Aquí os presento las mejores obras del gran autor escocés cuyas máximas creaciones alcanzan niveles de los mejores compositores de la historia. De hecho, mi primera elección, 'Sense and Sensibility', resulta para End Titles como una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine. El resto de su obra, en una audición estudiada y continua, queda por debajo de las posibilidades que Patrick logra en sus diez primeras partituras y decepciona ligeramente en su conjunto global; no obstante, un músico excelente, elegante, equilibrado y, escuchando las obras que aquí os recomendamos, genio de la música sin lugar a dudas. Disfrutad de mi selección:
1- SENSE AND SENSIBILITY (Sentido y sensibilidad)- 1995
2- MARY SHELLEY'S FRANKENSTEIN (Frankenstein de Mary Shelley)- 1995
3- UNE FEMME FRANÇAISE (Los amores de una mujer francesa)- 1995
Famosa saga que pudo encumbrarse dentro de la música para cine como una joya incuestionable. Pero, lamentablemente, sus entregas intermedias, cuyos compositores no estuvieron a la altura, la denostaron terriblemente a un nivel medio, si cabe. Errores puntuales, pero importantísimos. Aquí los tenemos:
1- John Williams compone la segunda entrega pero deja en manos de William Ross su adaptación a las imágenes. Todo ello influye considerablemente en el nivel de esta segunda obra.
2- Patrick Doyle intenta girar el ''mundo Potter'' hacia su estilo. Lo consigue, mas falla estrepitosamente en la narración y apoyo a una escena crucial: la aparición por primera vez del malvado Voldemort. Sin cuerpo ni fuerza, su aporte es insuficiente.
3- Nicholas Hooper, encargado de la quinta y sexta entregas, no consigue, en ningún sentido, alcanzar un nivel suficiente y martillea terriblemente estos dos filmes.
Vayamos, ahora, con todas las películas de la saga.
1
HARRY POTTER Y LA PIEDRA
FILOSOFAL (2001).
JOHN WILLIAMS.
9 sobre 10
Analizada
una obra musical para una saga como la que tratamos, tan llena de detalles,
atmósferas y personajes, años después de su formación es, sin duda, fascinante.
La primera entrega de todas las partes inicia la referencia de un global que
ya, aunque lo pretenda, jamás podrá escapar al ambiente que la partitura del
genio John Williams compuso. No podemos concebir absolutamente ninguna minucia
de Harry sin su tema principal, lo primero que se escucha y con una
introducción que fija todo lo posterior. En media hora, el genio compositor
solidifica su tema y presenta otros dos, hermosos y enteros no menos que el
primero y, al tiempo, con un apoyo a las imágenes, cuando no narra lo que se
ve, que pocos artistas han alcanzado nunca. Hemos de saborear las partituras de
Williams, siempre, desde atrás. ¿Qué queremos decir con esto?: tan conocidos y
alabados son sus temas que el resto de la obra parezca quedar en segundo plano.
No es así y, alejado de todo sentido comercial y fácil, las notas de Williams,
sus estructuras y sus capas de composición asombran por la perfección y
’’milimetría’’ artísticas. Ejemplo de todo esto es el fragmento musical,
encomiable (aunque no demasiado llamativo) durante el cual Harry conoce todos
los lugares maravillosos del Callejón Diagon. Finalizamos, con la llegada de
los niños a Howarts, un primer tercio que, escuchando únicamente su partitura,
nos daría un contorno y cuerpo bien formados ya sobre el mundo Harry Potter.
Fantástico.
Trailer de la película.
La
parte central de la aventura, ya en la escuela de magia, se convierte en un
incontable número de detalles, melodías y descripciones en las que el
compositor parece desenvolverse como en ningún otro momento. Desde el tema de
Howarts, pasando por los instantes de misterio y llegando al atrevimiento de
los tres nuevos amigos en la zona prohibida del piso tercero de la residencia:
Williams da un nuevo giro y golpea al espectador con la primera pieza de
auténtico activo y terror. El músico, sin titubear, va creando un amasijo tan
perfecto de narraciones y descripciones que parece nunca antes conseguido. A
los pocos minutos, segunda llamada a la atención: el troll. Y en escasos quince
minutos, la tercera: el partido de quidditch. Williams rompe con brusquedad el
tono lineal de toda su composición en estos tres momentos concretos. No es
casualidad ya que músico y su director plantean, en un ternario inteligente y
entre la multitudinaria atmósfera de fantasía y algarabía por lo llamativo, el
aviso sobre el mundo oscuro y el peligro que, irremediablemente, descansa oculto
en la residencia. Los tres breves instantes son concluidos con la prolongación
del tercero en una narración musical, como siempre en Williams, asombrosa,
tanto en composición como en detalles.
A
punto de cumplirse las dos horas de metraje, inmersos de lleno en el último
tercio de la obra y próximo el desenlace, la partitura crece, ilumina y
concluye. No lo hace realmente, pero sí en contenido y objetivos: el malvado Voldemort
aparece por vez primera y se encara con Harry. Los minutos precedentes, yendo
el joven mago por el bosque, son apoyados de una manera tan absoluta por el
‘’maestro’’, acometiendo sutilmente una pieza pausada e inquieta en forma de
vals macabro que, sin más, el éxtasis musical ha llegado. Williams no ejerce en
esta obra primera de la famosa saga de una forma grandilocuente, fastuosa; lo
hace comedido, con toques melódicos elegantes y los tres golpes de atención ya
comentados. Este episodio que nos presenta al peligroso personaje es el final
de una inquietud que responde al más alto enigma de la historia de Harry
Potter: Voldemort. Sin duda, una primera aparición y la música, asociados,
insuperable. El desenlace nos guarda una grata sorpresa: el fragmento que el
artista compone para la partida de ajedrez, compositivamente hablando, es de lo
más potente de la presente obra. Ligeramente por detrás del cara a cara
anterior (ya que, en concepto, no representa mayor sentido o idea que la
narración de una secuencia), no obstante llega a niveles sobresalientes en
cuanto a tema musical concebido.
En
conclusión, un trabajo de altísimo calibre que muestra, dejando de lado el
cariz comercial o infantil de la producción, la madurez del artista en un
compendio de temas memorables, detalles de sincronización ejemplares y
capacidad narrativa y descriptiva como nadie puede demostrar. John Williams, de
nuevo, genio del arte actual.
2
HARRY POTTER Y LA CÁMARA SECRETA
(2002).
JOHN WILLIAMS.
6 sobre 10.
John
Williams dejó bien afianzado un concepto musical completo en la primera entrega
de la saga Harry Potter. Temas extraordinarios, narraciones potentes, un par de
secuencias fortísimas y, también, el recuerdo fugaz a la consideración de un
gran personaje, casi juntando (por breves instantes y sólo frente a los más
audaces) a Darth Vader y Vordemort. Ahora, en la segunda entrega, remontamos en
el tiempo, también durante dos o tres segundos, hacia las atmósferas
fantásticas de E.T. y su viaje en bici cuando vemos a los niños hacer lo propio
en un coche.
Trailer de la película.
La
aventura, algo tediosa y estirada en exceso, invita al compositor a crear una
introducción similar a lo ya existente, plantear un par de versionados y por
fin, a los cuarenta y cinco minutos de metraje, golpear repentino, como lo hizo
en la primera entrega, y despertar la acción con diez segundos majestuosos y, a
continuación, el fragmento completo. Williams Ross se encarga, esta vez, de
conducir y adaptar una música que nunca superará a la de la primera película y
sí, voluntariamente, mantendrá una línea de apoyo absoluto, sin remarcar
siquiera escena alguna por encima de las imágenes, superada ya la primera parte
de la entrega.
El
cuerpo central de la historia no variará en concepto. El compositor únicamente
empleará la imagen de las arañas (primer ‘’golpe’’ antes mencionado) y sus dos
o tres secuencias para revitalizar un filme bastante lineal que, obviamente, de
igual forma complica a la música. Solamente el final, con la inclusión del tema
más llamativo de esta entrega (el del Ave Fénix) y un empuje considerable a la composición
y la narración de los hechos, nos hace partícipes de una influencia definitiva
del concepto musical.
En
definitiva, una partitura solvente, lineal y descriptiva que, precedida por la
primera y magnífica entrega, adolece precisamente de las cualidades de ésta.
3
HARRY POTTER Y EL PRISIONERO DE
AZKABAN (2004).
JOHN WILLAMS.
9 sobre 10.
Importante y
visible giro en la composición para la tercera entrega de Harry Potter. Dejada
de lado la típica introducción, que hastiaría hasta al más optimista de los
cinéfilos, la película arranca con gran fuerza y la partitura, dejando claro
qué personaje tenemos entre manos, inmediatamente introduce su intención: el
vals del hechizo a la tía de Harry y el maravilloso experimento de Williams
para el autobús. Ambos: elegantes, con fuerza y líneas quebradas dentro del
universo equilibrado que hasta ahora la saga ha presentado. Estamos, sin duda,
ante la partitura (por el momento), más atrevida, dinámica y oscura.
Primer tercio
de metraje: la obra ya presenta un planteamiento y estabilidad mayores que la
antecesora durante todo su contenido. Llegamos a la escena del extraño animal,
llamado Hipogrifo, sobre el que Harry vuela los cielos de Howarts. Williams
compone un tema referente: melódico, sencillo y sinfónico (y que volverá brevemente
al final de la aventura), contrapuesto claramente a la parte descriptiva que,
en esta tercera obra del joven mago, ejecuta el músico repleta de guiños de una
seria comicidad envidiable y todos ellos, sorprendentemente ahora, orientados
al sentido étnico y medieval de la música e, incluso, jazzístico. Un acierto
tan arriesgado como conseguido. Sin duda, un paso al frente del compositor que
desmiente a las muchas opiniones que tildaron su tercera obra como linealmente
similar a las anteriores. En cuarenta y cinco minutos tenemos tres grandes
fragmentos, una orientación nueva y atrevida y unos instantes de apoyo que
muestran el cariz ancestral ya indicado, jamás enseñado en lo que llevamos de
saga. Interesantísimo.
Trailer de la película.
La solvencia
atrevida de ‘’El Prisionero de Azkaban’’ se demuestra al completarse la primera
hora. El tema de Harry apareció al inicio y ya, de forma asombrosa, no lo hace
hasta este momento dicho. Una partitura que basa todo su cuerpo inicial en
estructuras y temas distintos al original (y, más aún, plantea novedades y,
pese a todo, se mantiene estable a la atmósfera de la saga y el personaje) es,
sin duda, una obra de muy alto nivel.
El tercio
final, iniciando los acontecimientos con el descubrimiento de las bestias, es
fastuoso. La fuerza y dramatismo, incluso terror, con que Williams nos cuenta
lo que vemos es, sencillamente, inalcanzable. El protagonismo que cobra la
partitura, desde el inicio de la saga, resulta insuperable en un compendio de
fragmentos repletos de detalles, ímpetu y un sombrío ambiente que no descansan.
Sin duda, unos minutos a niveles de los más altos del compositor en toda su
carrera y merecedores de conocimiento y estudio (además de asombro) por
cualquier aficionado. Se inicia aquí la estructura formal final a modo de A-B-A,
resultando ‘’A’’ los fragmentos activos (el primero, ya comentado, referente a
las bestias y el segundo, al desenlace) y ‘’B’’ la sutil, mantenida y elegante
parte pausada e inquietante en la que Hermione y Harry marchan atrás en el
tiempo. Cómo Williams enlaza las tres divisiones y la forma en la que ellas
mismas se insertan en el todo de la obra es ejemplar.
En conclusión, una de las
partituras más formadas y completas de John Williams durante esos años. Firme,
innovadora en la saga, equilibrada, con el clavicordio como curioso enlace de
muchos conceptos de la composición y el tema principal de Harry empleado
estratégicamente al inicio, mitad y final de la entrega. Imprescindible.
4
HARRY POTTER Y EL CÁLIZ DE FUEGO
(2005).
PATRICK DOYLE.
6 sobre 10
Primera
entrega de la famosa saga en la que John Williams no participa. Compleja tarea
para el sucesor, más teniendo en cuenta el valioso trabajo del gran maestro y,
sobretodo, la compleja, hermosa y ejemplar partitura que precede a la actual.
La tarea, sin lugar a dudas ardua, recayó en manos de un músico serio, técnico
y exquisito, elegante como nadie y un estudioso del cine. Patrick Doyle se
lanza con frenesí hacia su nuevo desafío y consigue, con rapidez e
inteligencia, adentrarnos en un Harry Potter distinto. Ésta es la palabra y
forma en que tenemos que definir la presente composición, su orientación y la
plasticidad con la que se nos da a conocer durante ya los primeros veinte
minutos: Doyle, acudiendo ligeramente al tema conocido del joven mago, decide
girar la estructura de la historia si no trescientos sesenta grados sí una
amplitud cercana a un voltear suicida y hasta pedante. No obstante, el
resultado, escuchada la partitura y vista la introducción del filme es, a
todas, de una calidad altísima. El compositor de la inigualable ‘’Sentido y
sensibilidad’’ opta por la vertiente absolutamente descriptiva de los hechos y,
sin tapujos, presenta ya en este inicio varios temas completamente nuevos,
heroicos, rebosantes de belleza y que rápidamente actúan como pinceles que
dibujan y colorean los ambientes que rodean a Howarts y los magos. ¿Será esta
la decisión final, y completa, de la cuarta entrega de la saga y manteniendo
tal nivel de validez? Veámoslo…
Trailer de la película.
Es complicado
sumergirse directamente en el mundo ‘’Potter’’ sin escuchar a John Williams. El
nivel que el genio norteamericano alcanzó con la primera y tercera entregas fue
insuperable. La narración que aparecía en pantalla, complementada con el apoyo
y los temas importantes, resulta inalcanzable para cualquier otro compositor.
Pese a todo, dejemos esto de lado y acometamos la presente historia cuyo
resultado, como he dicho, es notabilísimo hasta el momento y una delicia para
los oídos de manos de uno de los grandes compositores del cine actual.
El estilo musical
de la obra sigue los pasos del mostrado en el primer tercio: secuencias de
apoyo compuestas mediante largas notas de cuerdas y matices nada destacables
sobre la imagen y otras importantes potenciadas con los temas y melodías
principales. Ejemplo claro y guía para el seguimiento de la forma de esta
partitura lo tenemos en la interesante escena de la presentación de la copa que
ganará uno de los tres (cuatro con Harry) magos competidores en el torneo de
magia o, sin ir más lejos y como muestra de la distinta orientación de Doyle
con respecto a Williams, la presencia en pantalla de una secuencia activa (en
la que un dragón persigue a Harry) narrada en tiempos medios, algo impensable
en el creador de ‘’Star Wars’’ y que Doyle, sin dudarlo, fabrica olvidándose
prácticamente de contarnos nada y sí de perfilar y colorear (como hemos dicho
al inicio del artículo) el momento.
El final
establece, por fin, una sentencia firme y algo complicada de emitir: la
composición baja estrepitosamente y un genio de la música como Doyle enferma de
gravedad al encontrarse de frente los desenlaces terroríficos y trágicos. No es
suficiente con unos acordes prolongados ni con situarse tímidamente por detrás
de un acontecimiento tan importante como la llegada, por fin, del malvado
Voldemort a la saga. Uno visualiza la escena y, estudiando la música, decae su
interés de forma absoluta al no sentir lo que el instante requiere y, sin
quererlo, trasladar la idea hasta… ¿y si Williams estuviera aquí? Primer error
de gravedad en una saga que, hasta el momento, ofrecía pinceladas siempre
interesantes. La diferencia entre un buen compositor y un genio actual reside
en ejemplos como éste. El primero cumple su función; el segundo, firme, supera
incluso al momento para dar a conocer su mandato y así, sin duda, ofrecer un
todo compacto de sensaciones y sentimientos a la imagen.
En conclusión,
obra preciosista que se desenvuelve admirablemente en temas melódicos pero que,
sorprendentemente en Patrick Doyle, hiere su buen hacer de manera absoluta al
final. Una pena. Siempre resulta extremadamente complicado enfrentarse al ya
anciano mago de la música de cine.
5
HARRY POTTER Y LA ORDEN DEL FÉNIX
(2007).
NICHOLAS HOOPER.
3 sobre 10
Quinta
entrega de la saga y, desafortunadamente, un parón drástico en su partitura.
Hooper firma un trabajo serio, interesante tal vez, pero muy lejos del genial
John Williams y del atractivísimo (aunque, finalmente, fallido) Patrick Doyle.
La introducción del filme nos sirve para dar fe de lo que decimos: una
versionada pieza del tema principal de la saga y, aparte los pocos momentos de
apoyo inquietante, un intento de tema nuevo con el que, mientras los magos
vuelan todos en grupo con sus escobas, el artista no consigue acompañarles en
un querido (pero no conseguido) vuelo a las alturas.
Partitura
sencilla y con cierta elegancia y formalismo. No obstante, transcurrida ya una
hora de aventura, pareciere que tal obra haya sido confeccionada mediante un
programa de automatismos que jamás modificaran su línea vital. Ni intensidades,
ni subidas, bajadas o registros que, incluso, otorguen personalidad a las
secuencias. Si bien la composición es suficiente, su aplicación en pantalla
ejerce tal efecto negativo en la imagen que la historia resulta lineal,
aburrida y vacía de intensidad y atractivo.
Trailer de la película.
Se
ha dicho, en multitud de ocasiones, que la partitura de Hooper no tiene ímpetu
musical pero sí funcionalidad en pantalla. En opinión de quien esto escribe, al
contrario. Sin duda, la música del artista británico podría escucharse
tranquilamente aislada de sus secuencias, en un tono (como he dicho) nada
cambiante, muy lineal pero correcto. En pantalla: no funciona absolutamente
nada, ni la narración (que apenas existe), ni la descripción (que aburre y, más
que describir, rasga), ni siquiera un cariz de presencia.
En
definitiva, composición muy negativa en la interesante saga de Harry Potter. Se
pueden rescatar del naufragio musical los inicios de la música para las
secuencias finales en las que Harry acude en ayuda de Sirius Black y el
instante final en el que Voldemort se introduce en la mente de Potter. Pero,
sin embargo, todo esto no resulta suficiente para dar cuerpo a una gran obra
que, aunque el autor no lo haya tenido en cuenta, ya venía con una fuerza,
personalidad y carácter bien formados.
6
HARRY POTTER Y EL MISTERIO DEL
PRÍNCIPE (2009).
NICHOLAS HOOPER.
3.5 sobre 10
Hemos
presenciado, tras el estudio de las entregas hasta la presente, varios e
importantes errores en las partituras de la saga ‘’Harry Potter’’. Nos
encontramos, lamentablemente, ante otro de ellos.
Nicholas
Hooper ha intentado, sin conseguirlo nunca, crear un propio ‘’mundo Potter’’.
La presente obra nos lleva por senderos similares a la primera de las dos
películas que el autor completa y, finalmente (a la hora de metraje), termina por
tropezar estrepitosamente en una escena ejemplo claro de la mala concepción,
entendimiento y trabajo con el que el compositor se ha enfrentado a su trabajo:
en el entrenamiento de los alumnos para el deporte del quidditch bien pareciere
que la música acompañara, en lugar de a las imágenes propiamente dichas, al
paseo matutino de una familia alegre, dicha y optimista. Realmente, el punto
central del bajo nivel alcanzado por el compositor en las dos entregas.
Trailer de la película.
Nicholas
Hooper aburre. La saga, globalmente hablando, da cien pasos atrás y llega a
hastiar al amante más acérrimo al cine de entretenimiento. Los inicios de
fragmentos musicales, en ciertos momentos (los más oscuros), llegan a interesar
pero el compositor, agudizando la falta de creatividad en sus entregas,
mantiene las notas sin variarlas apenas, lo que anula el efecto atractivo
inicial por completo.
Con
unos títulos de crédito que cierran el desatino del autor como compositor de
dos entregas de la saga, queda matizada su insuficiente presencia con el
prolongado tema final, pausado, romántico y reflejo del sentimiento de pérdida
del viejo mago Albus Dumbledore. El único instante acertado. Es más, sigue al
episodio crucial en la historia de la muerte del anciano, la cual es inyectada
por un episodio musical sin ninguna trascendencia, el tropiezo (sin duda
ninguna) más señalado de la larga partitura global para la saga completa.
En
definitiva, cierre a una participación que falla totalmente en un intento de
girar ‘’Harry Potter’’ hacia no se sabe qué intenciones. A olvidar y esperando
los dos últimos episodios que serían, felizmente, asignados a un genio actual
de la música de cine. Lo veremos.
7
HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE
LA MUERTE, PARTE I (2010).
ALEXANDRE DESPLAT.
8.5 sobre 10
Bastan escasos
diez minutos para excitar las almas artísticas a favor de las dos últimas
entregas, ‘’musicadas’’ por un genio, y desechar las dos anteriores,
completadas equivocadamente y enterradas ya en la historia de la saga, por bien
de ésta. Nicholas Hooper no supo dónde se encontraba y a quién se enfrentaba.
Desplat, por el contrario, con sutiles iniciales minutos acompañados mediante
un apoyo sencillo, serio y firme, completa ya más que su predecesor artista
hizo en las dos partituras que se le encomendaron.
Primer
largometraje de gran envergadura comercial y acción trepidante en el que se
comprometía el ya conocido, en ese momento, compositor francés. Las dudas que
su asignación pudieron generar, por el tipo de filme que se trataba, fueron
zanjadas de raíz por un genio que, a partir de entonces, no paró de crecer. El
matiz inquietante, pausado y misterioso que plantea durante el primer tercio de
aventura es extraordinario y aderezado con inteligente disposición por la única
secuencia de acción de estos atractivos minutos, mostrando ya una estructura de
partitura y unas capas de composición alocada y violentamente conseguidas. Nos
encontramos ante su despegue activo y enérgico en el cine.
Trailer de la película.
Desplat no
reniega del tema principal de Harry Potter, compuesto por John Williams, ni de
su original atmósfera. De manera audaz los incorpora a una obra que tiene
carácter y personalidad propia. Las narraciones de las secuencias activas
rebosan ese aire de terror y tensión que, durante las últimas entregas, habían
perdido y la seriedad se apodera de una entrega que ya, en su parte media, se
erige como la más compacta y formal, prudente y sensata de toda la saga.
Desplat, cómo no, opta por seguir, igualmente, este acertado equilibrio y poco
a poco percibimos cómo se sitúa en un cauto segundo plano, sobre todo en la
parte central de la presente historia y surge, cual serpiente monstruosa (la
secuencia del bicho atacando a Harry y Hermione es, sin duda, sobrecogedora), a
golpear al espectador con una violencia (ya no musical, sino cinematográfica
absoluta) que pocos artistas actuales podrían conseguir. Exquisita disposición
de una partitura que, sin estridencias ni subidas artificiales, crece pausada
hasta situarse en un plano principal (sin aparentarlo, repito) indiscutible.
El final es
ejemplar, no por su estridencia y apoteósica expiración sino por lo comedido
del autor y la unión imagen-música que se produce en la escena última, donde
Voldemort consigue la poderosa varita que yacía junto al cadáver enterrado del
profesor Dumbledore. La oscuridad artística de la secuencia es extraordinaria y
el apoyo que la partitura ofrece: inigualable. Ejemplo de la sobriedad con la
que un genio da cuerpo a una gran obra que, en conclusión, es lo que Alexandre
Desplat ha conseguido enseñarnos tras el rotundo hundimiento de la saga y su
música en las entregas anteriores. Sin duda, tenebrosa e impecable composición
para la entrega más seria e inquietante de la saga Harry Potter.
8
HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE
LA MUERTE, PARTE 2 (2011).
ALEXANDRE DESPLAT.
8.5 sobre 10
Última
entrega de la saga. Oscura, inquietante, fuerte… La prolongación de la anterior
y una orientación inicial de absoluto apoyo, como si las notas no dibujaran los
contornos de las figuras sino, acertadamente, a la mismísima oscuridad. Y,
también como en la partitura precedente del genio francés, ataques violentos a
secuencias activas que nos inyectan ‘’agresividad musical’’.
Dos
nuevas intenciones durante el primer tercio de metraje: Desplat introduce más
referencias de lo habitual al tema conocido de la saga, lógico acercamiento a
una mayor fijación del personaje cuando se acerca ya el final, y varios
fragmentos ligeramente optimistas, reflejo de las intenciones conjuntas de todo
Howarts contra Voldemort. El choque artístico que producen estas notas con el
resto, siniestras en toda su intensidad, es atractivísimo.
Trailer de la película.
La
segunda parte de la entrega forma un cuerpo global espectacular. Desplat, con
astucia, plantea un inicio de drama final adornado con piezas pausadas, todas
ellas bien fijadas a las melodías optimistas comentadas, y el nivel alcanzado
por la partitura, en apariencia no tan exuberante ni llamativa, sencillamente
es sobresaliente. El desenlace primero, previo a la lucha final, es narrado por
el director de forma ejemplar y la expectación que se origina ha llegado al
punto más alto de toda la saga. El desenlace final, concluyendo, es tratado con
la misma solvencia por un compositor que, sin alardes ni extrañas florituras,
logra unos temas activos soberbios y unas referencias finales a los temas más
conocidos de Harry Potter que sellan, para cerrar todas las entregas, un
trabajo del artista francés al nivel con el que John Williams formó la
estructura de una historia, ya, terminada.
Partitura
rebosante de elegancia artística cualquiera que sea el concepto que se analice.
Los amantes de la música de cine desde hace años y, por tanto, conocedores del
Doyle de los noventa, estamos de enhorabuena al volver a tener entre nuestras
manos una poderosa y clásica partitura del que fuera uno de los compositores
más respetados y queridos del panorama de la música de cine. Lo sigue siendo,
únicamente el giro (casi obligatorio) que la tecnología y el mundo moderno
aportaron a sus ideas modificaron notablemente los trabajos que completaba y,
así, el concepto serio y tradicional tan deseado por sus fans.
‘’Cenicienta’’
posee una paleta de colores musicales exquisitos hasta el punto curioso de no
fijarnos en un tema principal único hasta muy avanzada la historia, como si de
meditada introducción a la grandeza del personaje se tratara; la composición
practica un equilibrio que llega hasta poderla considerar como la variación
prolongada de un ámbito de notas de las que su autor no sale. Doyle ha sido
siempre un experto en esto, cualidad que le permitía optar por el lado
descriptivo de la imagen (alcanzando en él un nivel al que pocos artistas
podían optar) en detrimento de los pocos instantes (pero poderosos) de
narración auténtica y que se centran en el uso de los vientos y pizzicatos.
Esta vez, el autor de la obra maestra ‘’Sentido y sensibilidad’’ adereza
sutilmente este lado narrativo con un toque más cercano al Doyle moderno pero,
no obstante, sin adoptar música tecnológica por ningún lado y así crear una
obra muy próxima a sus grandes creaciones pero con un tinte ligeramente
original. Algo, sin duda, que se agradece.
Mención
aparte requiere el tema principal del filme, introducido poco a poco en la
aventura y que llega a calar profundo al final de la historia. Su uso es muy
claro: Doyle aprovecha el tono clásico de la obra y lo emplea para adornar un
motivo central que nos recuerda más a sus últimos creados que a los referentes
de los noventa. Sin duda, como antes
hemos comentado, una inteligente y atractiva mezcla de sus dos estilos y épocas
más importantes. El tema no resulta nada complejo y su repetición en muchos de
los momentos de mitad de metraje hasta el final, junto con un toque simple de
melodía, ayuda a todo tipo de público a captar su fijación e identificarlo con
el personaje y su ambiente. No olvidemos el carácter infantil de la historia,
lo que prohíbe a su creador decantarse por composiciones más complejas de una
melodía referente.
En conclusión,
el renacer del compositor escocés en su vertiente más clásica es una agradable
noticia para todos. Su composición, bien firme y seria, nos deleita con una
mezcla de sus estilos más marcados para dejar una partitura muy a tener en
cuenta en este año que empezamos.
ESCÚCHALA SI…: eras un fanático
del Doyle de los noventa o no has escuchado sus composiciones pasadas.
NO LA ESCUCHES SI…: realmente te
gustan más sus trabajos actuales o eres un fanático de la música de cine
electrónica.
RECOMENDACIÓN END TITLES: sin duda.
OTRAS OBRAS DEL AUTOR: ‘’Sentido
y sensibilidad’’, ‘’Thor’’, ‘’Frankenstein’’.
Drama de época y partitura del mismo
calibre para decorar todo tipo de ambientes y detalles de la Inglaterra del
siglo XIX. La música de Patrick Doyle se centra absolutamente en el ámbito de
la imagen y apenas nada en el del argumento. El inicio del filme así nos lo
indica: títulos iniciales y primeras y breves secuencias marcadas por el tema
principal del compositor. Posteriormente, varios minutos sin aparecer para ya,
centrada algo la historia, iniciar sus cuadros delicados y de gran calidad en
los que, evidentemente, sí podremos encontrar lazos importantes con la historia
en sí.
La primera media hora de metraje
nos va presentando ideas y todas ellas muy sugerentes. Nos percatamos que la
música juega la única función, en pantalla, de aparecer para describir paseos
entre parajes preciosos y apoyo a secuencias, pero va mucho más allá. No va a
narrar, ni dirá lo que ocurre o fuera a acontecer. Se adentra en el ‘’más
allá’’ de la película, en el fondo de la historia (que ya cuenta con su
excelente tratamiento de personajes y momentos para avanzar y desarrollar
argumento). La estructura de la partitura es lineal, siempre, nunca presentará
cambio de intensidad. Curioso. Esto, aparte de su exquisita y elegante función
descriptiva, nos lleva a pensar en la composición como un elemento crucial; pero,
¿ en qué sentido? Cuatro son las mujeres, personajes principales de la obra, en
las que tenemos que fijar el contenido del artista: la madre y Elinor (hermana
mayor), que reflejan la quietud, la sensatez, elegancia y tristeza; Marianne y
Margaret (la niña), ambas mucho más enérgicas, vitales y pasionales. La
partitura representa el término medio del comportamiento de las cuatro,
resumido en dos personalidades, la tranquila y triste y la impetuosa y
enérgica. La música nunca llega a tocar ninguna de las dos lindes, de forma
inteligente, y se decanta por el término medio de ambos comportamientos
condensándolos en el carácter melancólico que todas tienen. Interesantísimo.
Apunto de culminar la primera mitad de la historia,
vemos una secuencia delicadamente hermosa y un ejemplo del papel de la música
como punto de unión de todos los comportamientos y sentimientos de los
personajes, ahora ya incluso alcanzando a los varones que cortejan a las damas.
La escena se inicia con Elinor sentada en su cama, recordando el amor pasado y
lejano de Edward y rápidamente se suceden planos varios que atan rostros,
pareceres, sentimientos e historias distintas, pero todas ellas con ese tono de
melancolía y nunca pasión. Como hemos dicho, la partitura no se decanta por
ninguna de las dos tendencias extremas que representan las mujeres.
La trama avanza en sentido uniforme. El compositor
escocés va desarrollando su trabajo, como hemos comentado, en esa misma
orientación y con una calidad de composición clásica brillante. Nos encontramos
a mitad de la década de los noventa y la música de cine alcanza niveles
altísimos. Son los años del mejor Doyle, enseñándonos en la mayor parte de sus
creaciones ese jugo romántico y clasicista que siempre ha tenido. La partitura
para ‘’Sentido y sensibilidad’’ podría ser, sin problema, el ejemplo a seguir
de esta tendencia tan bien ejecutada y que, por desgracia, el paso del tiempo y
las nuevas tecnologías han hecho que se perdiera en la siempre exquisita batuta
de un grande de la música para la gran pantalla.
Llegamos a otra secuencia importante. La alocada y
enamoradiza Marianne descubre el engaño de Willoughby durante la celebración de
un baile multitudinario. Las piezas musicales que suenan son de Doyle, detalle
a aplaudir por parte del director Ang Lee quien, siguiendo la fácil y cómoda
tendencia de los directores de cine, podría haber aplicado a este momento una
música ya conocida y no de partirura original. Pero no, la secuencia transcurre
abrazada de forma elitista, elegante y única por dos danzas del artista
mientras el drama personal sucede. ¿Por qué no refleja la música el desazón de
la joven? ¿ A qué fin mantiene ese tono frío de las danzas clásicas? Muy
sencillo: si fijamos la atención en la escena, la actitud de la joven no
sorprende; lo hace, sin duda, la frialdad de él, de Willoughby, al verla,
manteniéndose distante, seco y ostentoso (precisamente…¡como la música!). La
partitura no apoya la imagen, no suena para los bailarines incluso (aunque
resulte incomprensible este comentario): el compositor está describiendo la
forma de actuar de él. Atendamos a lo siguiente: si las notas fueran tensas,
tristes, inquietas (como podría ocurrir en una forma de composición lógica), el
artista daría a conocer el sentir de la mujer. Lo verdaderamente sorprendente
es la postura del hombre, con lo que director y compositor prefieren mostrar su
distancia y frialdad. Una curiosa postura dentro de la música para el séptimo
arte y aplicada a una escena arriesgada que ejecutan, ambos, con maestría
indudable. A mi entender, imprescindible trabajo de secuencia para cualquier
persona ávida de conocimientos musicales y artísticos relacionados con el cine.
Nos adentramos de lleno en la segunda parte;
importante la marcha de la joven Marianne, ella sola, en su paseo bajo la
lluvia. Rápidamente captamos el cambio de la historia y, si bien la fotografía
y los propios actores lo muestran, es la partitura la que gira bruscamente para
reflejo directo de la nueva intención: Doyle comienza la secuencia adentrándose
en los diálogos iniciales, cosa que antes nunca hizo (si nos damos cuenta, en
infinidad de ocasiones es él quien presenta los episodios en su inicio y poco
tarda en dejar de sonar para dar paso a los nutridos diálogos). Además, la
estructura de la pieza varía y se hace notablemente obscura y amenazante,
siempre guardando la unidad con el clasicismo y elegancia imperantes pero, de
forma estudiada y voluntaria, narrando por primera vez un episodio de la trama.
Se cambian ritmos e intenciones. El contraste es evidente. Afianzado por la
partitura, la dulce y cuidada historia inicia el cambio, próximo el desenlace.
La poesía recitada por Marianne bajo la lluvia, previo
romanticismo a su enfermedad (y que va a suponer el pico máximo y breve del
cambio mencionado), es apoyada por el compositor con una dulzura exquisita.
Ocasión propicia al exceso musical. Cualquier tipología de dupla
director-compositor habría optado por tal camino y así conseguir en el
espectador una emoción sin igual. No es así; el instante es tremendamente
cuidado por ambos y la partitura, como ya hemos indicado antes, nunca se
excede. La belleza con la que Doyle compone y la imagen devastadora de la joven
son la encarnación del romanticismo filosófico absoluto (curiosamente viniendo
de unos comportamientos bastante remilgados, permítaseme la expresión, de todos
los personajes del filme). A mi juicio, tanto musical como fílmicamente
hablando, el momento con más trascendencia intelectual.
El desenlace final es de un dominio total del
compositor sobre la historia. Su labor, cautelosa y educada, como resulta todo
en ‘’Sentido y sensibilidad’’, cambia. Es el momento de, como he dicho,
modificar la orientación y dar un último golpe a esta gran obra de Ang Lee: el
sentido musical termina; comienza la sensibilidad. Una escena arrolladora de
Elinor al conocer los sentimientos de Edward para con ella lanza un final que,
desde nuestro ámbito musical, no presenta carencia alguna. Es más…:
insuperable.
Concluyendo, nos encontramos ante uno de los
compositores más clásicos y exquisitos del panorama actual y una pieza que roza
los límites de la obra de arte. Una partitura para orquesta con momentos de
gran estudio y otros de emociones (los finales) bellísimos. Un ejemplo de cómo
componer para cine.
ESCÚCHALA SI...: eres fiel seguidor del primer y más exquisito Patrick Doyle y de la música actual con toques clásicos.
NO LA ESCUCHES SI...: detestas las partituras románticas.
RECOMENDACIÓN END TITLES: sin duda. Imprescindible.
OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''Frankenstein'', ''Mucho ruido y pocas nueces''.