016.



BANDA SONORA- EL SOL DEL MEMBRILLO- Pascal Gaigne.



Entrevista a Pascal Gaigne. 
 
10 sobre 10

EL SOL DEL MEMBRILLO (1992).
PASCAL GAIGNE.

Largos minutos; la voz del artista, Antonio López, no aparece y sólo se escucha su lenguaje a través del color, los pinceles y el silencio. Somos conscientes de una lentitud extrema y hasta hiriente, pero todo ávido estudioso del arte se percata, en este caminar laxo pero peligrosamente presente, de una mezcla, cual colores en la paleta del pintor, que descansa muy próxima a la Belleza y la Filosofía. Inquietos, por tanto, esperamos la llegada de la partitura, que nos tensiona hasta el extremo de hilar finamente los nudos drásticos y significativos de esta aparente sencillez inicial: el arte pictórico en el arte cinematográfico; los planos detallados que mitifican figuras y las figuras (el membrillero) que van a ser divinizadas, a su vez, por el pintor. ¿Dónde cabe, por tanto, la música? ¿Será la fina voz que convierta el color en sonido? ¿Serán los vientos, sutiles pajarillos como posándose en la naturaleza diurna y luminosa y tierna del árbol y, a su vez, las cuerdas graves el resultado de la oscura noche y el feroz temporal que hieren al pintor?
Largos minutos; la voz del artista, aderezada por sutiles ambientes costumbristas, incluso rurales en el centro de Madrid, va a ir convirtiéndose en una inyección directa al pensamiento.  Gaigne, en el conjunto de la obra, no brota repentino (tras los muchos minutos de silencios) y su progresiva presencia en la historia resulta de la inteligencia de director y músico por dar un ambiente de melancólica lucha artística a la figura del pintor que, si bien desde los comienzos se deja ver como mundano y afable hombre, también poco a poco se postula como un ser quebrado por la inestabilidad vital en el arte. Gaigne tiene frente así un lienzo ya pintado, completo y visible (el filme terminado) al que tendrá que dar, de manera casi vaporosa, unos pequeños trazos como si de los ‘’tonos de luz’’ buscados por Antonio López se tratasen. Realmente, su trabajo va naciendo tan progresivo como crece la obra del pintor. Interesantísimo detalle.


La llamada de atención que ejerce el sonido que sale del radiocasete que Antonio tiene al lado de su lienzo pareciere de poca trascendencia. No lo es; más aún, en la película provoca un curioso contraste con la partitura firme y poderosa de Gaigne. La música que escuchamos, que procede de la radio nacional en aquellos años, ‘’Radio 2’’, es, en todo su contenido, música clásica. La suavidad de todas las piezas, su equilibrio y presencia pudieran representar la imagen del árbol: perdurable en el tiempo, quieto y presente. Gaigne introduce una composición también pausada, pero la linealidad que ofrece la clásica de la radio en absoluto es elemento importante en la obra del compositor quien, con un objetivo directo, incrusta sus notas sentidas, incluso tranquilamente furiosas, al lado de la inquietud artística de Antonio López y su alma artística. Así como el membrillero fustiga al artista y permanece tranquilo a su lado, como pieza del clasicismo musical, la partitura del compositor cae del lado de éste, irremediablemente.
Encontramos durante el desarrollo de la obra múltiples detalles que rodean, se relacionan (con) y engrandecen la partitura original, en apariencia sencilla, simple e incluso tímida: así como el pintor clava sus pies, quietos siempre, sobre la tierra y de su figura inmóvil y única brotan luego las pinceladas de arte que dan vida, Gaigne planta también, durante gran parte de la composición, sus temas (o parte de ellos) en una nota mantenida, quieta y, con ella como base, da vida luego al resto de su pieza musical. Las conversaciones prolongadas, secuencias pausadísimas…todo un entramado calmoso que provoca un casi multitudinario rechazo. No obstante, el conjunto está medido: un cálculo inteligente para dar brío y poder al fin último de la obra, a un poema ciertamente místico al que sólo se le podría otorgar la elegancia musical de una composición de cámara. Así es la música que Pascal Gaigne crea para ‘’El sol del membrillo’’.



Aproximándose el final del filme, casi llegando a las dos horas de metraje, la secuencia que nos aguarda es bellísima. La fuerza con la que el compositor pinta la escena es única, un instante tan formidable que pudiera enmarcarse entre los mejores de la música de cine de nuestro país: los dos amigos, pintores, charlan serenamente durante larguísimos minutos. El espectador observa y espera. Su paciencia parece agotarse y repentino, hermoso y prudente, Gaigne entona su bandoneón, apoyado en una base estática (como los pies de Antonio López) y Erice nos muestra imágenes de Madrid como si fuera el genial pintor quien las hiciera. La interrelación entre todos estos elementos es, realmente, fortísima. Uno de los momentos cumbre de la historia y, a continuación, el desenlace.
El final encumbra a la música como la verdadera alma dramática del interior del pintor y, así, ratifica lo anteriormente planteado. Secuencias interminables, ahora ya y tras el descanso perpetuo del artista, del marchitar y muerte del fruto. El artista termina cuando lo hace su arte. Gaigne sube la presencia e intensidad de la música otorgando a las cuerdas un dramatismo absoluto que hasta el momento no habíamos sentido: Antonio López vivía, el artista pintaba y luchaba contra la vida natural; ahora, pasado el tiempo de su pintura, el genio desaparece y se agota, lo hace su vida y su alma y la música, reflejo (como ya hemos explicado en este artículo) del alma de Antonio, parece finalmente erguirse y gritar.
Concluyendo, una obra de una aplicación estudiadísima y presencia parcial que, precisamente, hace que la fuerza que adquiere en el filme sea de un nivel notabilísimo. La relación que se establece en el conjunto global de la obra entre todas sus vertientes artísticas es altísima y beneficiosa para todas ellas. Película de referencia en el cine español, como lo es su director y como también debería ser  la partitura de Pascal Gaigne. Una lástima que obras tan conseguidas sean, al tiempo, tan minoritarias. No obstante, si no lo fueran… tal vez (o seguramente) su nivel artístico no sería tan alto.


ESCÚCHALA SI...: eres un amante del arte en mayúscula y bebes de cualquier buena fuente que inspire y enseñe.

NO LA ESCUCHES SI...: te gusta, fervientemente, la música sinfónica y comercial.

RECOMENDACIÓN END TITLES: imprescindible.

OTRAS OBRAS DEL AUTOR: ''Loreak'', ''Le cou de la girafe''.

PUNTUACIÓN:10

                Antonio Miranda. Septiembre 2015.



ENTREVISTAS- PASCAL GAIGNE (con ''EL SOL DEL MEMBRILLO'').


       


 PASCAL GAIGNE (Francia- 1958).

 Comenzamos, en End Titles, un interesante apartado que puede (y seguro que así será) dar mucho de sí y aportar al seguidor de la música de cine, y del cine en general, una visión curiosa e interna de los artistas, las obras y el séptimo arte: entrevistas a compositores y directores y, ¿por qué no?, cualquier persona relevante relacionada con el mundo en el que nos movemos en el blog.
        Pascal Gaigne, músico francés afincado en España, trabajador incansable desde inicios de los años noventa, ha compuesto desde entonces numerosas obras para documentales, cortometrajes, largometrajes y televisión. Autor, igualmente, en el ámbito del teatro, la danza y la música contemporánea, estudió música en la Universidad de Pau con Guy Maneveau y en el Conservatorio Nacional de Toulouse donde, en 1987, obtiene sendos primeros premios en composición y música acusmática/electrónica. Sus composiciones para cine han sido galardonadas en varias ocasiones, como el premio a la mejor banda sonora europea por ‘’Azuloscurocasinegro’’, otorgado por la Federación Europea de Asociaciones de Compositores de Cine.
        End Titles, gran seguidor del director español Víctor Erice, ha contactado con Pascal, compositor de la banda sonora para su película ‘’El sol del membrillo’’, y ha charlado intensa y atentamente con uno de los testigos principales y fundamental hacedor del brillante filme, obra maestra, sin duda, de nuestro cine. Queremos dar las gracias, de forma efusiva, al gran artista francés por su amabilidad y siempre buenísima disposición.

END TITLES (ET): Hola, Pascal, nos gustaría comenzar sabiendo si tienes nociones claras de cómo empezó tu afición por la música de cine, qué autor te llamó la atención, qué película…alguna escena en concreto…
PASCAL GAIGNE (PG): La verdad es que no tengo una afición específica a la música de “cine” y sí a la música en general. Es más que una pasión, es algo que existe en mí desde ya muchos años atrás y es indispensable para mi existencia.
Tengo una fascinación absoluta por la composición musical, en todos los tipos de música, y por extensión a los compositores, pero…¡ojo!, entiendo por esto los que componen y orquestan su música y no simplemente reproducen esquemas pre-establecidos; los que tienen un sonido personal, un alma...y diferencio mucho las técnicas compositivas, como pueden ser: armonía, análisis, contrapunto, etc...que se adhieren a la capacidad compositiva que se desarolla (cuando la tienes...). Me he encontrado muchos ejemplos (desde mi profesor principal en la Universidad) de gente que tenían una técnica enorme y eran incapaces de escribir “4 compases seguidos”, pero también gente que te pueden escribir una ópera en el mantel de la mesa del restaurante en mitad del ruido.. Ya sé que es muy subjetivo, pero es lo que siento. Claro, no me incluyo en esta ultima categoría de los superdotados. Yo, como muchos, hago lo que puedo…
Para responderte en cuanto a cine, la primera música que me provocó una tormenta emocional fue el tema principal de “Out of Africa”, de John Barry. Lo descubrí sin haber visto la película y quizás lo escuché cincuenta veces seguidas, hasta rayar el vinilo (si, ¡si!, es de mi época…). Me fascinada su sonido, tan peculiar ,su construcción melódica, tan personal, su estructura basada en repetir un bloque armónico-melódico añadiendo un elemento en la repetición (muy similar a la música de Debussy).



ET: ¿Qué gustos musicales tiene un artista como tú, que se ha movido por tantos ámbitos de la cultura musical? ¿Cuál es la música que realmente comprarías y escucharías tranquilamente en tu casa? Igualmente, nos gustaría conocer, por tu parte, qué dos o tres músicos/grupos de todos los tiempos colocarías en tu Top 3 personal, ya sea por gusto o por calidad.
PG: Te respondere a las dos cuestiones a la vez . La verdad es que si vienes a mi casa encontrarías de todo (blues, Jazz, cantantes, música tradicional, electrónica, clásica, bso, etc…). Mis gustos son eclécticos y han ido variando con el tiempo. ¡Un Top 3 es imposible!...pero digamos: Debussy/Ligeti/Stravinsky/Berg/Scelsi (de una parte); Pink Floyd/Doors/Zappa (en otra rama); Pierre Henry /Steve Reich/ Cage; música tradicional (sobre todo Japón /Europa central/Africa Negra); también Coltrane/Monk/Bill Evans y… Hermann/Jarre/Barry etc...etc...

ET: Yéndonos al mundo del cine, ¿qué compositor/es situarías como de los más importantes o influyentes de toda la historia? ¿Cuáles de sus obras destacarías por encima del resto y que crees que han tenido una mayor repercusión artística?
PG: ¡Ay! Cómo sois con lo de “el más de lo más del mejor del top10”. Es la variedad la que hace la riqueza, cada uno aporta su piedra al edificio, algunos con más suerte que otros y sobre todo la suerte de encontrarse con directores creativos e innovadores. Hay poca invención de lenguaje musical en las bandas sonoras, lo realmente interesante es la confrontación, la alquimia con la imagen, diálogos, actores etc… Aquí las posibilidades son infinit, además siendo un medio de soporte puedes acercarte a 1 cm del instrumento, lo que no ocurre en un concierto.

ET: ¿Qué tipo de cine actual, el comercial o el de autor, crees que da más salida, realmente artística, a un compositor y hace que pueda mostrar todo el potencial de ideas e inquietudes propias que lleva dentro?
PG: También tienes los documentales, las series de Tv, los videojuegos, el teatro y la danza. La música aplicada tienes infinitas posibilidades, es bueno probar todo y, si puedes, elegir buscar un equilibrio entre lo que te hace feliz y lo que te permite vivir. Saber lo que será comercial no es tan fácil. Todas esas decisiones son muy personales y obedecen a la ley de deseo y suerte.
De todas maneras trabajar en contra de tus aspiraciones profundas solo conlleva a la frustración  y la amargura, mejor guardar un jardín secreto donde expreses tu ser profundo. 


ET: Durante el proceso de creación musical, las ideas fluyen en cualquier y desde cualquier lugar. ¿Has tenido alguna anécdota o situación curiosa en la que alguna melodía o estructura te haya venido de pronto a la mente? ¿Qué hiciste en ese momento?
PG: Tengo la suerte de tener facilidad, me pongo en modo “on” y fluye música (a veces buena, a veces insípida…). Es una ayuda importante y permite hacer frente a mucho trabajo. Lo difícil es estar en evolución y movimiento todo el tiempo, pero me niego a hacer música de una manera mecánica o sólo como “un trabajo”, necesito retos, novedad, hacer frente a zonas desconocidas de la mente…
        Una Anécdota… Hay muchas pero, por ejemplo, el tema principal de ‘’Gordos’’, de Daniel Sánchez Arévalo , lo estuve buscando y buscando, haciendo temas y temas y no conseguía algo satisfactorio, ni para mí ni para el director. Buscaba algo de apariencia sencilla (podríamos hablar largo y tendido de lo que parece simple y fácil…), suave y algo nostálgico, que entrara directamente a la mente…y todo lo que hacía estaba bien, correcto , pero faltaba algo…hasta que una mañana me levanté con el tema entero en la cabeza y su orquestación, tal como es en la película. Fue ir al piano, apuntar todo y en 20 minutos estaba hecho; se lo envié a Daniel con la certeza de que era el tema  y fue así de inmediato. A veces no hay que pasar horas sudando, sólo que coincidan los duendes…, pero si dejas pasar el instante y piensas “después me acordaré”, sin apuntar nada, seguro que vas a pasar un mal rato cuando te des cuenta que todo se fue como el aire y tu mejor obra se perdió.



ET: ¿Qué instrumento o sonido crees que tiene una fuerza mayor, o importancia indudable, en la música actual para el cine?
PG: Todo vale.  Es importante estar abierto a cualquier cosa. Lo importante es el “discurso”, el contenido. Las herramientas son múltiples y hay que saber usarlas, pero son el vector y no el fin. Una de las características de la música para cine es el amplio uso y mezcla de todo lo sonoro.

ET: ¿Qué momento del día es para ti el mejor para componer? ¿Tienes algún lugar especial, algún objeto concreto, alguna inspiración especial que te ayude cuando te encuentras inmerso en alguna creación?
PG: Antes trabajaba mucho de noche por la tranquilidad,tener menos ruidos y el misterio que provoca el ambiente nocturno; ahora prefiero la mañana. Pero todo me vale. He compuesto mucho en los viajes de tren. Tengo un pequeño local donde paso una gran parte de mi tiempo, la inspiración no es un problema, tengo tácticas para provocarla si hace falta (por ejemplo, escuchando alguna música que no tenga nada que ver con lo que estoy haciendo ) y si no funciona, pues me voy a dar una vuelta, tomar un café o hacer una siesta (la siesta es una gran fuente de inspiración). Antes, los bloqueos creativos me ponían muy nervioso y me bloqueaba más. Ahora, con la experiencia y la gran cantidad de música que he compuesto, sé que hay que tomarse las cosas con tranquilidad.

ET: Pascal, ya que la entrevista la acompañamos del estudio detallado de tu partitura para ‘’El sol del membrillo’’, en ‘’End Titles’’ nos gustaría conocer alguna curiosidad que pudieras contarnos ocurriera durante el proceso de su composición.
PG: Estuve dos meses en Madrid trabajando casi día a día con Víctor Erice. En 1990 trabajabamos con Moviolas, no había samplers, las maquetas eran casi inexistentes o por lo menos eran reducciones al piano o teclado. Todo esto para decir que el proceso era mucho más lento técnicamente , lo que favorecía el hecho de comunicar más “humanamente” para evitar perder energía y tiempo….
Al principio, Víctor me pidió música “ contemporánea”, lo que interpreté como referencia a, por ejemplo,  Xenakis, Ligeti o Boule Pero, al presentarle ejemplos, me di cuenta que no era ese “ contemporáneo”; quizá más Nyman, Maertens, Surman, Pärt, etc..
Al principio, la productora me alojó en un conocido Hotel de la Gran Vía madrileña para trabajar, pero a los tres días no soportaba estar en un sitio tan impersonal para componer una música tan intimista y personal, así que unos amigos que vivían en Malasaña me “recogieron” después de pintarme una habitación de azul (‘’para la inspiración’’…me decían) y allí , con un pequeño teclado de apoyo, compuse toda la música de “El Sol del Membrillo”. Iba bastante a la sala de montaje, al otro lado de la ciudadd, a ver los cambios y transfomaciones, hablar con Erice y sobre todo tener ojos y oidos abiertos a todo.  Hay que recordar que era mi cuarto o quinto trabajo en cine, mi primero con un director de esa envergadura y, además, que mi entendimiento del castellano era muy básico.
En la versión final de la película hay menos música de la que compuse, ya que se cayeron partes enteras de la primera versión de cuatro horas y media  para llegar, finalmente, a dos y media.


ET: ¿Nos puedes decir, Pascal, qué secuencia escogerías como fundamental, desde tu punto de vista, en ‘’El sol del membrillo’’, siempre hablando desde el estudio del significado de la película desde tu música?
PG: Sin duda es el final, el sueño del pintor, donde se usan todas las posibilidades: foto, montaje, voz en off, música, texto, luces... Vamos, todo un concentrado de cómo hacer cine y ademas con alma, estética y contenido… ¿Qué más podemos pedir? Víctor Erice me dijo en una ocasión que era la parte de su “véritable” lenguaje cinematográfico. Pero creo también que la totalidad de ‘’El Sol del Membrillo’’ lo es…

ET: Nos complacería muchísimo conocer de primera mano cómo es el director Víctor Erice, del cual, en ‘’End Titles’’, somos fervientes seguidores. ¿Cómo fue tu trabajo con él en la película sobre Antonio López? ¿Qué visión tiene de la música en el cine? ¿Cuál fue su postura ante la partitura, receptiva hacia tus ideas o planteando él su propia intención?
PG: Creo que te contesté en las preguntas anteriores, pero quiero añadir una anécdota que explica mucho. Cuando empezamos la grabación en Cinearte Madrid con músicos (¡excelentes!) de la ONE, Víctor Erice vino al principio y se sentó con los músicos hablando dos horas (en mi recuerdo…) sobre la película, con su fenomenal capacidad analítica/poética. Creo que fue fundamental para el “espíritu” de la grabación. A veces, los músicos nos centramos en las notas, la afinación, la armonía… y olvidamos una cosa fundamenal como el alma, la razón por la que hacemos esto, el colectivo…

ET: En el filme que estamos tratando, a todos los lectores de ‘’End Titles’’ nos encantaría saber tu visión personal sobre la película, en un sentido genérico de la obra y no sólo desde la música que compusiste. ¿Cómo ve, entiende o percibe un autor que ha participado en un proyecto tan importante y, a la vez, complejo de entender y ver como es ‘’El sol del membrillo’’?
PG: En este tipo de cine que algunos calificarían de “arte”, “autor”, “intimista”, “neo-documental” etc…intento no tener ninguna opinión sobre lo que veo/oigo y dejo a las “ sensaciones” , ”emociones” e “intuición” hacer su papel.  Yo no soy la mente que idea esta pelicula, solo hago parte, me sumo a ella. He hecho varios proyectos con el director Finnes RAX RINNEKANGAS , “Los mundos sutiles” de Edurdo Chapero, “Izenik Gabe “ sobre el pintor Zumeta, por ejemplo, donde hay que desconectar el pensamiento racional y dejar a las vibraciones tomar el mando. Al final , la música es solo un conjunto, más o menos organizado, de vibraciones. 


ET: Para terminar, y dándote las gracias desde ‘’End Titles’’ por tu gran amabilidad, ¿qué le dirías a un joven, o ya adulto, aficionado que se inicia en el mundo de la música de cine? ¿Cómo le convencerías para adentrarse en él?
PG: Importante es tener consciencia que la música de cine está pensada para funcionar con imágenes; la escucha aislada tiene menos sentido para mí si no viste antes la “alquimia” resultante. Importante es abrirse a todas la formas posibles de hacer música de cine y no limitarse a la unica visión sinfónica/electrónica hollywoodiana… Yo veo fundamental no sólo dedicarse a las bandas sonoras donde tu modo de expresión está siempre ligado a factores externos. Hay que tener un espacio de total libertad, es realmente la “casa” del creador, ser libre o, por lo menos, imaginarlo…



ESTUDIO DE LA PARTITURA: 






EL SOL DEL MEMBRILLO (1992).
PASCAL GAIGNE.

Largos minutos; la voz del artista, Antonio López, no aparece y sólo se escucha su lenguaje a través del color, los pinceles y el silencio. Somos conscientes de una lentitud extrema y hasta hiriente, pero todo ávido estudioso del arte se percata, en este caminar laxo pero peligrosamente presente, de una mezcla, cual colores en la paleta del pintor, que descansa muy próxima a la Belleza y la Filosofía. Inquietos, por tanto, esperamos la llegada de la partitura, que nos tensiona hasta el extremo de hilar finamente los nudos drásticos y significativos de esta aparente sencillez inicial: el arte pictórico en el arte cinematográfico; los planos detallados que mitifican figuras y las figuras (el membrillero) que van a ser divinizadas, a su vez, por el pintor. ¿Dónde cabe, por tanto, la música? ¿Será la fina voz que convierta el color en sonido? ¿Serán los vientos, sutiles pajarillos como posándose en la naturaleza diurna y luminosa y tierna del árbol y, a su vez, las cuerdas graves el resultado de la oscura noche y el feroz temporal que hieren al pintor?



Largos minutos; la voz del artista, aderezada por sutiles ambientes costumbristas, incluso rurales en el centro de Madrid, va a ir convirtiéndose en una inyección directa al pensamiento.  Gaigne, en el conjunto de la obra, no brota repentino (tras los muchos minutos de silencios) y su progresiva presencia en la historia resulta de la inteligencia de director y músico por dar un ambiente de melancólica lucha artística a la figura del pintor que, si bien desde los comienzos se deja ver como mundano y afable hombre, también poco a poco se postula como un ser quebrado por la inestabilidad vital en el arte. Gaigne tiene frente así un lienzo ya pintado, completo y visible (el filme terminado) al que tendrá que dar, de manera casi vaporosa, unos pequeños trazos como si de los ‘’tonos de luz’’ buscados por Antonio López se tratasen. Realmente, su trabajo va naciendo tan progresivo como crece la obra del pintor. Interesantísimo detalle.

La llamada de atención que ejerce el sonido que sale del radiocasete que Antonio tiene al lado de su lienzo pareciere de poca trascendencia. No lo es; más aún, en la película provoca un curioso contraste con la partitura firme y poderosa de Gaigne. La música que escuchamos, que procede de la radio nacional en aquellos años, ‘’Radio 2’’, es, en todo su contenido, música clásica. La suavidad de todas las piezas, su equilibrio y presencia pudieran representar la imagen del árbol: perdurable en el tiempo, quieto y presente. Gaigne introduce una composición también pausada, pero la linealidad que ofrece la clásica de la radio en absoluto es elemento importante en la obra del compositor quien, con un objetivo directo, incrusta sus notas sentidas, incluso tranquilamente furiosas, al lado de la inquietud artística de Antonio López y su alma artística. Así como el membrillero fustiga al artista y permanece tranquilo a su lado, como pieza del clasicismo musical, la partitura del compositor cae del lado de éste, irremediablemente. 


Encontramos durante el desarrollo de la obra múltiples detalles que rodean, se relacionan (con) y engrandecen la partitura original, en apariencia sencilla, simple e incluso tímida: así como el pintor clava sus pies, quietos siempre, sobre la tierra y de su figura inmóvil y única brotan luego las pinceladas de arte que dan vida, Gaigne planta también, durante gran parte de la composición, sus temas (o parte de ellos) en una nota mantenida, quieta y, con ella como base, da vida luego al resto de su pieza musical. Las conversaciones prolongadas, secuencias pausadísimas…todo un entramado calmoso que provoca un casi multitudinario rechazo. No obstante, el conjunto está medido: un cálculo inteligente para dar brío y poder al fin último de la obra, a un poema ciertamente místico al que sólo se le podría otorgar la elegancia musical de una composición de cámara. Así es la música que Pascal Gaigne crea para ‘’El sol del membrillo’’.



Aproximándose el final del filme, casi llegando a las dos horas de metraje, la secuencia que nos aguarda es bellísima. La fuerza con la que el compositor pinta la escena es única, un instante tan formidable que pudiera enmarcarse entre los mejores de la música de cine de nuestro país: los dos amigos, pintores, charlan serenamente durante larguísimos minutos. El espectador observa y espera. Su paciencia parece agotarse y repentino, hermoso y prudente, Gaigne entona su bandoneón, apoyado en una base estática (como los pies de Antonio López) y Erice nos muestra imágenes de Madrid como si fuera el genial pintor quien las hiciera. La interrelación entre todos estos elementos es, realmente, fortísima. Uno de los momentos cumbre de la historia y, a continuación, el desenlace.

El final encumbra a la música como la verdadera alma dramática del interior del pintor y, así, ratifica lo anteriormente planteado. Secuencias interminables, ahora ya y tras el descanso perpetuo del artista, del marchitar y muerte del fruto. El artista termina cuando lo hace su arte. Gaigne sube la presencia e intensidad de la música otorgando a las cuerdas un dramatismo absoluto que hasta el momento no habíamos sentido: Antonio López vivía, el artista pintaba y luchaba contra la vida natural; ahora, pasado el tiempo de su pintura, el genio desaparece y se agota, lo hace su vida y su alma y la música, reflejo (como ya hemos explicado en este artículo) del alma de Antonio, parece finalmente erguirse y gritar.



Concluyendo, una obra de una aplicación estudiadísima y presencia parcial que, precisamente, hace que la fuerza que adquiere en el filme sea de un nivel notabilísimo. La relación que se establece en el conjunto global de la obra entre todas sus vertientes artísticas es altísima y beneficiosa para todas ellas. Película de referencia en el cine español, como lo es su director y como también debería ser  la partitura de Pascal Gaigne. Una lástima que obras tan conseguidas sean, al tiempo, tan minoritarias. No obstante, si no lo fueran… tal vez (o seguramente) su nivel artístico no sería tan alto.

             

   Antonio Miranda. Septiembre 2015.