GLADIATOR- Hans Zimmer & Lisa Gerrard.



10 sobre 10


GLADIATOR (2000).

HANS ZIMMER & LISA GERRARD.


La versatilidad y nivel alcanzados en ‘’Gladiator’’ son inigualables. Nos encontramos ante una de las obras cumbre del compositor alemán, que guarda sinnúmero de influencias de trabajos anteriores, todas ellas unidas y mezcladas magistralmente en una partitura muy estudiada y que basa su fuerza en la transmisión de un sentimiento poético. ‘’Gladiator’’ no es una banda sonora de acción, es más, cuando suenan las extraordinarias secuencias rápidas, siempre director y compositor optan por introducir un final o, en su caso, toque místico, tranquilo, relevante hacia la filosofía o, mejor, sentimiento que se pretende mostrar. Aquí entra en juego una de las artistas más grandes de los últimos tiempos: Lisa Gerrard. El nivel que consigue la música no sería el mismo sin ella y es, indudablemente, quien aporta a la obra ese salto  a niveles sobresalientes.




El filme se inicia de una forma musicalmente arrebatadora: toques místicos, ya escuchando a la mejor voz del universo musical del momento y la secuencia de la primera batalla, indescriptible. Los ritmos narrativos de la escena son de gran nivel, comenzando por la parte del discurso del guerrero a sus soldados, muy similar a la ya rodada en ‘’Braveheart’’ y resuelta de manera  distinta a como lo hiciera James Horner en la película de Gibson. Nos encontramos, ahora, en una parte de transición musicalmente hablando. La partitura no narra, esta vez, sino que se limita a apoyar el discurso del oficial sin apenas intervenir en el sentimentalismo de sus palabras. Este aspecto podría pasar desapercibido y más teniendo en cuenta la extraordinaria belleza y calidad del fragmento de Horner, mas sería injusto pararnos aquí sin enlazar con el todo de la primera batalla, una tensa espera descrita por Zimmer para dar paso a uno de los temas de acción del cine actual que más ha brillado en la pantalla. Subidas de intensidad, bajadas, notas de intriga, de heroísmo, descansos…todo unido brillantemente en un solo tema.

El concepto filosófico de la película resulta algo extraño mirándolo desde la música. Como ya he apuntado, personalmente derivaría la idea de la película hacia el sentimiento. Una cinta bien hecha pero con una noción engañosa que navega direccionada hacia la captación facilona de adeptos. No se trata de nociones metafísicas o idealistas llenas de intensidad (como mucha gente podría pensar) sino más bien una línea sencilla de romanticismo. Cada uno podrá llevar este aspecto donde él quiera, pero no hay duda de que la banda sonora nos contagia de una belleza ensoñadora hermosísima. Compuesta a la par de la línea general del filme y reflejo magistral de ella, Hans Zimmer y Lisa Gerrad alcanzan (repito, siguiendo la línea marcada por el director) las casi imposibles y poco habituales perfectas cotas del Arte mediante una composición sin alardes. Es muy complicado poder ser calificado como obra artística aquella que se centre en estructuras nada complejas y cuyas melodías sean hermosas y directas. Pero, afortunadamente, existe esta posibilidad. Los dos artistas son ejemplo de lo que digo: Zimmer ha sido el maestro durante muchos años de la nueva forma de la música de acción, con melodías directas, sencillas y heroicas. Criticado o no por ello, claro es el hecho de su original y novedosa forma de ver el cine. Lisa Gerrard, por su parte, ha sido el ejemplo del minimalismo vocal perfecto y la metafísica musical. Ambos, auténticos genios del arte actual.




La música suena ininterrumpidamente durante los primeros cincuenta minutos de metraje. La función desempeñada por los artistas es notabilísima. Al ritmo variado y estudiado de la primera batalla le añadimos la misma detallada estructura de este comienzo que, refiriéndonos a la historia, es algo lento y pobre pero que, mirado desde el ámbito musical, rezuma delicadeza y poder. Todo lo hasta ahora acontecido y escuchado, con sus idas y venidas, las intensidades diversas y los matices minuciosos, lo hace en función de la escena a la que derivamos: el encuentro del general con su familia y el sufrimiento que le otorga la secuencia contemplada al llegar. Suena la voz de Lisa Gerrard, triste, arrebatando cualquier cosa que intente quebrarla, y la forma en la que director y compositores dan figura a dicho momento es de una sencillez artística de máximo nivel. Ningún desajuste ni alteración en la línea de música; Gerrard llega a manifestarse (y al tiempo cualquier sensación que provoque en el espectador) de una manera íntegramente sádica, pese a su exquisita y piadosa delicadeza tonal de voz. Momento cumbre en la música de cine.

La partitura transcurre ahora por ámbitos más étnicos, siempre siguiendo lo senderos marcados desde el inicio y dándole a los momentos de acción sentidos heroicos y soñadores. Ha transcurrido poco más de una hora. Nos acercamos a un instante clave en la obra, no por su trascendencia argumental y sí por ser el clarísimo ejemplo de cómo una pieza musical para cine puede llegar a superar  a la cinta en sí misma de forma abrumadora: el nuevo emperador entra en Roma. La secuencia no aporta absolutamente nada a la historia y su aparición en pantalla no contribuye en nada. Al contrario, el tema compuesto por Zimmer es delicioso y guarda un aire memorable difícilmente conseguido por cualquier compositor anterior. Su armadura estilística es (como el resto de la música) impropia del género de romanos y, por eso, un éxito de riesgo que solamente genios como los aquí comentados son capaces de conseguir. Una escena como ésta, pueril y pobre y, para colmo, cientos de veces repetida y ‘’musicada’’ por genios como el gran Miklós Rozsa, supone, para quien esto escribe, el mayor reto del compositor en este trabajo. Resultado: grandioso.




Llegamos a la primera lucha de los gladiadores en el Coliseo. El paralelismo intencionado con el inicio de la película, musicalmente hablando, es perfecto. La narración que Zimmer efectúa sobre esta secuencia de acción es ingeniosísima a la par que sencilla. Resuelve el asunto con un toque exquisito de intensidad (para ello no hace uso de tonos, volúmenes o instrumentación: acude al simple pero delicado recurso de la melodía). El compositor permanece agazapado, como astutamente lo hacen los luchadores. La partitura se limita a narrar los acontecimientos al tiempo que el protagonista estudia la situación. Es la primera vez que lucha haciéndolo y agrupando a sus compañeros como si del ejército se tratara. Llega el momento y el Gladiador explota sus armas e inicia el cuerpo a cuerpo victorioso. Justo aquí es cuando el compositor alemán también se hace notar y verifica su pequeño giro melódico, una heroicidad musical que estremece al espectador y, más aún, sacude la emoción del amante de la música de cine. Un detalle de segundos que encumbra la forma ya conocida de componer de Hans Zimmer y que es realmente el detalle que consigue la victoria sobre la arena.

El desenlace final es musicalmente memorable (en realidad, toda la partitura hasta ahora compuesta es un pequeño adelanto del concepto musical al que llegamos, con el cual podríamos calificar la música de ''Gladiator'' como la sinfonía romántica de la muerte. Durante todo el metraje suena esto, la muerte como melodía, las escenas y situaciones son pequeñas excusas. En todo momento tenemos presente la noción de un romanticismo evocador que no va de la vida hacia la muerte, sino de ésta hacia aquélla...); iniciándose los acontecimientos desde el intento de huída del gladiador, se inician una serie de temas basados en los anteriores pero que dan un salto en la calidad de la intensidad emocional y narrativa. Llegamos a olvidar las notas incluso cuando éstas adquieren protagonismo total. Ritmos lentos y enérgicos solamente interrumpidos por el exquisito tema de las batallas ya usado y que suena mientras el general huye, pero esta vez compuesto con unos arreglos orquestales que dotan a la pieza de una pureza y limpieza absolutas. Brota ‘’muerta’’ la voz de Lisa Gerrard; son los últimos alientos y la sangre llega. La muerte no tiene partitura, la música llega a darnos conmoción final, desaliento, afecto, piedad, pesar, tristeza… Es la música de ‘’Gladiator’’.




Concluyendo, nos encontramos ante una de las mejores obras del compositor alemán, trabajada mano a mano con la genialidad compositiva y vocal de Lisa Gerrard y que, sin duda, es la quien lanza la partitura hasta los límites de la excelencia. Una obra arriesgada por tratarse de un género cinematográfico clásico; una pieza artística que hoy día es referente en la música de cine. Sensacional.


ESCÚCHALA SI...: no quieres perderte una de las mayores obras de la música de cine actual.

NO LA ESCUCHES SI...: eres amante de las partituras clásicas de romanos sin posibilidad a ninguna otra opción.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: lo es.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''La Biblia'', ''The Insider'' (L. Gerrard), ''El Pacificador'' (H. Zimmer).

PUNTUACIÓN: 10


Antonio Miranda. Mayo 2014.



EL ÁRBOL DE LA VIDA- Alexandre Desplat.





GANADORA DE LA PALMA DE ORO.

FESTIVAL DE CANNES. AÑO 2011.

THE TREE OF LIFE (2011).

ALEXANDRE DESPLAT.


Enlace a la reseña de la película en ''END TITLES'':


                                          7.5 sobre 10


Con infinidad de fragmentos musicales acoplados (o dispersos) en la película, Desplat compone su música tal vez sopesando qué hacer entre tanta maraña algo desordenada de melodías clásicas. Malick gusta de incluir piezas de este tipo en sus filmes, algo que a un servidor nunca termina convencer por muchas razones, las cuales superan en número a las que darían los seguidores de tal circunstancia y que, no obstante, igualmente tendrían razón en sus argumentos.

He leído varias veces las palabras del cineasta hacia el músico: ‘’que la música sea como un río que fluye a través de la película’’ Personalmente creo que el director debió, realmente, ordenar algo así: ‘’Mire, Alex, dedíquese a componer y desaparezca lo más rápido que pueda, ¡pero hágalo bien!’’ Dicho y hecho; Terrence debía saber de buena fuente que cualquier petición dirigida al músico francés iba a ser notablemente llevada a cabo por él, uno de los pocos genios actuales de la música de cine.

Desplat compone una partitura corta, ligera, envolvente, sorprendentemente dramática pese a su aire a ratos fresco. Aparece como formando un todo conjunto y completo con el filme (maravilloso; filosofía global a mi entender) y, al tiempo, es ver la obra y pensar si alguien compuso, en alguna de sus partes, algo original. Desplat fabricó todo con tanta delicia e inteligencia que, con sus notas, transmitía una sensación de continuidad y proyección en el mismo rango, por supuesto también de importancia, que la música clásica usada para el filme.





Alexandre Desplat, grande. No es su mejor obra, precisamente porque él no quiso que lo fuera. Su valoración alcanza una nota sobresaliente inmersa en las imágenes. Vientos, atmósferas, un piano delicado, minimalismo (recuerda en muchos fragmentos ese estilo tan genialmente encabezado por Phillip Glass) y belleza. Como la película.

Ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2011, no consigo nunca, por más que escucho ''The tree of life'', destacar un tema sobre otro. Apuntar que me agradó considerablemente la edición del cd sin ninguna de las piezas de música clásica del film.  Aquí tenéis un fragmento de la obra:




ESCÚCHALA SI…: has visto la película; aunque no seas un amante de la música de cine, oir su banda sonora original (y no la música clásica empleada por el director) te hará revivir directamente las sensaciones y filosofías encontradas en la cinta.

NO LA ESCUCHES SI…: esperas de Desplat una obra cumbre, abierta y sencilla. Su composición trata ahora de sensaciones, atmósferas, filosofías y una metafísica acorde a lo que su director necesitaba. La música no te llevará a ningún lugar por sí misma; necesita de ti.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO:  nunca. Gana mucho escuchándola y ''viéndola'' en la película aunque, quizá, su grandeza se pierda entre el resto de música clásica empleada por Malick.

PUNTUACIÓN: 7.5 sobre 10


Antonio Miranda. Mayo 2014.

GODZILLA- Alexandre Desplat.








8.5 sobre 10

Violenta belleza devastadora. Absoluto arte que se adentra con una fuerza directa en el oyente. El inicio de la partitura, durante breves instantes, nos lleva al repetitivo mundo de la música de ciencia-ficción y super-héroes para, en ese momento, girar bruscamente hacia el ''mundo Desplat'' que nos espera, una variedad de composiciones (no por serlo abandonan la unidad como conjunto) que nos harán disfrutar de una locura drástica a base de la combinación, como nadie y como nunca, del sintetizador y la orquesta. ''Zero dark thirty'' consagraba al compositor francés dentro de esta mezcla nada fácil y ahora, con ''Godzilla'', supera otro escalón (si eso es posible comparándola con la banda sonora nombrada) yéndose a una vertiente puramente desatada de temas activos y frenéticos mientras, con cautela inteligente, en aquella mostraba un lado más metafísico y reflexivo. 







Los detalles en la partitura de Godzilla harán disfrutar como nunca a cualquier amante del estudio de la música para cine. Composiciones y arreglos exquisitos, frenéticos y hasta elaborados de tal forma que durante momentos puntuales llegan a superponerse hasta seis y siete y ocho líneas melódicas absolutamente distintas y todas ellas manteniendo su personalidad, importancia y (lo más difícil) respeto por las otras que suenan. Desplat fundamenta su música alrededor de, musicalmente hablando, varios aspectos: las cuerdas (hirientes muchas veces), las bases rítmicas de bajos sintetizados, los vientos (a los que otorga el protagonismo frente a las cuerdas, elaborando diálogos neuróticos entre ellos) y escasos pero estudiados adornos étnicos. La partitura se mueve en este sendero de acción frenética, aderezada sutilmente por una parte más melódica y lírica que el artista pone, voluntariamente, en un nivel bastante más bajo de lo que en él es habitual en este tipo de ambientes y que podría ser el único punto flojo del trabajo.



''Grabando la música de 'Godzilla' ''.



Podríamos comparar el actual ''Godzilla'' con trabajos anteriores, sobretodo los más reconocidos de David Arnold y Akira Ifukube. La música del compositor británico, más tendente al misterio y con una impresión poco poderosa y más sinfónica. La del japonés, en una línea más cercana a Desplat en cuanto a calidad y formato poderoso y, evidentemente, con su toque clásico; sin duda alguna, a un nivel muy similar al compositor francés. Podéis escuchar esta magnífica interpretación del ''Godzilla'' de Ifukube a continuación:





Concluyendo, absoluto poder artístico en un genio de la música actual del cual, asombrosamente, podemos esperar mucho más no por carecer su actual y reseñada obra de calidad (que le sobra), sino por demostrar día tras día que una obra de arte insuperable es capaz de mejorarla con posteriores partituras. Increíble. Alexandre Desplat merece estar, ya, entre los grandes de la historia del cine.



ESCÚCHALA SI...: te encuentras deseoso de ''violencia compositiva'' rebosante de calidad.

NO LA ESCUCHES SI...: esperas a un Desplat común.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: sin duda, debería y, al menos, de la música de acción moderna.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''Zero dark thirty'', ''Lust, caution''

PUNTUACIÓN: 8.5


Antonio Miranda. Mayo 2014.



HELLRAISER- Christopher Young.





                               8 sobre 10.


HELLRAISER (1987).

CHRISTOPHER YOUNG.

Película de culto, escasísimo presupuesto (a tener muy en cuenta) y un clásico del cine de terror, la música de Hellraiser guarda un trabajo de notabilísima calidad. Combinación de orquesta clásica con elementos sintetizados y de melodías oscuras, bien apoyadas en las cuerdas de los violines, con efectos sonoros brillantemente combinados. Bebe ligeramente de composiciones anteriores (Charles Berstein, Maurice Jarre, el primer James Horner o Jerry Goldsmith) pero sirve, sin duda, de fuente para otras maestras posteriores e incluso muy lejanas al género (sonoridades de ‘’La delgada línea roja’’, claros ambientes de ‘’El silencio de los corderos’’ o, incluso, ‘’el Drácula’’ de Kilar).
Los títulos de crédito iniciales suelen ser una pista fundamental para la comprensión del alma musical de las películas. Aquí ocurre; Young muestra el lado romántico de la violencia, de la locura de la mente humana, del sadomasoquismo, y es capaz de prolongarlo, para aceptarlo como tal, más allá de la comprensión. No es fácil completar un concepto de tal naturaleza, tan redondo, y usando como base la sección aguda de las cuerdas de la orquesta, que va a ser el apoyo clave de la partitura, cuando suelen ser los registros graves los más usados y que más eficacia siempre han mostrado en los filmes de terror. Como digo, el resumen y entendimiento de la filosofía de la banda sonora de ‘’Hellraiser’’ se alcanzaría, únicamente, escuchando la parte melódica, aún teniendo bastante presencia el ámbito electrónico y experimental.



Nos encontramos ante una obra cuya importancia mayor reside en el concepto de lo que se transmite más que en la forma de hacerlo, la cual se encuentra respaldada por buenos momentos musicales de descripción a la imagen. Es al adquirir la orquesta tintes más enérgicos y poéticos cuando la historia sube un peldaño de nivel artístico y nos atrapa absolutamente. Así ocurre en la asombrosa escena del vals de Young: Frank Cotton toma forma ‘’humana’’. La transformación es narrada, que no descrita, por el compositor de forma exitosa mediante un vals apoteósico, convertido ya en un tema memorable entre los amantes a la música de cine; el uso de este recurso clásico impulsa a la partitura, aún más si cabe, a alcanzar un último escalón de calidad. La poesía sangrienta, visceral y mortífera ha llegado. Es, en mi opinión, la secuencia básica e imprescindible de la obra y estudiándola con detenimiento percibimos, más que nunca, el concepto idealista y metafísico del trabajo, del argumento y de la historia: un amasijo de carne y vísceras es capaz de sentirse acariciado por la melodía de una partitura absoluta. La pieza en cuestión no volverá a aparecer en sí misma durante la historia (un par de breves apuntes a su melodía, si cabe). Detalle importante y, a primera vista, llamativo. No es habitual incluir fragmentos o temas cuya situación en el conjunto resulte aislada. No obstante, en ‘’Hellraiser’’ esta novedad tiene una pretensión drástica: el vals es la apoteosis del sentido del delirio, el tema eje sobre el cual gira toda la partitura; resulta ser el corazón de la música, el órgano vital cuya función no la tiene ningún otro y que organiza el significado del resto. Young otorga a su vals el peso sobre el cual equilibrar el resto de la música, bombeando lirismo, como si de sangre se tratase, por toda la composición a través del resto de temas que crea.



‘’Hellraiser’’ crece, como obra global, poco a poco. Es llamativo: la partitura no. Ésta opta por una estructura piramidal equilibrada durante el transcurrir del filme, mantenida alrededor del vals anteriormente citado, que es el ápice de la pirámide musical y que queda magníficamente escoltado por los temas de los créditos, tanto iniciales como finales, reflejando la importancia del sentido lírico y sentimental de esta cruda barbarie.
Concluyendo, la composición del músico americano para ‘’Hellraiser’’ goza de una calidad muy alta. Nunca habremos de escucharla atendiendo al sentido literal de sus notas; la obra, sin duda, carece de literalidad y se adhiere como nunca al carácter filosófico de temas tan delicados como la violencia, el sadomasoquismo o el mismo romanticismo. Gran obra.


ESCÚCHALA SI...: quieres adentrarte en el mundo metafísico de las ideas extremas y asociarlas artísticamente a una noción positiva a través de la música.

NO LA ESCUCHES SI...: pretendes encontrar una partitura de terror al uso.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: sí. Lo es dentro de la música para filmes de terror, al igual que su compositor.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''Pesadilla en Elm Street 2'', ''La mosca 2''.

PUNTUACIÓN: 8.


Antonio Miranda. Mayo 2014.










VÍDEO- Psycho- BERNARD HERRMANN



Extraordinaria interpretación de la banda sonora del genio compositor; fijaos en los violines del minuto 3'02'' y del 3'17''...








LA DELGADA LÍNEA ROJA- Hans Zimmer.




10 sobre 10

THE THIN RED LINE(1998).

HANS ZIMMER.


’Si eres listo te preocuparás sólo por ti, no puedes ayudar a los demás’’. Estas palabras resumen contundentemente gran parte de la filosofía de ‘’La delgada línea roja’’. Un superior aconseja al soldado que, reflexivo, apunto está de iniciar el avance hacia los enemigos; anuncia su muerte, es lo que hace, pero, al tiempo, su vida. Silencio. La orquesta (suave, sutil, sin graves) va apareciendo majestuosa y entrañable, casi imperceptible; una melodía hermosa (sin tonos graves, repito) coincide con la que los aborígenes de las tierras donde se escondía al inicio el soldado entonarán al final de la historia, en los títulos de crédito. Un canto a la esperanza, que es la muerte; es comprender cómo la vida sufre, precisamente, viviendo. Se trata de la escena con la que cualquiera que atienda al trasfondo de Malick podrá comprenderlo todo. También aquí se sintetiza la filosofía musical del metraje. Hans Zimmer poblará los momentos con notas infinitas tocadas por chelos y contrabajos. En ellos se apoya, absolutamente, toda la música del compositor alemán para esta película. No lo hace, por otro lado, en la escena nombrada (ni en dos o tres puntos esenciales), donde los graves de las cuerdas no aparecen, desempeñando tal función el entramado de palabras y el rostro contemplativo del soldado, pensamientos y circunstancias que nos vienen dadas. Igual ocurre en la escena en la que dicho soldado fallece. Momento cumbre y extasiante, absoluta belleza descriptiva de director y compositor tratada de la misma forma que el instante reflexivo anteriormente nombrado y con cuyos únicos análisis (necesariamente profundos) podría entenderse la magna trascendencia de esta obra.






No recordar apenas nada sobre ‘’La delgada línea roja’’ (como leí comentar a un espectador) supone pobre atención a esta magnífica creación y todo lo que lleva detrás. Nos encontramos ante un tratado de Filosofía; es más, Terrence Malick otorga a la que en aquellos años era la gran figura de la música de cine, Hans Zimmer, el honor de convertir sus reconocidas y reconocibles notas en literatura absoluta. El inicio de la obra ya nos lo aclara: el cocodrilo (símbolo de maldad, daño, poder; incluso del origen de todo lo viviente) se adentra en el río. La naturaleza y el daño de los humanos se unen, aquélla impasible, éste, lento y seguro. Suena la música con un protagonismo hiriente y en la misma línea que lo hará durante todo el metraje: ponderación de largas melodías, notas mantenidas majestuosamente y los graves, ahora sí, como grandes reyes de todo. Precisamente son estos últimos los que, en la primera escena, la describen con magno egoísmo. No suena nada más, varias notas mantenidas en bajos a forma de efecto de sonido. Zimmer nos está presentando, como lo hace también Malick, el esquema fundamental del contenido.





Dos historias son narradas; ‘’La Delgada Línea Roja’’ supone la dualidad, en una misma obra, de dos literaturas distintas, una visual (las escenas, la guerra, los disparos, los diálogos) y otra sonora (la música). Ningún episodio de acción, ni siquiera violento, es sustentado por sonidos épicos, desorbitantes o, incluso, acelerados. Todo lo contrario: Hans Zimmer acaricia las balas, la sangre y la desgracia siempre (siempre)  con su música deliciosa y casi celestial. Es la música la literatura filosófica de la obra a la que le da igual sonar mientras se mata. Ella (la música), impasible al drama, lo encumbra ya, de antemano, hasta la gloria. No vemos: pensamos.
Zimmer no narra episodios o imágenes sino que se dedica a describir etéreamente. Cualquiera de sus composiciones podría usarse para todas y cada una de las partes del metraje. Llega a encadenar múltiples escenas con  una sola e incluso hacerlo mediante su reconocido e imitado ‘’tic-tac’’ durante toda la pieza como base rítmica marcada y repetitiva (magnífica en la parte en la que el grupo viaja desde la costa de la isla a su interior).  La aparición del arpa y el oboe también son muy a tener en cuenta; entre tanta cuerda, ellos son los que balancean largos conceptos musicales y nos adentran en la historia que ocurre, la que se ve,  en los pequeños detalles de la imagen mientras los graves y las cuerdas siguen tejiendo esa continua y delgada línea que sirve de lazo a las escenas y de esencia a la obra.




Parémonos, por último, en un detalle. Muere el sargento Keck. Maravillosa estampa, intensa, llena de matices de todo tipo, artísticos, de cámara, ideológicos y, por supuesto, musicales. Fragmentos así son los que engrandecen el estudio y contemplación de las obras de arte. Vayamos a ello: suena la música. Nada de alteraciones, nada de nervio musical; todo calma, insólita calma melódica al tiempo que el sargento enloquece sintiendo su muerte. El compositor alemán esconde ahora los graves, pero no se oculta él. ¿Por qué? No suena ningún matiz que los ponga al descubierto, ni cuerdas, ni efectos. No obstante, ahí están. La absoluta intensidad de la escena, los diálogos, la muerte cercana, las interrelaciones de los protagonistas, todo eso actúa tomando el cuerpo de los contrabajos y violonchelos. Es un momento intenso, máximo. Se conjuntan las acciones y no los pensamientos, los cuales surgirán de aquellas más tarde, al concluir el desaliento. La música, ahora, cede su poder descriptivo para dejar que la propia imagen sea su narradora. Así ocurre durante varios momentos cumbre del metraje; en ellos, Zimmer abandona los graves de la orquesta para ceder el protagonismo a quien lo requiere: la acción, incluso el discurso filosófico (siempre que este no sea partiendo de imágenes sin palabras, en cuyo caso la orquesta suena en todo su potencial). Curioso: el compositor alemán, maestro de la acción, compone música lenitiva para cualquiera de los momentos trepidantes.





Concluyendo, un trabajo exquisito del compositor alemán dentro de su línea melódica pero que, sin duda, fue un salto adelante por encima de cualquier otro antes compuesto tanto por su concepción como por la adaptación musical a la imagen. Auténtica filosofía musical y exquisito trabajo compositor-director.



ESCÚCHALA SI...: admiras las composiciones extremadamente pausadas y pensadas.

NO LA ESCUCHES SI...: esperas el típico sonido ''Zimmer'' de acción.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: sí, sin duda.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: The Rock, The Pacific, The Pacemaker.

PUNTUACIÓN: 10



Antonio Miranda. Abril 2014.







BSO- Stardust-ILAN ESHKERI


6 sobre 10


    Solvente banda sonora, poco más. Ilan Eshkeri, compositor londinense que ha trabajado al lado de importantes artistas como Hans Zimmer o Michael Kamen pero que, en solitario, apenas tiene experiencia en el mundo de la música para imagen, muestra su lado más sinfónico en un trabajo acabado con practicidad. Es complicado que un score, actualmente, de carácter comercial y melódico pueda atrapar al oyente con un mínimo de exigencia ya que es en este ámbito donde más cantidad de trabajos tenemos y con mayor facilidad se ejecutan.





    Nos encontramos ante una obra que respeta absolutamente todos los patrones del género. No se salta ninguno ni introduce variantes arriesgadas que lleguen al límite de la sospecha. Demasiadas referencias externas, eso sí, a otros compositores . Si su desarrollo va interesando en su primera parte, llegada la mitad del mismo uno queda perplejo escuchando el corte ''Lamia's Inn'', que podemos desglosar en dos percepciones. Es una pena que el fragmento más destacable sea este, precisamente. Pero vamos a ello. Wojciech Kilar parece renacer al mismísimo Drácula, literalmente. Ahora bien, de la misma forma Kilar dio un poquito de vida al recordado Gustav Holst componiendo ''Mars, the Bringer of War''. En fin, siempre el tema de las odiadas y repetidas referencias musicales. El fragmento, por otro lado, concluye de mejor forma en un ligero homenaje, que no plagio o referencia, al estilo de Patrick Doyle.

    Concluyendo, una banda sonora típica y tópica dentro de la composición para el cine de fantasía y aventura. Prescindible, aunque escuchable.


ESCÚCHALA SI...: quieres pasar un rato entretenido escuchando música sinfónica.

NO LA ESCUCHES SI...: esperas una gran obra del género.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO:  no.

PUNTUACIÓN: 6.

Antonio Miranda. Abril 2014.

THE AMAZING SPIDERMAN 2: EL PODER DE ELECTRO/ Hans Zimmer.




4 sobre 10


THE AMAZING SPIDER-MAN 2

Hans Zimmer, Pharrell Williams, Johnny Marr, Michael Einziger, Dave Stewart.


    La osadía innovadora y el empaste suficiente con las imágenes no bastan para que una composición para cine sea satisfactoria. De hecho, cualquiera que cumpla las dos primeras características y no presente una escucha mínimamente de calidad, es deficiente.

        Hans Zimmer intenta, en cada obra que hace desde hará tres o cuatro, superar la nota negativa de la anterior. Nos encontramos ante un desacertado intento por mezclar ruidos, tecnología y vientos de orquesta. Si, tras atender a la escucha aislada aplicamos todo esto a la pantalla, el nivel escala alguna posición, pero para nada las suficientes. Es completar el primer tercio de filme y, realmente, no saber en qué camino se mueve una partitura variopinta y vacía de equilibrio y unidad. Un tema principal algo extraño, inserciones rítmicas pop repentinas y unos momentos pausados verdaderamente simples.





    El genial compositor alemán se muestra demasiado insistente por realizar colaboraciones con otros artistas, nada relacionados con la música del séptimo arte. Gran error. El músico pretende resolver la situación mediante el típico arpegio electrónico (que en los últimos tiempos está de moda en la música de superhéroes). Lo hace, sí, pero con una sencillez que alcanzaría cualquier aficionado de nivel medio que maneje cuatro programas de informática musical y más aún, usando un extraño juego de voces que se queda ahí, en el simple intento. Más allá, de pronto, brota un sonido de viento tipo trombón que no hace sino rechinar al oído entre tanto ruido sin demasiado sentido. El tema principal, igualmente arpegiado (mediante toques de cuerda de guitarra que más bien te llevan al pobre Llanero Solitario que a un superhéroe como Spiderman). Y así, un detalle tras otro, siempre creando dudas y ninguna solvencia.

    Cara y cruz del metraje lo encontramos a la hora de aventura, dos secuencias casi continuadas. La primera, de lo mejor del filme: Electro llega a Nueva York y presenta sus credenciales. El sonido sucio y electrónico se fija bien a la secuencia. La segunda, de lo peor que se puede recordar en una película moderna: Peter Parker experimenta y un simplón sonido intenta, sólo eso, acompañar (de forma desafortunada).





    Los instantes más sencillamente compuestos y comunes son los que mejor muestra dan de que las cosas bien hechas no se pelean con ciertos clichés. Nos referimos a los arpegios sintetizados en forma de sonido de bajo electrónico que apoyan las secuencias del tercio final. La inclusión, como pegatina sin sentido alguno, del vals clásico que Kubrick empleó en ''2001, una odisea en el espacio'', muestra el desatino lineal de la partitura, incluso colocando a Strauss por encima, en sentido o impacto en pantalla, del propio Zimmer.

    El final de la historia empuja ligeramente la composición hacia lo positivo. Zimmer, durante las últimas batallas, adopta una postura más narrativa y poderosa, aunque no suficiente como para maquillar los importantes fallos conceptuales y compositivos de esta, en definitiva, pobre creación musical para la pantalla.








ESCHÚCHALA SI...: te atreves con una composición carente de sentido musical, fácil de escuchar y que aporta poco, o nada, en cualquier situación en la que se oiga.

NO LA ESCUCHES SI...: optas por no perder tiempo y quieres mantener alguna esperanza ''zimmeriana''.

RECOMENDACIÓN END TITLES: absolutamente no.

OTRAS OBRAS  DEL AUTOR: ''The peacemaker'', ''Madagascar''.

PUNTUACIÓN: 4



Antonio Miranda. Julio 2015





BSO- Río 2- JOHN POWELL



                                6.5 sobre 10


  Cualquier oyente que no conozca la obra de John Powell quedaría maravillado de la composición de Río 2. Los que seguimos atentamente su trayectoria vemos en este trabajo cierta repetición de lo anterior,eso sí, marcando un pequeño motivo de interés en el ámbito de ritmos latinos que ofrece a su partitura, sobre todo en la primera mitad del metraje.

 

  Powell estructura su trabajo en torno a líneas compositivas muy similares a su predecesora (''Río'') y su función se centra en la narración, más que descripción, de la historia. Me resulta gracioso quien afirma la sentancia incuestionable de la profunda importancia, o casi única función a tener presente, que tiene el empaste de la música en la imagen. Si así fuera, John Powell no tendría rival en el mundo de la música de cine. El nivel que el artista alcanza en este sentido es único e inigualable. Lamentablemente hay veces que el empaste debe ir acompañado de una calidad musical pura de la partitura. En ''Río 2'' el empaste es magnífico y la calidad algo repetitiva pero notable.

  En conclusión, un trabajo muy agradable y de gran calidad en su primera parte y que sigue las líneas de los scores para animación del compositor británico.

ESCÚCHALA SI...: tienes la inquietud de cómo será el ''ambiente Río'' con un toque más de folklore.

NO LA ESCUCHES SI...: esperas algo diferente a su predecesora.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO:  no.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''How to train your dragon'', ''The Bourne identity''.

PUNTUACIÓN: 6.5



Antonio Miranda. Abril 2014.








Bram Stoker's Dracula- WOJCIECH KILAR




9 sobre 10



                ‘’Ha ocurrido algo…; desgraciadamente, el acontecimiento devastador que imaginé es realidad; alguien ha muerto’’.
                Tantas otras perversidades o desgracias podríamos imaginar escuchando esta barbarie dramática; cualquier pensamiento hostil y pesimista quedaría aplastado por la fuerza y el poder que Wojciech Kilar dio, en 1992, a esta composición absoluta, un dramatismo romántico que necesita ser escudriñado y estudiado y disfrutar de él.




‘’Mi vida, en el mejor de los casos, es miseria’’. Un inicio ligeramente caótico y poco creíble al espectador es rescatado por esta gran sentencia del Conde, el gran prólogo literario y la música del compositor, que anuncia ya, desde el albor y con su magnífica marcha trágica, la figura apoteósica del protagonista. Estos comienzos titubeantes de la película quedan enmarcados por dicho prólogo y la escena de la fiesta de la alta sociedad a la que pertenece la novia deseada por el Conde. Ambos momentos son tratados por Kilar de forma brillante, el primero dejando claro lo que pretende y hasta dónde llega con la partitura y el segundo, sutil, ensoñador y lírico. Me detendré brevemente en él (es fácil percibir los matices y querencias del compositor en el resto de la película ya que resultan tan poderosos y directos que esto les hace visibles rápidamente); magnífico, toque maestro, una genialidad pensada dentro del lirismo y el barroco del filme y cuya mayor estampa artística y filosófica, personalmente, encuentro en esta escena (la de la fiesta). Manejada por el artista y su música, queriendo el director filmar esas imágenes al tiempo que dijera: ‘’vedlas, he ahí el farsante mundo real, poneos a su nivel y sed mortales, pero no conseguiréis nada haciéndolo; escuchad la música y sólo pensad en el verdadero mundo al que ella os lleva’’.  Ese mundo es el que Kilar refleja componiendo una música nada acorde con la imagen de esos minutos, una escena genialmente configurada por director y compositor en la que la música no refleja, en absoluto, lo que se ve, y sí lo que hay más allá: Drácula (cuyo semblante devastador aparece al final de la escena). Drácula no es un ser, ni un rostro ni un misterio; la composición para esta parte del metraje alcanzará el éxtasis incluyéndola de forma casi imposible, a ritmo distinto que el resto de notas, cuando Lucy, amiga de la novia deseada por el Conde, es vampirizada; Kilar empasta magistralmente la música creando tres bloques que suenan al tiempo y al tiempo describen distintas cosas: la orquesta y los coros (idea filosófica del amor y la muerte), las trompas, con golpes secos y fuertes, trepidantes (Drácula) y la melodía usada en la escena de la fiesta (a ritmo desigual y reflejando cómo la idea de vida, aparecida en aquella fiesta,  es ahora conducida hasta la idea de muerte).




Drácula lo es, es muerte, delirio, romanticismo clásico y una concepción mortal de la vida. Kilar lo concibe memorablemente, golpeando y haciéndolo sin tapujos ni adornos extra-musicales que difuminen su poder como dador de muerte a través de la música. Es excepcional: a la media hora de metraje y tras describir y narrar como nadie la escena de las vampiresas tentando al huésped, Wojciech Kilar deja concebida la partitura y marca su eterna presencia en la música de cine con solamente tres escenas principales: el prólogo, la escena de la fiesta y esta última nombrada. Asombroso. Y aún estaba por llegar la romántica composición de los encuentros entre la novia y el Conde en los que llega a rozar los tranquilos ambientes herrmanianos, únicos en la música del séptimo arte (con este tema de amor se ejemplifica la sobresaliente capacidad narrativa del músico polaco; la escena en la que novia y Conde recuerdan y empiezan a desearse, incluso acariciarse, es inmediatamente seguida por el intento de huida del castillo del prometido de aquella. Ambas escenas son enlazadas hábilmente por el mismo tema musical, sin interrupciones, que se inicia en la primera y concluye en la segunda).


                                                        (Wojciech Kilar)


El último tercio de la película mantiene el ritmo narrativo de la obra pero, ante todo, basado en imágenes y argumento. La música va desapareciendo hasta llegar al fragmento más pobre de la composición: la persecución y llegada al castillo. Kilar describe de forma poco elaborada estos momentos y baja el umbral maestro de toda su obra de manera sorprendente.

En conclusión, un Requiem moderno como composición musical. Aquí tenemos un ejemplo, a mi entender, concebido para el arte del cine de manera inigualable e incrementado como obra absoluta, aislada y maestra escuchada fuera de la pantalla y asociando su idea como reflejo del carácter monstruoso, mortífero y romántico de Drácula.


ESCÚCHALA SI...: eres amante de las obras maestras de la música asignadas a un sentimiento o concepto cinematográfico absoluto.

NO LA ESCUCHES SI...: buscas entretenimiento o música comercial.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO: lo es. La obra de Kilar unida al concepto de Drácula es, sin suda, una noción máxima referida a la música para imagen.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''The Pianist'', ''Marynia''.

PUNTUACIÓN: 9

Antonio Miranda. Abril 2014.







BSO- Winter's Tale- HANS ZIMMER





3 sobre 10.



    Paupérrima obra. Nos encontramos ante un efectista score que sólo cumple, nada más. El compositor alemán, venido a menos y con peligro de abandonar su trono como grandísimo genio de la música de cine, acompañado del flojo Rupert Gregson- Williams, nos ofrece un conjunto de melodías orquestales sin apenas hacer uso del sintetizador, lo cual, en sus anteriores trabajos, era sinónimo de calidad garantizada. Nada de eso. Pequeños fragmentos de un piano pobrísimo; los violines intentando salvar el asunto y algún que otro matiz de intriga. Horrible.




  La música de ''Winter's tale'' bien podría enganchar a cualquier persona ligeramente inquieta por músicas de otros ámbitos, sí, sus melodías no son nada complejas, fáciles y repetitivas y compuestas sin entusiasmo alguno. Sin embargo, a los ya bien inmersos en tal arte nos deja con un sabor de boca agrio y apestoso; no dejo de sorprenderme cómo tan magno artista puede llegar a aceptar proyectos podridos y crear para ellos una partitura sin alma ni atractivo. Llega hasta tal punto de no mantener el interés por su próximo proyecto.

(Por cierto, leyendo críticas de prestigiosas webs sobre el mundo de la banda sonora alrededor de esta composición empiezo ya a pensar si esos, antaño magníficos sitios, no empiezan, como Zimmer, a flojear desorbitadamente; increíble).

ESCÚCHALA SI...: pretendes perder el tiempo.

NO LA ESCUCHES SI...: deseas seguir manteniendo a Hans Zimmer en lo alto de la composición para cine.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO...: sí, de las peores bandas sonoras del compositor, absolutamente.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: me niego a recomendar nada habiendo leído y escuchado este apartado del blog. Sería una vergüenza adjuntar obras maestras de Zimmer aquí.

PUNTUACIÓN: 3.

Antonio Miranda. Abril 2014.


BSO- Tom á la ferme (Tom at the Farm)- GABRIEL YARED.



7 sobre 10


  Gabriel Yared, un gran músico en la sombra. Trabajos unas veces para películas interesantes otras, sin duda, para obras dudosas. Pero, no obstante, siempre práctico y brillante. Este es el caso de la partitura que nos ocupa, un drama que musicalmente bucea más por el mundo de la intriga, incluso el terror y que cumple con un acompañamiento musical cuidado llegando, en momentos contados, a alcanzar un nivel de composición musical exquisito, tal es el caso de los temas ''Défiguré'' o ''Jeu de pouvoirs''.



  Yared opta por la sensación directa y marcada de su orquesta a modo de corte clásico y llega, en muchos momentos (los más brillantes) a simular al gran Herrmann, tanto por matices como por sensaciones.

  En definitiva, un trabajo recomendable del músico que, aún así, no llega a niveles logrados en el pasado.

ESCÚCHALO SI...: quieres conocer un lado novedoso de Yared.

NO LO ESCUCHES SI...: reconoces tener a mano alguna que otra obra maestra.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO...: nunca.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''Mensaje en una botella'', ''Amelia''

PUNTUACIÓN: 7.

Antonio Miranda. Abril 2014.

NOÉ/NOAH- Clint Mansell.






                                8,5 sobre 10


NOAH (2014).

CLINT MANSELL.



    La complejidad de las estructuras y sensaciones que Clint Mansell provoca en el oyente no ayudan nada a este genio del arte a crear adeptos a sus obras; sí lo hace a fabricar conceptos cinematográficos bárbaros.

    ''Noé'' supone un paso más en la evolución del compositor, pequeña, eso sí, aunque atrevida. Un filme poco típico de la carrera del director Darren Aronofsky concluye en la elección de su fiel músico para tal proyecto y en él, sorprendiendo quizá a sus detractores, o tal vez sin hacerlo, Clint asume el riesgo de introducir en la composición sus clásicas locuras ''músico-mentales'' y, en esta ocasión, muy bien definidas entre pequeños, los mínimos, matices más comerciales. La película lo exige, pero nos confundiríamos si tildáramos Noah de banda sonora comercial al uso. Engañosa, pronto nos causará la sorpresa de habernos adentrado en el estudio involuntario (que no la escucha) de toda una maraña aparentemente revuelta y voluntariamente bien concebida.

    Clint Mansell, junto a su director, acuden a un concepto de partitura de gran minutaje, con lo que la percepción que vamos a tener del filme depende, casi absolutamente, de la música. Los matices heroicos que desprenden las imágenes, con muchos planos alejados y paisajísticos, habrían sido compuestos fácilmente mediante melodías al uso, vientos y cuerdas. No es este el camino del artista; quizá el espectador común se quede con una sensación extraña tras presenciar numerosas escenas de calibre bárbaro, pero Mansell no es Hans Zimmer, ni Horner ni cualquier otro músico melódico en este tipo de metrajes. Mansell es él y así ha de asumirse la sensación de las secuencias, nada de heroicidad y epopeyas sencillas de digerir, siempre musicalmente hablando.

  ''Noé'' mantiene las reglas generales (que no particulares) de cualquier score épico: grandeza, vientos potentes, percusión muy presente, coros... pero Mansell, como he dicho, va un poquito más allá. Hemos de bucear atentamente por la mayoría de los temas para sacar a flote la magnífica inclusión de elementos electrónicos compuestos maravillosamente por el músico, característica propia de sus obras, y que acuchillan lentamente el oído. Escucha, con predisposición, ''By man shall his blood be she'':







  Escuchado, no pierdas la ocasión, en la edición en cd, de seguir la audición justo donde termina el tema anterior; Mansell brilla absolutamente como compositor de histrionismos. Asombroso pero, seguramente, trivial para la mayoría de oyentes. ''The judgement of man''...un latigazo mortal al oído y al pensamiento con arreglos exquisitos. Ý, más adelante, la deliciosa sorpresa de incluir en ''The fear and the dread of you lyrics'', en su parte final y entre tanta imagen y sonido grandioso, un marcado rechinar tecnológico. Genial.





    Se hace imprescindible la escucha aislada, absolutamente. El filme mantiene un diseño peculiar, muy directo en imagen y efectos sonoros y con la música, que ya de por sí contiene mucho, insertada como un elemento más dando la visión genérica de lo que sucede. Los detalles, exquisitos, sólo serán advertidos con esta necesaria escucha detenida, sin imagen ni historia de por medio.

  En definitiva, un trabajo distinto del genio de Coventry (aunque con algún guiño intencionado a scores anteriores) que invita a la audición paciente y detenida gracias a una mezcla poco común de conceptos e intenciones. Ya que muchos críticos se han llenado de elogios a trabajos, para mí, de un nivel muy pobre (como ''The monuments men'', del extraordinario Desplat), invito a la reflexión para que esta obra sea aclamada y reconocida por premios de todo tipo. Sí, hablo de los Oscar y de muchos más. ''Noah'' supera, con mucho, a cualquier nominación o ganador de los últimos años. Pero claro, se trata de Clint Mansell...






ESCÚCHALO SI...: eres un seguidor de composiciones interesantes y compositores grandes.

NO LO ESCUCHES SI...: pretendes escuchar un trabajo épico de corte clásico.

LLEGARÁ A SER UN CLÁSICO...: debería ser, al menos, un ejemplo a seguir.

OTRAS OBRAS RECOMENDADAS DEL AUTOR: ''Pi'', ''Moon''.

PUNTUACIÓN: 8,5

Antonio Miranda. Abril 2014.