Brillante
composición del autor ruso, como la mayoría de sus producciones, con un
dinamismo único.
Con
momentos y situaciones asombrosas, Tiomkin ejerce un poder tan grande sobre el
argumento que él mismo conduce la marcha de las escenas. El ajuste rítmico de
los registros graves con el movimiento del péndulo de los relojes, como si la
vida de la gente dependiera realmente de dos o tres golpes del bandido que está
próximo a llegar o las melodías tersas asociadas a la mujer del sheriff incluso
la famosa canción y sus variaciones instrumentales, con la dupla
Sheriff-Bandido completamente ahogada en ella.
El
compositor se encuentra presente prácticamente en
Partitura inteligente, como lo
era su autor. Sorprende, en tiempo del filme y forma, su inicio: ímpetu máximo
y pegamento a las imágenes (auténtica narración); no obstante, la partitura en
absoluto se caracteriza por esta estructura. ¿Por qué, entonces, este comienzo
tan drástico? El mismo sentido del filme nos lo responde: la película,
caracterizada por una acción media, incluso pausada (no vuelve a narrarse una
imagen de muerte hasta casi llegada la hora de metraje), va a dejar la zona
activa para la parte final. Tiomkin entiende a la perfección esta situación y
emplea unos registros exquisitamente bajos para casi toda la cinta premiando
los diálogos y situándose en un segundo plano, una especie de pintor musical de
la atmósfera de melancolía, tristeza y equilibrio que llega a crear en torno a
un pueblo, de donde no sale la acción.
Con toques magistrales de manera
puntual (el tema principal es de una grandeza sentimental inigualable, el uso
de la trompeta tan y tan triste y etéreo, escuchándose tocar allá a lo lejos…,
las canciones interpretadas por los protagonistas, nexo inteligente entre la
psicología de todos ellos, prestos a arriesgar juntos sus vidas…), la aventura,
una de las más grandes de todos los tiempos en el género del western,
evoluciona admirablemente y así mismo la música. Cómo ésta va cogiendo cuerpo,
forma y carácter es admirable hasta el punto de convertirse en un personaje más
en el tramo final, fantástico, de la obra.
En definitiva, composición
humilde para una producción grandiosa; uno de los músicos que hizo crecer la
música de cine y que pocos conseguirán superar sus obras. Partitura que no deja
de subir cada vez que se ve el filme o se escuchan sus notas.
Iguales
a ella las hay, pero partituras superiores en brusquedad estructural no
encontrarás en la historia de la música de cine. ‘The Thin…’ resulta de una
organización musical tan extrema que podríamos separar las dos partes creadas y
seguirla o precederla con historias distintas. Fantástico. Nos encontramos ante
un fragmento absolutamente latente, donde Tiomkin usa la música como anuncio de
algo, como un concepto oculto al cual él pone en escena y otro patente sin
duda, menos presente en la aventura pero, cuando lo hace, tan intenso que el
monstruo es, literalmente, música.
La partitura
se basa en unos vientos atronadores y el uso continuo del theremin, instrumento
típico en el cine negro y de ciencia ficción de los años 40 y 50 en clara
referencia a la condición extraterrestre del monstruo.
En
definitiva, una partitura interesante, completa, firme y notable del gran
compositor ruso que nada tiene que ver con la concepción musical del remake que John Carpenter hizo en 1982 y que compuso Ennio Morricone. Dos películas que pudieron tener composiciones sobresalientes pero quedaron en un intento...
Lo latente y
lo patente juegan astutamente en la composición de Dimitri Tiomkin para la
primera de sus colaboraciones con Alfred Hitchcock, refiriéndose lo primero
mediante la música frenética y activa mientras lo segundo aparece pausadamente
en pantalla (¿alude esto, con claridad, a la dualidad que se expone sutilmente
entre tío y sobrina, los dos protagonistas de la obra, como puedes leer en el
estudio que ‘’END TITLES’’ propone de la película como obra global?). Tiomkin ,
que claramente narra el frenesí activo que está presto a ocurrir (muy próximo,
musicalmente hablando, a los matices narrativos de los filmes mudos), nos
adelanta los acontecimientos en un estilo inteligentísimo, seña de identidad
(sin duda) de la habilidad formal del famoso director y todo proyectado hacia el
mismísimo final. Atónicos, presenciamos el pasear relajado del protagonista
mientras suenan las notas histriónicas del artista. Con la llegada de Charlie a
casa de su familia, la partitura abandona la narración de lo latente y adopta
una posición en segundo plano, tranquila y descriptiva en el que descubrimos
los inicios de esa atmósfera tan personal e intransferible del autor de ‘’Río
Rojo’’, ‘’Río Bravo’’ o ‘’El Álamo’’ y que ya se mantendrá hasta el final.
Posee la
partitura para ‘’Shadow of a doubt’’ el peso influyente de la pieza de Franz Lehár,
un vals para su operata ‘’La viuda alegre’’. La obra adopta pronto una
personalidad propia mas, sin duda, ésta es aderezada de forma importante por
los perfiles del vals, siempre matizado y variado por el artista, pero que se
inyecta directo en la figura principal de la historia (el tío Charlie),
adquiriendo, por tanto, un plano primero en los detalles más a tener en cuenta
de la música.
La parte
central del filme navega por la intriga de los diálogos y situaciones. Tiomkin
desaparece durante gran parte del metraje y brota de nuevo, con fuerza y
presencia importante, en la secuencia en la que la sobrina de Charlie descubre
los comportamientos extraños de su tío y va a la biblioteca. La secuencia,
breve, es impactante y, sin duda, lo mejor de la partitura para el filme.
El desenlace
de la obra camina de la misma forma que la parte central, muestra definitiva de
la función de apoyo que la partitura ofrece al argumento, situándose de manera radical
por detrás de todo lo que acontece. Las apariciones de Tiomkin se reducen y lo
hacen a escasos segundos, varias veces recordando el ímpetu inicial (debido a
la proximidad del desenlace) y dejando de lado el tema del vals de Lehár para
centrarse únicamente en mostrarse como pinceladas enérgicas que mantengan la
tensión de las escenas. La final resulta una secuencia que habla del sentido de
la música de forma total y podría resumir en escasos segundos su función: la extraña
y vigorosa faceta que siempre ha mostrado la composición, desde la escena
primera hasta las intermedias, proyectaba su significado hacia la súbita imagen final de
los dos protagonistas y el fatal desenlace, posterior a la pelea entre ambos.
Sin lugar a dudas, fragmento de un contenido global muy poderoso en la obra.
En definitiva,
partitura que desempeña una función mucho menor en la historia del genial
director de ‘’Vértigo’’ y ‘’Psicosis’’ que lo hicieran composiciones más
elaboradas, estudiadas y estructuradas del inigualable Bernard Herrmann. Sin
duda, la colaboración exquisita de éste y Hitchcock ejerce un peso demasiado
grande sobre el resto de músicos que trabajaron para el productor británico.
Que una obra musical desempeñe, sin exageraciones, el papel protagonista de un
filme de sobresaliente calidad no puede sino ejercer su ‘’maléfica influencia’’
a la hora de odiosas comparaciones. No obstante, buen trabajo de Dimitri
Tiomkin que, realmente, no pretendía conseguir cotas más altas de las que
tiene.
ESCÚCHALA SI...: quieres interesarte por cómo Hitchcock empleaba la música en segundo plano en alguna de sus películas.
NO LA ESCUCHES SI...: esperas encontrar una gran obra de referencia, un sobresaliente trabajo del gran Tiomkin o una narración ejemplar de una película del conocido director.
RECOMENDACIÓN END TITLES: puedes pasar sin ella.
OTRAS OBRAS DEL AUTOR: ''55 días en Pekín'', ''Los cañones de Navarone''.
Obra de gran
trascendencia en la historia del western y en la propia del compositor.
La primera
escena es narrada hábilmente por el maestro ruso. Dos claras vertientes
identificadas con las dos que muestra en la composición de dicha secuencia: la
aventura épica que apunto está de iniciarse y, por otro lado, el conflicto
amoroso al despedirse de la mujer (que refleja el lado más sentimental y social
del filme), unas notas bajadas de tono y ligeramente oscuras; la agilidad del
músico, como si de un acróbata se tratara, sucede en seguida, girando este tono
trágico con el que describe a la mujer (al amor) en la despedida con el que
adopta cuando el protagonista, tras matar a uno de los indios que les atacan
(gran asociación música-imagen, con uno de los recursos que entonces comenzaban
a florecer en la música del séptimo arte, marcando golpes de cuchillo con
golpes de orquesta), descubre en su víctima la pulsera que le regaló a la dama
y que tanto dará que hablar, sutilmente, durante el metraje. Ahora, el tono ya
no es dramático, oscuro…sino todo lo contrario. Observemos la curiosa oposición
que ejerce Tiomkin: mujer en vida (música ligeramente oscura), mujer muerta
(música dulce y evocadora). Esta escena, en la que los dos amigos aguardan el
ataque de los indios, es magistral. Tensión, dramatismo, evocación y el protagonista
que, frío y rudo, opta por mantenerse vital y aislado de cualquier tipo de
sentimentalismo. Lo rechaza, lo ignora; no así la música, que ejerce de
marcada, oculta y misteriosa alma de Tom Dunson. Magistral.
La narración
de la película, a nivel musical, es de un nivel altísimo; nos encontramos
ante una pequeña odisea, una aventura
llena de singularidades y peripecias. Un ejemplo de la maravilla explicativa
que usa Tiomkin lo tenemos, igualmente, al inicio de la obra: la aparición del
chico, que llega desde la tragedia de los indios con la caravana, y su diálogo
con los dos protagonistas es, simplemente, fastuosa. Merece la pena centrarse
en este pequeño momento y aislarse en él y sus notas, el diálogo, el
pensamiento del niño. Estudiar brevemente este momento es alcanzar a comprender
cómo se va a desarrollar el trabajo del compositor ruso para Río Rojo;
recuerdos del pequeño, los repentinos golpes que recibe, la aparición de la
pistola… Todos los detalles de este par de minutos deberían ser vistos y oídos
por cualquier amante del arte en sí; cómo el compositor apoya, componiendo
absolutamente más imágenes que música, el recorrido completo de la escena. Si
tras su estudio nos atreviéramos a escuchar, sólo escuchar, la secuencia, todos
seríamos capaces de narrarla exactamente cómo sucede en la película sin
necesidad de tener las imágenes delante.
En el filme
quedan intercalados pequeños momentos de intensidad más intelectual que
aventurera, si bien este último matiz es el principal en la obra de Howard Hawks
y se hace mayor cuando la caravana de ganado parte hacia Missouri. Aquí es
donde Tiomkin desgrana al máximo el uso del tema principal de la película,
directo, sencillo y optimista y versionado, a partir de aquí, en todo momento.
La música, definitivamente, cuenta, explica y deja los momentos más
trascendentales, siempre dialogados, al silencio. En mi opinión, los únicos en
los que el compositor se adentra en los personajes, concretamente en el
principal, es al inicio, antes comentado, sobrepasando la linde de la imagen, y
cuando es desnudado de sus poderes por los hombres que le acompañan. Aquí,
Tiomkin usa una metodología próxima a la escena inicial en la que muere el
indio y ve la pulsera de su mujer. Ahora no golpea, ahora hiere con la
orquesta. ‘’Os voy a colgar’’. Esta escena, musicalmente hablando muy poderosa,
resume el recorrido de Tom Dunson durante toda la película y ‘’grita’’ el drama
interno que el ganadero sufre y que jamás saldrá de su propio interior. Tiomkin
mata a Dunson, así, drásticamente, sin contemplaciones, arañando su alma,
mostrándola al intrépido y atento espectador y se mete al tiempo en las mentes
y deseos de su ahijado y compañeros, que no lo hacen, que no disparan sobre él,
apiadándose de su vida casi de forma inexplicable. Es extraordinario cómo el
compositor acaba con Dunson que, al tiempo, sigue vivo y presente en la
película de forma casi fantasmagórica. Una metafórica y maestra forma de
componer cine y que, en este caso, adelanta el final gracias a la gran
composición del maestro Tiomkin.
En resumen,
composición estudiada y muy cuidada basada casi por entero en múltiples
variaciones de un tema principal y con pequeños toques de magnificencia con los
que Dimitri Tiomkin guía y resúme los aspectos más intensos del filme.
ESCÚCHALA SI...: quieres aprender de uno de los maestros de todos los tiempos de la música de cine.
NO LA ESCUCHES SI...: eres fiel seguidor de la música de cine moderna.
LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: lo es, en su género.
OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''El álamo'', ''Río Bravo''.