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DRACULA- DANNY ELFMAN

 



5,5 sobre 10

DRACULA: A LOVE TALE- 2025


Si la música de esta esperada banda sonora la escuchase un 'neófito' en el asunto, sin duda le gustaría y podría hasta encajar en un inicio al acercamiento al maravilloso mundo de la música contemporánea: la de cine; no obstante, quien esto escribe ha escuchado y disfutado la genialidad, la admirable incoherancia estudiada, la brillantez, la totalidad y la universalidad de las principales obras de Danny Elfman, que si alguien no las conociera casi hasta me hiere escribirlas aquí, como si de nueva información se tratase; quien esto escribe se ha aburrido con esta partitura metálica, antinatural, a ratos con una proyección matemática que hiere a cualquier composición.




El único compositor matemático de la historia del cine es John Williams y su obra, medidamente calculada, dramativa, vive, siente y ¡es!. Esta composición de Elfman, por desgracia, y desatendiendo una oportunidad única, no. 

Un par o tres de momentos directos, un empleo del cello interesante y poco más...

Una pena...


Antonio Miranda

Agosto 2025


3 JOYAS, 2 JOYAS...1 JOYA- ELFMAN, NEWMAN Y BURWELL





DANNY ELFMAN- DUMBO

Tropiezo en la misma piedra; no obstante, partitura bien creada. Aquí paramos, nada más. Una obra formalmente notable y, en conjunto, muy débil. Referencias sin fin a su obra pasada, Danny Elfman se limita a crear sensaciones a las imágenes y un repertorio de melodías, conceptos y estructuras que nos hacen pensar una y otra vez en 'Eduardo Manostijeras', evidentemente no consiguiendo la magna obra referida y, sin duda, desnaturalizando y evitando la personalidad de 'Dumbo'. Recomendable para iniciados en la música de cine y dadora de nada al resto.

Puntuación: 5

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THOMAS NEWMAN- THE HIGHWAYMEN

Tropiezo (también) en la misma piedra. Los formalismos de Newman siempre son excepcionales y la interpretación, admirable. La unión con la imagen, siempre notable; no obstante, nada nuevo en esta composición que si se tratara de sus comienzos, seguramente llamaría la atención de manera poderosa. No encontramos temas pausados deliciosos ni sobresaltos que hagan de la inquietud una característica a destacar. Demasiado lineal. Demasiado lo mismo. Demasiada neutralidad.

Puntuación: 5

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CARTER BURWELL- MISSING LINK

Trabajo muy serio del autor, uno de los compositores más complejos y complicados para escuchar, no apto para principiantes y de los menos reconocidos, sin duda. La obra de Burwell en los últimos años es extraordinaria y al nivel de los más grandes. Nada comercial, en esta partitura sigue su línea y, si cabe, ahonda más en la creación de una melodía no melódica. Burwell no emplea un tema principal llamativo ni sentimental y sí un sentimentalismo culto que elabora con un conjunto de notas y temas no atonales pero sí lejos de cualquier matiz fácil y comercial. Notable. La joya de un genio.

Puntuación: 8


Antonio Miranda. Abril 2019






EDUARDO MANOSTIJERAS/ EDWARD SCISSORHANDS- Danny Elfmann.






10 sobre 10

EDWARD SCISSORHANDS (1990).
DANNY ELFMANN.

                Introducción musical de máximo nivel, sin duda entre las mejores de la historia del cine, y propietaria del entusiasmo máximo posible que provoca el arte practicado con excelencia. Merecería la pena simplemente estudiarla, de forma aislada, tras el visionado completo de la película, y deleitarse en los detalles, facetas y fragmentos compuestos que elaboran, en pocos instantes, un todo hermosísimo y perfecto.
Pulula por los cinco primeros minutos de la historia de Eduardo Manostijeras una cantidad de detalles musicalmente narrativos de calidad extraordinaria. Una capacidad artística de Danny Elfmann tan abrumadora que pocas veces más, lastimosamente, hemos podido disfrutar realmente saliendo de su privilegiada y rocambolesca mente compositiva. Cómo el artista narra y describe este inicio es helador, como la nieve, pero al tiempo tierno, dramático y esperanzador, todo resumido en un tema variado de cinco minutos donde cambia de registro al tiempo que lo hacen las palabras con una facilidad tal que o bien te desconectas de la secuencia (admirando la música) o te introduces tanto en ella que tus sentimientos son drásticamente controlados por la composición. Un detalle, ejemplo de todo lo comentado: la abuela cuenta a su nieta la historia del inventor y su muerte repentina; al tiempo que la anciana pronuncia y descubre el fatídico suceso, Elfman gira el sentimiento y lo planta mortíferamente tierno. Asombroso.



A los diez minutos presenciamos una escena importantísima; director y compositor quieren dejar claro, desde un inicio, el sentido absoluto de la historia: una promotora de productos de belleza, Peg, visita la mansión del protagonista, Eduardo Manostijeras. Su llegada, durante la que conocemos el aspecto del lugar, es clave. La atmósfera visual que se nos muestra es la atmósfera musical que escuchamos desde el principio: oscura y misteriosa, hasta tenebrosa (por un lado; aquí descansan las figuras y perfiles horrorosos y espeluznantes de la arquitectura del edificio) y fantástica, hermosa e idealista (por otro, reflejo de la preciosa estampa del jardín). Ambas latitudes artísticas coinciden y ambas se relacionan y conviven, tanto en la música como en la imagen de la historia. Gran planteamiento de Burton y Elfman que ya será la tónica de toda la historia.

Cinco minutos más tarde, transcurrido un cuarto de hora, otra sorpresa. La calidad, en cantidad, del inicio de la obra es asombrosa y uno de los mayores deleites artísticos (refiriéndonos a la partitura) de la historia del cine. Se trata de la presentación en pantalla de Edward, rodeado de una numerosa compañía de detalles por parte del músico. Su aparición no es resaltada con especial dedicación, mas las atmósferas continuadas fabrican, junto a la imagen lejana llena de fuerza del personaje, un conjunto extrañísimo que, al ir acercándose, será volteado con fuerza por unas notas directas y agresivas para pasar, en segundos, a la ternura. Todo en instantes brevísimos y con una asociación de fragmentos de un nivel francamente insuperable. La idea global y genérica ya explicada, desde la que la composición irá desarrollándose, queda ahora encumbrada por una secuencia envidiable e imprescindible. Es asombroso: quince minutos de un contenido musical pocas veces visto y que llegan, incluso, a presentar lo que pudiera ser el modelo tipo de Romanticismo, cuando Edward conoce, mediante unas fotos, a Kim, la hija de la señora Peg. Un detalle breve y que no volverá a aparecer, de forma hasta inquietante por la distancia entre ambas secuencias (aún presentes los personajes en interacción), hasta la mitad del metraje.  No obstante, puntual referencia pero crucial en la historia, ya que la idea de la sección más importante de la partitura (y película) descansa en el Romanticismo, en la visión pasiva y sufridora de Edward y que terminará desglosada al final de forma dramática y no sentimental, afortunadamente.



La narración variable de Elfman resulta asombrosa. Hay una explicación a tal concepto, en principio algo novedoso en una partitura que pretenda guardar cierto equilibrio: lo tiene, sin duda, pese a la diversidad de estructuras para una misma secuencia. La fuerza descansa en el empaste milimétrico entre imagen y música, llegando a un nivel de cambios interpretativos muy alta. La escena en la que los vecinos de la ciudad salen con sus coches para iniciar la jornada es, en principio, sencilla y simple. No es así. La composición, en escasos segundos, viaja desde una impresiones rocambolescas hasta una burlona sensación de terror y espanto, saliendo de sus garajes los vehículos, todos a una, como si de una manada de sociales animales feroces se tratara. El relativo surrealismo en la historia está, muy de cerca, unido a la obra musical, sin duda y pronto, a los pocos minutos y finalizando el primer tercio de la historia, queda ejemplificado en la secuencia del inventor: el Elfman más ‘’Burtoniano’’ y antesala de la también maestra ‘’Pesadilla antes de Navidad’’. Podríamos, en un pensamiento de fantasía, colocar la voz del propio compositor y la figura de Jack Skellington y ver cómo se entona cualquiera de los lamentos de la genial ‘’pesadilla’’ en la memorable ‘’Scissorhands’’.



La parte central del film se fija en la variación del tema principal de la partitura, numerosas veces aplicado a la figura del sentimiento del amor. Elfman va construyendo, como si Edward podase uno de los ramajes de la ciudad, la figura pausada (pero sólida) de un sentimiento puro, real e ideal. El empleo del tema variado en su forma favorece el éxtasis final, ya con su unidad en pleno funcionamiento y en el que el compositor vuelve a dar un salto de calidad para encaramarse en la historia de la música para cine. De nuevo menciono el concepto de Romanticismo, tantas veces quebrado y confuso en el séptimo arte (y en la vida en general). Del sentimentalismo barato han vivido multitud de escenas y situaciones; Elfman y Tim Burton consiguen, en ‘’Eduardo Manostijeras’’, fabricar un mundo idealizado y golpeado por el sufrimiento en el que el término Amor goza de un tratamiento exquisito, nada sencillo y sí afortunadamente lleno de dolor. Edward padece y Elfman lo adorna, en este final apoteósico, de una dulzura dramática sin igual, nada remilgada ni social. El amor social: ¡cuánto daño ha causado al concepto auténtico de Romanticismo!

En definitiva, una obra coral para la historia que basa su fuerza en la belleza de las melodías, en una introducción inigualable y un final rebosante de… ¿ternura filosófica? Permítaseme esta extraña, pero pienso que acertada, expresión. Memorable tratamiento de una partitura para el séptimo arte.







ESCÚCHALA SI...: no quieres perderte uno de los inicios más asombrosos de la historia de la música de cine y una partitura repleta de belleza.

NO LA ESCUCHES SI...: te mantienes en la idea de contemplar simplemente la forma exterior de las composiciones para cine.

RECOMENDACIÓN END TITLES: fundamental.

OTRAS OBRAS DEL AUTOR: ''Pesadilla antes de Navidad'', ''Sleepy hollow''.

PUNTUACIÓN: 10


 Antonio Miranda. Diciembre 2015.


BSO- AVENGERS: AGE OF ULTRON- Danny Elfman & Brian Tyler.



6 sobre 10

THE AVENGERS: AGE OF ULTRON (2015).
BRIAN TYLER & DANNY ELFMAN.



Segunda y esperada entrega de Los Vengadores y, como no podía ser menos, igualmente requerida su banda sonora tras el trabajo serio y firme de Alan Silvestri en ‘’The Avengers’’. El compositor de ‘’Forrest Gump’’ marcó el camino a seguir con una partitura sinfónica, mínimamente aderezada con toques electrónicos y que presentaba de base un tema principal sencillo anclado en sus arreglos más que en la calidad de la capa principal. Atendiendo a quién componía la obra era de esperar un matiz fundamentalmente clásico de la música. El resultado: notable. Ahora, tres años después, la dupla Elfman-Tyler hacía presagiar un trabajo potente y moderno. No ha sido así. Vayamos con ellos.

El inicio de la composición ofrece una pizca de entusiasmo al seguidor de estos dos artistas y de la música para superhéroes. Nos encontramos en los inicios, marcados claramente por un ‘’estilo Elfman’’ (que no termina por despegar) y que abarca hasta la primera media hora, cuando aparece por fin el título en pantalla de ‘’The Avengers’’. Se trata de una introducción a la historia, la situación en el argumento y el empleo, por parte de ambos artistas, de múltiples referencias al tema creado por Silvestri (‘’Heroes’’). No podía ser de otra manera y ya, en seguida, la carrera que toman ambos será propia y alejada de las alusiones al compositor de la primera entrega, al que de nuevo recurrirán al final de la historia, envolviéndola así en la atmósfera musical característica sin un uso continuado de referencias. Interesante propuesta. Para los seguidores de la música de cine, poco dura el interés ya que, inmediatamente, podemos presenciar la línea básica de todo el trabajo, apenas variada en instantes concretos, y que se resume en una continuación de la propuesta de Silvestri, esta vez con menos personalidad ya que ninguno de los dos compositores consigue dejar su sello auténticamente  personal en las notas. Un trabajo equilibrado de ambos, eso sí, pero que, si bien no perjudica de forma conclusa al conjunto, no beneficia en absoluto la libertad expresiva de cada uno que, en solitario, podrían haber trazado líneas altamente superiores.




‘’Los Vengadores: la era de Ultrón’’ resulta una partitura lineal y cómoda. El ritmo parece mantenerse sin variaciones marcadas, cualidad ésta, en positivo, significada en la carrera de ambos músicos, y escuchando su trabajo aislado de la imagen se llega pronto a mantener una atención pobre sobre las notas. En pantalla, la composición gana en cuerpo, lógicamente, y funciona de forma correcta. La corrección no es mala; el funcionamiento sublime de la música aplicada a una historia en imágenes, hablando de acción y superproducciones como ésta, queda, hoy día, únicamente en manos de dos compositores: Michael Giacchino y Alexandre Desplat. Lástima uno de los dos no se haya encargado de este trabajo que, sin duda ninguna, habría dado un paso de gigante en calidad y fuerza. Capaces de levantar del asiento a cualquier espectador que guste por sus obras musicales, se les echa de menos cuando, presenciando espectaculares efectos de sonido y grandes combinaciones de secuencias de imagen, las luchas y conflictos son limitadamente apoyados por la partitura, en ningún momento elemento fundamental de lo que vemos.

La aventura, como en su anterior entrega y musicalmente hablando, parece despertar con la rabia de Hulk. Tyler también lo hace. La acción más intensa queda para él y progresivamente escala posiciones y presencia en pantalla; Elfman se ocupa de los instantes descritos a ritmos más pausados y las fanfarrias identificativas del grupo de superhérores. Revolviendo estos aspectos concretamos los tres momentos más logrados de la historia: Iron Man adopta su Hulkbuster e intenta controlar, mediante la lucha, a Hulk. Como ocurrió en ‘’The Avengers’’, musicalmente hablando (y también cinematográficamente) uno de los instantes más conseguidos (‘’Hulkbuster’’); el segundo de los momentos surge repentino de la mano de Viuda Negra y su carrera en moto (‘’Seoul searching’’ a partir del segundo 32). Ambos fragmentos compuestos por Brian Tyler. Llegamos al tercero; Elfman aplica toda su genialidad para componer las fanfarrias de la historia y rozar incluso sus años dorados dentro de la música de cine. ‘’Avengers unite’’ supone uno de los trabajos más emocionantes de la película, previo al desenlace algo extenso y repetido en el que ya la música, sin duda, ha dado un giro sin importancia para describir pacientemente el final. Realmente nos encontramos ante el cierre de la aventura con este tema que, personalmente, creo que cobija  en sí todo el poder que el gran compositor consigue ofrecer con este lado de la partitura, más cercano a los superhéroes modernos y que él mismo consiguió fijar como insuperable en la mítica e irrepetible fanfarria para el ‘’Batman’’ de Tim Burton. Es el ejemplo de cómo una historia debería terminar cuando lo dicta la música y, no obstante, se prolonga sin demasiado sentido más allá de lo que convendría.





En definitiva, una obra menor en el camino de ambos artistas que, por separado, bien podrían haber tejido magistralmente mediante la oscura fuerza orquestal de Elfman o la potencia desbordante de la electrónica de Tyler. Ambas orientaciones, pero aisladas de cualquier otro complemento, nos habrían dado otra cara de la presente aventura, sin duda por debajo (en argumento y partitura) de la primera entrega.


ESCÚCHALA SI...: valoras el equilibrio conseguido por dos músicos, cada uno por separado en un ámbito bien marcado de la composición pero que, aún sin brillar, logran presentar firmes y sin titubeos. Te entretendrá.

NO LA ESCUCHES SI...: detestas la falta de personalidad y presencia de la música en pantalla o buscas estilos identificativos. La mezcla desfavorece.

OTRAS OBRAS DE LOS AUTORES: ''Frankenweenie'' (Elfman), ''Partition'' (Tyler).


PUNTUACIÓN: 6



Antonio Miranda. Mayo 2015.




BSO- PESADILLA ANTES DE NAVIDAD- Danny Elfman.





10 sobre 10

THE NIGHTMARE BEFORE CHRISTMAS (1993).
DANNY ELFMAN.


                No resultaría nada fácil, a priori, conseguir una obra de tan alta calidad como la que nos ocupa tras componer magistralmente durante los años precedentes varias joyas de la música de cine. Elfman se enfrentaba a un auténtico reto; lo consiguió.

                El inicio de ‘’Pesadilla antes de Navidad’’ es de una calidad sorprendente y, más diría si cabe, de una composición de formas, figuras y sonidos extraordinarios. La combinación no se reduce a la composición sobresaliente que el músico ya nos plantea de inicio, rebosante de arreglos acertados y ritmos controlados, culminados por la presentación majestuosa, inenarrable y apoteósica de Jack, sino que va más allá y la manera en la que director y artista enlazan imagen y partitura es de una grandeza única. Pareciere como si, de pronto, una nota resultara estrictamente la plastilina figurada de un personaje de la ciudad o, al instante, uno de ellos transformara su presencia en musicalidad que acompañara a la orquesta. Genial. Como digo, una narración y control del ritmo asombrosos por parte de Elfman que podríamos ejemplificar en los dos momentos más potentes de la musical introducción: la comentada aparición de Jack, en su gloriosa ascensión cual Divino Maestro de Halloween y el final de este pequeño inicio, enlazado  habilidosamente con la escena posterior.





                Los diez primeros minutos merecen el reconocimiento de cualquier aficionado al cine. Un canto (musical) prodigioso, sin pausa, y con dos ámbitos claramente enfrentados, cada uno de ellos representado en las dos canciones que suenan: la fama, la alegría y lo social de la introducción y, por otro, el lamento, la soledad y la inquietud de la segunda parte de esta decena de minutos importantes en la historia. El compositor da forma a dos temas de altísima calidad y se enfrenta, en los momentos que no suenan, a una exquisita narración de la escena combinando magistralmente los motivos entonados que han sonado en boca de los personajes. Se inicia el problema en la existencia vital de Jack.

                Los tres personajes esenciales en esta primera mitad de metraje, Sally, Jack y el doctor, son descritos por Elfman de una manera notable: delicada, tragicómica y grotesca y presentándonos la agradable sorpresa, pocas veces ‘’visible’’ en una partitura para cine, de combinar los temas que, en principio, se refieren a cada uno, con las apariciones del otro y las menciones del tercero. En fin, un entramado de telaraña habilísimo donde cada nota describe y narra y enlaza con las siguientes y las inmediatas anteriores; donde la aparición repentina y frecuente de los temas cantados ofrece una visión distinta de la parodia sobre, ya no sólo la Navidad sino, abruptamente, la soledad del individuo y, en consecuencia, su propia naturaleza vital.

                ¿Os imagináis un personaje actual intentando cambiar nuestra Navidad hacia otros conceptos que no deriven en felicidad y alegría? Tal atrevimiento existe, el pensamiento de mucha gente lo aplica pero el sistema social lo prohíbe. Los habitantes de Halloween no, apoyan a Jack en su intento desde su mundo del terror y el miedo y dejan expuesta a la intemperie su trivialidad mental, ensalzando sin querer la genialidad de Jack Skellington. La música describe el mundo de la historia de una forma asombrosa, no para de sonar y marca el ritmo incluso desde antes de concebirse el argumento (Elfman compuso, bajo directrices de Tim Burton, todas las canciones previa realización del metraje).





                Las elucubraciones mentales concluyen; Skellington inicia su idea y los tres diabólicos niños preparan el asalto definitivo. La partitura llega al culmen musical de las canciones con esta escena, una maravillosa burla en forma de marcha; inolvidable. Sin embargo, no podríamos encontrar un instante superior al resto; la composición presume de un equilibrio compositivo exquisito, aún cuando es una obra con incesantes cambios de estructuras, ritmos y sensaciones, como lo son los diálogos, peripecias y situaciones. Un alarde de momentos e instantes musicales como pocas veces encontramos y con un detalle, a juicio de quien esto escribe, embriagador y solemne: Elfman no utiliza, para la forma de su partitura, ninguna referencia facilona y previsible a canciones típicas de la Navidad. Él mismo se vale y se sobra para mostrar su genio y envolver la historia en una seda musical insuperable.

                El desenlace se mueve por derroteros similares al del resto de la partitura, obedeciendo al equilibrio comentado, pero con dos detalles finales hermosísimos. Por un lado, el compendio final, en un solo tema, de las canciones principales de la historia, fácilmente identificables por el espectador, pero variadas a tonalidades distintas y el encuentro definitivo entre Sally y Jack en el que el sonido de bajo clásico va marcando los golpes del caminar de ambos personajes, primero ella y después él. Exquisito.







                Concluyendo, nos encontramos ante posiblemente la banda sonora más trabajada y virtuosa de una película de animación. Sin duda, entre las mejores de la historia del cine en su vertiente genérica y que ha marcado un punto clave en la composición para el cine de su género. Un referente.


ESCÚCHALA SI...: estás harto de musicales sin ningún tipo de calidad artística y vital. Aquí tienes una joya.

NO LA ESCUCHES SI...: no eres un fiel seguidor del mundo ''Burton'', de las obras maestras de Elfman o de cualquier obra maestra.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: lo es.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''La novia cadáver''. ''Eduardo Manostijeras''.

PUNTUACIÓN: 10


Antonio Miranda. Diciembre 2014.

BSO- LA NOVIA CADÁVER- Danny Elfman.






8 sobre 10


THE CORPSE BRIDE (2005).

DANNY ELFMAN.


                Seis primeros minutos de película; el compositor estadounidense muestra el poder que nos ofrecerá en este trabajo. Ininterrumpidos y conjuntando orquestación con arreglos exquisitos y voz y un toque satírico y burlón que remata un inicio, musicalmente hablando, perfecto, Elfman anuncia ya la brillante composición que está por venir. Poco después, tras la llegada a la mansión, se produce una de las secuencias más interesantes para cualquier estudioso de la influencia de la música del cine en este último (y no por la estructura de aquélla alrededor de la escena, o los compases previstos acompañando a los sucesos, o las sensaciones que broten del momento). Es habitual escuchar, como música incidental en el cine, cualquier pieza clásica y, si sale de un piano, más siquiera; Chopin, Liszt, Mozart… Aquí entra en juego el papel del director. Él es quien decide y Burton, en esta ocasión, libera a la trivialidad de lo habitual y sienta a Víctor (protagonista masculino) al piano para tocar una pieza original del propio Elfman, el tema principal de la película en versión piano. Emocionante para quien esto escribe. Algo de una sutileza e inteligencia extraordinarias. ¡La música de cine se eleva a la máxima expresión! Habría sido tan fácil que Víctor interpretase a Beethoven y la gente, sentada en sus butacas, reconociese orgullosa la melodía… No, no es así, has de agudizar el entendimiento para dibujar en el aire el triángulo vital que se forma entonces: novio y novia unidos por la música que toca aquel, que oye ésta y que compone Elfman  identificando la idea global de la obra. Es enlazar lo que la música explica y sintetiza en este filme (la vida y la muerte) con el drama y el romanticismo profundo de los dos protagonistas.





                La habilidad descriptiva, solapando escenas de calibres incluso opuestos, es admirable. Los detalles y sentimientos, objetos y burlas, comicidad y drama, todo va apareciendo de forma habilísima y es respondido, mejor dicho, descrito, por el músico con destreza y sin la trivial necesidad de los silencios. Rememorando matices de viejas y admirables composiciones (‘’Sleepy Hollow’’,’’Eduardo Manostijeras’’, ‘’Pesadilla antes de Navidad’’; la escena en la cual aparece la Novia Cadáver es un espectacular juego de combinación de la fuerza espeluznante de la primera y los coros de la segunda), Elfman va fabricando un score sólido y de gran convicción, solventando el complicado tema de la narración mediante magistrales y estudiadas canciones, en cuyo género ya mostró, años atrás, una delicioso dominio.

                Extraordinaria opereta; Elfman marca su territorio con claros apuntes cómicos y disparatados pero llenos de un sentido filosófico práctico. El uso de la orquesta alcanza su máximo esplendor sin necesidad de acudir a sonidos electrónicos, tan habituales hoy día. Aún da un giro más drástico y emplea el clavicordio como instrumento de vital importancia en torno al cual se mueve la historia. Un absoluto y nada habitual acierto del compositor otorgando a esta clásica herramienta el papel principal en su música, sonido que, en la ópera, resulta de igual trascendencia pero como elemento básicamente de apoyo. Aquí no, el corte dramático y operístico de la partitura se afianza más, si cabe, escuchando cómo las notas del instrumento europeo deambulan con arrollador sentido por toda la obra.





                Ya hemos mencionado la introducción y la escena donde aparece la Novia Cadáver, de grandísima calidad musical; la película se mueve en continuas narraciones y descripciones ejecutadas por la orquesta y llega, a mitad de la obra, a la breve pero extraordinaria secuencia donde el viejo Elder Gutknecht fabrica la pócima para la pareja, una sobredosis de calidad del compositor que nos ofrece combinando admirablemente fragmentos ‘’herrmannianos’’ con instantes drásticamente ‘’elfmanianos’’ y segundos de descripción con momentos de narración para concluir, sin brusquedad, adoptando su propio estilo al dejar a los protagonistas en el mundo de los vivos. Magnífico.

                El guiño al score de Max Steiner para ‘’Lo que el viento se llevó’’ califica la locura compositiva que precede al romántico final. Un revoltijo de melodías, estilos, arreglos, matices y anécdotas musicales que, unidas por dicha referencia al genial compositor austriaco, adoptan el papel de narradoras en la sombra y son capaces de anonadar a cualquier espectador que se centre en la escucha. ¿Cómo es posible concluir una historia con semejante maraña musical sin que se caiga en el desastre artístico? Burton por un lado (la historia) y Elfman por otro (la música), ambos formando una única y lograda intención, lo consiguen. Dos genios.





                Concluyendo, una obra maestra de Danny Elfman con gran frescura y variedad de registros. Es una lástima que esté precedida de obras maestras que ya el compositor elaboró en el pasado de un estilo similar y que impiden, en cuanto a originalidad, alcanzar cotas mayores.


ESCÚCHALA SI...: eres fiel seguidor del ''mundo Burton'' y la música de calidad de Danny Elfman para filmes de fantasía.

NO LA ESCUCHES SI...: no quieres oir patrones repetidos de las geniales y anteriores composiciones del autor.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: no.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''Pesadilla antes de Navidad'', ''Big fish''.

PUNTUACIÓN: 8


Antonio Miranda. Junio 2014.