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LA GUERRA DE LAS GALAXIAS.
EPISODIO V: EL IMPERIO CONTRAATACA (1980).
JOHN WILLIAMS.
Segunda
entrega en el tiempo y quinta argumental. Williams da un paso, respecto a su
antecesora, y se planta de lleno en un comienzo de historia oscuro, intrigante
y fuerte. Un par de alusiones a temas principales y la magnífica escena de
Skywalker escapando del monstruo que le capturó. Curiosamente, las dos segundas
partes de ambas trilogías suponen un cambio ostensible de orientación en sus
inicios. Veamos cómo evoluciona la presente.
Efectivamente,
no alcanzado el final del primer cuarto, la partitura, tras estos atisbos de
misterio, golpea frontalmente con la llegada a imagen del Impero y Darth Vader.
La Marcha Imperial nace con cuerpo absoluto y letal, una puntilla al ambiente
de cierto terror que hemos captado y la vía libre a la obra maestra que estamos
presenciando. Minutos antes, cuando las naves buscan a los perdidos amigos en
la nieve, Williams lanza su sinfonismo cinematográfico de nuevo a primer nivel
y planta las bases (con su comienzo orquestal y mandando los violines como base
rítmica, creando una línea continua y potente), de muchas de las obras de
acción modernas.
No
concluye apenas este primer tercio de metraje y la absorción de genialidades
que adquiere la obra es inaudita. La obra maestra creada por Williams para el
episodio anterior, el origen de todos, no sólo es mantenida ahora sino superada
de forma incuestionable. Los temas nacidos en el Episodio IV, que configuraban
el cuerpo compositivo del autor, moviéndose hábilmente en la partitura, pero
siempre con ellos, ahora se susurran con destreza mayor, insertados entre
notas, ritmos y estructuras nuevas mucho más ágiles y dinámicas y con una capa
de formas melódicas mayor. La batalla entre la avanzadilla del Imperio y los
rebeldes intentando escapar es, sencillamente, envidiable. Cómo la composición
alcanza un grado excelso a inicios de la década de los años 80 usando un ritmo
narrativo máximo (y que será la base de la mayor parte de la trilogía de los
episodios I, II y III) y dulcemente colocando el tema de la Fuerza y la Marcha
Imperial entre disparos, huídas y muertes es, sin duda, de lo mejor que se ha
creado para una secuencia de acción en la historia del cine. Imprescindible
para cualquier amante del Arte. Primer cuarto de historia musicalmente
notabilísimo, concluyendo estos inolvidables minutos de partitura con las
deliciosas melodías para el Halcón Milenario encontrando descanso en su
quebrada aventura espacial. Veamos si Williams mantiene el nivel.
La
segunda parte de la aventura llega entre secuencias más pausadas. La ardorosa
casi primera hora de metraje, tan extraordinaria, es ahora contrastada por el
motivo del maestro Yoda, tierno, exquisito, de aires ‘’supermanianos’’ y con
una elegancia y detalle que, pasado el umbral de la acción, la partitura en
absoluto decrece. La película, como tal, ha dado un salto en calidad respecto a
su precuela y ahora deambula manejada, como siempre, por el compositor. Un
tercer cuarto sólido y descriptivo da el paso al éxtasis de la obra: la última
parte, iniciada a modo de ‘’Réquiem’’ compositivo, con Vader como protagonista
y el ambiente oscuro que se genera en el crionizador, es excepcional. El tema
principal de la saga (la fanfarria que da paso a todos los capítulos) deja de
aparecer, como lo hacía hasta ahora para dar cuerpo y sentido a los momentos de
acción, y el transcurrir del movimiento queda en manos de un tono grande y
poderoso y una capacidad para narrar y convertir las escenas varias en una sola
y única que sorprende. No encontramos una exposición tan grandilocuente como en
otros momentos o episodios pero, sin duda, vamos a presenciar una de las
estampas cinematográficas mejor compuestas e interpretadas de la historia.
La
secuencia última entre Darth Vader y Luke (su hijo) es artísticamente un salto
enorme, sorprendiéndonos que esto pueda suceder tras haber escuchado la
partitura adjunta a la historia durante más de hora y media. La maestría con la
que Williams trata esta escena es absoluta, manteniendo un silencio inicial que
abruptamente es roto cuando ambos conversan sobre su verdadera naturaleza.
Vader vence; el chico se mantiene, herido, sobre el abismo, al cual mira y que
aparece diseñado a modo de espiral vertiginosa, cual escalera de caracol en
‘’Vértigo’’. A la mente de cualquier
inquieto o estudioso de la música de cine le viene ahora la composición de
Bernard Herrmann para aquella mítica escena de la película nombrada, resuelta
con tanta solvencia y dominio que resulta imposible imaginar otra secuencia de
la misma tipología y que no sea concebida como él hizo. Esto es así, imposible,
excepto si hablamos del otro genio del arte de la música en el cine. Resulta
tan grande (o más, teniendo en cuenta no caer en el precedente) solucionar esta
pequeña imagen de vértigo, que nos lleva sin remedio a la otra mencionada, de
una manera original y propia que comprobar el choque, contraste y
enfrentamiento de las dos soluciones encontradas por ambos artistas es de una
satisfacción artística máxima. Ninguna de las dos tapa a la otra y ninguno de
los compositores desmerece ni supera al otro. Extraordinario. Williams aplica
un breve sonido de violines y continúa, tranquilamente, meditado todo, con la
narración de los últimos acontecimientos que nos llevan al final de la
aventura.
Concluyendo,
‘’El Imperio contraataca’’ supone la cima compositiva de toda la saga, sin duda
alguna, con un dominio de todo matiz que llega a impresionar. Ninguna grieta a su escucha aislada y, menos
aún, a su aplicación en pantalla. Punto de inflexión en la historia de la
música de cine: el renacer del sinfonismo y el adelanto de la música de acción
moderna. Una joya.
ESCÚCHALA SI...: no quieres dejar de lado uno de los tesoros del arte actual.
NO LA ESCUCHES SI...: no hay motivos.
RECOMENDACIÓN END TITLES: absolutamente imprescindible.
OTRAS OBRAS DEL AUTOR: ''Minority report'', ''Catch me if you can''.
PUNTUACIÓN: 10
Antonio Miranda. Octubre 2015.
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