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SAGAS DE CINE- HARRY POTTER- J. Williams, P. Doyle, N. Hooper & A. Desplat.


6.5 sobre 10

HARRY POTTER.

Famosa saga que pudo encumbrarse dentro de la música para cine como una joya incuestionable. Pero, lamentablemente, sus entregas intermedias, cuyos compositores no estuvieron a la altura, la denostaron terriblemente a un nivel medio, si cabe. Errores puntuales, pero importantísimos. Aquí los tenemos: 

1- John Williams compone la segunda entrega pero deja en manos de William Ross su adaptación a las imágenes. Todo ello influye considerablemente en el nivel de esta segunda obra.

2- Patrick Doyle intenta girar el ''mundo Potter'' hacia su estilo. Lo consigue, mas falla estrepitosamente en la narración y apoyo a una escena crucial: la aparición por primera vez del malvado Voldemort. Sin cuerpo ni fuerza, su aporte es insuficiente.

3- Nicholas Hooper, encargado de la quinta y sexta entregas, no consigue, en ningún sentido, alcanzar un nivel suficiente y martillea terriblemente estos dos filmes.

Vayamos, ahora, con todas las películas de la saga.


1
HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL (2001).
JOHN WILLIAMS.


9 sobre 10

                Analizada una obra musical para una saga como la que tratamos, tan llena de detalles, atmósferas y personajes, años después de su formación es, sin duda, fascinante. La primera entrega de todas las partes inicia la referencia de un global que ya, aunque lo pretenda, jamás podrá escapar al ambiente que la partitura del genio John Williams compuso. No podemos concebir absolutamente ninguna minucia de Harry sin su tema principal, lo primero que se escucha y con una introducción que fija todo lo posterior. En media hora, el genio compositor solidifica su tema y presenta otros dos, hermosos y enteros no menos que el primero y, al tiempo, con un apoyo a las imágenes, cuando no narra lo que se ve, que pocos artistas han alcanzado nunca. Hemos de saborear las partituras de Williams, siempre, desde atrás. ¿Qué queremos decir con esto?: tan conocidos y alabados son sus temas que el resto de la obra parezca quedar en segundo plano. No es así y, alejado de todo sentido comercial y fácil, las notas de Williams, sus estructuras y sus capas de composición asombran por la perfección y ’’milimetría’’ artísticas. Ejemplo de todo esto es el fragmento musical, encomiable (aunque no demasiado llamativo) durante el cual Harry conoce todos los lugares maravillosos del Callejón Diagon. Finalizamos, con la llegada de los niños a Howarts, un primer tercio que, escuchando únicamente su partitura, nos daría un contorno y cuerpo bien formados ya sobre el mundo Harry Potter. Fantástico.

Trailer de la película.


                La parte central de la aventura, ya en la escuela de magia, se convierte en un incontable número de detalles, melodías y descripciones en las que el compositor parece desenvolverse como en ningún otro momento. Desde el tema de Howarts, pasando por los instantes de misterio y llegando al atrevimiento de los tres nuevos amigos en la zona prohibida del piso tercero de la residencia: Williams da un nuevo giro y golpea al espectador con la primera pieza de auténtico activo y terror. El músico, sin titubear, va creando un amasijo tan perfecto de narraciones y descripciones que parece nunca antes conseguido. A los pocos minutos, segunda llamada a la atención: el troll. Y en escasos quince minutos, la tercera: el partido de quidditch. Williams rompe con brusquedad el tono lineal de toda su composición en estos tres momentos concretos. No es casualidad ya que músico y su director plantean, en un ternario inteligente y entre la multitudinaria atmósfera de fantasía y algarabía por lo llamativo, el aviso sobre el mundo oscuro y el peligro que, irremediablemente, descansa oculto en la residencia. Los tres breves instantes son concluidos con la prolongación del tercero en una narración musical, como siempre en Williams, asombrosa, tanto en composición como en detalles.

                A punto de cumplirse las dos horas de metraje, inmersos de lleno en el último tercio de la obra y próximo el desenlace, la partitura crece, ilumina y concluye. No lo hace realmente, pero sí en contenido y objetivos: el malvado Voldemort aparece por vez primera y se encara con Harry. Los minutos precedentes, yendo el joven mago por el bosque, son apoyados de una manera tan absoluta por el ‘’maestro’’, acometiendo sutilmente una pieza pausada e inquieta en forma de vals macabro que, sin más, el éxtasis musical ha llegado. Williams no ejerce en esta obra primera de la famosa saga de una forma grandilocuente, fastuosa; lo hace comedido, con toques melódicos elegantes y los tres golpes de atención ya comentados. Este episodio que nos presenta al peligroso personaje es el final de una inquietud que responde al más alto enigma de la historia de Harry Potter: Voldemort. Sin duda, una primera aparición y la música, asociados, insuperable. El desenlace nos guarda una grata sorpresa: el fragmento que el artista compone para la partida de ajedrez, compositivamente hablando, es de lo más potente de la presente obra. Ligeramente por detrás del cara a cara anterior (ya que, en concepto, no representa mayor sentido o idea que la narración de una secuencia), no obstante llega a niveles sobresalientes en cuanto a tema musical concebido.

                En conclusión, un trabajo de altísimo calibre que muestra, dejando de lado el cariz comercial o infantil de la producción, la madurez del artista en un compendio de temas memorables, detalles de sincronización ejemplares y capacidad narrativa y descriptiva como nadie puede demostrar. John Williams, de nuevo, genio del arte actual.


2
HARRY POTTER Y LA CÁMARA SECRETA (2002).
JOHN WILLIAMS.



6 sobre 10.

                John Williams dejó bien afianzado un concepto musical completo en la primera entrega de la saga Harry Potter. Temas extraordinarios, narraciones potentes, un par de secuencias fortísimas y, también, el recuerdo fugaz a la consideración de un gran personaje, casi juntando (por breves instantes y sólo frente a los más audaces) a Darth Vader y Vordemort. Ahora, en la segunda entrega, remontamos en el tiempo, también durante dos o tres segundos, hacia las atmósferas fantásticas de E.T. y su viaje en bici cuando vemos a los niños hacer lo propio en un coche.

Trailer de la película.

                La aventura, algo tediosa y estirada en exceso, invita al compositor a crear una introducción similar a lo ya existente, plantear un par de versionados y por fin, a los cuarenta y cinco minutos de metraje, golpear repentino, como lo hizo en la primera entrega, y despertar la acción con diez segundos majestuosos y, a continuación, el fragmento completo. Williams Ross se encarga, esta vez, de conducir y adaptar una música que nunca superará a la de la primera película y sí, voluntariamente, mantendrá una línea de apoyo absoluto, sin remarcar siquiera escena alguna por encima de las imágenes, superada ya la primera parte de la entrega.

                El cuerpo central de la historia no variará en concepto. El compositor únicamente empleará la imagen de las arañas (primer ‘’golpe’’ antes mencionado) y sus dos o tres secuencias para revitalizar un filme bastante lineal que, obviamente, de igual forma complica a la música. Solamente el final, con la inclusión del tema más llamativo de esta entrega (el del Ave Fénix) y un empuje considerable a la composición y la narración de los hechos, nos hace partícipes de una influencia definitiva del concepto musical.

                En definitiva, una partitura solvente, lineal y descriptiva que, precedida por la primera y magnífica entrega, adolece precisamente de las cualidades de ésta.


3
HARRY POTTER Y EL PRISIONERO DE AZKABAN (2004).
JOHN WILLAMS.




9 sobre 10.


Importante y visible giro en la composición para la tercera entrega de Harry Potter. Dejada de lado la típica introducción, que hastiaría hasta al más optimista de los cinéfilos, la película arranca con gran fuerza y la partitura, dejando claro qué personaje tenemos entre manos, inmediatamente introduce su intención: el vals del hechizo a la tía de Harry y el maravilloso experimento de Williams para el autobús. Ambos: elegantes, con fuerza y líneas quebradas dentro del universo equilibrado que hasta ahora la saga ha presentado. Estamos, sin duda, ante la partitura (por el momento), más atrevida, dinámica y oscura.

Primer tercio de metraje: la obra ya presenta un planteamiento y estabilidad mayores que la antecesora durante todo su contenido. Llegamos a la escena del extraño animal, llamado Hipogrifo, sobre el que Harry vuela los cielos de Howarts. Williams compone un tema referente: melódico, sencillo y sinfónico (y que volverá brevemente al final de la aventura), contrapuesto claramente a la parte descriptiva que, en esta tercera obra del joven mago, ejecuta el músico repleta de guiños de una seria comicidad envidiable y todos ellos, sorprendentemente ahora, orientados al sentido étnico y medieval de la música e, incluso, jazzístico. Un acierto tan arriesgado como conseguido. Sin duda, un paso al frente del compositor que desmiente a las muchas opiniones que tildaron su tercera obra como linealmente similar a las anteriores. En cuarenta y cinco minutos tenemos tres grandes fragmentos, una orientación nueva y atrevida y unos instantes de apoyo que muestran el cariz ancestral ya indicado, jamás enseñado en lo que llevamos de saga. Interesantísimo.


Trailer de la película.


La solvencia atrevida de ‘’El Prisionero de Azkaban’’ se demuestra al completarse la primera hora. El tema de Harry apareció al inicio y ya, de forma asombrosa, no lo hace hasta este momento dicho. Una partitura que basa todo su cuerpo inicial en estructuras y temas distintos al original (y, más aún, plantea novedades y, pese a todo, se mantiene estable a la atmósfera de la saga y el personaje) es, sin duda, una obra de muy alto nivel.

El tercio final, iniciando los acontecimientos con el descubrimiento de las bestias, es fastuoso. La fuerza y dramatismo, incluso terror, con que Williams nos cuenta lo que vemos es, sencillamente, inalcanzable. El protagonismo que cobra la partitura, desde el inicio de la saga, resulta insuperable en un compendio de fragmentos repletos de detalles, ímpetu y un sombrío ambiente que no descansan. Sin duda, unos minutos a niveles de los más altos del compositor en toda su carrera y merecedores de conocimiento y estudio (además de asombro) por cualquier aficionado. Se inicia aquí la estructura formal final a modo de A-B-A, resultando ‘’A’’ los fragmentos activos (el primero, ya comentado, referente a las bestias y el segundo, al desenlace) y ‘’B’’ la sutil, mantenida y elegante parte pausada e inquietante en la que Hermione y Harry marchan atrás en el tiempo. Cómo Williams enlaza las tres divisiones y la forma en la que ellas mismas se insertan en el todo de la obra es ejemplar.

 En conclusión, una de las partituras más formadas y completas de John Williams durante esos años. Firme, innovadora en la saga, equilibrada, con el clavicordio como curioso enlace de muchos conceptos de la composición y el tema principal de Harry empleado estratégicamente al inicio, mitad y final de la entrega. Imprescindible.


4
HARRY POTTER Y EL CÁLIZ DE FUEGO (2005).
PATRICK DOYLE.



6 sobre 10


Primera entrega de la famosa saga en la que John Williams no participa. Compleja tarea para el sucesor, más teniendo en cuenta el valioso trabajo del gran maestro y, sobretodo, la compleja, hermosa y ejemplar partitura que precede a la actual. La tarea, sin lugar a dudas ardua, recayó en manos de un músico serio, técnico y exquisito, elegante como nadie y un estudioso del cine. Patrick Doyle se lanza con frenesí hacia su nuevo desafío y consigue, con rapidez e inteligencia, adentrarnos en un Harry Potter distinto. Ésta es la palabra y forma en que tenemos que definir la presente composición, su orientación y la plasticidad con la que se nos da a conocer durante ya los primeros veinte minutos: Doyle, acudiendo ligeramente al tema conocido del joven mago, decide girar la estructura de la historia si no trescientos sesenta grados sí una amplitud cercana a un voltear suicida y hasta pedante. No obstante, el resultado, escuchada la partitura y vista la introducción del filme es, a todas, de una calidad altísima. El compositor de la inigualable ‘’Sentido y sensibilidad’’ opta por la vertiente absolutamente descriptiva de los hechos y, sin tapujos, presenta ya en este inicio varios temas completamente nuevos, heroicos, rebosantes de belleza y que rápidamente actúan como pinceles que dibujan y colorean los ambientes que rodean a Howarts y los magos. ¿Será esta la decisión final, y completa, de la cuarta entrega de la saga y manteniendo tal nivel de validez? Veámoslo…

Trailer de la película.


Es complicado sumergirse directamente en el mundo ‘’Potter’’ sin escuchar a John Williams. El nivel que el genio norteamericano alcanzó con la primera y tercera entregas fue insuperable. La narración que aparecía en pantalla, complementada con el apoyo y los temas importantes, resulta inalcanzable para cualquier otro compositor. Pese a todo, dejemos esto de lado y acometamos la presente historia cuyo resultado, como he dicho, es notabilísimo hasta el momento y una delicia para los oídos de manos de uno de los grandes compositores del cine actual.

El estilo musical de la obra sigue los pasos del mostrado en el primer tercio: secuencias de apoyo compuestas mediante largas notas de cuerdas y matices nada destacables sobre la imagen y otras importantes potenciadas con los temas y melodías principales. Ejemplo claro y guía para el seguimiento de la forma de esta partitura lo tenemos en la interesante escena de la presentación de la copa que ganará uno de los tres (cuatro con Harry) magos competidores en el torneo de magia o, sin ir más lejos y como muestra de la distinta orientación de Doyle con respecto a Williams, la presencia en pantalla de una secuencia activa (en la que un dragón persigue a Harry) narrada en tiempos medios, algo impensable en el creador de ‘’Star Wars’’ y que Doyle, sin dudarlo, fabrica olvidándose prácticamente de contarnos nada y sí de perfilar y colorear (como hemos dicho al inicio del artículo) el momento.

El final establece, por fin, una sentencia firme y algo complicada de emitir: la composición baja estrepitosamente y un genio de la música como Doyle enferma de gravedad al encontrarse de frente los desenlaces terroríficos y trágicos. No es suficiente con unos acordes prolongados ni con situarse tímidamente por detrás de un acontecimiento tan importante como la llegada, por fin, del malvado Voldemort a la saga. Uno visualiza la escena y, estudiando la música, decae su interés de forma absoluta al no sentir lo que el instante requiere y, sin quererlo, trasladar la idea hasta… ¿y si Williams estuviera aquí? Primer error de gravedad en una saga que, hasta el momento, ofrecía pinceladas siempre interesantes. La diferencia entre un buen compositor y un genio actual reside en ejemplos como éste. El primero cumple su función; el segundo, firme, supera incluso al momento para dar a conocer su mandato y así, sin duda, ofrecer un todo compacto de sensaciones y sentimientos a la imagen.

En conclusión, obra preciosista que se desenvuelve admirablemente en temas melódicos pero que, sorprendentemente en Patrick Doyle, hiere su buen hacer de manera absoluta al final. Una pena. Siempre resulta extremadamente complicado enfrentarse al ya anciano mago de la música de cine.



5
HARRY POTTER Y LA ORDEN DEL FÉNIX (2007).
NICHOLAS HOOPER.




 3 sobre 10


                Quinta entrega de la saga y, desafortunadamente, un parón drástico en su partitura. Hooper firma un trabajo serio, interesante tal vez, pero muy lejos del genial John Williams y del atractivísimo (aunque, finalmente, fallido) Patrick Doyle. La introducción del filme nos sirve para dar fe de lo que decimos: una versionada pieza del tema principal de la saga y, aparte los pocos momentos de apoyo inquietante, un intento de tema nuevo con el que, mientras los magos vuelan todos en grupo con sus escobas, el artista no consigue acompañarles en un querido (pero no conseguido) vuelo a las alturas.

                Partitura sencilla y con cierta elegancia y formalismo. No obstante, transcurrida ya una hora de aventura, pareciere que tal obra haya sido confeccionada mediante un programa de automatismos que jamás modificaran su línea vital. Ni intensidades, ni subidas, bajadas o registros que, incluso, otorguen personalidad a las secuencias. Si bien la composición es suficiente, su aplicación en pantalla ejerce tal efecto negativo en la imagen que la historia resulta lineal, aburrida y vacía de intensidad y atractivo.


Trailer de la película.


                Se ha dicho, en multitud de ocasiones, que la partitura de Hooper no tiene ímpetu musical pero sí funcionalidad en pantalla. En opinión de quien esto escribe, al contrario. Sin duda, la música del artista británico podría escucharse tranquilamente aislada de sus secuencias, en un tono (como he dicho) nada cambiante, muy lineal pero correcto. En pantalla: no funciona absolutamente nada, ni la narración (que apenas existe), ni la descripción (que aburre y, más que describir, rasga), ni siquiera un cariz de presencia.

                En definitiva, composición muy negativa en la interesante saga de Harry Potter. Se pueden rescatar del naufragio musical los inicios de la música para las secuencias finales en las que Harry acude en ayuda de Sirius Black y el instante final en el que Voldemort se introduce en la mente de Potter. Pero, sin embargo, todo esto no resulta suficiente para dar cuerpo a una gran obra que, aunque el autor no lo haya tenido en cuenta, ya venía con una fuerza, personalidad y carácter bien formados.



6
HARRY POTTER Y EL MISTERIO DEL PRÍNCIPE (2009).
NICHOLAS HOOPER.




3.5 sobre 10

                Hemos presenciado, tras el estudio de las entregas hasta la presente, varios e importantes errores en las partituras de la saga ‘’Harry Potter’’. Nos encontramos, lamentablemente, ante otro de ellos.

                Nicholas Hooper ha intentado, sin conseguirlo nunca, crear un propio ‘’mundo Potter’’. La presente obra nos lleva por senderos similares a la primera de las dos películas que el autor completa y, finalmente (a la hora de metraje), termina por tropezar estrepitosamente en una escena ejemplo claro de la mala concepción, entendimiento y trabajo con el que el compositor se ha enfrentado a su trabajo: en el entrenamiento de los alumnos para el deporte del quidditch bien pareciere que la música acompañara, en lugar de a las imágenes propiamente dichas, al paseo matutino de una familia alegre, dicha y optimista. Realmente, el punto central del bajo nivel alcanzado por el compositor en las dos entregas.


Trailer de la película.


                Nicholas Hooper aburre. La saga, globalmente hablando, da cien pasos atrás y llega a hastiar al amante más acérrimo al cine de entretenimiento. Los inicios de fragmentos musicales, en ciertos momentos (los más oscuros), llegan a interesar pero el compositor, agudizando la falta de creatividad en sus entregas, mantiene las notas sin variarlas apenas, lo que anula el efecto atractivo inicial por completo.

                Con unos títulos de crédito que cierran el desatino del autor como compositor de dos entregas de la saga, queda matizada su insuficiente presencia con el prolongado tema final, pausado, romántico y reflejo del sentimiento de pérdida del viejo mago Albus Dumbledore. El único instante acertado. Es más, sigue al episodio crucial en la historia de la muerte del anciano, la cual es inyectada por un episodio musical sin ninguna trascendencia, el tropiezo (sin duda ninguna) más señalado de la larga partitura global para la saga completa.

                En definitiva, cierre a una participación que falla totalmente en un intento de girar ‘’Harry Potter’’ hacia no se sabe qué intenciones. A olvidar y esperando los dos últimos episodios que serían, felizmente, asignados a un genio actual de la música de cine. Lo veremos.


7
HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE, PARTE I (2010).
ALEXANDRE DESPLAT.




8.5 sobre 10
Bastan escasos diez minutos para excitar las almas artísticas a favor de las dos últimas entregas, ‘’musicadas’’ por un genio, y desechar las dos anteriores, completadas equivocadamente y enterradas ya en la historia de la saga, por bien de ésta. Nicholas Hooper no supo dónde se encontraba y a quién se enfrentaba. Desplat, por el contrario, con sutiles iniciales minutos acompañados mediante un apoyo sencillo, serio y firme, completa ya más que su predecesor artista hizo en las dos partituras que se le encomendaron.

Primer largometraje de gran envergadura comercial y acción trepidante en el que se comprometía el ya conocido, en ese momento, compositor francés. Las dudas que su asignación pudieron generar, por el tipo de filme que se trataba, fueron zanjadas de raíz por un genio que, a partir de entonces, no paró de crecer. El matiz inquietante, pausado y misterioso que plantea durante el primer tercio de aventura es extraordinario y aderezado con inteligente disposición por la única secuencia de acción de estos atractivos minutos, mostrando ya una estructura de partitura y unas capas de composición alocada y violentamente conseguidas. Nos encontramos ante su despegue activo y enérgico en el cine. 

 Trailer de la película.


Desplat no reniega del tema principal de Harry Potter, compuesto por John Williams, ni de su original atmósfera. De manera audaz los incorpora a una obra que tiene carácter y personalidad propia. Las narraciones de las secuencias activas rebosan ese aire de terror y tensión que, durante las últimas entregas, habían perdido y la seriedad se apodera de una entrega que ya, en su parte media, se erige como la más compacta y formal, prudente y sensata de toda la saga. Desplat, cómo no, opta por seguir, igualmente, este acertado equilibrio y poco a poco percibimos cómo se sitúa en un cauto segundo plano, sobre todo en la parte central de la presente historia y surge, cual serpiente monstruosa (la secuencia del bicho atacando a Harry y Hermione es, sin duda, sobrecogedora), a golpear al espectador con una violencia (ya no musical, sino cinematográfica absoluta) que pocos artistas actuales podrían conseguir. Exquisita disposición de una partitura que, sin estridencias ni subidas artificiales, crece pausada hasta situarse en un plano principal (sin aparentarlo, repito) indiscutible.

El final es ejemplar, no por su estridencia y apoteósica expiración sino por lo comedido del autor y la unión imagen-música que se produce en la escena última, donde Voldemort consigue la poderosa varita que yacía junto al cadáver enterrado del profesor Dumbledore. La oscuridad artística de la secuencia es extraordinaria y el apoyo que la partitura ofrece: inigualable. Ejemplo de la sobriedad con la que un genio da cuerpo a una gran obra que, en conclusión, es lo que Alexandre Desplat ha conseguido enseñarnos tras el rotundo hundimiento de la saga y su música en las entregas anteriores. Sin duda, tenebrosa e impecable composición para la entrega más seria e inquietante de la saga Harry Potter.


8

HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE, PARTE 2 (2011).
ALEXANDRE DESPLAT.


8.5 sobre 10


                Última entrega de la saga. Oscura, inquietante, fuerte… La prolongación de la anterior y una orientación inicial de absoluto apoyo, como si las notas no dibujaran los contornos de las figuras sino, acertadamente, a la mismísima oscuridad. Y, también como en la partitura precedente del genio francés, ataques violentos a secuencias activas que nos inyectan ‘’agresividad musical’’.

                Dos nuevas intenciones durante el primer tercio de metraje: Desplat introduce más referencias de lo habitual al tema conocido de la saga, lógico acercamiento a una mayor fijación del personaje cuando se acerca ya el final, y varios fragmentos ligeramente optimistas, reflejo de las intenciones conjuntas de todo Howarts contra Voldemort. El choque artístico que producen estas notas con el resto, siniestras en toda su intensidad, es atractivísimo.

 Trailer de la película.


                La segunda parte de la entrega forma un cuerpo global espectacular. Desplat, con astucia, plantea un inicio de drama final adornado con piezas pausadas, todas ellas bien fijadas a las melodías optimistas comentadas, y el nivel alcanzado por la partitura, en apariencia no tan exuberante ni llamativa, sencillamente es sobresaliente. El desenlace primero, previo a la lucha final, es narrado por el director de forma ejemplar y la expectación que se origina ha llegado al punto más alto de toda la saga. El desenlace final, concluyendo, es tratado con la misma solvencia por un compositor que, sin alardes ni extrañas florituras, logra unos temas activos soberbios y unas referencias finales a los temas más conocidos de Harry Potter que sellan, para cerrar todas las entregas, un trabajo del artista francés al nivel con el que John Williams formó la estructura de una historia, ya, terminada.


PUNTUACIÓN DE LA SAGA: 6.5
 

ANTONIO MIRANDA. AGOSTO 2015.








SAGAS DE CINE- ALIEN- J. Goldsmith, J. Horner, E. Goldenthal & J. Frizzell.



7.5 sobre 10

ALIEN

    Conocida saga extraterrestre y de ciencia-ficción en la que la música, en sus entregas iniciales, sufrió un importante vaivén por parte de sus directores, curiosamente en las partes más importantes y de calidad de toda la saga. Fuerte seña de identidad fijada por Jerry Goldsmith en la original que, sin duda, fue la obra globalmente más completa y destacable. La segunda entrega, más activa, no desmereció y la tercera y la cuarta, con pésimas producciones cinematográficas a sus espaldas, cumplían a la perfección como obras inquietas y oscuras, únicas referencias de la tercera y cuarta entrega.



ALIEN: EL OCTAVO PASAJERO (1979).
JERRY GOLDSMITH.



PUNTUACIÓN DE LA MÚSICA(ORIGINAL Y RECHAZADA) EN EL FILME: 6
PUNTUACIÓN DE LA MÚSICA ORIGINAL COMPLETA DEL AUTOR: 9


                Existen casos, en la historia del cine, en los que decisiones de última hora por parte de los directores benefician a sus obras y otros, irremediablemente, perjudican. En el ámbito de la música de cine encontramos dos acontecimientos excepcionales en creaciones de máximo nivel artístico. En la exquisita ‘’2001: una odisea en el espacio’’, Stanley Kubrick acertó a la hora de girar el sentido de su historia y desechar la partitura del genial Alex North, aventurera y poco profunda. En el caso de Ridley Scott para ‘’Alien, el octavo pasajero’’, resulta al contrario. El filme mantiene una atmósfera impactante, tensa y lóbrega. Sin duda, conociendo la composición del genio californiano, su completa adhesión a las imágenes habría alzado, aún más si cabe,  esta creación mítica hasta niveles desconocidos. Una lástima que el director optase por rechazar parte de la partitura de Goldsmith y emplear motivos de otras bandas sonoras suyas anteriores (‘’Freud’’, de John Huston) y alguna pieza clásica. Apuntada dicha contrariedad, vayamos con el estudio.

                El artista planta su sello desde el comienzo. La sutileza con que va a tratar la obra es tal que nadie diría se tratara de un filme de terror. Su pragmatismo parcial es extraordinario, llevándonos (al parar el análisis en algo más que lo que vemos) hacia mundos más especiales, inquietos y atractivos que un simple espanto. Los títulos iniciales, sencillos y pausados, son un ejemplo a seguir por cualquier artista que se acerque a la creación cinematográfica. Los posteriores minutos, a modo de introducción (en los que el autor está presente con su obra original), igualmente relevantes y mostrando, ya de antemano y directo, el carácter autoritario de la venidera criatura extraña a modo de paseo por la nave, como presente en todo lo que vemos mediante el alma etérea de la música del compositor. Medido, calmado y horrorosamente agobiante. Su función es descriptiva, pero llega más allá: invoca voluntariamente la extraña realidad del alienígena y mantiene, con la llegada de la expedición a la zona investigada, unos tonos (mediante las cuerdas) cercanos al mejor Ligety de ‘’2001’’, no obstante con un matiz propio y los golpes de arco sobre la cuerda del instrumento como patrón especial de su composición que, a los pocos minutos, consuman su significado en una escena sublime, tanto en imagen como en partitura, un momento espeluznantemente descrito por Goldsmith: los golpes de arco (siempre aderezados mediante un ‘’delay’’ electrónico) pasan ahora a fomentar un ritmo mucho más lento que antes, reflejo de la forma extraterrestre que acaban de descubrir los expedicionarios, un cuerpo terrible y gigante, también como lo son los intentos (soberbios) del músico por darle forma mediante su composición. Plausible pero, al tiempo, difícil para el oído cómodo; atractivo para el inquieto y ejemplo de cómo el compositor moldea a su gusto la forma pétrea del monstruo. Vamos concienciando a nuestra atención de cómo el autor, hábilmente, ha sobrepasado los clichés de su época en cuanto al sinfonismo en las películas de ciencia ficción (‘’Star wars’’) y arriesga su forma y estructura hacia mundos más enigmáticos y experimentales, también reflejo del ambiente y lugares fríos, oscuros y siniestros en los que se mueven los protagonistas.



Trailer de la película.


                La supuesta muerte del alien descubierto, ya en la nave, y su posterior vuelta a la vida parecen marcar un punto de inflexión en la trama. Así es: la inquietud toma un sendero distinto y se convierte en preocupación y miedo. Goldsmith suena y dota a la aventura de una personalidad fuerte y fija, dejando para ‘’ocasiones musicales’’ más llevaderas la partitura no original o, tal vez, siendo esas secuencias pasajeras de tal insustancial calibre descritas por carecer, precisamente, de base melódica o atonal fijada para tal menester por el compositor. La partitura atonal por un lado y los motivos melódicos, sencillos y directos, por otro, son la dualidad en la que el músico fundamenta los cimientos potentes de su creación y así mantenerse en una línea similar y equilibrada durante toda la historia (el tiempo que le permiten), introduciendo a partir de ahora los fragmentos más trepidantes, coincidiendo con el giro de la aventura (pese a todo, no sonando todos ellos de forma completa ni, de la misma forma, todos los que compuso, con lo que nos percatamos fácilmente, escuchando su parte rechazada, el camino correcto que el compositor optó por seguir, contrario al gran fallo del director).  Nos encontramos en un instante crucial: avanza y crece la tensión al tiempo que la historia  y el desarrollo de los personajes, por encima de todos el monstruo y la suboficial Ripley (Sigourney Weaver); no lo hace la partitura. Gran traba al conjunto global del argumento, tal vez poco perceptible desde el visionado tranquilo del filme pero, sin duda, presente. Goldsmith se ve trabado por la decisión final del montaje y demuestra, una vez más, cómo la música puede llegar a ser un fundamento crucial en el guión de una película y estar, absolutamente, por encima de muchos puntos en principio más importantes. Varias de las piezas no originales son la causa de este tropiezo marcado. Sigamos.


Banda sonora.


                El tema principal de la obra fija el final. Astutamente (como no debía ser de otra manera), el director opta por dar la presencia más definida de Goldsmith mediante el uso de los pequeños fragmentos melódicos, más identificables, y así ‘’pegar’’ la atención última de los espectadores (inteligente guiño de su parte pero, absolutamente, una pésima trampa musical, perceptible y grave a oídos del más inquieto y tenaz estudioso de la partitura). Las secuencias activas aparecen marcadas sutilmente por pequeños fragmentos, como ya hemos indicado, o, bien, por la obra no original o el silencio (acertada postura ésta). En definitiva, una mezcolanza algo extraña en el resultado final y que, si bien es concluida mediante unos créditos finales que no desajustan en gran medida una línea aparente (Sinfonía nº 2, ‘’The romantic’’, de Haward Hanson), sí manifiestan (conociendo los compuestos por el autor) ese lado débil en el que el director ha optado por introducir la música.

                En definitiva, obra mayúscula del artista, sin duda referente en el ámbito del terror y la ciencia-ficción, y error inadmisible del director en la elección y organización de la música para su película, que le supone un inconveniente de estructura muy importante.




ALIENS: EL REGRESO (1986).
JAMES HORNER.


9 sobre 10


                ‘’Misión a Júpiter’’. El inicio de la encomienda nos presenta un nuevo y crucial personaje: el ordenador de la serie 9000 Hal, descrito inteligentemente por Kubrick al aplicar en pantalla el adagio de la ‘’Gayane ballet suite’’, del compositor soviético de origen armenio Aram Khachaturiam, una estupenda pieza de gamas tranquilas y ligeramente enigmáticas, como va a resultar la evolución de la máquina en la historia. Magnífico inicio de esta parte para nada asociado con el ambiente tranquilo y pausado de la expedición espacial y sí, como se indica, con el ordenador Hal.

                No, hablo de Aliens, el estudio de 2001 queda en otro lugar, mas resulta inquietante la relación entre la pieza clásica de Khachaturiam asociada a Hal y los fragmentos pausados de la partitura de Horner para el inicio de ‘’Aliens: el regreso’’, directamente inyectados en el monstruo (sus notas, estructuras y capas son muy similares). En 2001, la pieza musical aludía al carácter desconocido y misterioso de la máquina, el único personaje sentimental (humano) de la expedición; el monstruo, igualmente indescifrable, ahora toma matices también humanos, siendo él la inteligencia escurridiza y violenta que actúa (simulando el comportamiento del hombre en la ostentosa forma de evolución social). ¿Casualidad, plagio, homenaje o intención directa de director y compositor? Cada uno que juzgue por sí mismo pero, no hay duda, la relación planteada es interesantísima.

                Un joven James Horner (que triunfaría años más tarde también junto a Cameron y de forma arrolladora; ‘’Titanic’’, ‘’Avatar’’), tomando como base la referencia a 2001 mencionada y los matices percusivos de Jerry Goldsmith para la primera entrega de la saga, inicia una partitura que toma primer plano ya en el inicio: deja muy claro el camino a seguir, asfixiante, potente y fortísimo. Un ligero ladeo respecto al ambiente experimental y etéreo de la primera película empieza a mostrarse y ejemplo de ello es la secuencia inicial del sueño de Ripley. Extraordinaria narración, breve y espantosa. A partir de aquí, el primer cuarto de cinta transcurrirá pausado entre sonoridades atmosféricas y los redobles de caja, muestra de que, esta vez, la batalla se plantea desde el inicio (y desde la vertiente voluntaria del hombre hacia el bicho). Sin duda, la historia fluctúa ostensiblemente y alcanza inquietudes fuertes en las breves imágenes especiales, que nos hacen ver realmente dónde se sitúa la acción (los devenires mundanos del equipo de soldados resulta, por momento, pesadísimo y trivial y aleja, apartado este voluntario por parte de Cameron, a esta entrega de la perfección completa y seriedad de la primera).


Trailer de la película.


                Horner ha permanecido la mitad de historia agazapado, tímido, como el monstruo. El final de la primera parte es un ‘’saltito’’ más del compositor como viva imagen en forma de notas del cuerpo extraño y extraterrestre que aguarda oculto: los golpes sintetizados de los arcos sobre las cuerdas, como usó Goldsmith, reflejan el brinco del ente sobre las mentes de los marines, para quedarse ya pegado a ellos. La inspección que efectúan de los restos de la colonia es intensísima y dramática, sin alardes, sin provocaciones, con el simple uso del efecto sonoro que decimos. Una forma inteligente de esperar el ataque próximo. Horner narra la historia con un simple sonido.

                El final de la primera parte, pausada y sin sobresaltos, es una delicia de narración musical, pocas veces vista en pantalla en una película del género. Horner une tres conceptos de personaje-música básicos, los tres continuados en una línea única magistral: primero, la locura del teniente Gorman, sin saber dar solución a la masacre de sus hombres (mediante el chirriar progresivo de las cuerdas, que no denotan terror sino el bloqueo mental del militar). Segundo, la actitud de Ripley, tomando las riendas del problema (el ritmo y la orquesta aparecen por primera vez con una postura cercana al misterio). Tercero, el terror acude a la batuta del compositor en su plenitud máxima. La secuencia de acción es contada magistralmente. La partitura refleja ya la aparición primera del monstruo y la adrenalina absoluta termina por explotar. Empieza el horror, más allá de cualquier otra intención (que sí había en ‘’Alien: el octavo pasajero’’).

                El crecimiento inteligente de la obra de James Horner para la segunda entrega de la saga ‘’Alien’’ es ejemplar. Lo estamos viendo. Su concepto del ‘’animal’’ y de la historia (junto al director) es distinto al anterior de Goldsmith y Scott. Las secuencias son más directas y la composición se acerca a la brutalidad (no exenta de intención y cierta anterior sutilidad). El poco tiempo que el músico tuvo para la composición y grabación hace pensar si tal vez, alargando más los plazos, no hubiéramos encontrado en pantalla una obra de arte pocas veces conseguida. El resultado final, que trajo consigo la enemistad de director y compositor, se acerca mucho.

                Existe una gran diferencia entre la primera y la segunda entrega de ‘’Alien’’. Ahora, en ‘’El regreso’’, las intenciones van por otros senderos, bien diferentes a la continua presencia del alien durante cualquier instante de la primera de las producciones. La música también se ve afectada por esto. Si bien Goldsmith fluctuaba entre la inquietud, el horror y la intriga (usando siempre los medios tiempos), ahora Horner imprime un estilo más variado y una partitura múltiple. La presencia del maléfico ser, como ente, ya no existe; ahora lo hace como monstruo horrible y su forma, ya definida y su número, múltiple, son elementos que le dan un aspecto más directo y menos ‘’intelectual’’ que en ‘’Alien: el octavo pasajero’’. Horner, durante esta segunda parte, siguiendo lo comentado, aparece en contadas ocasiones, únicamente cuando los aliens entran en escena y el peligro es evidente.




                Gráficamente, el final es espectacular. La secuencia última de Ripley y la niña descubriendo el nido de huevos de la Madre Alien inyecta al espectador-oyente una cantidad de violencia absoluta… ¡sin necesidad de ningún tipo de acción! Asombroso colofón. La orientación activa y directa de toda la película cambia drásticamente en esta secuencia, en su inicio. Horner delinea los perfiles plásticos y brutales del monstruo por excelencia de una manera delicadísima, poderosa. A cualquier amante del estudio artístico, tras los golpes frenéticos de la orquesta durante las matanzas, sólo le produce inquietud y éxtasis intelectual la escena que presenciamos. La respiración de la bestia toma forma de nota cual graves de las cuerdas entonando altivamente la llegada de la muerte. El compositor acudió a los matices más etéreos (señal de identidad de la primera entrega) durante escasos minutos, anteriores a la primera aparición de los monstruos. Ahora vuelve a retomar esa olvidada estructura para cerrar una partitura que, sólo con su final, es ejemplar, violentamente prudente y exquisita. Aquí concluye la obra. El frenético cierre no es más que una nueva demostración del autor de su excelente capacidad narrativa.

                En conclusión, una obra que toma orientaciones distintas a las de la primera entrega, con una narración portentosa de los instantes de acción, gran orquestación y fuerza y un matiz trascendental que, si bien aparece poquísimo, cierra de forma envidiable la creación. Gran trabajo.



ALIEN 3 (1992).
ELLIOT GOLDENTHAL.



7 sobre 10


Los primeros veinte minutos de la partitura de Goldenthal para Alien 3 pululan alrededor de un argumento que quiere pero no puede. Su solidez es poco estable y peca de mantener un tono similar al de la aventura. Deambula por lo descriptivo, lo inquietante y lo atmosférico. Tras los minutos comentados, el artista da un salto y aparece. Sus notas, su tono y su ambiente son propios: sin duda, es Goldenthal.

Elliot Goldenthal ha caminado por los senderos de la música de cine a modo de resistencia aeróbica, pausado, tranquilo y sin prisas; pero firme y atractivísimo. Eso sí, lo último nunca para los oídos cómodos y comerciales. Así se muestra en ‘’Alien 3’’. Llegamos a la media hora de metraje, primer cuarto, y el compositor se ha dedicado a reflejar el ambiente de la cárcel, claustrofóbico pero al tiempo romántico, idealista y cercano a la religión (que profesan los reclusos). Goldenthal camina entre los ambientes sintetizados y la historia de ‘’amor’’ que va fraguándose entre el médico y Ripley. El monstruo aún no ha aparecido. Veamos…


Trailer de la película.

La primera hora, por fin, termina. La desazón que produce el argumento ridículo (escenas infantiles y diálogos desechables) es absolutamente devastadora. La partitura parece contagiarse pero, afortunados todos, vuelve a despegar y mantiene su aire, esta vez (en la tercera entrega) basando su estructura en el ambiente genérico que brota de la aventura y no, como en sus antecesoras, en el monstruo. Goldenthal se limita a crear un instante de terror cuando el bicho aparece en escena. A partir de la secuencia en la que Ripley descubre en su interior ‘’el peligro’’, el interés despierta. La escena es sutilmente apoyada por el artista, sus pads interminables sitúan por detrás de todo su intención y consiguen dibujar ese pequeño entusiasmo terrorífico que la historia necesita.

Se precisa de la escucha aislada para comprender el significado y alcance de la partitura. El final de la historia rompe con todo, con su cuerpo, con la trascendencia de su sonido e incluso la función. Goldenthal es sobrepasado por el horroroso espectáculo que presenciamos. Ni si quiera deberíamos tomar en consideración la función religiosa que muchos han querido dar a la música del artista (y que, antes mencionada, parece ser presencia lógica en pantalla). Goldenthal siempre lo es: místico. La imagen de unos torpes presos acogidos a la ley de la creencia es tan baja, tan insignificante y tan esperpénticas sus palabras o sentencias que poco o nada tienen que ver con una orientación divina. En definitiva, una partitura notable únicamente en su sentido puramente musical. Su aplicación en pantalla es tan floja, por culpa de la pésima película, que nunca el compositor debiera haber aceptado el trabajo. Recomendable de forma aislada; desechable en pantalla.


Banda sonora.


ALIEN RESURRECTION (1997).
JOHN FRIZZELL.



7.5 sobre 10

                El comienzo de firmeza sonora de la cuarta entrega de la saga ‘’Alien’’ no puede chocar más de frente contra un muro de formaciones ridículas y rechazables. Es evidente la limitación a la que el artista se ve sometido, tanto por el contenido de la cinta y su argumento (acompañado de secuencias vacías) como por el deseo del director por dar a su historia un aire ‘’alien’’ mediante el empleo de sonidos, notas y referencias a scores de las otras entregas y, en especial, de la primera (usando uno de los temas principales) y la tercera. Incluso la secuencia en la que el productor se atreve a introducir una pieza de música clásica resulta caótica y de falta de sentido absoluto. La partitura, sin duda, va a quedar apartada en un rincón, fuera de todo y todos, aunque quizá sea el rincón de lo salvable. Veamos.

                Llegando la mitad de la aventura, Frizzell ha tomado, más que nunca en cualquier entrega de la saga, el mando de todo. La baja calidad de la producción facilita la tremenda posición, en primer plano, de la composición, llevando ahora la orientación hacia el sentido del terror puro, cuando ya los aliens son bien conocidos, trabajados y estudiados, para nada una incógnita en la vida de las personas que los tratan. La orquestación notable del compositor, siempre clásica, le da un aire de majestuosidad importante. Junto con la presencia de los bichos en pantalla es, sin duda, lo mejor de la película.




                La parte central del metraje no deja de ser una presencia más de la partitura y, ya esta vez, con demasiadas estructuras repetidas basadas en líneas de composición narrativas que delinean de forma positiva los sucesos. Ligeras variaciones que inquietan, atraen y llegan a gustar. La escena en la que los expedicionarios huyen de los aliens, bajo las aguas, es reseñable. Frizzell compuso la escena hasta tres veces, desechada siempre por Jean-Pierre Jeunet, el director, sin explicación ninguna. El artista regresaba a su estudio y, de forma encomiable, preparaba otra pieza durante esa misma semana que, de nuevo, Jeunet repudiaba. Finalmente, con la tercera de ellas, el director (sorprendentemente) optó por una mezcla de gran minutaje de la primera y algo de la tercera. Curioso.




                La conclusión eleva muchísimo el nivel narrativo y compositivo global. La secuencia directa y potente del parto de la Reina alien resulta exquisita. Frizzell contiene su fuerza y la transforma en amenaza. Los créditos finales: potentes y elevados. Un final, sin duda, que impulsa a la partitura un poco más arriba de lo hasta ahora presentado y una obra global que no se queda considerablemente por detrás del resto de la saga sino que, de forma trabajada y progresiva, logra un nivel importante muy por encima de la historia que se nos ha contado. Línea estilística proyección de la inmediata anterior de Elliot Goldenthal. Interesante.




Antonio Miranda. Julio 2015.