Cinta de ciencia ficción
experimental, un alarde de imaginación y contenida filosofía que nos hará vivir
una experiencia extraordinaria, eso sí, si el espectador se mantiene con una
disposición hacia el cine de autor más crudo. Obra póstuma basada en la novela del mismo nombre del escritor Olaf Stapledon.
Nos encontramos ante una historia
de visión futurista anclada voluntariamente hacia el pasado, que representa
nuestro presente. Incluso podemos descubrir, sorprendentemente, cómo el autor
se plantea, en boca de la protagonista, un posible exterminio de la sociedad
actual por algún virus maligno…
Jóhann Jóhannsson falleció antes
de finalizar la producción de la historia, pero dirigió las bases fundamentales
y compuso la partitura en su concepto amplio. Una música como era él, como
planteaba él, como fabricaba él: propia, original, rompedora y representando,
sin duda, el futuro de la música de cine con un poder sobre el resto de
compositores modernos realmente extremo.
La obra que nos ocupa contiene un
sinfín de idas y venidas, asignaciones, metáforas, imágenes lineales que
reflejan el fluir continuo de la historia de la humanidad. Imágenes lineales
quebradas por lindes bruscos, fuertes, como los riesgos que sufre la sociedad
futura de la voz en off que nos habla, que quiere comunicarse con el pasado,
con nosotros, y que forma quizá la parte más confusa del propio pensamiento
actual, sin figurar realmente ningún concepto al que la protagonista se
refiere.
El tratamiento de los paisajes y
de las figuras (los monumentos llamados
Partitura
absorbentemente lineal, de gran complejidad, difícil escucha y una aplicación
en pantalla tranquilamente violenta. La composición del autor de la
extraordinaria ‘’Sicario’’ se mueve por un sinfín de detalles, todos ellos
milimétricamente estudiados y que nos llevan desde matices renacentistas hasta
momentos claramente experimentales, electroacústicos o, incluso, mixturas
sorprendentes en el estudio detallado de la obra ya que, sin duda, resulta una
producción compacta y muy fiel a la imagen para con la cual muchos de sus
adornos quedan positivamente ocultos.
Podríamos
delinear la partitura para ‘’The arrival’’ mediante el trazo uniforme de una
nota, llevémosla siempre a los registros clave de la banda sonora (los graves)
y modulemos a nuestro antojo, dentro de las escalas empleadas por los numerosos
sonidos que nos encontramos, hasta conseguir la expresión de una contención
potencial devastadora, uniforme, curvilínea y delicada (como lo es el lenguaje
del filme). La complejidad que resulta de esta acción es inaudita como así
mismo se configura la de la partitura. La dual composición de los matices
renacentistas en las voces con otros experimentales en las mismas o el empleo
del clavicordio (instrumento antiquísimo) frente a los pads infinitos nos hacen
enfrentar directamente los dos mundos del filme, el humano y el extraterrestre
otorgándonos a nosotros, como seres primitivos respecto a aquellos, el adorno
renacentista. Extraordinario.
Lamentamos
la inclusión en el filme (a modo de cuerda que anuda la historia), de la pieza
de Max Ritcher ‘’On the nature of daylight’’ (‘’The blue notebooks’’, 2004)
siempre en relación al conjunto formado por Jóhannsson (no se incluye en la
edición de la banda sonora). El tema en sí, insertado en el global y al
referirse exclusivamente al lado más sentimental del filme, queda bien
empastado aunque, escudriñando detalles y sentidos, lleguemos a descubrir
grietas que pudieran llevarnos hacia las dudas que genera su tan dispar forma
en relación a la creada por la partitura original. No cabe duda que ha sido un
deseo exclusivo del director, Denis Villeneuve, ya que, afirmándolo
fervientemente, Jóhannsson podría haber creado un motivo de la misma influencia
y calidad o, sin duda, mayor y haber estado emparentado directamente con el
resto de su trabajo. Una lástima.
El
filme rebosa seriedad y buen hacer, igual que la música. Siempre prudente y con
una gama de graves que hacen disfrutar cada secuencia, el compositor fabrica su
primera verdadera aparición en pantalla de forma sutil hasta generar unos
minutos de auténtico poder: la escena es escalofriante, devastadora, ingente y
titánica, tanto en imagen como en música y se inicia con las modulaciones de
los graves dando una sensación de traslación de las situaciones verticales de ascensión
a la nave hacia las horizontales del campo gravitatorio de la misma:
extraordinario. El resto de la secuencia y de la composición resulta ejemplar
para cualquier director y compositor que se adentren en el intento de dar a
conocer una impresión absoluta, un campo de emociones altísimas y pretendan
hacerlo con seriedad y perfección: inigualable y, sin duda, el instante más
alto de la partitura.
Los
detalles en ‘’La llegada’’ son numerosísimos. Encontramos en la obra la
simbiosis entre varios conceptos que se trabajan en toda la historia: el
lenguaje, la comunicación, la polifonía musical, las voces experimentales y las
que proyectan la ligera impresión de música renacentista… En fin, una
interrelación tan completa y compleja como lo es el sistema lingüístico de los
extraterrestres y su interpretación por parte de los humanos. Importante
debemos de calificar el detalle positivo del director que, pese a insertar la
composición no original para el filme del mencionado compositor Max Ritcher, no
lo hace en los instantes en que la partitura de Jóhannsson ya se encuentra
asentada, ni siquiera en las imágenes de la protagonista que representan
secuencias estrechamente relacionadas con las que al inicio y al final son
‘’musicadas’’ con la citada pieza.
En
definitiva, nueva colaboración entre director y compositor que no defrauda, de
seriedad manifiesta, trabajo estudiado, minimalismo electrónico percusivo en
muchas ocasiones y con una frialdad agresiva que, si bien como unión de
sustantivo y adjetivo podría desorientarnos, tras el visionado del filme
terminaremos por entenderlo. Ejemplar método y una de las bandas sonoras del
presente curso.
A
TENER EN CUENTA: la firmeza con la que la música se presenta en la obra,
siempre oscura, compacta y fortísima pese a desarrollarse sin apenas subidas o
bajadas. Cuando a una partitura no se le consigue sacar nada negativo, su
puntuación sube. La obra es un referente actual sobre cómo componer para cine
con una sencillez máxima y una practicidad por encima del beneficio propio de
la música. Mencionaremos la no inclusión, por parte de Villeuve, de la
capacidad de Jóhannsson para crear un tema pausado y orquestal que iniciara y
cerrara la historia y aupara a la obra hasta el máximo sobresaliente.
FESTIVAL DE CANNES: sección oficial de largometrajes a concurso.
SICARIO (2015).
JÓHANN JÓHANNSSON.
Jóhann
Jóhannsson parte desde la segunda posición en la parrilla de salida, para nada
mala situación en la carrera pero sí con el inigualable Alexandre Desplat
mostrándole el camino. Con claridad: filme y música enseñan procedimientos,
estructuras y resultados paralelos a los del genial compositor francés en la
maravillosa ‘’La noche más oscura’’. Jóhannsson inicia la andadura firme, de la
misma forma que lo hará en las dos partes siguientes, cruciales instantes de la
obra en los que se inician situaciones trascendentales y que el artista fabrica
con el mismo tema, en distintas versiones. Esta idea nos descubre una
interesante distribución del trabajo musical en forma de pirámide, con una base
de tres instantes, un intermedio de dos y la cúspide final.
Los
tres instantes mencionados dan un paso más en el argumento. Como decimos,
Jóhannsson los inicia de forma muy similar pero termina desarrollándolos con
cuerpo propio derivando en los fragmentos del siguiente nivel piramidal, los
auténticamente fuertes de toda la composición. Estas dos secuencias del término
medio (la virtud, recordad; curiosa coincidencia) brotan de las dos partes más
importantes, la inicial y la final, dejando la intermedia para una presencia
más pausada y testimonial de la música. En la primera de ellas, la escena
resultante es una auténtica ‘’barbaridad’’ de quince minutos contenidos de
manera brutal, escuchándose sonidos atmosféricos que nos describen la
podredumbre de Juárez ciudad mientras la comitiva policial avanza en busca de
Guillermo. La partitura jamás se altera, ni en los instantes más activos, lo
que provoca una situación de violencia extrema muy bien conseguida, una pausa
agresiva que se ejecutará en la escena final de la producción. Allá nos
proyecta, sin darnos cuenta, toda la actividad de la música.
La
segunda de las escenas, resultante de la parte final de entre las tres en que
dividimos la película (y que completa el nivel medio de la pirámide), se inicia
con el grupo de policías adentrándose en el túnel que les llevará a tierras
hostiles de México. Jóhannsson emplea ahora el tema de las cuerdas graves de la
orquesta (que ya usó en la primera de estas dos partes, cuando el convoy
avanzaba en busca de Guillermo) de una forma absoluta, demoledora y
premonitoria del absorbente delirio de muerte que está cercano a producirse.
La
cúspide de la composición llega cuando, en torno a la mesa del máximo jefe del
narcotráfico, el argumento consigue su máxima expresión. El terror, la tensión
y la situación son narrados con inteligencia por el compositor… ¡en silencio!
La pausa contenida de la que hemos hablado (presente en toda la pirámide
comentada), incluso en situaciones extremas, que se desprende de la unión de
música e imagen, auguraba la calma que ahora, en una secuencia gravísima, se
percibe directamente. Es la conclusión y la proyección final de toda la obra de
Jóhannsson acorde a lo planteado. Inteligente propuesta y gran estructura.
Concluyendo,
obra de gran mérito que cimienta sus fundamentos en la estructura global de la
disposición de los temas en pantalla. La fuerza que posee, indudable, nace de
la contención que plantea, nada fácil de ejecutar. Sin duda, un gran trabajo.