LA ETERNIDAD Y UN DÍA- Theodoros Angelopoulos- 1998




9 sobre 10

Pudo ser absoluta poesía...

  ...y se mantuvo nadando sobre las aguas tranquilas de un poema, pero hermoso y contundente; triste y filosófico, el devenir humano queda fijado con fuerza mediante el costumbrismo de escenas y vivencias que un viejo escritor enfermo, próximo a morir, experimenta durante su último día en libertad. Acudirá, al día siguiente, al hospital, pero pronto su vida queda golpeada por el pensamiento y el recuerdo, por un niño y su pureza, por contrastes entre secuencias absolutas y otras mundanas que empobrecen levemente el posible escrito poético puro que se vislumbra a cada paso pero que, con esta oposición de planteamientos, no termina de alzarse de forma absoluta, a juicio de quien esto escribe.




  La partitura de la compositora Eleni Karaindrou: acertada, no sublime. Dos puntos se echan en falta: algo más de profundidad filosófica en sus notas para con el protagonista y tal vez su presencia en ciertos instantes de meditación. Por supuesto, ambos aspectos enmarcados ya dentro del gusto personal, en cuyo trabajo el director se decantó (y seguramente con acierto) en otra línea a la que planteo. 

Sin duda, recomendable.

Antonio Miranda. Octubre 2014.


RÍO ROJO- Dimitri Tiomkin.





8 sobre 10


RED RIVER (1948).

DIMITRI TIOMKIN.


‘’Os voy a colgar’’.

Obra de gran trascendencia en la historia del western y en la propia del compositor.

La primera escena es narrada hábilmente por el maestro ruso. Dos claras vertientes identificadas con las dos que muestra en la composición de dicha secuencia: la aventura épica que apunto está de iniciarse y, por otro lado, el conflicto amoroso al despedirse de la mujer (que refleja el lado más sentimental y social del filme), unas notas bajadas de tono y ligeramente oscuras; la agilidad del músico, como si de un acróbata se tratara, sucede en seguida, girando este tono trágico con el que describe a la mujer (al amor) en la despedida con el que adopta cuando el protagonista, tras matar a uno de los indios que les atacan (gran asociación música-imagen, con uno de los recursos que entonces comenzaban a florecer en la música del séptimo arte, marcando golpes de cuchillo con golpes de orquesta), descubre en su víctima la pulsera que le regaló a la dama y que tanto dará que hablar, sutilmente, durante el metraje. Ahora, el tono ya no es dramático, oscuro…sino todo lo contrario. Observemos la curiosa oposición que ejerce Tiomkin: mujer en vida (música ligeramente oscura), mujer muerta (música dulce y evocadora). Esta escena, en la que los dos amigos aguardan el ataque de los indios, es magistral. Tensión, dramatismo, evocación y el protagonista que, frío y rudo, opta por mantenerse vital y aislado de cualquier tipo de sentimentalismo. Lo rechaza, lo ignora; no así la música, que ejerce de marcada, oculta y misteriosa alma de Tom Dunson. Magistral.





La narración de la película, a nivel musical, es de un nivel altísimo; nos encontramos ante  una pequeña odisea, una aventura llena de singularidades y peripecias. Un ejemplo de la maravilla explicativa que usa Tiomkin lo tenemos, igualmente, al inicio de la obra: la aparición del chico, que llega desde la tragedia de los indios con la caravana, y su diálogo con los dos protagonistas es, simplemente, fastuosa. Merece la pena centrarse en este pequeño momento y aislarse en él y sus notas, el diálogo, el pensamiento del niño. Estudiar brevemente este momento es alcanzar a comprender cómo se va a desarrollar el trabajo del compositor ruso para Río Rojo; recuerdos del pequeño, los repentinos golpes que recibe, la aparición de la pistola… Todos los detalles de este par de minutos deberían ser vistos y oídos por cualquier amante del arte en sí; cómo el compositor apoya, componiendo absolutamente más imágenes que música, el recorrido completo de la escena. Si tras su estudio nos atreviéramos a escuchar, sólo escuchar, la secuencia, todos seríamos capaces de narrarla exactamente cómo sucede en la película sin necesidad de tener las imágenes delante.





En el filme quedan intercalados pequeños momentos de intensidad más intelectual que aventurera, si bien este último matiz es el principal en la obra de Howard Hawks y se hace mayor cuando la caravana de ganado parte hacia Missouri. Aquí es donde Tiomkin desgrana al máximo el uso del tema principal de la película, directo, sencillo y optimista y versionado, a partir de aquí, en todo momento. La música, definitivamente, cuenta, explica y deja los momentos más trascendentales, siempre dialogados, al silencio. En mi opinión, los únicos en los que el compositor se adentra en los personajes, concretamente en el principal, es al inicio, antes comentado, sobrepasando la linde de la imagen, y cuando es desnudado de sus poderes por los hombres que le acompañan. Aquí, Tiomkin usa una metodología próxima a la escena inicial en la que muere el indio y ve la pulsera de su mujer. Ahora no golpea, ahora hiere con la orquesta. ‘’Os voy a colgar’’. Esta escena, musicalmente hablando muy poderosa, resume el recorrido de Tom Dunson durante toda la película y ‘’grita’’ el drama interno que el ganadero sufre y que jamás saldrá de su propio interior. Tiomkin mata a Dunson, así, drásticamente, sin contemplaciones, arañando su alma, mostrándola al intrépido y atento espectador y se mete al tiempo en las mentes y deseos de su ahijado y compañeros, que no lo hacen, que no disparan sobre él, apiadándose de su vida casi de forma inexplicable. Es extraordinario cómo el compositor acaba con Dunson que, al tiempo, sigue vivo y presente en la película de forma casi fantasmagórica. Una metafórica y maestra forma de componer cine y que, en este caso, adelanta el final gracias a la gran composición del maestro Tiomkin.





En resumen, composición estudiada y muy cuidada basada casi por entero en múltiples variaciones de un tema principal y con pequeños toques de magnificencia con los que Dimitri Tiomkin guía y resúme los aspectos más intensos del filme.


ESCÚCHALA SI...: quieres aprender de uno de los maestros de todos los tiempos de la música de cine.

NO LA ESCUCHES SI...: eres fiel seguidor de la música de cine moderna.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: lo es, en su género.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''El álamo'', ''Río Bravo''.

PUNTUACIÓN: 8


Antonio Miranda. Octubre 2014.






EL JUEZ- David Dobkin- 2014





6 sobre 10

    Obra convencional en su concepto genérico; un argumento poco atractivo, aunque muy bien narrado. Elementos correctamente empastados en el conjunto pero con ideas y estructuras muy convencionales que aún provocan mayor admiración hacia el ámbito más importante del filme: las interpretaciones masculinas. Ambas, las de los dos protagonistas, exquisitas y que crecen paulatinamente a medida que el argumento se desarrolla.





    Una partitura musical decepcionante del genio Thomas Newman, uno de los grandes de la historia pero que se limita a trivializar su apoyo a las escenas con fragmentos muy típicos de sus anteriores trabajos.

    Un final que, lejos de ser interesante, alcanza cotas sentimentales fuertes y nada melindrosas y presenta una gran secuencia final.



  En definitiva, recomendada para los amantes de la interpretación, sin duda alguna, y entretenimiento sin más para el resto, con pizcas de humor fácil, aunque bien elaborado.


Antonio Miranda. Octubre 2014.


BSO- LAS TORTUGAS NINJA- Brian Tyler.






7 sobre 10

TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES (2014).

BRIAN TYLER.


Estudiando habitualmente el fascinante mundo de la música de cine, cualquier interesado puede llegar a un innumerable grupo de conclusiones: estilos propios, compositores incuestionables, géneros encasillados… Nos toca abordar, en este caso, el fantástico y de superhéroes, una vez más, y que no decaiga el interés de las productoras por llevarlo a la pantalla. El público responde y esto supone un reto de superación para los artistas de las partituras (los buenos).

Brian Tyler compone para ‘’Teenage Mutant Ninja Turtles’’ una partitura potente y firme. No me cabe duda alguna del dominio de este compositor en la música de cine de acción actual. A juicio de quien esto escribe, el más estable y fiable, sin duda, por mucho que otros colegas intenten ejercer de tal. Simplemente escuchando unos minutos de sus composiciones, incluso las más flojas, uno cae en la cuenta de que lo que percibe es de una personalidad altísima. El ejemplo lo tenemos en nuestro español Fernando Velázquez que, en una producción tan atractiva para él como ha sido ‘’Hércules’’, intenta adentrarse en el mundo de la tecnología moderna y termina por hundirse a los pies de Tyler.




El artista estadounidense plantea un tema central fácil y directo, así lo dicta el público a quien va dirigida la producción. Nada de extraordinario, pero sí marcando el territorio donde el artista tan bien se mueve y que, curiosamente, explota más cuando lo versiona en momentos más pausados. Una vertiente, la descriptiva, que sobresale en los instantes previos a las secuencias más trepidantes, con melodías igualmente naturales pero muy efectivas en la imagen. Y una acción, siempre ‘’tyleriana’’, basada en percusiones y ritmos exquisitamente producidos.




En definitiva, una obra más en la carrera del compositor, que ejerce su dominio sin que nadie le destrone; no pasará a formar parte del grupo de sus scores más sobresalientes pero, sin duda, bien trabajado y con presencia en la película.

Escúchala si…: quieres escuchar una obra sencilla, divertida y con personalidad propia.

No la escuches si…: si huyes de los instantes de acción.

Llegará a ser un clásico: no.

Otras obras recomendadas del autor: ‘’Brake’’, ‘’Columbus circle’’.



Puntuación: 7


Antonio Miranda. Octubre 2014.


BSO- BATMAN: EL ASALTO DE ARKHAM- Robert J. Kral




 sobre 10


BATMAN: EL ASALTO DE ARKHAM (2014).

ROBERT J. KRAL.           

El cariz variopinto y progresivo que Robert J. Kral nos ofrece como interesante forma de composición en esta obra es lo más destacado en su inicio, algo arriesgado pero trabajado con firmeza y unidad. La disposición de la partitura en torno a un eje tecnológico es notable y, si bien en los primeros escarceos adivinamos estructuras cercanas a los Batman cinematográficos de Nolan o, incluso, ligeros toques a los de Burton (siempre musicalmente hablando), pronto nos adentramos en un universo de notas y efectos que adquieren personalidad propia y se alejan del superhéroe que da nombre a la cinta, en realidad presente éste en el título de la creación como elemento para captar consumidores de la cinta ya que apenas resulta un personaje importante en la historia.

Es curioso y llamativo cómo el autor consigue esta unidad mencionada, a juicio de quien esto escribe el punto fuerte del score, sin ninguna duda. El momento más claro lo encontramos en el tema que une la incursión en Arkham y el asalto del Joker. La cinta, centrada realmente en el Escuadrón Suicida (que no en Batman), muestra incontables elementos de acción tendentes al mundo adulto, sin lugar a dudas, disposición  perfectamente apoyada por el sentido serio y fuerte de la música.





El universo de la saga de videojuegos Arkham Asylum es el origen de esta estupenda producción para dvd. Yéndonos a nuestro ámbito, la banda sonora, podemos retroceder hasta el año 2009, fecha en la que Nick Arundel y Ron Fish compusieron las notas de este entretenimiento para consola y en ellas podemos percibir ligeras ideas que bien pudieran haber servido de referencia al compositor que tratamos pero, lejos de copiar y pegar una obra que sucediera la impresión del Arkham original, Kral nos somete a un ir y venir, como ya he comentado antes, tecnológico y experimental que nada tiene que ver con los anteriores ‘’mundos Batman y Arkham’’, un mérito importante dentro del ya trabajado universo del cómic.

El sonido de un bajo arpegiado, tratado y con una entrada dura y firme, es la seña de identidad de la música para ‘’Batman: el asalto de Arkham’’ y nos lo encontramos multitud de veces como elemento principal de lo que se escucha, secundado con personalidad por los magníficos arreglos, siempre dinámicos, que nos ofrece el artista. Sin duda, un gran trabajo.





En conclusión, una obra que sorprende gratamente venida de un filme poco conocido y de un artista del mismo ámbito. Quien escuche su parte final diría encontrarse en un fantástico clímax artístico, pero, sin duda, la fuerza compositiva y narrativa de esta partitura se inicia desde el primer segundo. Ninguna pega a su segura recomendación.


ESCÚCHALA SI…: estás algo reticente para con la música de superhéroes actual. No saldrás defraudado.

NO LA ESCUCHES SI…: te conformas con los sonidos y melodías fáciles del cine fantástico moderno.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: no.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ‘’Green Lantern: first flight’’, ‘’Angel: live fast, die never’’.


PUNTUACIÓN: 8


Antonio Miranda. Octubre 2014.



LA LISTA DE SCHINDLER- Steven Spielberg (1993).





9 sobre 10

El desgarro a un sentimiento pasado...


    Gran obra del conocido director Steven Spielberg, de una duración que no hace sino prolongar el sufrimiento, tal como lo hiciera la masacre nazi con sus víctimas. Cualquier estudioso disfrutará del minutaje sin ningún problema y tendrá una percepción extraña en su inicio, clara a medida que avanza la historia, de encontrarse viendo un hecho pasado y no un argumento cinematográfico. Tal vez su punto débil (quizá su encanto), esa mezcolanza difusa entre documental y película que pueda llegar a causar extrañeza pero que, sin duda, fue concebida con propósito claro y directo, tal como muestra su homenaje final y, más concretamente, la estructura de su partitura musical, un auténtico tesoro de la historia del cine.






    La música que John Williams compone para ''La lista de Schindler'' podría resumir y explicar a la vez el sentido completo del filme. Dos temas cumbre que desgarran la narración de sus dos secuencias (incineración, por un lado, y las duchas de las mujeres en Auschwitz) y el resto de la composición de una línea equilibrada, dulce y tétrica absolutas, dedicada a recordar los hechos que aparecen en pantalla, y nunca contarlos.

    Interpretaciones magistrales.

    Sin duda, necesaria.


    Antonio Miranda. Octubre 2014.



PESADILLA ANTES DE NAVIDAD- Henry Selick (1993).





9 sobre 10

¿Qué es esto? El planteamiento filosófico...


    Exquisita y muy cuidada producción a la que debemos analizar desde más allá del sencillo concepto de Navidad que la película pudiera transmitir. Una base de ideas residente en el primer tercio del metraje, donde el protagonista se plantea todo tipo de dudas que van hasta la propia existencia del ser. 

    Una partitura musical, base de la historia, de un Danny Elfman en sus momentos más creativos. Inolvidable.





    ...Y una noción profunda de la obra que nos puede llevar al choque frontal entre individuo y sociedad.  Encontramos en la creación un innumerable grupo de puntos analizables desde el ámbito social y que nos transportan al también enfrentamiento entre intelecto y sociedad y cómo ésta, finalmente, puede incluso engullir el poder de aquél.

    Imprescindible.

Antonio Miranda. Octubre 2014.



LA NOVIA DE FRANKENSTEIN- Franz Waxman.






9 sobre 10

THE BRIDE OF FRANKENSTEIN (1935).

FRANZ WAXMAN

   ‘’Yo quiero muertos; odio vivos’’


                Mucho ha cambiado la concepción artístico-musical sobre las películas de terror. El arte, la escenografía, los argumentos, los medios. No obstante, el apartado musical, al cual nos ceñimos, siempre ha sido, en su genérica idea, muy parecido. Aportemos, eso sí, los potentes efectos de sonido o la electrónica musical de la actualidad, que dotan a las imágenes de una fuerza aplastante que años atrás no se podía conseguir. El compositor de antaño, así comparadas ambas épocas, otorgaba a toda escena, o incluso detalle, una ‘’artística musical’’ que, aún queriendo simplemente describir un golpe, caída o instante, lo hacía adornando el momento de una belleza orquestal que ahora ya no existe. Gran parte de este cine estaba influenciado, como la obra que tratamos, por el sinfonismo de autores como Saint-Saëns, Smetana, Debussy o Strauss, todos ellos dando forma al preludio artístico de la música de cine: el poema sinfónico.

                Waxman describe las intenciones del filme ya desde la primera secuencia; los créditos iniciales son el ejemplo y luego la escena de la charla entre los dos hombres y la dama. No esperemos atmósferas tensas ni atronadoras escenas, la película no lo exige. Nos adentramos en una exquisita concepción tragicómica de la obra, uniforme y sin picos absorbentes que alteren el estado de ánimo de forma brusca. Incluso cuando el monstruo se presenta por vez primera, el compositor acude a tales circunstancias; sólo golpea con su orquesta nítidamente antes de aparecer el rostro de Frankenstein. Una sutil e inteligente muestra de cómo va a ser su composición: narrativa (breve y ejemplificador es el caso del doctor y su esposa, cuando aquel ya se recupera y ésta le indica la presencia de algo que se acerca a por él, ambos en la cama de la habitación) pero con ese toque descriptivo, directo y potente, usado en contadas y estudiadas ocasiones.





                La llegada del doctor Pretorius es magnífica; igual resulta la descripción de Waxman. El personaje es todo un símbolo de fuerza filosófica, en todos los sentidos, y la música que el artista asocia al hombre siniestro y embaucador es, como fue a la hora de presentar a Frankenstein, simple y rectilínea para crear esa sensación de temor y respeto. Usa cuatro notas aderezadas con graves y poco más, recurso genialmente explotado por los grandes clásicos de la música de cine. La aparición de Pretorius contrasta con quien le recibe, la criada, el lado extravagante y creativo de la escena, al cual Waxman también le da cabida entre esas cuatro notas que se balancean acariciando al doctor: los vientos, ligeros y suaves, quieren tildar de una ligera comicidad a esta extraordinaria llegada del personaje a la morada del doctor Frankenstein. Reflejan la presencia, aunque pobre y ensombrecida por Pretorius, de la criada. Incluso Franz va más allá y, al preguntar la mujer el nombre nuevamente del doctor y éste reafirmárselo, la orquesta cambia de tonalidad y entran entonces los vientos a ser el instrumento principal, intentando luchar contra las cuerdas, sin conseguirlo. Pretorius es demasiado firme y poderoso como para ser superado por la locura creativa del personaje de la criada.  Si nos damos cuenta, en definitiva, aquí se resume maravillosamente el argumento y sentido global de la banda sonora. En qué poco espacio de tiempo y con qué pocas y claras notas musicales. Exquisito.

                A partir de la presencia más continuada del monstruo, desde que es perseguido y atrapado, el ámbito musical se convierte en un interesante poema sinfónico, ya con cuerpo absoluto, con el que se narran episodios varios en el devenir del personaje. Los principales temas musicales ya fueron presentados en el inicio de la película. Pequeños apuntes descriptivos, como por ejemplo en los inicios de las apariciones de Frankenstein, coincidiendo casi siempre con la imagen del rostro en primer plano. Sin embargo, Waxman opta por la narración musical y da rienda suelta a toda su creatividad; es aquí cuando hemos de estudiar, captar la esencia de estas partes prolongadas y llenas de fragmentos y arreglos de corte clásico. La culminación la podemos escuchar durante la crucifixión del monstruo; sencillamente genial, un tema a recordar dentro de la música de cine de toda la historia.






                El tema de Pretorius se hará más presente avanzando hacia el final. El personaje se convierte en el Ser principal que resuelve, manda y piensa. Waxman se centrará entonces en convertir su narración sinfónica en una descripción suave, llegando al detalle de percutir y simular el latido del corazón, arrítmico, experimentado por los doctores cuando estos descubren que cobra vida. Este pequeño y machacón ritmo divergente que origina el compositor, arriesgada apuesta, por cierto,  sirve de base a la estancia final en el laboratorio. Todo es tensión, los episodios se suceden, pero Waxman consigue que pasen desapercibidos y nuestra idea quede martilleada por el constante y embriagador ‘’latido’’, concluyendo la obra con la magistral composición, dramática y romántica, del tema de la novia y el final del filme.

                En conclusión, una magistral obra de Franz Waxman que roza los grandes niveles artísticos del sinfonismo alemán.


ESCÚCHALA SI...: disfrutas escuchando obras de arte completas y complejas.

NO LA ESCUCHES SI...: la música clásica de la era moderna no te gusta.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: debería serlo más de lo que podría definirse en este sentido.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''Rebecca'', ''Sunset Boulevard''

PUNTUACIÓN: 9


Antonio Miranda. Octubre 2014.



HER- Spike Jonze (2013).





9 sobre 10

La Idea del Romanticismo, sin fisuras.


    Excelente producción que basa su peculiaridad en la definición y estudio del Romanticismo en estado puro.Un guión sin fisuras y con un dinamismo prodigioso, completado por la interpretación exquisita de su protagonista.

    Filosofía limpia del concepto del Amor, al cual se puede acudir desde muy diversos puntos de vista pero que, sin duda, llama a la interpretación del malestar del Hombre y aplaca cualquier visión remilgada que podamos tener. Sin duda, Romanticismo filosófico y verdadero. Nada de optimismos; la vida realmente interpretada.



Grandísima partitura, que acompaña una historia equilibrada.

Sin duda, recomendable.


Antonio Miranda. Septiembre 2014.


BSO-EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE- Hans Zimmer.




THE DARK KNIGHT RISES (2012).

HANS ZIMMER.



Tercera entrega del Batman de Nolan; desaparece la aportación de James Newton- Howard, poco visible en las dos anteriores pero de gran cuerpo y belleza en la segunda. Hans Zimmer se ocupa de la partitura completa esta vez, con un inicio tenso y oscuro que supera con creces la apariencia de una secuencia correctamente rodada pero horriblemente dialogada. Se nos presenta una obra, en su inicio, algo confusa para el estudioso. El compositor alemán adopta una estructura algo desordenada de temas pasados, otros nuevos, tonos oscuros y otros más luminosos que puede desconcertar en este primer tercio de metraje. Batman aún no ha aparecido. El tema de las dos notas, usado en las dos entregas anteriores, y el más poderoso de la segunda no son empleados. Resurge uno de los aplicados por Howard en los instantes íntimos de ‘’El caballero oscuro’’. Asociamos únicamente, a la idea del superhéroe, el carácter de los ritmos y alguna estructura más siniestra.

El final del primer tercio de la aventura es la sorpresa o, mejor dicho, la vuelta a la normalidad. Aparece Batman y la reyerta es escalofriantemente rítmica y, a consecuencia, la partitura despierta, se deja de experimentos nuevos y saca todo el ‘’potencial Batman’’. Renacen los dos temas mencionados y los ritmos básicos y oscuros del superhéroe. Su combinación podría parecer, en principio, caótica pero refleja, sin más, la acción. La entrada en escena del hombre murciélago es repentina, como lo es en la propia historia de la película (Bruce está físicamente impedido), algo parecido a un imposible, a un absurdo. Zimmer opta por mostrar de pronto, tal y como surge Batman, este pequeño caos; un estudiado ‘’desorden’’ musical. Son quince minutos aproximados de una delicia narrativa total, idas, venidas, subidas y bajadas y la fuerza completa del justiciero de nuevo en pantalla. Tras un flojo inicio, el final de este primero de los tres fragmentos en que podemos dividir el metraje es, a mi entender, la parte fundamental del trabajo del compositor.





Poco tarda en acontecer el otro momento más importante, musicalmente hablando: el encuentro entre el sádico y malhechor Bane y Batman. La escena es grande, sin trabas, directa y oscura. La música juega un papel crucial: no suena. Nos podemos preguntar, entonces, ¿por qué tan trascendental momento, si no hay partitura? Sí, ¡la hay! En un filme como éste, donde las notas están presentes en gran parte del metraje, optar por no incluirla en uno de los instantes más despiadados es de gran valor, y más cuando los devenires posteriores incluyen fragmentos poco brillantes, contrastando fuerte y firmemente un momento con el otro. Magnífica secuencia; extraordinario silencio. Seguidamente, como digo, Zimmer compone el tema que en la película más podemos asociar con Selina Kyle, la bella ladrona que pulula por toda la historia y que había sonado ligeramente con anterioridad. Poco acertado, a mi parecer; un peldaño por debajo de lo trabajado por Howard en entregas anteriores y muy inferior a otros fragmentos de ritmo pausado que encontramos en esta entrega.

El segundo tercio de la historia va a concluir; gran desarrollo de la composición. El episodio del malhechor Bane en las profundidades de Gotham y su intento de búsqueda por parte de la policía, con el estallido final de los explosivos por toda la ciudad, es delirantemente genial. Diría que nos encontramos ante el súmmum de la atmósfera más irrespirable de toda la trilogía, sin duda. La narración mantenida, sin bruscos cambios, pero con un ritmo ahogante, que aplica el artista alemán, es envidiable y más lo es cómo usa las cuerdas en pequeños momentos, casi imperceptibles, pero que los convierte en una desazón artística asombrosa. Es una pena que esta orientación tan sofocante y viciada no haya sido la aportada por la música desde el inicio de las tres entregas.

El último tercio, fragmento final de la trilogía, inicia su andadura de forma algo pesada, con la música en una función algo pausada. Pero llegamos a un instante asombroso. Durante toda esta tercera entrega hemos escuchado el tema principal de toda la trilogía, las siempre mencionadas dos notas, sin la función esencial que antes habían tenido: mostrar la presencia del superhéroe más allá de encontrarse o no en pantalla, reflejar su poder y existencia en todo momento, la mayoría de las veces sonando sin Batman en escena, lo que ha hecho afirmar a muchos que el tema carece de personalidad; todo lo contrario. En esta tercera entrega sí, ha hecho presencia, poca, y siempre cuando nuestro protagonista mantenía situaciones de lucha. Ha sido, hasta el momento, estudiadamente esporádica. Ahora entra en juego su poder, su uso como siempre ha sido y, por primera vez en toda la historia y usando como plataforma el final de la trilogía, el tema suena recio y absoluto en una situación novedosa: Batman no está en pantalla (como casi siempre había sido), pero ahora sí aparece Bruce Wayne; es el fragmento de su vuelta a ver la luz tras la escalada desde el fondo del pozo. El tema, que nunca había sonado en presencia del magnate empresarial (aún siendo el portador humano de Batman), sí lo hace ahora. Es, nuevamente, y más que nunca, el reflejo de la existencia del hombre murciélago en todo lugar, en todo momento.




Asistimos ya, desde hace unos pocos minutos, al encumbramiento incuestionable de la atmósfera angustiosa de la partitura en niveles narrativos completos. El ritmo que Zimmer aplica a las escenas es tan alto que manteniendo formas lineales pasa de describir a contar lo que ocurre. Los temas principales son usados nítidamente, aunque siempre sin crear llamadas de atención que quiten la atención donde no deben. Un final pausado, esperanzador; tras la tragedia no veo ninguna posibilidad de haber mantenido el tono intimista y lento que las dos primeras entregas tuvieron. Y la apoteosis final, quizá no para el espectador, pero sí para el estudioso. Tal vez para el primero: heroicidad; para el segundo: emoción artística. Suenan las dos notas. El fin último del tema de Batman que se ha usado en toda la trilogía llega a su esplendor; Batman muerto: ¿qué prueba más fehaciente necesitamos para atribuir a su genialidad compositiva y a la explicación ofrecida desde este artículo a la función que verdaderamente acomete que… un final como éste?: suenan las dos notas; el superhéroe ya no está. La música le aclama, acaricia su figura, siempre eterna; para siempre poderosa. Ha muerto; aún así, permanece.




Concluyendo, podemos decir de la partitura para ‘’El caballero oscuro: la leyenda renace’’ que posee una fuerza final exuberante. Sin duda, la parte más interesante de la trilogía, mas en el conjunto del filme, no la de mayor unidad y calidad, a poca distancia de la segunda entrega. Algo excesivo, tal vez, el uso de la música en demasiadas partes del metraje y un inicio de cinta desequilibrado y de un trabajo menor que el resto. Finalmente, resultado excelente del artista alemán.

ESCÚCHALA SI...: te gustaron las anteriores entregas. No desmerece y puro estilo Zimmer.

NO LA ESCUCHES SI...: pretendes escuchar un giro en estilo y formas dentro de la trilogía.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: no.

PUNTUACIÓN: 8.5


Antonio Miranda. Agosto 2014.




HASTA QUE LLEGÓ SU HORA- Ennio Morricone.




10 sobre 10


ONCE UPON A TIME IN THE WEST (1968).

ENNIO MORRICONE.


                La expresividad musical en el western ha mantenido un altísimo nivel a lo largo de la historia. No es de otra forma el caso que nos ocupa y, menos aún, hablando de Ennio Morricone. Gran primera escena e interesante detalle en los créditos iniciales (ambos se funden en una sola idea), que suelen ser ejemplo del contenido básico de la partitura de cualquier película. Créditos e inicio, si compositor y director aúnan esfuerzo en pro de la calidad artística, llegan a resultar la síntesis y concepto esenciales de la música trabajada para ese filme.

                Silencio absoluto y expresiones faciales idénticas en todos los personajes y durante toda la primera escena, incluso cuando llega el cuarto hombre y baja del tren, desencadenando los disparos. A continuación, de nuevo silencio absoluto, únicamente quebrado por los efectos sonoros. Me extiendo en esta primera secuencia ya que la composición, como idea, resulta fundamental: ¿seríamos capaces de, habiendo visto las imágenes, volver a pasar la cinta desde el inicio escuchando únicamente el sonido y reconocer al instante la secuencia exacta de tensión? He aquí la clave: la angustia. Existe este breve momento musical durante la larga primera escena, pero hábilmente es el compositor quien la saca a la luz; ni gestos (o sí, pero impávidos), ni lenguajes, ni efectos. La música aparece por primera vez, desde el comienzo, dura menos de un minuto (precedida de la pequeña pieza para armónica del personaje) y desaparece. Súbitamente después: el sonido constante del movimiento del antiguo molino, que se escucha desde el principio y que refleja esa quietud, turbada por la música de pronto. Sin darnos cuenta, en escasos segundos, Morricone ha acaparado el absoluto dominio de una larga e inicial escena. Genial.

                El transcurrir de la primera mitad de la historia es similar a lo explicado. El compositor se limita admirablemente a narrar los acontecimientos cruciales muy puntualmente y de forma rápida, aunque con inteligencia. Son temas cortos en comparación con la duración del metraje, muy cortos. En la primera media hora, tres: la escena indicada, la matanza de la familia y la llegada de la mujer. En todas ellas sucede una curiosidad artística exquisita: Sergio Leone (el director) muestra lo que acontece; inmediatamente ocurrida la secuencia de acción, o a punto de suceder (nunca dentro de ella), el compositor aparece y es él mismo quien describe de una forma tan estéticamente genial que su función descriptiva se transforma inmediatamente en narradora de la historia. Pocas veces, en la música para cine, el artista consigue llevar a otra dimensión la que en principio pareciera lógica. Morricone, sin duda, lo hace. Es más, los tres momentos mencionados son, hasta ahora, presentados por temas distintos e identificativos, eso sí, con una unión de estilo y tipología que se mantendrá durante todo el trabajo.





                Detengámonos en la secuencia de Jill McBain, la dama que llega en el tren, personaje crucial. La escena es de una belleza musical abrumadora, un ejemplo inigualable de cómo la música narra y no describe, de cómo la partitura del genio italiano es capaz de acompañar una imagen recordando otra (lo hace evocando la tragedia que inmediatamente antes acababa de suceder y que espera a la mujer sin ella saberlo). El cuadro musical, imprescindible, se divide en cuatro partes: la llegada de Jill a la estación (la música se inicia cuando la dama percibe el abandono), la marcha de la señora hasta los encargados del tren (es la aparición de la soprano y el reflejo de la muerte; la voz femenina es de una belleza autoritaria y surge delicada justo cuando los elementos visuales de la imagen, que en ese instante presenciamos, comienzan a moverse, previa contemplación de ella y estatismo de todo, incluidos los dos operarios que la secundan. Un detalle pequeño pero que, en el estudio de una partitura como ésta, rebosa de un sensacional dominio de la situación), el paso de la estación al pueblo (en esta ocasión la orquesta sube el nivel y se olvida la muerte; Jill entra en el pueblo y el tono de la música es ligeramente inquietante, como el suyo) y la marcha por las calles del lugar (vuelve la voz de la soprano, la orquesta iguala su nivel de intensidad y la mujer descansa su inquietud al ser recogida y guiada por los caballos. Ya no está sola). Nos encontramos ante un tema nada propio de una película del género. El sonido plácido del clavicordio y la voz delicadamente fascinante de la soprano bien nos podría servir de pieza operística más que de notas para un western. Pero, evidentemente, aquí no importa dónde o cómo o cuándo ocurre; interesa qué ocurre y qué se siente. Morricone manda, dirige, plantea; compone la música antes del rodaje. Esto lo explica todo.

                La ductilidad del maestro Morricone es asombrosa. La música de ‘’Hasta que llegó su hora’’ guarda una adaptabilidad a las situaciones y caracteres de los personajes altísima y consigue aunar cuadros desiguales en uno principal, que es el sentido global de la partitura. Desde la suavidad del tema de Jill antes comentado (que descansa en toques dóciles de clavicordio y voz), hasta la brusquedad y torpeza del que corresponde al bandido Cheyenne (matizado con toques continuos de guitarra algo rudos), pasando por la armónica (que rasga el alma herida del hombre sin nombre, como fiel reflejo de su presencia en la música blues) o el tema de Frank (de corte curiosamente melancólico y con la orquesta formando un colchón sobre el que suena el oboe, la flauta…). Hasta el momento, más de cuarenta y cinco minutos de cinta, Morricone trabaja como pintor artístico de personalidades y rostros, de ojos y miradas y al tiempo, casi sin pretenderlo, ha narrado cual escritor empedernido, el lento y meditado transcurrir de la historia. Pero esta orientación seguirá con el paso de los minutos. La partitura se limita (bendita limitación) a pintar esos cuadros de caracteres de forma breve y directa y, más aún, enlaza unos con otros (como pasa en la misma trama) mediante la aplicación del tema de un personaje en la escena de cualquier otro que se relacione con el primero. Este es el caso de Frank, de estudiada musicalidad, cuya primera y estelar aparición (en la matanza de la familia) es interpretada por el maestro italiano con el tema de la armónica del ‘’hombre sin nombre’’ (el vínculo entre ambos será crucial y el artista opta por introducirlo mediante las características musicales de su enemigo; inquietante, al menos y sin duda magistral). Más adelante, el tema musical propio de Frank, que lo describe con prudencia exquisita, surgirá por vez primera no con él sino cuando Jill, la mujer, se mira en el espejo. Importante será la relación entre ambos durante la trama, anunciada ya por Morricone en la secuencia del espejo. Se ve a Jill pero se percibe también a Frank.




Prácticamente la primera aparición de la partitura mediante un tema alejado del entramado de los descritos pertenecientes a cada personaje se produce en una escena en la que participan Frank y ‘’Armónica’’, una especie de unión entre ambos adelantando el desenlace final. Morricone experimenta sin pudor y separa la impresión causada por el resto de temas anteriores con la del presente, afianzando más la secuencia y el lazo que une a los dos hombres.

La parte final es magnífica; no aporta nada nuevo en cuanto a composición, pero sí en lo referente a intención. Aparecen los temas de Cheyenne y Jill y el desenlace se convierte, precedido del acontecimiento esperado (el duelo final, narrado por el tema de ‘’Armónica’’ en todo su esplendor, que ahora sí ya llegamos a comprender gracias a la historia), en un drama absoluto con tintes verdaderamente tragicómicos. Morricone finaliza de forma asombrosa y directa el argumento y, más allá, los personajes. El tema de Jill enlaza ahora el recuerdo de Frank, la marcha (poderoso romanticismo) de ‘’Armónica’’ y la muerte de su amigo, cuyo tema, por su parte, sorprende escuchar en sus momentos finales de vida. Nada, ni el sufrimiento, cambia su carácter, fijado por la melodía, que cerrará la composición en los créditos finales. El tema de Jill sonaba intenso al llegar la dama al pueblo. Ahora es ella quien se encuentra en pleno esplendor de la creación del suyo propio. Sus notas brotan de nuevo y la historia cobra una figura ya idealizada por la partitura. Magnífico.





ESCÚCHALA SI...: quieres disfrutar de una obra maestra aplicada a la imagen.

NO LA ESCUCHES SI...: nunca te atrajo el ''western''; puro estilo ''Morricone''.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: pese a mantener el tono del maestro, esta obra no ha perdurado por sus melodías como otras lo hicieron aunque, sin duda, resulta una obra de arte referencial.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''La cosa'', ''Cinema paradiso''.

PUNTUACIÓN: 10

Antonio Miranda. Septiembre 2014.