Irremediablemente no busques el sentido a La Dolce Vita en su música, como tampoco lo hagas con la historia de Fellini desde sus secuencias locas y disparatadamente intelectuales. Porque la producción es esto: un culto sinsentido al que aferrarnos cuando las elucubraciones trascendentales nos parezcan interesantes.
La música del genial Nino Rota rompe con su propio significado y acompaña, dinámica y costumbrista, al grupo de acontecimientos que nos harán sentir personas. Bufona elegancia de las trompetas o clarinetes sarcásticos, como bufones son los protagonistas o sarcásticos los contenidos. La aristocracia, ridiculizada según muchos medios dedicados a la crítica, ¡es la mera excusa! ¡Nos encontramos ante la risa por la vida, por todos nosotros!
Disfruta, en definitiva, de un arte intelectual que hiere su grandeza para bajarse al mundo real.
¡Qué deliciosas dos horas de un comedido surrealismo costumbrista, mundano, social y folclórico! ¿Cómo es posible que estos cuatro aspectos tan empíricos sean transformados en un concepto etéreo sin llegar a salir apenas de los alrededores de un pueblo? La respuesta la tiene Nino Rota.
Composición de una inteligencia desbordante. Rota emplea, a lo largo de todo el metraje, una serie de variaciones del tema principal que corresponden a esa unidad que se le debe dar al filme según la orientación que al inicio hemos planteado. Entre director y músico tejen una especie de círculo que anudan con fuerza para que nada de cualquier instante, por muy estraño temporal o espacialmente que ocurra, escape al argumento uniforme que se plantea.
Observemos cómo cualquier giro, cualquier evolución en la apariencia del filme, del costumbrismo al esperpento, no se comparte en la partitura, que mantiene un equilibrio como pocas veces en la historia del cine, imperturbable sea cual sea la extrañeza que presenciemos, silenciosa en instantes dramáticos y fulminando literalmente, en el buen sentido, la caótica escena final mediante la interpretación del anciano ciego de la partitura para los comensales de la boda. Ejemplar.
UNA PENA LA AMALGAMA VARIOPINTA
QUE PRESIDE LA PARTITURA GLOBAL PARA ‘’THE GODFATHER’’, pudiendo haberse
convertido, si en su totalidad hubiera sido compuesta por Rota y exclusivamente
para esta obra, en una de las bandas sonoras, sin duda, cumbres en la historia
del cine. No está, no obstante, muy por debajo de ellas. Veámoslo.
El inicio del filme es
arrollador, indomable diría. La majestuosidad del tema principal es
incuestionable y, de inicio, fija la historia y sus ámbitos de forma absoluta,
lo que le sitúa en ese conjunto de composiciones exclusivas que actúan de tal
manera. La fiesta inicial de la boda comienza esta tipología extraña de
desorden musical que presidirá relativamente el conjunto dando una impresión
doble de equilibrio un tanto arrogante por parte de la distribución del
director. Piezas compuestas por Carmine Coppola (padre del director) y otras
costumbristas junto a alguna de Rota dan forma a un minutaje algo confuso en su
estudio pero que, sin embargo, queda notablemente influenciado por la batuta
del genial compositor italiano y su tema principal, claramente adherido a don
Vito Corleone. Ejemplo máximo de ello lo representa la escena grandiosa del
productor de cine que encuentra la cabeza de su caballo en su cama,
literalmente decapitado por Rota y las modulaciones atonales que drásticamente
fuerza en una de las variaciones de dicho tema, incluso antes de que ninguna
señal haya aparecido. Magnífico.
La obra como concepto global se
reduce a la música de Nino Rota. Las variaciones son múltiples y señas de las
numerosas situaciones que acaecen pero, no hay duda, siempre con la figura
fortísima del padre presente. El vals brota muchas de las veces, curiosa
aplicación del autor hacia la tranquilidad aparente con la que la vida salvaje
de la familia Corleone (vitalizada en la figura hierática del padre) va
desarrollándose como si se tratara de una disposición elegante y firme para con
los problemas. Igualmente hábil y el aspecto más importante para entender el
significado de la partitura en ‘’El Padrino’’.
A mitad de metraje, cuando los
acontecimientos pasan a la región de Sicilia, Rota aplica un bellísimo tema,
muy conocido, variado en numerosas ocasiones de forma magistral pero que ya
había compuesto para la película de Fellini ‘’Fortunella’’ (1958). Una lástima
y obstáculo enorme a superar para considerar esta obra maestra de la música de
cine que tratamos como una de las más grandes de la historia; sin embargo,
hándicap que el artista amortigua mediante un tratamiento sobresaliente durante
los minutos que el tema se enfrenta a la narración de los sucesos en tierras
italianas.
A la muerte de Sonny Corleone
tiroteado en su vehículo y nueva aparición de Vito Corleone ya en pie tras su
convalecencia se juntan las dos impresiones fundamentales de la partitura de
‘’El Padrino’’ y que son, realmente, el resumen definitivo y más potente con el
que la composición logra tan alto nivel: la luz y la sombra. Terminamos esta
primera parte de tierra siciliana con la impresión de la luz y la belleza de la
composición (tema de amor) y regresamos al oscuro mundo de la familia con una
versión del tema principal pausada, siniestra, oculta y espectacular, por tiempo
y aspecto seguramente la forma más conseguida e impactante de toda la obra y
que, no obstante, no llama la atención por su impresión en primer plano. De
todas formas, inigualable.
Un final medido, con la secuencia
del bautismo escuchándose a J.S. Bach y partiendo ligeramente el conjunto (no
hay duda del grandísimo resultado que habría conseguido Rota versionando
‘’religiosamente’’ el tema principal) tal y como ha sucedido en algún otro
instante con las muchas piezas no originales de la obra, cierra la partitura
que pudo ser una pizca más que lo que fue para encumbrarse en lo alto de la
historia pero que, lamentablemente y como hemos visto, no se lo permitieron.