MEMORIAS DE ÁFRICA- OUT OF AFRICA/ W.A. MOZART & JOHN BARRY

 


9 sobre 10

OUT OF AFRICA (1985)

JOHN BARRY/W.A. MOZART

Extraordinaria composición de composiciones con una estructura en rectas secantes que supone la sorpresa de cualquier estudioso que se adentre en Memorias de África con la idea de un Barry poderoso, dueño y señor de la partitura: nada más lejos.

La forma en la que el director, Sidney Pollack, organiza la música de esta pausada e interesante película es de una prudencia y estudio verdaderamente ejemplares en la historia de la música creando, finalmente, una sola intención que devalúa individualmente a cada parte (Barry y Mozart) pero que origina un resultado final muy expresivo y sorprendente.

Si has escuchado la excelente partitura de John Barry para el filme y lo visionas por vez primera, tu estupefacción irá creciendo cuando te des cuenta del verdadero sentido de su música, de la auténtica humildad y segundo plano que, en definitiva, Barry acomete y cómo la sonoridad de Mozart va

creciendo de una manera arrolladora.


¿Nos encontramos, quizá, ante dos símbolos claros pero hasta ahora equivocados?: John Barry representa la línea equilibrada y siempre convenida por las circunstancias, como así lo es el 'amor' de conveniencia de la protagonista, que llega a reconocer a un amigo, ante las palabras de éste de si finalmente la mujer se divorciaría, a lo que Karen Blixen responde fríamente: ''...Entonces me quedaría sin nadie...''. Por otra parte, la elegancia y el romanticismo elegante de Mozart pasa a simbolizar los anhelos y la forma vital de amar de él, de Denys Finch, valedor en la historia del amor más puro y verdadero.

Barry compone y aparece con innumerables temas, tal como la dama haría con cualquier circunstancia de su vida. Mozart suena meticulosamente insertado en el filme, primero desde el reproductor de vinilo para luego tomar fuerza y escucharse más poderoso y nítido, sin el aparato en pantalla y con un tema identificativo, el adagio del concierto de clarinete K. 622 del compositor austríaco.



Barry y su música adoptan una línea horizontal plana en la historia; Mozart resulta una línea que, comenzando muy por debajo de la horizontal, la cruza con virulencia hasta hacerse secante y subir muy por encima. Asombroso, teniendo en cuenta la belleza de Barry y la apuesta arriesgadísima del director.

                                   

Finalmente, la música concluye con mesura, abandonado Mozart y presente Barry, quizá como última intención de un giro hacia el espectador que, al igual que con las historias del séptimo arte, ocurra con la música que se ha presentado: ¿es la partitura original una oda al amor ideal obsesivo del ser humano, inalcanzable? ¿Qué comportamiento debiera adherirse al concepto del amor, el de la mujer o el del hombre? ¿Quizá cuando lo vital desaparece y llega la muerte, aquello que nos impedía actuar conforme al ideal se transforma precisamente en éste?

En resumen, una obra conjunta excelente que se nos presenta ordenada, estudiada y, por último, ¿inquietante?


Antonio Miranda

Julio 2021

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