Nueva y esperadísima obra del maestro de maestros, del artista capaz de configurar un estilo y una elevadísima disposición como para considerarle entre los grandes de la historia de la música.
Leí hace poco que Williams compone y dispone, pero no podría decirse que haya creado o innovado; no obstante, me atrevo a contradecir dicho argumento asintiendo respecto a las influencias adheridas a su música, pero contundentemente afirmando que la fabricacion de un entramado estilístico único, la disponibilidad de sus engranajes principales como obras universales y conocidas por todos o un cuerpo de partitura capaz de representar en sonidos el pensamiento arborescente de una mente prodigiosa —encarnado en la acentuación asimétrica—; todas estas cualidades entran a formar la figura indiscutible de un músico elegido por la universalidad.
Flexibilidad matemática: Williams calcula los acentos asimétricos para que coincidan milimétricamente con cortes de cámara, explosiones o cambios de mirada en la pantalla.
Williams logra que estos ritmos violentos e impredecibles coexistan con motivos melódicos (leitmotivs) que la audiencia puede recordar y tararear al salir del cine.
La música del siglo XX (como la de Bartók o Stravinski) a menudo pierde la tonalidad y se vuelve extremadamente difícil de digerir para el público general.
La presente obra se mantiene en un ámbito prudente y frío, dentro de la oscuridad de sus notas y temas, pero a un lado de esa faceta comercial o admirable que siempre el genio estadounidense saca de sus composiciones. Recordando ambientes de la prodigiosa e infravalorada "SLEEPERS" o navegando por el mar de las atmósferas de "INTELIGENCIA ARTIFICIAL" o "La Guerra de los Mundos", Williams nos empuja a una figura descriptiva absoluta de la historia: la música al servicio de la imagen, más que nunca.
John Williams parece dictar: déjenme disfrutar de la composición de una acción medida. Las secuencias activas rebosan estudio. Williams no necesita presentarnos su eternos métodos de composición de secuencias rápidas, inalcanzables para cualquie compositor. Se supedita nuevamente a la imagen y se dispone a crear tensión, más que dinamismo.
Una obra compleja, sin duda difícil para cualquier amante de lo comercial y dispuesta para que los aficionados al arte nos adentremos en sus misterios.
Ahora bien, asentando el análisis en lo escrito al inicio, me atrevo a comentar: ¿por qué John Williams no ha escalado hasta la cima y ha aplicado su técnica atonal y contemporánea de música clásica a una entera película de cine actual? Sin duda, este habría sido el hito más importante, brusco y rompedor de su carrera...
Una de las numerosísimas obras infravaloradas por la Academia, Nacido el 4 de julio supone un alarde de composición para una historia múltiple a través de un minimalismo global sorprendente.
John Williams, en pleno apogeo compositivo, acude a un par de temas que plasma en el filme de forma habilísima, uniendo sus notas y sus sentidos al final de la obra de tal forma que, sin duda, es el 'actor' que consigue, apoyando la magnífica interpretación de Cruise, unificar la amalgama de secuencias, sentidos y formas de la película.
En definitiva, partitura romántica que huye de florituras ni demostraciones de los niveles que Williams puede conseguir: obra a reivindicar y partitura clásica para trompeta. Excelente.
''John Williams reimagined'' no supone, para el aficionado expero en el genial compositor norteamericano, nada nuevo. Es más, esperando una interpretación de cámara de las obras de Williams (al piano, chelo y flauta), uno se da cuenta, escuchando el 'disco', que la mayor parte de los temas son una reinterpretación de los originales pretendiendo un sonido cinematográfico. Cualquiera de ellos podría insertarse en la banda sonora original, incluso en la película, y funcionar. Lo cual, sin duda, obra en contra de esta producción que, a mi entender, debiera haber aportado algo nuevo, una visión íntima y depurada, un sonido que, si bien resulta de una brillantez sobresaliente, se separa de lo que el sonido de una música de cámara y de la interpretación de tres instrumentos debiera ofrecernos de cara al mundo de la música clásica.
Sonido brillante, sonido moderno, sonido cinematográfico: una música de cámara artificial.
Una obra que no pasa de ese suficiente, de cumplir, pero que estoy seguro que a la mayoría de seguidores del Maestro no habrá entusiasmado.
Obra sublime y desconocida del genio norteamericano, Sleepers supone la aplicación del estudio máximo a una historia cinematográfica. Prudente, equilibradísima y con una única intención: herir.
Personalmente recomiendo ver la película una vez has asimilado una y otra vez la partitura aislada. Ése ha sido mi caso y la experiencia es abrumadora. ¿Cómo es capaz Williams de tenerte embriagado de atención cuando conoces la música al milímetro? ¿Es posible que la música protagonice toda tu atención sin paliar un ápice el significado del contenido de la trama? Es asombroso: el compositor mantiene una dureza y un dramatismo oscuro en la obra como pocas veces se ha visto. Esperas con inquietud y deseas con fervor que lleguen las notas luminosas, esos fragmentos que tú ya conoces y que son brillo y melodía, optimismo y esperanza; no obstante, no llegan.
John Williams inserta la parte melódica y bonita de la composición asociada a la figura del abogado y la chica, de lo que pudo ser su historia, del único detalle en la trama de los amigos, de la vida, que puede borrar el tiempo y ser guardado finalmente como luz, como recuerdo, como esperanza hacia un nuevo amor o matices de una letanía que con el tiempo se cura. El resto de sucesos y matices son, sencillamente, dolor e irreversibilidad: Williams los retrata violentamente, pero con mesura, mediante una obra dramática basada en los bajos, en los sonidos oscuros y los tiempos medios. Únicamente nos deriva al lado brillante de la vida en la secuencia del abogado y la chica en el metro, durante unos segundos, y en la parte final de la obra que, inmediatamente, se afana por cubrir de nuevo con la base oscura y triste, que es como cierra la producción.
Sleepers te hiere en la luz y te hiere en el dolor.
Sleepers te enamorará.
Sleepers, de John Williams, debe estar entre sus mejores obras.
Todos conocemos los 'SIEMPRE MEJORES' temas del Maestro (Tiburón, Star Wars, E.T., La lista de Schindler...). End Titles os propone otra lista, 'los otros mejores temas' compuestos por el artista durante toda su carrera, momentos insultantemente artísticos que, en nuestra opinión, nunca nadie podría componer. Instantes de una perfección compositiva inigualable, de una forma asombrosa...de un Arte inalcanzable.
Disfrutad, aquí los tenéis, 12 inolvidables temas:
* El orden indica el año de composición.
IMAGES- Reflections- 1972
Un tema virtuoso, espectacular, con el que podrás transportarte a la mejor música de John Williams, en un ámbito de terror y en el territorio de la música contemporánea. Una de las piezas favoritas de END TITLES por lo que representa, por la fuerza que una música nada conocida del compositor demuestra en él. John Williams nunca fue, sólo, un artista de melodías. Su música debe ser estudiada profundamente para conocer la verdadera vertiente del mejor músico de la actualidad. De los fragmentos con más intensidad de toda su carrera. Búscalo, es muy complicado de encontrar en la red. Os dejamos fragmentos del filme, pero no se encuentra 'Reflections'
CLOSE ENCOUNTERS- Roy's First Encounter- 1977
El terror y la experimentación clasificando al Maestro dentro de unos cánones atípicos en él para el gran público pero que, sin duda, domina como nadie. Una fuerza descomunal. El inicio de su violencia compositiva.
JURASSIC PARK- T-Rex Rescue & Finale- 1993
Tema extenso, ejemplo de esa virtud de composición y narración que jamás nadie ha conseguido nunca. Una pieza que consigue, sin apenas mencionar los temas principales, una agudeza argumental al tiempo que locura de partitura sin igual.
ANGELA'S ASHES- Back to America- 1999
El tema más sencillo de esta lista. Por eso, por insertar un clima de brillo exultante y paciente entre una obra compleja e intelectual, por su composición básica asentada en una melodía simple y que, no obstante, hace llorar con rabia, este tema merece cualquier consideración. Pura y humilde belleza de un genio.
STAR WARS, EPISODE I, THE PHANTOM MENACE - Duel Of The Fates- 1999
Un tema que, pese a conocido, no resulta de la trascendencia mediática de su calidad, sin duda máxima, a juicio de End Titles el mejor tema de toda la saga y a un nivel de clasicismo similar al de los grandes compositores de toda la historia de la música. Inigualable. Quizá...su mejor composición.
MINORITY REPORT- Spyders- 2002
Su melodía principal es de las mejores de su carrera. La consigue mediante una combinación de vientos y cuerdas maravillosa. Melodía que nadie recuerda pero que debiera ser método de estudio de composición. Exuberante.
MINORITY REPORT- Anderton's Great Escape- 2002 Iníciate en la locura del artista. Voluptuosa, voluminosa, luminosa y trepidante. Acción pura: acción clásica.
HARRY POTTER AND THE PRISIONER OF AZKABAN- The Werewolf scene- 2004
No hay músico con una evolución tan brutal que lo sobresaliente queda superado por una nota todavía no creada. ¿Matrícula de honor? No, más... Es tan bestial la fuerza que cualquier escena de terror queda mortalmente tumbada por esta pieza. Impresionante. Tanta calidad que su superioridad para con las imágenes no se aprecia. Increíble. Os adjuntamos la escena del filme.
Escena de la película con la música de John Williams
STAR WARS, EPISODE III, REVENGE OF THE SITH- General Grievous- 2005
La violencia compositiva que lideró, lidera y lo hará siempre John Williams. Nadie consigue, con temas como éste, que la agresividad artística tiente a la real...
WAR OF THE WORLDS- The Ferry Scene- 2005
Tema paradigma de la narración en el artista con un tempo especialmente complicado. Framento de honor dentro de una obra maravillosa.
THE ADVENTURES OF TINTIN: THE SECRET OF THE UNICORN- The adventure continues- 2011
Perfección, composición, barbaridad, frenesí y creación del artista al nivel de las mejores. ¿Quizá la mejor? No te lo pierdas, ¡tenemos otro tema inesperadamente que End Titles colocaría como mejor composición de John Williams!
LINCOLN- The Peterson House and Finale- 2012
Si quieres disfrutar, en un solo tema, de toda una banda sonora (de las mejores del autor) y no abandonar el ámbito de la drástica pesadumbre, de la ternura extrema y el desaliento, este tema es una auténtica joya para ti. Disfruta de él porque la vida es parte de este tema, no al contrario. Tanta belleza no podría ser parte de un todo, sino el todo. Asombroso.
Obra a reivindicar en la carrera del Maestro, compuesta dos años después de ''Star Wars''. Auténtica delicia narrativa que supone el verdadero argumento de toda la historia y que se podría conocer escuchando la partitura. Un tema central a la altura, sin duda, de cualesquiera otros del Conde, un uso de él tal vez excesivo en ocasiones pero que Williams matiza en seguida con giros y soluciones, con guiños al espectador esperando su ya retenido tema y marchándose ágilmente hacia otros territorios musicales y narrativos que sorprenden. Escenas con un uso de los graves magistrales: una dicotomía con los agudos que nos lleva a esa locura de mente y mundo vampíricos. Y, en definitiva, una joya para disfrutarla viendo la película y deleitándonos en su fotografía, en sus detalles y en esa atmósfera que sin el Maestro habrían sido simplemente buenas.
Si esperas un John Williams comercial y desbocado, no lo encontrarás. Quizá pequeñas dosis pero, sin duda, Drácula supone un primer acercamiento a ese otro compositor que es el músico norteamericano y que ya sólo el placer de descubrirlo genera ansiedad por conocerlo.
Ejemplo de cómo tumbar drásticamente a dos ejércitos armados: John Williams deambula prudente durante todo el metraje para terminar entrando a formar parte de una contienda que finaliza ganando con creces a chinos y tibetanos.
Obra extraordinaria por su timidez, por su moderación, por su marcha en segundo plano y sumisión a la historia e, incluso, a las secuencias quizá caprichosas del director; no obstante, en numerosas ocasiones y durante perdidos minutos sin demasiado sentido a lo largo de los tres primeros cuartos de historia, Jean Jacques Annaud ensimisma su deseo en sentencias de los protagonistas o secuencias que ni el propio Williams cree posibles. El sinigual compositor norteamericano acepta resignado estas directrices como queriendo decir: ''...bien; no obstante la composición deshabitada que me propone usted lleva por condición que yo
John
Towner Williams (Nueva York, 1932), músico reconocido por numerosas
composiciones cuyos temas principales suenan en la idea de la gente como
pudiera hacerlo el ‘Eine Kleine Nachtmusik’ de W.A. Mozart y que le alzan, en
opinión de quien esto escribe, al nivel de los grandes compositores de la
historia de la humanidad. John Williams es el mejor compositor para cine de
todos los tiempos. No me resulta atrevido afirmarlo, mantengo la idea que me
haría quedar como posible, al menos, delante de quien lo negara: él conseguiría
componer sin problema cualquier obra, estilo, tema o referencia musical más
importante de todo compositor; no obstante, ninguno de ellos, vivo o muerto,
compondría nunca una pieza tan abrumadoramente estructurada como la que nos
atreviéramos a adjetivar como mejor del compositor norteamericano.
Apreciar
la obra de Williams es escuchar sus temas más famosos procurando ausentar el
oído de la melodía principal e intentar introducirnos en las infinitas galerías
que forman, cual excursión espeleológica arriesgada, la aventura de sus motivos
más conocidos. Dos o tres escuchas consiguiéndolo bastarían para reconocer la
calidad del artista y escudriñar las extensísimas partes nada comerciales que
sus partituras contienen. Desde la insuperable composición de ‘Tintín’ (obra
absolutamente sorprendente, poco reconocida y que no mal ocuparía, incluso, la
primera posición en la lista) hasta la inefable ‘La lista de Schindler’ pasando
por otras sorprendentes, casi inalcanzables en el tiempo, como ‘El Imperio del
Sol’ o la arrolladoramente buena ‘Imágenes’.
El
recorrido, la evolución y la mejora de John Williams son de una riqueza
asombrosa. La forma en la que inserta motivos e ideas primerizas en sus obras
más recientes o consigue evolucionar de un estilo tranquilo y estudiado (‘La
trama’, ‘Images’) al desenfreno artístico (‘La guerra de los mundos’, ‘Hook’)
son dignos de un estudio continuo e interminable.
No
me extenderé más ya que el discurso posible sobre este genio de otro mundo
daría el nacimiento de interminables páginas, elogios y sentencias. Disfrutad
de esta lista personal no por el hecho del orden o mi interpretación, sólo leer
el título de sus obras ya es un placer:
(END TITLES presenció en directo a John Williams el 18 de enero de 2020.
Película de culto y master class del mejor compositor de la
historia del cine.
El filme ya clásico de Steven Spielberg supone un ejemplo de
obra comercial con innumerables matices de cuidados y no menos detalles de
autor que hacen de su visionado una auténtica aventura de calidad. La
partitura, absolutamente, dirige toda la historia.
John Williams siempre será infravalorado por gran parte de
los seguidores de la música de cine amantes de otras vertientes, ya sean
modernas o de otros autores; no obstante, cuando somos capaces de un estudio en
detalle y les invitamos a contemplar con la imagen o escuchar la composición
aislada, y se llega a ser consciente de la complejidad de su ‘otra música’,
nadie debería dejar de inclinar su admiración por él. Nos referimos en Jaws,
como en otras muchas suyas, a la parte 'no principal' de la partitura, a esa otra
partitura que no hace referencia al tema archiconocido o a sus universales melodías. En el caso de Tiburón, End Titles alude inexorablemente a una de las
piezas más sobresalientes compuestas jamás para el séptimo arte: ‘’The shark cage
fugue’’.
No nos detendremos en el empleo de este tema para tal aspecto
o aquél para el otro, ya se ha escrito mucho al respecto y en End Titles no
somos muy partidarios de este tipo y vertiente del análisis de la música en el
cine, absolutamente respetable y repleto de enseñanzas, pero personalmente creo
que otros matices de las bandas sonoras han sido claramente olvidados. John
Williams compone en ‘’The shark cage fugue’’ una pieza clásica exquisita de un
nivel fuera del alcance de la mayor parte de compositores, ejemplo de lo cual
lo tenemos en la dirección que el compositor llevó a cabo para la majestuosa
interpretación en uno de los templos de la historia de la música clásica:
Viena. El nivel compositivo tan alto es la pieza perfecta del puzzle que se
inicia en el empaste de la música con la imagen. Ambas cosas, en la música de
cine, es el máximo alcanzable por cualquier artista y el cuerpo completo sobre
el que dictar críticas o valoraciones.
La pieza comentada es empleada por Williams en varios
fragmentos de la historia, como lo es el tema principal, descaradamente
presentado desde el primer segundo, algo muy complicado para que,
posteriormente y durante todo el metraje, el compositor consiga alcanzar el
efecto que el director pretende, y Williams lo logra admirablemente con una
paleta de recursos, ya sean combinaciones de notas, combinaciones progresivas
de otros temas musicales o incluso variaciones en el tempo del tema, que nos
deja perplejos aún conociendo lo que a continuación nos deparará el filme.
Estructura estudiadísima, una habilidad para componer
desbordante y una agilidad a la hora de narrar las escenas envidiable. Un
entramado sin igual para terminar con la mezcla de todos los temas empleados en
el filme para cerrar el desenlace en una muestra de competencia que pocas veces
se puede ver en el cine y la música.
Obra maestra del cine y de la música. Genio: John Williams.
Escena de Elliot y ET por primera vez volando en bicicleta
Película comercial donde las haya y, no por eso, menos interesante. El paso de los años enriquece su visionado, embelesa con su partitura y asombra con un final desorbitadamente sentimental.
La secuencia a estudio es el paradigma de cómo un compositor excede en calidad, estructura, sensaciones...en todo, a cualquier otro. John Williams ha sido de los pocos músicos capaces de musicar una escena, conseguir un clímax de sensaciones en ella gracias al clímax musical y, a los pocos segundos, lograr un segundo momento de las mismas o superiores características que llega a dejar perplejo a cualquier melómano empedernido o estudioso del séptimo arte.
El primer instante al que hacemos referencia es cuando niño y extraterrestre emprenden el vuelo en bici, algo tan sorprendente y espectacular que, con el fragmento álgido de la partitura, el espectador ya ha colmado sus expectativas sentimentales, llenas de asombro, del momento.
Sin nosotros ser conscientes de ello, Williams nos conduce como si de vehículos a su merced fuéramos tal y como ET dirige a Elliot y la bici. La escena nos devuelve a la ilusión y a la prudencia al tiempo, a la calma tras el despegue, al tránsito hermoso incluso por la famosa
Hans,
uno de los integrantes del comando israelí encargado de asesinar, uno por uno,
a los miembros del comando terrorista palestino ‘Septiembre Negro’ que
perpetraron el atentado de los juegos olímpicos de Munich, es encontrado por
sus dos amigos acuchillado en un banco a orillas del río. Enfrentamiento entre
Palestina e Israel.
Nos encontramos
ante una escena aparentemente simple, algo escondida, algo desapercibida en el
conjunto pero con un peso interpretativo enorme. Críticos y aficionados se
centran en la larga y musicada escena final como paradigma del filme y su
relación con la partitura. En End Titles vamos más allá y alzamos la secuencia
de Hans como fundamental en el sentido último de la obra: la música firma,
literalmente, la intención del director.
A continuación presentamos la escena a estudio
ESCENA: ‘Asesinato de Hans a orillas del río’
Spielberg presenta un asesinato más, Williams parece acompañarlo con el solista de viento y en segundos todo cambia: la orquesta ‘escupe’ una especie de líquido de tristeza en forma de arreglos que atribuye a la escena el sentido que toda la película finalmente quiere, simplemente un hastío de tristeza por la situación de ida y vuelta de la lucha, de las guerras de razas, fanatismo y poder. La atonalidad que John Williams otorga al espectador es la clara firma a la intención del director de narrar unos hechos históricos todos ellos envueltos en el halo de la desgracia, de la barbarie y de la poca finalidad de los actos si no fuere por su furia y devastación. La tranquilidad de la pieza, humildemente dramática, significa la resignación a todo lo que ha ocurrido hasta ahora y ocurrirá hasta la llegada del final, incluso la realidad misma cuyas matanzas y torturas vitales, en un sentido u otro, no solucionan los problemas que pretenden.
Una pieza maestra que, dividida en dos zonas (viento principal tonal y cuerdas atonales para el conjunto) se convierte en la poco apreciada definición de esta dramática producción.
La banda sonora es una obra negra, obscura donde se busque y con una presencia en la pantalla realmente estudiada y mínima, algo excepcional en las colaboraciones de ambos artistas. Las cuerdas dominan todo el espectro de las notas elegidas y las secciones de los graves toman una trascendencia y un protagonismo como nunca en la carrera de John Williams. Su escucha aislada, por momento, se torna compleja pero, sin duda, de una delicia que pocos disfrutarán. Gran trabajo, alejado del matiz comercial que cualquier cinéfilo no inmerso en la obra del compositor pudiera asignarle alegremente.
Secuencia esencial en el entendimiento de la historia.
Mucho se va a escribir sobre los dos conciertos de John Williams en Viena, este pasado fin de semana. End Titles estuvo allí en una cita emocionante, artísticamente histriónica en muchos de los asistentes (es mi caso) porque las emociones y sentimientos, los matices y las escenas resultaban, una tras otra, de una intensidad exacerbada.
Asistió mucha gente fan de Star Wars. No es mi caso (no de la saga, sí de la composición, cuya interpretación del tema principal fue memorable). End Titles es fan de John Williams, de su inalcanzable por nadie composición, de su música anticomercial en su 80 por ciento y ese 80 por ciento desconocido o no valorado por la mayoría.
Su entrada a la sala fue sencilla, como él, su presencia sencilla, como él, el ofrecimiento del protagonismo a la violinista sencillo, como él. Todo tan simple porque él bien consciente es que nada brillará, ni un segundo, como su música y su figura.
Williams charló con los asistentes, agitaba el Musikverein con su humor e, incluso, avivó los aplausos finales para, indicado con un gesto, irse a dormir.
El repertorio fue espectacular, cualquier tema que él elija lo es. Podría resumirse en los momentos sentimentales, con especial atención a War Horse, cuyo final los intérpretes de la orquesta y Él firmaron de una manera suntuosa, los técnicos (con una ejecución de ''Tiburón'' soberbia) y los emotivos. La Filarmónica de Viena, una delicia, con una sutileza en los vientos admirable y un toque de los metales y percusión como casi ninguna orquesta consigue. Fundamental, por eso Williams no dirije cualquier grupo de voluntariosos músicos que deseen interpretar su casi inalcanzable combinación de notas sobre una partitura.
A partir de ahora no escucharé (ya había tomado esta opción) ninguna interpretación de su música que no salga de su batuta, lo cual ya se me hace claramente inalcanzable. No merece la pena; no lo haré. No podría escuchar los zambombazos chirriantes de orquestas dirigidas por directores que creen hacer una labor de expansión y conocimiento de la música de John Williams: lo que hacen es romperla y hacer el ridículo. Todos podemos poner nombre a lo que comento, con esas burdas versiones de pequeñas notas que les parecen volverlas algo propias al tiempo que las interpretan. Olvídense de tonterías así.
Ha sido la mejor experiencia de mi vida; mejor que nacer.
Templanza y una madurez excesiva para la conclusión de la saga, en esta última entrega. Demasiada pausa y ausencia de ímpetu compositivo.
John Williams cierra su propia historia musical empujado por la historia, tal vez pobremente concluida, hacia un ámbito de ritmos medios que sólo él compone de forma magistral pero que
le coloca delante un muro el cual, si no hubiera existido, tal vez le habría dado la facilidad de sellar una épica composición que ya, no obstante, se encuentra al nivel de otras históricas de la música clásica.
Los tiempos de esta última entrega de la tercera trilogía de Star Wars, como he comentado, se mantienen en un carácter medio con escasos minutos de acción, en la cual Williams demuestra su inmensa diferencia
Como todo genial artista, y John Williams alcanza el nivel máximo en el arte moderno, sus obras son encumbradas, amadas, odiadas, criticadas, infravaloradas... Detengámonos en este último concepto. En End Titles vamos a considerar las composiciones para cine del artista que, con el tiempo, se han valorado por debajo de lo que nosotros pensamos. No quiere decir esto que una obra muy reconocida no sea infravalorada si el caso consiste en que tal composición debiera, a juicio de End Titles, ocupar un peldaño mayor en la obra de Williams.
THE COWBOYS (1972)
Banda sonora que anuncia momentos concretos del estilo del artista. Sencilla, estudiada y muy prudente. Estructurada en dos partes, su tema principal es el protagonista y se complementa a la perfección con un estilo pausado que será la base de varios scores recientes de gran calidad: 'Nixon', 'War Horse'... Orientación sinfónica absoluta.
LA TRAMA (1976).
Composición fundamental para comprender la evolución musical del artista. La colaboración de los dos genios de la cinematografía, Hitchcock y Williams, se saldó con una partitura notable, sencilla, estudiada y bien aplicada. Su valor reside en la infinidad de matices que el músico presenta y que serán base de su estilo en el futuro. Imprescindible obra para los seguidores más fieles del ''Maestro'' y para comprender cómo compondría años más tarde. Inmersa en la época de explosión del autor (''Tiburón'', ''Star wars''...), esta infravalorada joya se deshace de cualquier influencia de estos años y adquiere una forma propia y, como se ha dicho, muy influyente en el futuro.
TIBURÓN 2 (1978).
Grandísimo trabajo que tiene como lastre, sin duda ninguna, la maravilla que le precede (que podría tumbar cualquier otro intento de partitura, dando igual el ámbito en el que se aplicara). La continuada sutileza que abraza el total de la estructura de la partitura puede llevarnos a cierta pasividad en su consideración. Sólo la escucha del tema principal de ''Jaws'', versionado ahora en distintas secuencias, merecería la pena para tener mucho más en cuenta una composición firme, seria, delicada y olvidada. El tono grotesco de algunas piezas nos llegará a entusiasmar descubriendo los adornos terroríficos insertados casi sin darnos cuenta entre sus notas. De la misma forma, influencias de la épica y eterna ''Star Wars'' y una presentación de la historia musical muy por encima de la argumental. No dudes en acercarte a ella en profundidad y quedarás ensimismado con el brutal (y equilibrado) choque entre música ligera y poderosa.
LAS BRUJAS DE EASTWITCK (1987)
Divertimento al puro estilo clásico del término, esta banda sonora supone, además de tal calificativo, el entretenimiento por disfrute más directo de la carrera del artista. Sin acudir a su composición loca e inalcanzable, Williams aplica una música mediante combinaciones, atonalidades, pinceladas de sintetizadores y una antesala clara de las obras de Harry Potter. Sin duda, merecedora de aparecer en esta lista.
FAR AND AWAY (1992)
Preciosa partitura, tranquila, nada arrogante y cercanísima a las grandes obras del autor para acontecimientos deportivos, tan sobresalientes siempre. Composición que mezcla un sentido tradicional con otro sinfónico, siempre notable y que agrada sin duda la escucha.
NIXON (1995)
Partitura a reivindicar por su solidez, templanza y buen hacer. Una obra personal, íntima y edulcorada con varios toques activos sobresalientes. La contención y giro que Williams aplica a toda la obra, en cuanto a no mostrarse melódico cien por cien, es ejemplar.
SLEEPERS (1996).
Nominación al Oscar. Situada en los años intermedios entre su obra cumbre, ''La lista de Schindler'', y el regreso a la saga ''Star wars'', ''Sleepers'' encabeza la sobriedad y elegancia de una etapa sentimental que basa su desarrollo en la melodía pensada y pausada. Partitura olvidada, su escucha convierte el enigmático sonido de la composición en una delicia melódica con la que el genial artista adorna instantes puntuales. Sin llegar a la atmósfera más romántica de obras de la época como ''Sabrina'' o ''Las cenizas de Ángela'', esta banda sonora, que fue nominada al Oscar y luego enterrada, hará las delicias de cualquier seguidor de John Williams, del Williams más metódico y estudioso. Interesantísima.
STAR WARS. EPISODE I: THE PHANTOM MENACE (1999).
Arriesgado momento en la carrera del compositor y que, a juicio de ''End Titles'', superó sin ninguna duda, resultando esta obra el inicio de una nueva trilogía en la que el autor cumpliría a niveles similares, pese a lo mucho en contra escrito, de las tres partes originales. Partitura estudiada y sutilmente aplicada a la historia que, estando a un nivel muy alto durante toda su aparición en pantalla, logra cotas altísimas con el desarrollo, en la parte final, del tema principal de esta entrega, un leitmotiv insuperable y a la altura de los míticos anteriores.
Obra elaboradísima, sin duda con uno de los finales más hermosos de la música de cine moderna y un desarrollo previo, independiente del final (pero con indudables enlaces), de matices difíciles de apreciar, siempre rebosante de estudio, inteligencia narrativa y una vertiente llamativa y comercial que no existe, afortunadamente para la obra. Pausada, tranquila y emotiva. Imprescindible y con referencias ligeras a la música que Stanley Kubrick (importantísimo en el proyecto) empleó del compositor György Ligety para su ''2001''.
Lee la crítica completa en END TITLES.
ATRÁPAME SI PUEDES (2002).
Pequeña joya que rebosa elegancia y calidad por todos lados. Compendio de muchos de sus estilos precedentes, desde Sleepers hasta A.I. pasando por su influencia notable en la posterior ''Tintín'', nos encontramos antes una fina y suave partitura, a veces melódica, otras absoluto alarde compositivo cercano al jazz. Sin duda, composición que pasó de puntillas por su discografía pero que, no obstante, debería ocupar un lugar de consideración.
MINORITY REPORT (2002).
Obra maestra y espectacular tratamiento sinfónico, de una fuerza descomunal y con uno de los temas más potentes de la historia del cine y de los mejores del compositor. Compendio de buena aplicación a cada instante de la aventura. Olvidada, por desgracia, y poseedora de un par de secuencias de altísimo nivel, una de ellas, la correspondiente a las arañas y en la que Williams desarrolla el tema comentado, portentosa y la otra, a mitad de la historia y a punto de cometer el protagonista un crimen, violentamente contenida. Obra clave en el desarrollo actual de la música de acción.
Pocas
primeras medias horas, en la historia del cine moderno de acción, han sido
narradas, controladas y energizadas tan tremendamente como el genial compositor
americano hace con la actual.El resultado es asombroso. El argumento que el
artista plantea, las situaciones que origina y la intensidad que, finalmente,
ofrece, son dignos de estudio obligado. Las composiciones alcanzan cotas
sobresalientes y el dominio de ritmos, tensiones y sucesos es total. Una obra
musical que podría resumirse en la capacidad vital variable del protagonista.
Sin duda, una de las mejores del grandísimo compositor americano y, sin duda,
de las más infravaloradas. Imprescindible.
STAR WARS. EPISODE III: REVENGE OF THE SITH(2005).
Nos
encontramos ante la mejor obra para la segunda trilogía de la saga y,
sin duda, a la altura de las originales de finales de los años setenta e
inicio de los ochenta.Un paso adelante del compositor hacia el recuerdo
de sus anteriores joyas artísticas, de estructura variadísima y un
equilibrio muy conseguido. Mezcla formidable de composición alocadamente
insuperable, temas y un enlace óptimo y sin grietas hacia el original
episodio V. Imprescindible.
THE ADVENTURES OF TINTIN:THE SECRET OF THE UNICORN (2011).
Nominación al Oscar. No obstante, relegada a un segundo plano en la trayectoria del compositor. En ella, la maestría compositiva del genial músico queda elevada a niveles absolutos, pudiendo disfrutarse cada fragmento con una exquisitez de capas de composición y melodías, unas encima de otras, que cualquiera podría, más bien, enloquecer con una de las exhibiciones más potentes de su carrera a nivel de partitura.
MUNICH (2005).
Nominada al Oscar junto con ''Memorias de una Geisha'' (y olvidando la suprema e incomparable ''La guerra de los mundos'', de ese mismo 2005) y rechazada como premiada en una ceremonia en la que ganó la estatuilla la música de Santaolalla para la pobrísima ''Brokeback mountain''. Composición muy seria y firme, con dos temas principales alrededor de los que se fragua la historia y de los que, uno de ellos, sirve para introducir el empleo del duduk con una maestría, sencillez y profundidad como muy pocos artistas saben hacer y que, al instante de escucharlo, origina esa sensación impalpable que sólo los elegidos logran transmitir. Oscura orientación, ligeros toques a su magnífica ''Sleepers'' (1996) y una vertiente dificilísima de asimilar, nada comercial y de sobresaliente resultado. Clímax absoluto en los instantes en los que la orquesta al completo, sobre todo su sección de cuerdas, toman las riendas melódicas de las secuencias importantes y una de sus partituras donde los instrumentos solistas (duduk, guitarra española, violín...) adquieren una dimensión única, elegantísima y crucial, con una delicadeza inalcanzable por nadie más