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LAS MEJORES BANDAS SONORAS DE BERNARD HERRMANN


 

BERNARD HERRMANN: THE BEST MOVIE SOUNDTRACKS


1 CON LA MUERTE EN LOS TALONES- 1959

 ’North by northwest’ es, para quien esto escribe, la mejor banda sonora que nadie haya compuesto jamás para cine (junto a ‘La lista de Schindler’, de John Williams y ‘Cadena perpetua’, de Thomas Newman). Brillante en composición y explosiva en adaptación a la imagen, con una estructura inteligente, nada pretenciosa y con absolutamente todos los detalles en su justa medida y tiempo. Con un tema principal asombroso, atreviéndome a compararlo con las grandes composiciones de la historia de la música, resulta indiscutiblemente inigualable.




2 PSICOSIS- 1960

La capacidad intelectual para componer música es una extensión del Arte que poquísimos autores han podido alcanzar. Bernard Herrmann es uno

BSO- TAXI DRIVER- Bernard Herrmann




10 sobre 10

TAXI DRIVER (1976)
BERNARD HERRMANN

Festival de Cannes: Palma de Oro

Banda sonora turbadora, la más arriesgada del autor y, por instantes, con las composiciones más vigorosas de su carrera. La combinación de matices de su propio (y personalísimo) estilo con el mundo del jazz, aderezado todo hacia el control de las imágenes hace de ‘Taxi Driver’ la obra más inesperada del músico y ejemplo máximo de su versatilidad maestra. Esta obra pareció señalarle con el dedo de manera tan inquietante como la música giraba drásticamente con ella y decidió metafóricamente, quizá, terminar con la vida de su creador tras concluir su grabación para quedar, ¿quién sabe?, como única muestra de un nuevo estilo.

Herrmann compone asombrosamente toda la cinta en el inicial tema principal. Se nos anuncia el sentido último de la obra, incluso sus detalles, y el terrible mundo que se nos avecina con la sola presencia de estos minutos y cuatro o cinco movimientos de cámara del director. Una unión tan exquisita como lo era la que tenía con Hitchcock y el planteamiento de dos vertientes musicales, como lo serán las de la historia: la vida y la muerte.



Con una de las escenas más impactantes de la historia del cine (y no nos referimos a la fantástica final), musicalmente hablando (conduciendo de noche el taxi, su cliente anuncia que va a matar a su propia mujer a la cual se ve a través de una ventana cometiendo una infidelidad), Herrmann, que ya ha compuesto la escena (recordemos las palabras iniciales de esta reseña) matiza en detalles acudiendo por vez primera a su orquestación en forma de sus ya envenenados y famosos vientos sordos. Las notas son mantenidas, intermitentes, una especie de los temas de la ducha en ‘Psicosis’ o John Williams en ‘Jaws’: ni tan conocidas ni tan mediáticas y sí, no cabe duda, igualmente impactantes. Más sobrias, más contenidas y más sigilosas… Asombroso. Deteniéndonos en ella, su estructura es inigualable. Las cuatro notas  que van agravándose (y que se erigen a partir de ahora como las reinas de la partitura) son interpretadas por los vientos cuando la imagen asciende por la fachada de la casa. El momento es tenso. Segundos antes del marido desvelar la identidad de la mujer a la que se refiere, Herrmann convierte las cuatro notas en una, la cual repite dos veces con una duración equivalente a las anteriores, con lo que inyecta mayor nerviosismo al espectador y consigue, sutilmente, que la partitura continúe sonando aún cuando ningún instrumento se escucha: el instrumento ahora es la voz del marido diciendo que se trata de su mujer y la va a matar. Es, sencillamente, genial. Lo que hace de un músico incrementar su labor a la de una dirección de escenas que ni los directores podrían conseguir. Aquí, sólo en End Titles, podrás encontrar la explicación a la trascendencia y calidad de esta secuencia aparentemente poco importante. Su poder de cambio en los acontecimientos queda demostrado con el enlace que Herrmann teje, pocos segundos después, al terminar la conversación entre el protagonista y su amigo taxista en la que le confiesa sus problemas de identidad, de vida existencial al fin y al cabo: termina la secuencia con las cuatro notas antes mencionadas.



Como hemos dicho, la evolución del filme es magnífica, poco a poco llega la obscuridad de la vida y nos damos cuenta de la facilidad con la que compositor y director nos la habían anunciado en los primeros segundos de historia: la vida y la depravación, el amor y el odio. El inicio del director  en su carrera trabajando con música original y el final del genio en vida: su última composición, habiendo sido concebida (quizá de ahí su naturaleza igualmente enfermiza) enfermo Herrmann de gravedad. La vida nos concedió el tiempo preciso para concluir su trabajo. En definitiva, obra ejemplar en su carrera y en la música de cine.




Puntuación: 10

Antonio Miranda. Mayo 2019







BSO- CON LA MUERTE EN LOS TALONES (North by northwest)- Bernard Herrmann


10 sobre 10

NORTH BY NORTHWEST (1959).
BERNARD HERRMANN


SIETE MINUTOS BASTAN PARA DARNOS CUENTA DEL NIVEL Y TRASCENDENCIA QUE VAMOS A PRESENCIAR DURANTE ABSOLUTAMENTE TODA LA PELÍCULA. Bernard Herrmann golpea cualquier duda que se pueda tener ante una mediocre opinión de su trabajo. El tema principal (a modo de fandango), de una calidad compositiva que, me atrevo a decir drásticamente, logra un nivel paralelo al de las grandes obras de la historia de la música, es una inyección pura de música e imagen. El compositor muestra una indolencia artística tan grande que, admitiendo lo absurdo de lo que a continuación plantearé, sería entendible en cualquier inquieto y estudioso, al tiempo que practicante de Arte, detener la cinta, agachar la cabeza y meditar qué hacemos la gente corriente al lado de tan magnas mentes como la del compositor. Herrmann junta en este motivo principal las dos facetas fundamentales por las que una partitura debe caer en el olvido o ascender a los niveles del sobresaliente: composición e influencia en pantalla. Sin ningún acontecimiento todavía por verse, él ataca la historia como arpón en la distancia al animal marino. Lo que escuchamos inmediatamente después, mientras el protagonista ‘’fabrica’’ su rapto, es pura metafísica descriptiva, es decir, unas notas pausadas con las que cualquier otro compositor habría simplemente apoyado la secuencia pero que, desde el autor de ‘’Vértigo’’, se narra al tiempo y con una capacidad, igualmente compositiva, maravillosa. Un detalle último de estos siete primeros minutos: Herrmann rompe con todo cliché y, típico en él, emplea el sonido del clarinete para sensaciones inquietantes cuando, habitualmente, es el oboe el que marca su sonido profundo ayudando a compositores y directores a crear una atmósfera desconocida. Fantástico. Nos disponemos a escuchar y ver la mejor partitura musical para el séptimo arte de todos los tiempos.




La introducción deja paso a una practicidad pasmosa. Herrmann muestra su manejo de situaciones tubándonos una vez aquí, otra allá: ahora silencia una secuencia en la que el ambiente pareciere gritar pidiendo su orquesta, ahora inicia en los segundos entre escenas un instante de conmoción; de pronto maneja el espasmo musical y repentinamente calla. La sección grave de la orquesta funciona como una base solidísima y muy importante en el conjunto. La variabilidad de ritmos es milagrosa y su combinación en la misma franja de historia, asombrosa, solamente al alcance de los genios. Esta mezcla artística de pausa y frenesí la encontramos en los instantes en que el protagonista acude a la misteriosa habitación de su supuesta nueva identidad, el señor Kaplan: ‘’No lo sé, salga corriendo’’ (dice al taxista). En este momento surgen los violines con una voz chillona, alterados, nerviosos y pausadamente frenéticos tras haberse regocijado en la plasticidad del ingenio inquietante durante los segundos que Roger Thornhill y su madre pasaron en la habitación. Admirable. El trayecto en el taxi es ejemplar (con un inicio estructural preludio de la que compondrá en ‘’Psicosis’’ un año después cuando la mujer, parada con su coche en un semáforo, identifica a su jefe), una secuencia musicada como pocas en la historia del cine al tiempo que, sin duda, pasa totalmente desapercibida: fijémonos en la base de graves que de pronto aparece ofreciendo campo amplio a los violines que acabamos de citar. Las violas, a su vez, hieren, antesala sin duda del golpe final de cuerdas con el que Herrmann planta a Thornhill ante la azafata de la ONU en el mostrador y concluye la escena, previa modulación del artista no aplicada solamente a una nota o instrumento sino, magistralmente…¡a todo el conjunto! Del medido histrionismo hemos pasado a la pausa. Y como digo, el golpe final. ¡Cuántos golpes finales han intentado fijar a los protagonistas llegando ante una mesa, ante cualquier cosa y han resultado triviales procesos! Qué elegancia, ahora, parando una escena. Los instantes que explicamos terminarán de modo brillante con director y compositor de la mano, el protagonista saliendo de la ONU corriendo, cámara en las alturas y las alturas dorando la fuerza final de Herrmann, valiente mostrando de nuevo versionado el tema principal en pequeños detalles.



El tema de amor surge entre lo anteriormente explicado y la famosa escena de la avioneta. Delicado, ligero, elegante y ligeramente  burlón a instantes e inquietante en algún otro, siempre con esa inteligencia compositiva del autor atando firmemente las piezas con la historia. Y la secuencia del descampado, sin ninguna nota hasta la explosión de la avioneta y finalizada, enlazándola con la siguiente parte de forma inmejorable, con los clarinetes sentenciando, como decimos, uno de los momentos más famosos del cine.
Existe en ‘’North by northwest’’ un tratamiento tan profundo y enigmático de la música como lo plasma el director, Alfred Hitchcock, en la historia. El paradigma más profundo y, al tiempo, inadvertido (y por ello insuperable) es la relación del protagonista con la chica, Eva Kendall, fácilmente musicable mediante el hermosísimo tema de amor variado ligeramente hacia un tono u otro, como cualquier compositor llevaría a cabo. Herrmann da un paso más y, avanzada la relación, él completa la suya propia con la historia insertando en la pareja nuevos temas de una suavidad inquietante asombrosa y jamás separados del principal que fija e identifica a la pareja. El desarrollo completo durante todo el filme de esta relación podría, sin ninguna duda, fabricar una película independiente, una obra formada y otra composición, por sí sola, que tendría, de la misma forma que la global que tratamos, identidad única y sobresaliente. Algo realmente complejo de conseguir y pocas veces desarrollado en la historia de la música de cine.



La parte final de la obra mantiene el descomunal nivel de todo lo anterior. Encontramos detalles exquisitos: un mismo tema ofreciendo en situaciones distintas sensaciones incluso contrarias, el abrir Thornhill la ventana de la habitación del hospital para escapar y, en ese preciso instante, Herrmann introducir valiente la sección aguda de la orquesta como abriéndose la música, ella misma, hacia el exterior de la ciudad. El desenlace es arrollador; no obstante, le secuencia no muy larga en la que Thornhill se aproxima a la mansión (donde la joven Kendall reside junto a los espías) es deliciosa. El músico ejecuta un final resumido de su partitura pausada con una maestría (latente) desbordante en la que demuestra su técnica compositiva al servicio de la narración: la perfección. En pocos segundos emplea toques del tema principal, del tema de amor, desarrollos descriptivos acompañando los movimientos de Thornhill y una sensación de proximidad al peligro que causa estupor: Herrmann, sin duda, llega al nivel del mismo Hitchcock en cuanto a control de la historia. He aquí una de las muestras de la grandeza del director de ‘’Psicosis’’ que, sin reparo, ofrece al músico una libertad de dominio sobre su película jamás dada a ningún compositor.

                              

El final es apoteósico, un dominio de la estructura formal absoluto, una versión del tema principal, incrustado en las imágenes, sobresaliente, activo, furioso y único y empleando detalles de toda la composición que en ningún instante desajustan nada. Es curioso el momento en el que la joven, escapando ya junto a Thornhill, se rompe el tacón y resbala en el precipicio: el tema de amor brota de pronto bellísimo y con un matiz de amor inusitado hasta el momento, pareciendo abrazar a la pareja en el primer instante de la obra en el que su relación es verdaderamente transparente. Por segundos, el tema principal escuchándose en la misma estructura que el original pero invertidos los instrumentos de manera brillante, juguetona y fascinante. Desenlace drásticamente perfecto y una obra para la historia.



En conclusión, ‘’North by northwest’’ es, para quien esto escribe, la mejor banda sonora que nadie haya compuesto jamás para cine. Brillante en composición y explosiva en adaptación a la imagen, con una estructura inteligente, nada pretenciosa y con absolutamente todos los detalles en su justa medida y tiempo. Inigualable.

Puntuación: 10

Antonio Miranda. Junio 2017.




BANDA SONORA- JASÓN Y LOS ARGONAUTAS- Bernard Herrmann.




 9.5 sobre 10

JASÓN AND THE ARGONAUTS (1963).
BERNARD HERRMANN.

                Partitura poderosa, fastuosa y orgánica. La composición que el genio estadounidense obró para esta mítica película en el mundo de la aventura y los efectos especiales fue de un esplendor estructural envidiable. Organizada en un binomio que ahora veremos y terminada acechando al surrealismo musical, el genial artista confecciona una textura de movimiento de notas y sensaciones pocas veces visto. Ejemplo del riesgo que un ‘’dios’’ real, de carne y hueso y no como los de la película que tratamos, transforma en veracidad y arte.

                El filme se inicia con una introducción musical (también argumental) exquisita en la que Herrmann opta por la presencia continua en un ir y venir de detalles en los que, sin tregua, él está presente. Desde la acción trepidante hasta la inquietud dramática (rotundamente instrumentada por los vientos solistas), el genio de ‘’Vértigo’’ emplea una sutilidad encomiable y la habilidad de un espadachín maestro que hiere con extrema rapidez (y sin ser visto) al enemigo inquieto. Las formas, idas y venidas de la música durante los diez primeros minutos son ejemplo a seguir por cualquier estudioso (inicial, medio o avanzado) sobre cómo adaptar una obra a otra, ya sea cual fuere la vertiente artística a trabajar.


                Cumplida la primera media hora, enrolados los griegos hacia el fin del mundo en busca del vellocino de oro para así recuperar Jasón su trono, Herrmann ya ha asentado la base absoluta de su trabajo. La vertiente narrativa es total y, de forma inteligente, la adorna sin tapujos mediante la capa gruesa que forma con el tema principal, poderoso y firme: como los dioses. Nos damos cuenta ahora, sobre todo durante la escena que cierra este primer tercio comentado (en la que Jasón pide ayuda a la diosa Hera, que le conduce bajo su consejo hacia una isla salvadora) los dos lados de la música, paralelos a los de la historia: la partitura narrativa se adhiere fielmente a la muchedumbre humana; la composición principal (el tema y sus versiones) nos refleja el poder y la presencia de los dioses. Esta identificable teoría quedará inmediatamente reforzada por la magnífica secuencia del gigante Talos atacando la nave de Jasón, una composición de la misma estructura poderosa, binaria y ‘’tosca’’ que el tema principal, asociándose así, definitivamente, al mundo de los dioses. La regrabación de la partitura original de Bernard Herrmann, en el año 1999, por Bruce Broughton y la ‘’Sinfonia of London’’, nos hacen percibir la grandiosidad del tema (y del resto de la partitura en su escucha aislada) durante la secuencia que comentamos y ofrece, en calidad digital, un deleite ‘’exacerbado’’ de toda la genialidad de esta composición maestra.



                La figura de Hércules es importantísima en la partitura de ‘’Jasón y los argonautas’’. Su trascendencia, pocas veces tan crucial en una composición, radica en el ‘’no uso’’ del elemento músico-humorístico. Hércules mantiene, durante la primera mitad del metraje, un punto de humor bien reconocible. Herrmann (y, sin duda, Don Chaffey, el director) opta por no remarcar este matiz, pocas veces visto en pantalla por un músico y que comercializaría directamente con la gracia fácil del espectador, punto éste de un horror marcado cuando lo presenciamos, asombrados, en una sala de cine y bajo la carcajada hiriente del público asistente, que no hace sino reír y reír y convertir el momento en algo ridículo. Herrmann no suena nunca y transforma estos instantes en interesantes apuntes. Gran detalle, casi imperceptible, en una obra atractivísima.

                La parte final, cuyo epicentro reside en la escena en la que Jasón y los suyos consiguen el vellocino de oro y escapan, musicalmente hablando no se estructura en torno a un esquema fácil de escuchar; es más, la partitura llega a alcanzar un nivel tan alto y extraño para una película de aventuras que el espectador más relajado podría sufrir una especie de ataque musical, fruto del incesante movimiento de las notas por tonalidades nada fáciles al oído y sí cercanas a un ambiente atonal histriónico. Herrmann crea un desenlace narrativo excepcional y mezcla los dos ámbitos antes indicados, el terrenal y el divino, en un movimiento sinfónico surrealista de vientos, orquesta, pausas y ritmos y que va a encontrar su colofón merecido en la pieza última, la escena ya gloriosa en la que Jasón lucha contra los esqueletos y que el músico se encarga de adornar con una paleta de colores musicales tan variados como nuestra percepción es capaz de captar, origen en cada uno de los movimientos, personajes y detalles que aparecen, desde la comicidad de las criaturas (mediante la recreación de los huesos con los instrumentos de percusión de madera) hasta el amor, pasando igualmente por la narración directísima de una lucha.




                En definitiva, obra para recordar, enmarcar y disfrutar dentro de una película entrañable pero que se aleja, en muchos de sus momentos importantes, de los cánones de la música de aventura sin dejar, gracias a la maestría de Herrmann, de representarla.

ESCÚCHALA SI...: sólo conoces al Herrmann inquietante y pausado o quieres disfrutar con una magsitral partitura de aventura.

NO LA ESCUCHES SI...: la música para las películas de acción y aventura te han marcado un tipo de música único y comercial.

RECOMENDACIÓN END TITLES: imprescindible.

OTRAS OBRAS DEL AUTOR: ''Vértigo''. ''Con la muerte en los talones''.

PUNTUACIÓN: 9.5

Antonio Miranda. Septiembre 2015.


PSICOSIS (PSYCHO)- Bernard Herrmann.





10 sobre 10

PSYCHO (1960).

BERNARD HERRMANN.


                La capacidad intelectual para componer música es una extensión del Arte que poquísimos autores han podido alcanzar. Bernard Herrmann es uno de ellos y lo demuestra sin contenciones en la genial película que nos ocupa. Ya los títulos de crédito iniciales dibujan la genialidad de la eterna dupla que formaron Hitchcock y el compositor estadounidense, éste desarrollando el tema principal y de hermosísima y detallada composición y aquél, proyectándose hacia su faceta de excelente dibujante, planteando una cabecera simple e impactante. A continuación, varios apuntes descriptivos y la situación en el contexto pero, donde realmente se inicia el trabajo y además con una intención directísima es, sin duda, cuando la imagen del sobre con el dinero es llevada a primer plano de pantalla. La fuerza con la que irrumpe Herrmann en una estampa tan simple es arrolladora y tiene tanta intención que director y compositor llegarían a burlarse artística y metafóricamente del control que están ejerciendo sobre cualquier espectador, por intrépido que fuera. Sólo han transcurrido trece minutos, títulos incluidos, y ya tenemos la sustancia teórica de la partitura en nuestras manos. En tan poco tiempo ser capaz de hacer emanar ante el estudioso tan magna cantidad de erudición musical es, sin duda, la capacidad minoritaria de los genios.





                Nos encontramos ante uno de los inicios más perfectos musicalmente hablando de la historia del cine. Podríamos referirnos a una combinación precisa de descripción y narración, al instante en el que el compositor gira bruscamente de una a otra (esto se produce cuando el jefe cruza el paso de peatones y se percata de la presencia de la mujer en el coche); serían insuficientes nuestros halagos hacia el control de absolutamente todo que Herrmann aplica en este preciso instante y cómo se pasa del apoyo sutil de la historia al inicio en el que la música toma el mando. El tema principal aparece, ahora, a una velocidad más pausada que lo hiciera en los títulos de inicio, teniendo en cuenta que la trama está en sus comienzos y la tensión acaba de aparecer. No sería práctico un ritmo más elevado del que ha sonado sólo diez minutos antes. Si nos damos cuenta, Herrmann acaba de plasmar en pantalla una estructura palindrómica exquisita en la que usa un tema A y otro B con carácter introductorio y descriptivo y, a continuación, el mismo tema B y luego el otro tema A, ahora con orientaciones importantes y narrativas. Espectacular. Pero aún podemos dar un pasito más en el complicado análisis de este inicio de la historia: la música la podríamos situar un peldaño por encima de su función habitual en el cine (la descripción y la narración): las sociedades artísticas o los individualismos particulares (es lo mismo) siempre han pedido más, alguna noción básica machacada por otra más potente y extraña; el carácter más individual de lo intelectual clama la llegada, por cualquier parte y método, de la causa de sensaciones o emociones que primen sobre la coherencia de las formas existentes. Herrmann lo consigue y proyecta su partitura fuera de la pantalla, de la imagen, ¡incluso de la historia! Lo que el compositor nos está dejando escuchar hasta ahora es, ni más ni menos, el interior humano. La señorita Marion queda plasmada al cien por cien con las notas que suenan, sus temores e inquietudes mientras recoge su habitación y se marcha con el dinero; el nerviosismo caótico al sentirse descubierta por su jefe (notemos cómo nuestro corazón, en una circunstancia tal, empezaría a bombear sangre como loco, casi golpeando nuestro interior, casi como Herrmann golpea la partitura con las cuatro notas poderosas del inicio del tema principal).

                La aparición de Norman Bates en la historia es interesante. La música continúa su periplo, como igual lo hace la señorita en su huida. Dos ámbitos podemos asociar a la composición: el mundo interior de Marion, sus miedos y circunstancias, y los perfiles misteriosos del mundo Bates que van dibujando las notas, como indicándonos pausadamente con el dedo índice el camino que nos conducen a ellos y que próximo está en llegar. Cuando lo hace, al parar la señorita en el motel y figurar Norman por fin en pantalla, la música calla.





                El giro que encontramos en estos momentos en la historia es habilísimo. Marion ha sido psicoanalizada y personificada, musicalmente hablando, y sólo fijándonos en nuestro ámbito artístico (la música) comprenderemos lo dicho. Herrman une ya las dos vertientes hasta ahora comentadas. La señorita llega al motel y sus inquietudes parecen desaparecer, traspasadas de pronto, casi de forma imperceptible, a Norman Bates y su cosmos interno. Compositor y director manejan la situación asombrosamente y hacen que todo espectador centre su atención casi únicamente en el hombre, su inseguridad, el misterio que envuelve su oficina, los gestos neuróticos de sus conversaciones, la madre… Es un alarde casi de examen opositor: hemos de estar atentos ya que estructuras y melodías empleadas con Marion pasan ahora, sin tapujos clasicistas, a describir y narrar secuencias en las que se intercalan conceptos de ambos personajes. Nos encontramos en el momento máximo de composición intelectual para cine. Absoluta genialidad.

                A los cuarenta y cinco minutos de metraje, la partitura ya centra su cínica obsesión en Bates y su mente fracturada. Es tan potente el momento y, a la vez, tan sutilmente presentado…: la música planea suave y delicada entre los matices dementes del personaje; Marion ha pasado de maniobrar a temer y Bates se columpia alienado, apoyado por las bases eternas e hirientes de Herrmann, que ha resultado inapreciable en el salto de la mujer al hombre, de la mente sana y el acto vandálico a la perturbada y los actos incomprensibles y todo ello usando las mismas estructuras y formas musicales.

                El compositor decide matizar a Bates. ¿Cómo? ¿Cuándo? Estamos inmersos en la fusión del primer mundo (el de la señorita y su robo) con el segundo (el del loco y el motel) y todo ello, como hemos dicho, siguiendo notas, temas y dibujos similares. Aparecen ahora los tonos más agudos de la sección de cuerda, bien diferenciados. Tras la descarada y directa conversación entre ambos en la oficina, Norman se queda solo y comprueba el nombre falso que le ha dado ella: empieza ‘’el mundo Bates’’, su demencia parece despertar definitivamente y Herrmann la describe con ese chirriar contenido de la orquesta. Secuencia importante: el hombre espía a la mujer a través del agujero en la pared. Es la primera vez que se unen en pantalla la imagen del baño, la mujer y el sonido agudo y chirriante del violín, esta vez todo contenido y expectante (estamos ante el adelanto de la famosa escena de la ducha; estos tres elementos volverán a fusionarse de forma violenta pocos minutos después).




                Llegamos a la nombrada secuencia del asesinato en la bañera (cuidado, la estructura y manejo del segundo de los asesinatos son, si cabe, de mayor calidad que en éste, siempre usando los mismos registros sonoros). Dejaremos aparte razones y pretextos por los que todo el mundo reconocería la música y me centraré en lo que, para mí, resulta más importante: tan breve e intenso momento es narrado con semejante fuerza que poco puede decirse que no sean halagos: profundidad, poder, potencia y, sobretodo, contraste. La oposición tan brusca y en tan poco tiempo que Herrmann aplica al suceso es la clave. Sonidos agudos y chillones son golpeados de repente por los graves de la orquesta como si éstos matasen a aquéllos (redimiendo el cruel acto) igual que éstos habían hecho con la chica. Pero lo importante de la escena de la ducha, hablando en referencia a la estructura musical de ‘’Psicosis’’, es lo que el artista nos ofrece justo después: hemos vivido el momento más crudo e impactante y, aún así, la música reinicia el tono sosegado, dulcemente neurótico e intelectualmente calmado de toda la historia. Es, junto al magnífico inicio descrito, la parte fundamental para comprender el significado real de la composición para la película. Herrmann nos vuelve literalmente locos de una forma descarada y plácida.

                Poco a poco, la partitura evoluciona hacia sonidos más prolongados y registros agudos, pero siempre manteniendo el tono suave y tranquilo y sin abandonar el típico diálogo entre violas y violonchelos, generador de la tensión del filme. Los temas también cambian a registros sonoros distintos a los iniciales, dando por concluida la presencia de Marion en el filme y potenciando, ya sí, la parte centrada en Norman Bates. Sutilmente aparecen temas nuevos (fijados en la mansión). El compositor mantiene su exquisito nivel descriptivo, que domina la obra pero que alcanza tal calidad que, siendo apoyo base de multitud de secuencias, ella misma, la música, por sí sola, adquiere la función de guión absoluto.

                 Final apoteósico. Los instantes que le preceden mantienen esa ligera variación mencionada hasta parar en el desenlace, musicalmente poderoso y de nuevo portador del tema de la ducha, con el contraste de los tonos agudos en el momento álgido, frenados (perdonados, redimidos nuevamente, liberados) por los inmediatos graves, como en todos los crímenes acontecidos. El lenguaje musical de Herrmann es admirable. El monólogo de Bates, neurótico y perdido para siempre, en esa imagen fascinante envuelto en la manta y apoyado por las notas de la música, de nuevo pausadas e insolentes, nos conduce al final de todo. Norman explica, en pocos segundos, el ilustre, distinguido y exquisitamente perturbado contenido de esta obra maestra de la música de cine.






                En conclusión, ‘’Psicosis’’ representa una de las pocas obras cumbre en la historia de la composición para cine. Un manejo del lenguaje tan profundo y complejo que el mismísimo Alfred Hitchcock quedó deslumbrado al comprobar cómo su, hasta el momento, poco creíble producción había alcanzado la categoría de obra maestra después de que Bernard Herrmann escribiese su propio guión. Es el ejemplo de cómo un genio de la música de cine convirtió en inmortal una obra que su propio director empezaba a desechar para la gran pantalla.


ESCÚCHALA SI...: no quieres pertenecer al grupo de ignorantes de las más grandes obras de arte de la historia y un genio sin comparación.

NO LA ESCUCHES SI...: lo pretendes y buscas simplemente por saber de dónde sale ''eso'' tan conocido que suena cuando aparece un cuchillo.

RECOMENDACIÓN END TITLES: encarecidamente. 

OTRAS OBRAS DEL AUTOR: ''Vértigo'', ''Con la muerte en los talones''.

PUNTUACIÓN: 10



Antonio Miranda. Enero 2015.



BSO- Vertigo- BERNARD HERRMANN



                          
                           10 sobre 10
  

La locura, el hipnotismo que entrelaza en nuestro devenir tanto vidas como muertes; el amor tal cual hilo fino y delicado a punto de romperse y desencadenar locuras y Bernard Herrmann, sencillo y directo, tejiendo su propia genialidad al servicio del cine.

El inicio musical de la película es extraordinario. Fija profundamente los títulos iniciales resumiendo en sus tres minutos el vértigo absoluto que el protagonista padecerá (Herrmann gasta hasta la saciedad el ir y venir de sus seis notas aplicando continuas versiones de su combinación) y maneja con sutileza, a continuación, la pequeña escena de la persecución. Detalles abundantes durante todo el metraje y composición que, agudizando el estudio, uno percibe ya nada más iniciarse el movimiento con la aparición en pantalla, tras subir las escaleras que les llevan a las azoteas de la ciudad, del delincuente y los dos policías, delineado el brote de sus perfiles por medio de los potentes, y ya siempre presentes, vientos de la orquesta.




El compositor neoyorquino ejemplifica la maestría artística en una de sus mejores obras, centrada principalmente en el ámbito descriptivo de las imágenes y la historia; deja de lado, esta vez, su asombrosa facilidad para la composición absoluta y los arreglos inigualables que muestran la mayoría de sus creaciones. En Vertigo, marca su territorio en una dualidad que acompaña a la historia: vida y muerte, locura y cordura (que en tantos momentos chocan en el relato). El compositor llega, incluso, hasta un minimalismo pronunciado y estirado hasta extremos  límite narrando el seguimiento que el protagonista hace de la mujer. Embriaga e hipnotiza la música en estas escenas continuas y largas, como su música, como la genialidad de hacer de lo simple algo que no llame la atención y, más aún, que no desmerezca su escucha aislada en la cual, si el oyente ‘trabaja’, quedará igualmente cautivado de su hermosura e intención.

Herrmann introduce levemente el órgano cuando la mujer visita la iglesia; ejecuta la música a un ritmo voluntariamente más lento, pesado e hiriente la segunda vez que se sube la escalera de la torre de la iglesia (en uno de los contrastes y detalles, en oposición al ritmo más rápido de la primera subida, más extraordinarios de la música de cine); hipnotiza con las cuerdas intimistas, maquilladas levemente con tonos de inquietud; mata, otorgándole a la orquesta la fuerza repentina de las subidas y bajadas que representan la mente perturbada del protagonista; en definitiva, un registro de detalles y descripciones inigualables en la música de cine que, contrariamente a lo que se pudiera pensar, quedan enriquecidos con la necesaria escucha, paciente y aislada, de la música de este filme.

Concluyendo, una obra exuberante en la descripción y delicada en la composición, que encumbra a Vertigo entre las mejores bandas sonoras jamás compuestas.


ESCÚCHALA SI...: no puedes prescindir de obras maestras.

NO LA ESCUCHES SI...: el estudio musical y elaborado de escenas te es imposible.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: lo es.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: North by northwest, Psycho.

PUNTUACIÓN: 10


Antonio Miranda. Marzo 2014.