Mostrando entradas con la etiqueta CICLOS End Titles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CICLOS End Titles. Mostrar todas las entradas

WESTERN de autor


(Entrada dinámica, en continua ampliación).


Iniciamos en END TITLES el atractivo, rudo y siempre eterno Ciclo sobre el Western y su música. Una historia llena de matices y estructuras identificativas de personajes casi como en ningún otro género. Desde el clasicismo de los antiguos a las orientaciones más modernas; desde melodías post-románticas hasta la orquesta moderna pasando, siempre, por el rompedor, experimental, desgarrador y mítico (y místico) Ennio Morricone. Disfrutad, seguidores de End Titles, de esta entrada dinámica en la que, constantemente, irán entrando reseñas nuevas de todo tipo de filmes del oeste. Eso sí, siempre los mejores.



LA DILIGENCIA (1939)
 Richard Hageman, W. Franke Harling, John Leipold, Leo Shuken

9 SOBRE 10



Nos encontramos ante una de las mejores piezas del western de la historia del cine. Equilibrada, firme, con secuencias preciosas y un argumento tal cual el recorrido de la diligencia: lineal con sus idas y venidas. Al final, todo recae los objetivos de los personajes.

Resulta complicado otorgar a la partitura el adjetivo de sobresaliente viniendo de un trabajo colectivo de cuatro compositores: 

  • Richard Hageman
  • W. Franke Harling
  • John Leipold
  • Leo Shuken
  • Galardonada con el Premio Óscar a la mejor banda sonora adaptada en la edición de 1940, la composición mantiene la pureza y el equilibrio de la obra. Un trabajo en grupo que logra un resultado como el presente, por evidencia, no es nada fácil de conseguir. Sin duda, el director, John Ford, tiene gran mérito en ello.

     Los compositores tomaron como base más de una decena de canciones tradicionales de la música folk norteamericana de la década de 1880 y las vistieron con arreglos orquestales sinfónicos: un tema principal reconocible, derivaciones puntuales y notables a las figuras de los apaches o un tema final que acompaña a la persecución son varios de los ejemplos que han llevado a esta banda sonora a ser lo que es: ejemplo de un trabajo serio y bien hecho.




    FORT APACHE (1948)
    RICHARD HAGEMAN 

    4 sobre 10





    Clásico del  western pero, personalmente, una decepción.

    Primera parte aburrida, excesicamente 'pastelosa' en todo sentido y con la presentación de una historia de amor que se aleja absolutamente del romanticismo real y de una relación fabricada dentro de la historia.

    El enlace a la segunda parte, que comienza con la marcha del batallón hacia los apaches que esperan para dialogar, es un despropósito historia-música. Y, es más, de los más evidentes en la historia del cine: no existe el enlace, musicalmente hablando, hacia la amenaza apache que está por venir y que se llevará a cabo letalmente. Incluso este enlace director y compositor lo llevan a cabo con una marcha musical, ya repetidísima en la obra, que no refleja, en absoluto, lo latente de la situación Es, realmente, una pena, ya que el compositor sí introduce unas notas musicales durante la primera parte cuando aparece por primera vez la figura apache.

    El genial director, igrnorando personalmente el motivo, nos presenta la comitiva de la caballería, al inicio de este enlace entre partes, dando a conocer, incluso en pantalla de forma clara, que el número de soldados es ingente y que se dirigen hacia unos indios inferiores en número. Cuál es la sorpresa de que, al llegar, es al contrario y la comitiva de la caballería realmente es un reducido grupo de jinetes y carromatos. Decepcionante.

    En resumen, clásico del cine que no debería formar parte de ningún inicio al séptimo arte y que, una vez expertos en él, resulta un despropósito. Sorprendente, pero cierto.




    RÍO ROJO (1948).
    DIMITRI TIOMKIN.

    8 sobre 10




    Obra de gran trascendencia en la historia del western y en la propia del compositor.

    La narración de la película, a nivel musical, es de un nivel altísimo; nos encontramos ante  una pequeña odisea, una aventura llena de singularidades y peripecias. Un ejemplo de la maravilla explicativa que usa Tiomkin lo tenemos, igualmente, al inicio de la obra: la aparición del chico, que llega desde la tragedia de los indios con la caravana, y su diálogo con los dos protagonistas es, simplemente, fastuosa. Merece la pena centrarse en este pequeño momento y aislarse en él y sus notas, el diálogo, el pensamiento del niño. Estudiar brevemente este instante es alcanzar a comprender cómo se va a desarrollar el trabajo del compositor ruso para Río Rojo.

    En el filme quedan intercalados pequeños momentos de intensidad más intelectual que aventurera, si bien este último matiz es el principal en la obra de Howard Hawks y se hace mayor cuando la caravana de ganado parte hacia Missouri. Aquí es donde Tiomkin desgrana al máximo el uso del tema principal de la película, directo, sencillo y optimista y versionado, a partir de aquí, en todo momento. La música, definitivamente, cuenta, explica y deja los momentos más trascendentales, siempre dialogados, al silencio.

    En resumen, composición estudiada y muy cuidada basada casi por entero en múltiples variaciones de un tema principal y con pequeños toques de magnificencia con los que Dimitri Tiomkin guía y resúme los aspectos más intensos del filme.




    SÓLO ANTE EL PELIGRO/ HIGH NOON (1952)
    DIMITRI TIOMKIN

    9 sobre 10







    Brillante composición del autor ruso, como la mayoría de sus producciones, con un dinamismo único.
    Con momentos y situaciones asombrosas, Tiomkin ejerce un poder tan grande sobre el argumento que él mismo conduce la marcha de las escenas. El ajuste rítmico de los registros graves con el movimiento del péndulo de los relojes, como si la vida de la gente dependiera realmente de dos o tres golpes del bandido que...





    CENTAUROS DEL DESIERTO (1956).
    MAX STEINER.

    7 sobre 10





                    Hay en ‘’The searchers’’ un concepto básico, sin el cual podríamos desviar enormemente el entendimiento del filme a partir de su partitura: el costumbrismo. Max Steiner vitaliza todo lo que su música roza, y éste es el caso. Fundamentada toda la introducción, una larga media hora hasta el fatal acontecimiento en el rancho, en las variaciones de un solo tema principal, el artista ejecuta rápidamente una pintura social y costumbrista de la vida en aquella época, llevando a este ámbito mundano y lineal todo lo que sucede, desde el regreso del tío Ethan, hasta la desgracia y la muerte; todo, sin duda, mediante un equilibrio incluso extraño para nada desviar del centro de la intención de su director, John Ford: la vida social. Intensa relación de argumento y partitura, del fondo de la historia con la forma de la composición, la cual, directa y fría, refleja lo que vemos, lo que Martha ha tenido que vivir en ausencia de Ethan y éste, a su vez, de la misma forma al marchar lejos de su deseada y prohibida mujer (esposa de su hermano). La música más importante, en ‘’Centauros del desierto’’, tiene el matiz contrario al que posee lo trascendental en el filme, es decir, mediante la música, Steiner describe la vida lineal y mundana a la que su amor prohibido ha llevado a Martha y Ethan a vivir una existencia trivial, lineal y social sin más trascendencia que ésta, uno alejado de otro.

                    La parte activa brota a partir de este momento, cuando la ambientación más costumbrista termina y ya ha quedado fijada su importancia. La secuencia de los buscadores siendo rodeados por los indios es magnífica y ejemplo primero de la influencia de la música en el ritmo novedoso y auténtico de este western tan importante en la historia del cine. Steiner aplicará en persecuciones y movimientos unos fragmentos trepidantes, incluso oscuros (gracias a las cuerdas graves) y muy cercanos a los narrativos de la época del cine de los años 20, incluso 30.

                    La mitad de la obra deja claros y bien sellados los dos ámbitos de la música para ‘’The searchers’’: el local (social y costumbrista), que nos cuenta lo que se vive en los ranchos, en las vidas, en la búsqueda y que indirectamente (pero con clara inteligencia de director y músico) nos guía por oposición a los deseos, las inquietudes y el amor inalcanzable y, por otro, el activo, que con maestría compositiva Steiner aplica a los instantes de lucha y enfrentamientos. Cerrado el círculo de significados y detalles musicales, la partitura baja su nivel presencial notablemente en la segunda parte del metraje, mantiene su dualidad comentada y sella la historia con la canción que abrió la misma, compuesta por Stan Jones y que, junto a una secuencia de similares características a la inicial, finalizan la aventura, una obra sobresaliente de John Ford en la que la música, con notable aplicación a las imágenes, logra su mayor valor en la simbología que presenta al inicio y su fuerza medida en relación al mundo de los indios y las luchas (se echa en falta, de forma abrumadora, su presencia en alguna de las escenas más impactantes e importantes del filme; sin duda, su punto débil). Correcta en muchos momentos, agradable en lo costumbrista y ciertamente notable en la expresión, queda, no obstante, por debajo de lo que significó esta gran producción de Ford para futuras obras en la historia del cine e, igualmente, por detrás de las mejores composiciones de Steiner.


    RÍO BRAVO (1959)
    DIMITRI TIOMKIN

    8 sobre 10




    Partitura inteligente, como lo era su autor. Sorprende, en tiempo del filme y forma, su inicio: ímpetu máximo y pegamento a las imágenes (auténtica narración); no obstante, la partitura en absoluto se caracteriza por esta estructura. ¿Por qué, entonces, este comienzo tan drástico? El mismo sentido del filme nos lo responde: la película, caracterizada por una acción media, incluso pausada (no vuelve a narrarse una imagen de muerte hasta casi llegada la hora de metraje), va a dejar la zona activa para la parte final.





    POR UN PUÑADO DE DÓLARES (1964).
    ENNIO MORRICONE.

    10 sobre 10





    El tema que abre el paseo de Eastwood por el poblado, ya asentado inicialmente en él (pausado, ligeramente evocador…) y en busca de su plan con los dos clanes, nos va a servir para justificar un inicio arrollador y una composición del tema principal, que nace con los créditos y continúa en la primera escena del protagonista llegando al lugar, realmente sobresaliente. ¿Qué sentido tiene una arriesgada experimentación, llena de capas compositivas e instrumentos, sonando todos al tiempo y en una armonía inalcanzable para cualquier artista que no sea Morricone? Muy sencillo para el estudioso: la contemplación de la partitura a nivel simplemente auditivo extasía a cualquiera mas, presenciada su sonoridad al tiempo que la escena inicial avanza es, simplemente, divinidad artística: el tema, repleto de elementos, sonidos, ‘’ruidos’’, voces…no es sino el reflejo fiel y absoluto de los muchos elementos que también en la secuencia aparecen, desde el niño, el forajido, el protagonista, un cazo donde bebe agua, la soga, la ventana, la joven, las campanas…y así, si quisiéramos, podríamos enumerar elementos hasta llenar dos páginas. El sentido artístico y cinematográfico de la música es, por tanto, arrollador. Un inicio tan simple como difícil de conseguir: único en la historia musical del cine.

    El argumento se desarrolla con la actividad del compositor en un nivel altísimo, sin aparecer de forma constante pero sí repentina e  influyente. Detalles embriagadores como el anuncio del tiroteo que Ramón, el peligroso hombre líder del clan ‘’Rojo’’ llevará a cabo, simbología de su extrema violencia y que minutos antes, sin el personaje todavía darse a conocer, Morricone ya indica cuando el ‘’Hombre sin nombre’’ ve y pregunta por Marisol. Mujer deseada por Ramón, en ese instante el compositor gira hacia el sentido trágico sus notas y suena el redoble de caja, instrumento que identificará al violento forajido minutos más tarde, durante la matanza. Inteligentísimo detalle.
    La historia evoluciona con Morricone como dominador de cualquier movimiento en pantalla. Se afianzan los dos motivos principales, el inicial (que el compositor versiona admirablemente, siempre cercano al protagonista) y el que apareció durante el paseo primero por el pueblo, como símbolo de una tensión en instantes relativamente tranquilos que producen una angustia cuando en pantalla nada terrible ocurre. Asombroso. El desenlace final (precedido de piezas narrativas complejas de escucha y maravillosas en aplicación) precisamente se anuncia con este tema, más idílico que nunca justo antes de la sangre final. El ‘’Hombre sin nombre’’ aparece y Morricone desata una pasión, un ímpetu y un arte como nunca: se intuye (mejor: se ve) la sangre, los disparos y la muerte  final sin empezar, sin aplicar un tema de tensión y sí unas notas que, elevadísimas en lirismo, resultan una conclusión inigualable. Obra, en fin, de un nivel altísimo e imprescindible a la hora de entender cómo un compositor es el director de la propia aventura.


    LA MUERTE TENÍA UN PRECIO (1965).
    ENNIO MORRICONE.

    9 sobre 10





    Tras la absoluta e incomparable ‘’Por un puñado de dólares’’, la segunda parte de la llamada ‘’Trilogía del dólar’’ arranca con unas características que proyectan la estructura y forma de las partes compositivas de su predecesora, ligeramente por debajo de la experimentación y el riesgo del tema principal pero con una expresividad, en los instantes puntuales, muy alta. La introducción es devastadoramente presentada de menos a más, con la aparición del protagonista (el ‘’hombre sin nombre’’) sin ser realzada tanto como ocurre tras sus primeras escaramuzas y asesinatos cuando, por fin, Morricone emplea de nuevo el tema inicial identificativo pero, ahora, creando una capa inicial con los vientos (absolutamente apartada de la impresión que causa la melodía principal, presta a sonar) que pronto será relegada a segundo plano y base melódica de las notas silbadas ya conocidas, creándose una composición dual arrolladora que deja bien claro quién manda: el músico. Encontramos en el inicio de ‘’La muerte tenía un precio’’ otra joya artística como la que fue la introducción de ‘’Por un puñado de dólares’’: Sergio Leone no duda en indicar la asociación del tema principal con el ‘’hombre sin nombre’’. Pero el compositor, genio absoluto y creador ‘’único’’ del filme, gira inteligentemente su intención para sí, garantizar los deseos del director pero, sin duda, a su propio gusto, antojo y capricho (por fortuna). ¡Admirable!

    El desarrollo del argumento mantiene viva una historia pausada y, al tiempo, con un dinamismo intenso que la partitura se encarga de matizar, siempre de manera puntual y en pocas ocasiones mediante secuencias musicales largas. Los matices del tema principal aparecen constantemente, pero siempre adornados por un toque experimental y, ciertamente, atonal en numerosos instantes que le dan a los primeros planos, decisiones importantes o segundos mantenidos una atmósfera de verdadera tensión.

    La mitad de la historia presenta la otra mitad de la partitura. Pareciendo estancarse en la dualidad focalizada del tema principal con los pequeños matices descriptivos, siempre recios y rasgados, Morricone parte en dos la composición y da origen al segundo de los motivos más importantes, ahora identificando al ‘’hombre sin nombre’’ dentro de la comitiva de los bandidos, su nueva vida. Una melodía de un talante parecido a la primera pero menos directa, con la ayuda también del fragmento pausado que va a darnos a conocer la verdadera motivación del coronel, una intensa inquietud existencial de venganza por la que va tras ‘’El Indio’’. Con la aparición final del tema inicial (tras muchísimos minutos) y un final inteligente y hábilmente compuesto como narrativa pausada del enfrentamiento cumbre, anudando los matices más sentimentales ahora comentados, Morricone cierra la segunda entrega de la ‘’trilogía del dólar’’ de forma magistral, tal y como la abrió.



    EL BUENO, EL FEO Y EL MALO (1966).
    ENNIO MORRICONE.

    9,5 sobre 10





    Un final a la altura del extraordinario inicio y una banda sonora, en definitiva, sobresaliente que pudo ser perfecta de no haber resultado poco conjuntada la parte de la lucha entre los ejércitos; no obstante, imprescindible y con un motivo principal de los mejores de la historia del cine, fabricado en base a las dos entregas anteriores.






    ONCE UPON A TIME IN THE WEST (1968).
    ENNIO MORRICONE.

    10 sobre 10





                    La expresividad musical en el western ha mantenido un altísimo nivel a lo largo de la historia. No es de otra forma el caso que nos ocupa y, menos aún, hablando de Ennio Morricone. Gran primera escena e interesante detalle en los créditos iniciales (ambos se funden en una sola idea), que suelen ser ejemplo del contenido básico de la partitura de cualquier película. Créditos e inicio, si compositor y director aúnan esfuerzo en pro de la calidad artística, llegan a resultar la síntesis y concepto esenciales de la música trabajada para ese filme.
                    
                    La ductilidad del maestro Morricone es asombrosa. La música de ‘’Hasta que llegó su hora’’ guarda una adaptabilidad a las situaciones y caracteres de los personajes altísima y consigue aunar cuadros desiguales en uno principal, que es el sentido global de la partitura. Desde la suavidad del tema de Jill  (que descansa en toques dóciles de clavicordio y voz), hasta la brusquedad y torpeza del que corresponde al bandido Cheyenne (matizado con toques continuos de guitarra algo rudos), pasando por la armónica (que rasga el alma herida del hombre sin nombre, como fiel reflejo de su presencia en la música blues) o el tema de Frank (de corte curiosamente melancólico y con la orquesta formando un colchón sobre el que suena el oboe, la flauta…).

    Prácticamente la primera aparición de la partitura mediante un tema alejado del entramado de los descritos pertenecientes a cada personaje se produce en una escena en la que participan Frank y ‘’Armónica’’, una especie de unión entre ambos adelantando el desenlace final. Morricone experimenta sin pudor y separa la impresión causada por el resto de temas anteriores con la del presente, afianzando más la secuencia y el lazo que une a los dos hombres.

    La parte final es magnífica; no aporta nada nuevo en cuanto a composición, pero sí en lo referente a intención. Aparecen los temas de Cheyenne y Jill y el desenlace se convierte, precedido del acontecimiento esperado (el duelo final, narrado por el tema de ‘’Armónica’’ en todo su esplendor, que ahora sí ya llegamos a comprender gracias a la historia), en un drama absoluto con tintes verdaderamente tragicómicos. Morricone finaliza de forma asombrosa y directa el argumento y, más allá, los personajes. El tema de Jill enlaza ahora el recuerdo de Frank, la marcha (poderoso romanticismo) de ‘’Armónica’’ y la muerte de su amigo, cuyo tema, por su parte, sorprende escuchar en sus momentos finales de vida. Nada, ni el sufrimiento, cambia su carácter, fijado por la melodía, que cerrará la composición en los créditos finales. El tema de Jill sonaba intenso al llegar la dama al pueblo. Ahora es ella quien se encuentra en pleno esplendor de la creación del suyo propio. Sus notas brotan de nuevo y la historia cobra una figura ya idealizada por la partitura, que resulta imprescindible en la historia del cine.




    SIN PERDÓN (1992).
    LENNIE NIEHAUS & CLINT EASTWOOD.

    7 sobre 10





    Western de partitura moderna que permanece oculta de forma inteligente y admirable ante tan magna historia. Su función, meramente de apoyo, se sujeta sobre un tema principal, pausado y meditado, hermosísimo y compuesto por el propio Clint Eastwood, que muestra, una vez más, su sobriedad artística a la altura de pocos artistas globales hoy día. Sin duda, partitura de un estilo, pese a estar trabajada por Niehauss, muy ‘’Eastwood’’ y un desarrollo medido y sin defectos. Pretende, únicamente, lo que hay y deja la faceta argumental absolutamente al lado cinematográfico. Ejemplar riesgo en el western, siempre acudiendo a la música como elemento fundamental de su desarrollo. Esta vez, dando ejemplo de experimentación sencilla, el director da un paso más en su carrera.



    OPEN RANGE (2003)
    MICHAEL KAMEN

    8 sobre 10



    Una obra medida, clásica; una película con matices que, unidos, consiguen un conjunto equilibrado y digno de ver y que crecen a medida que el filme recorre la historia. Western de época.

    Michael Kamen compone la partitura para esta cinta de una manera no poco llamativa: música sinfónica. No obstante, su firmeza y convicción abrazan a la obra por completo y la edulcora con un tema principal sencillo pero, al tiempo, de una compleja estructura y escucha, que siembra lo que al final cosechará: una línea continua admirable, ejemplar, modelo a seguir a la hora de componer música para cine: la música para el cine.

    El final, cinematográficamente hablando, al tiempo que musicalmente, es excepcional: un desenlace activo de una acción y un desenlace firmes al tiempo que, por ejemplo, el compositor acompañando el rostro de Costner, decidido éste a enfrentarse directo a los enemigos.

    Obra recomendable, en todo sentido




    EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD (2007)
    NICK CAVE & WARREN ELLIS
    7 sobre 10





    Western sobrio, pausado, muy estudiado y con un resultado final notabilísimo. La música que en él nos encontramos es cien por cien de autor y sus características, como no debería ser de otra manera, acompañan al carácter hermético de la historia con una instrumentación austera y un uso de las cuerdas y el bajo presentes en todo momento, pero siempre derivando a lo individual. La personalidad disruptiva del protagonista es mesurada con la partitura, que guía prudentemente, como también lo es de esta forma, su devenir hasta la anunciada muerte. 
    Composición muy recomendable pero no apta para consumidores comerciales.




    3:10 TO YUMA (2007)
    MARCO BELTRAMI
    8 sobre 10





    Espectacular filme y partitura de una presencia y poder poco común en los westerns de hoy día. Este remake de la película de 1957 nos presenta una historia directa, firme y violenta en la que la música juega un papel importante. Marco Beltrami, nominado ese año al Oscar por esta composición, se integra poco a poco en la aventura partiendo, fundamentalmente, del primer momento en el que presenta, de manera fortísima y genial, al personaje protagonizado por Rusell Crowe. La percusión pura que le adjudica en este primer momento será su seña de identidad clara y, aún así, la del western en general, corriendo con esto un riesgo (al proyectar la identidad musical del protagonista al conjunto del total) que, absolutamente, consigue esquivar de manera admirable.
    Composición magnífica de un autor, ya muy curtido, extraordinario.


    THE HATEFUL EIGHT (2015).
    ENNIO MORRICONE.

    9 sobre 10





                    Ésta podría ser la definición final del trabajo del gran compositor italiano para la primera película de Tarantino con música original: la partitura contiene tal contención agresiva (la cual dará paso a la violencia patente) que para los verdaderos y estudiosos amantes de la música en el cine llega a voltear los episodios finales de tal forma que sentiremos como disparos y sangre la mismísima melodía del tema principal cuando aquéllos no estén presentes y la echaremos en falta cuando la masacre, sin la música, aparezca.

    Escuchando atentamente el tema principal del filme de Tarantino que Ennio Morricone compone, no hay duda de la importancia única que éste va a adquirir en todo el argumento. El genio italiano fabrica uno de los motivos más poderosos de los últimos tiempos y, con seguridad, de los mejores de su extensísima carrera, a la altura de los conocidos y extraordinarios que ya creó casi cuarenta años atrás para sus partituras del ‘’spaguetti western’’. No creo, honestamente, que esto pueda rebatirse; otro asunto descansa en la influencia de la música en pantalla o en el global de la composición actual. Mas, con una estructura compositiva y detallada como la del tema en cuestión (‘’L’ultima Diligenza Di Red Rock’’), la grandeza lineal y, al tiempo, expresiva de las notas que suenan en él deben minuciosamente ser entendidas en relación a la historia. ¿Cómo podemos desenmascarar las escondidas, sutiles e inteligentes intenciones de un genio como Morricone simplemente analizando la estructura de un tema? Veámoslo.

                    Morricone ‘’aplasta’’ la obra drásticamente mediante la aeróbica forma del tema principal que tratamos, un motivo musical sostenido por el charles de la batería, maratoniano incansable, y que semeja el disparo, desplazamiento y herida de una bala salida ferozmente de la boca del arma (como sucederá drásticamente desde que todo se desencadene). El filme representa una lineal, pausada y firme trayectoria en su parte primera, como si de la poderosa bala se tratase, y un final cual herida causada por el disparo.

    En definitiva, obra que ejerce fuerte influencia en instantes concretos del filme, un tema principal memorable y una estructura compositiva que refuerza admirablemente la opción de un cierto minimalismo global por el que se puede optar y un genio como Ennio Morricone afianzar.






    LOS HERMANOS SISTERS (2018)
    ALEXANDRE DESPLAT

    9 sobre 10




    Composición de autor para un filme pausado, estudiado y magnífico realmente. La propuesta del compositor francés es arriesgada, valiente y, cómo no, con resultados. El empleo de un piano como instrumento principal en aventuras del oeste no es nada común; no obstante, aplicación sin igual para conseguir el efecto descriptivo e identificativo de la pareja de protagonistas: un conjunto de peculiaridades algo extrañas, rocambolescas a ratos, serias otros, limitadamente cómicas... El piano, su combinación y el matiz experimental, que nunca jazzístico como algunos apuntan, convierte la partitura en un logro progresivo, increíble al inicio pero que consigue empastar con la historia y el espectador de forma abrumadora a los minutos de comenzar. Definitivamente descriptiva de circunstancias y nunca de narraciones.

    Dos instantes, coincidiendo con secuencias importantes y serias (la llegada de los hermanos al emplazamiento donde se encontrará el oro y la parte final y su dramatismo) sirven para agitar la combinación e introducir un carácter hierático con la aparición de la orquesta y la sección de cuerdas, prácticamente sólo en estas escenas.

    Definitivamente, banda sonora que pasa desapercibida en la carrera de Desplat pero con una firmeza y calidad incuestionables, sobresalientes. De sus creaciones más innovadoras. Imprescindible.




    ****



    Antonio Miranda. Desde septiembre 2016.



    VAMPIROS DE AUTOR.


    (Entrada dinámica, en continua ampliación).

    Ciclo vampírico de un atractivo fílmico insuperable. END TITLES inicia el estudio de la música y su influencia en obras del género de alto contenido artístico e intelectual, desechando absolutamente el ámbito comercial de este mundo oscuro tan explotado y herido por obras menores. No dejes de visitarnos, el artículo adquire un dinamismo que siempre le permitirá ir avanzando y ampliando producciones que, desde los inicios del cine, van otorgando al mundo vampírico importantes orientaciones y atmósferas siempre impactantes. Todas las películas comentadas, sin duda, son drásticamente recomendadas por END TITLES. Disfrutad la muerte...:




    VAMPYR, LA BRUJA VAMPIRO (1932).
    WOLFGANG ZELLER.

    10 sobre 10


    La visita del anciano a la habitación de Allan Gray, durante su primera noche en la posada, es el ejemplo de cómo una partitura de 1932 manifiesta claramente un adelanto a su tiempo y la llegada de las posteriores obras de arte de un genio como Bernard Herrmann. La mezcla de ritmos, enlaces y expresiones de esta escena son ejemplares y, captando el sentido global descriptivo de la música de Zeller, se nos anuncia una doble intención, además de la descriptiva también narrativa, en la que el artista va a demostrar la evolución de la música entrando ya en el cine sonoro.
    Partitura equilibrada que muestra un concepto global de la composición para cine. Ningún aspecto a destacar incluso, yendo más lejos, ni siquiera escenas o instantes que se mantengan encumbrados por encima del resto. Composición pausada y de una calidad artística estructural muy potente, en ningún momento dejándose llevar por la expresividad o pasión de las secuencias. Un punto de referencia inicial en el género vampírico de autor.




    EL BAILE DE LOS VAMPIROS (1967).
    CHRISTOPHER KOMEDA.

    8.5 sobre 10



    Sin duda, la obra más extravagante y original de todas las que presentamos en el ciclo ‘’Vampiros de autor’’. Partitura tragicómica, siempre caminando entre el dramatismo coloreado y la música bufa tal y como el director, Roman Polanski, pretende transmitir con la atmósfera global del filme. Escenas musicadas de forma constante (pero con silencios prolongados que se hacen notar) balanceando Komeda su composición desde los rincones más cercanos a la experimentación hasta los tintes sutilmente clásicos que asoman en los fragmentos asociados al vampiro.
    La narración domina totalmente la primera parte del metraje musicado. Komeda impregna a las escenas de transición y alguna activa una orientación pura hacia contar lo que ocurre, poder cerrar los ojos e imaginarse a los dos investigadores cómicamente persiguiendo al nuevo vampiro, dueño del caserón. Sólo cuando el mundo vampírico asoma verdaderamente sus rasgos la partitura ladea sus tonos, los convierte en relativamente extraños a las melodías y algo próximos a la experimentación, como ya hemos dicho.
    La mitad del filme empuja drásticamente a la composición hacia niveles sobresalientes. Ejemplo de cómo las imágenes también pueden ayudar a la música, la ambientación sobrecargada, artística y barroca del castillo del conde Von Krolock acaricia dulcemente a unas notas que cada vez abandonan más la narración y dedican su tiempo a delinear las elegancias y tensiones de un lugar y un personaje envueltos por el misterio. Precisamente la unión de esta vertiente con la hasta ahora dominante (la narrativa) fusiona sus intenciones en una secuencia maravillosa, seguramente desapercibida para la mayoría pero con una fuerza musical arrolladora: el profesor Ambrosius y su discípulo entran a la cripta del castillo a través de las zonas altas. El compositor inicia un minimalismo radical con el que, usando instrumentos de viento y percusión, narra la escena al tiempo que acopla una base de coros femeninos, reflejo de la ambientación vampírica que reina en el lugar. Una opción realmente conseguida, intencionada y ejemplar. La cumbre sobresaliente de la obra y, a partir de aquí, elección de la estructura formal de la música.
    Un final importante, en el que las dos vertientes musicales van a darse íntimamente la mano (los coros y los instrumentos narrativos van a entonar las mismas notas, significado de la fusión final de la partitura y la condición humana y la sobrenatural), cierra una obra de alto nivel, estudiada, trabajada y con una estructura sencilla pero, al tiempo, muy conseguida. Sin duda, imprescindible en la saga de vampiros de autor.


    DRÁCULA (1979)

    JOHN WILLIAMS

    8 sobre 10



    Obra a reivindicar en la carrera del Maestro, compuesta dos años después de ''Star Wars''. Auténtica delicia narrativa que supone el verdadero argumento de toda la historia y que se podría conocer escuchando la partitura. Un tema central a la altura, sin duda, de cualesquiera otros del Conde, un uso de él tal vez excesivo en ocasiones pero que Williams matiza en seguida con giros y soluciones, con guiños al espectador esperando su ya retenido tema y marchándose ágilmente hacia otros territorios musicales y narrativos que sorprenden. Escenas con un uso de los graves magistrales: una dicotomía con los agudos que nos lleva a esa locura de mente y mundo vampíricos. Y, en definitiva, una joya para disfrutarla viendo la película y deleitándonos en su fotografía, en sus detalles y en esa atmósfera que sin el Maestro habrían sido simplemente buenas.




    BRAM STOKER’S DRACULA (1992)
    WOJCIECH KILAR.

    9 sobre 10 




                    ‘’Ha ocurrido algo…; desgraciadamente, el acontecimiento devastador que imaginé es realidad; alguien ha muerto’’.
                    Tantas otras perversidades o desgracias podríamos imaginar escuchando esta barbarie dramática; cualquier pensamiento hostil y pesimista quedaría aplastado por la fuerza y el poder que Wojciech Kilar dio, en 1992, a esta composición absoluta, un dramatismo romántico que necesita ser escudriñado y estudiado y disfrutar de él.
    Drácula es muerte, delirio, romanticismo clásico y una concepción mortal de la vida. Kilar lo concibe memorablemente, golpeando y haciéndolo sin tapujos ni adornos extra-musicales que difuminen su poder como dador de muerte a través de la música
    Requiem moderno como composición musical. Aquí tenemos un ejemplo, a mi entender, concebido para el arte del cine de manera inigualable e incrementado como obra absoluta, aislada y maestra escuchada fuera de la pantalla y asociando su idea como reflejo del carácter monstruoso, mortífero y romántico de Drácula.


    CRONOS (1993). 
    JAVIER ÁLVAREZ.

    7 sobre 10


     
    Composición peculiar enlazada con la película y ésta con la primera de forma casi calcada. Las características sociales, mundanas e incluso folclóricas que Guillermo del Toro presenta son, al tiempo, igualmente reflejadas como si de un espejo se tratase por el compositor. La música suena durante prácticamente toda la obra y sus registros son variadísimos, introduciendo hábilmente un tono extraño y acudiendo a las atmósferas atonales a medida que el protagonista va sufriendo los cambios de su nueva condición sobrenatural.
    El vals, el tango o canciones de la tierra suenan sin descanso entre otras orquestales o, incluso, pareciendo que la mismísima banda musical tocase los fragmentos más serios ofrecen una ambientación muy singular, sin duda estudiada y notablemente original con un cambio brusco a mitad de metraje que puede sorprender por su extrema decisión; no obstante, la música continúa fiel a la historia, adopta un matiz melódico e inicia el nuevo andar de la obra junto al personaje principal, enmarcado ahora en una frenética variedad de registros que, sin duda, perjudican a la visión global y, más aún, al concepto individual de la historia. Un final brillante, musicalmente hablando (igualmente en el desenlace último del argumento), melódico y tierno, cierra una obra interesantísima y de notable resultado.


    ENTREVISTA CON EL VAMPIRO (1994).
    ELLIOT GOLDENTHAL.

    10 sobre 10


    Genio absoluto, desconocido y lamentablemente poco prolífico en partituras para el séptimo arte. Nos encontramos ante una obra maestra de la música de cine de la modernidad, pensada, dramática, intensa, expresiva y lujosa. Un barroquismo musical exquisito de la mano de un compositor total. La música para la presente obra dispone pasajes de una descripción y apoyo a las imágenes de gran valor, alejándose de la simple y fácil explosión de terror y adoptando matices claramente compositivos y, por otro, los narrativos de una variabilidad y alcance notabilísimos. Su cercanía a una época pasada clásica y gótica se plasma firmemente en la unión que el artista fabrica entre los temas no originales (adaptados a la cinta por George Fenton), fundamentalmente de Handel, Mozart y Haydn y su partitura, aderezada sutilmente por esos toques de harpsichord que tienden el puente entre la época y la música clásica y una fuerza arrolladora de la composición original.
    La parte central del filme, musicalmente hablando, posee un desarrollo inigualable, sin duda poco reconocido y a la altura (o, incluso, superior) de otras grandes obras musicales para vampiros más conocidas, como es el caso de los Nosferatu  o el Drácula de Kilar. Goldenthal ejerce de dueño absoluto de la narración, apoderándose de las idas y venidas drásticas que el director nos ofrece, parándonos especialmente en la secuencia en la que los dos amigos, ya en Nueva Orleans, seducen y maltratan a una joven y, minutos más tarde, lo hacen con la niña que encuentran. Una maestría que, detalladamente atendida, nos conduce sin remedio hacia una atmósfera artística (siempre gracias a la música) de niveles clásicos indudables.
    El Romanticismo, como concepto global, auténtico y filosófico, está presente en la batuta de Goldenthal de una forma magistral y siempre patente; su clímax, junto a la secuencia posterior (en la que los dos vampiros son secuestrados por el grupo de criaturas ‘’bufonescas’’ y la ambientación del compositor genera un caos y teatralidad como pocas veces escuchado), se produce en el inicio de esa especie de despedida de la niña para con su compañero, una escena musicalmente delicada y maravillosa. Ambos instantes reflejan el cuerpo, siempre presente, de una partitura completa, bien formada, potente y con una variedad de registros que, detalle éste, nunca antes había conseguido una producción vampírica. Obra de referencia en la saga cinematográfica de vampiros, una de las mejores de la época moderna y la cumbre para un compositor único con una manera de provocar furia y poder (siempre mediante esos vientos graves de la orquesta)…única.


    VAMPIROS (1998).
    JOHN CARPENTER 

    8 sobre 10 




    Genialidad; esta palabra, directa y simple, posee las características que el director y compositor estadounidense aplica a todas y cada una de las partituras que crea. Un inicio aparentemente rebosante de una música rockera instrumental (que determina las características del filme y su grupo de cazavampiros masculinos) queda derrotado drásticamente por la inteligencia compositiva y estructural de Carpenter: la forma en la que presenta el primer rostro vampírico es, a la par que simple y sutil, extraordinario y ejemplar. Lejos de la atmósfera que ha creado durante los primeros minutos, la composición brota de forma etérea, sintetizada y blanda, algo extraño dentro del conjunto pero con una fuerza global (por el contrario) tan grande que lo que el director pretende se consigue en seis segundos: la figura de la bestia queda enmarcada de manera magistral. Minutos más tarde, continuando la inserción de los fragmentos sintetizados entre temas rítmicos con batería siempre próximos al rock y al blues, el artista vuelve a caracterizar un rostro, el del líder del grupo cazavampiros. La simbología y el acierto de Carpenter (me atrevería a afirmar rotundamente) se igualan a los del gran Ennio Morricone y su descripción de personajes en los spaguetti westerns. Ahora, Carpenter se adentra en la mirada de Jack Crow y la anuda con firmeza a la del vampiro Jan Valek en un juego, paralelo a la descripción, en el que realmente junta a las dos figuras principales del filme. Nos encontramos ante una partitura maquillada por la parte más rítmica pero con una profundidad intelectual de los fragmentos sintetizados realmente poderosa.
    La parte central de la obra nos pinta un compositor serio y constante. Los detalles florecen (o mueren cual víctima vampirizada) a cada paso. La secuencia en la que la chica transformada es consciente de su problema, gracias a la explicación del compañero de grupo de Jack Crow, es interesantísima: Carpenter compone una pieza para piano sintetizado que es tocada en tiempo real, siempre variando los encuadres cuando el diálogo lo hace y ejemplificando cómo un artista puede huir de la modernidad musical e insertarse en la expresión. La pieza que suena inmediatamente después, iniciándose la comunicación mental entre la joven y el vampiro, anuncia el crecimiento narrativo de una partitura que ya no dejará de merecer.
    El desenlace abandona definitivamente los fragmentos más rítmicos, se centra en los sintetizados y aborda un ligero detalle que sella del todo el matiz western del filme: Carpenter lleva a los protagonistas al pueblo final, donde ambos se enfrentarán. La mezcolanza del estilo Carpenter con el estilo western es deliciosa, atacada directamente por sonidos de cuerda que van a dar paso, rápidamente, a los sintetizadores más puros del artista, allá donde (sin menospreciar el resto de la obra) brilla con luz propia.
    Obra poco reconocida, algo desconocida y, sin duda, logradísima, ‘’Vampiros, de John Carpenter’’ supone una composición alejada de las melodías bien reconocibles del músico pero, no obstante, siempre fiel a su estilo. Seria, trabajada, con detalles por donde los busques (incluso un par de referencias, musicalmente hablando, a la enorme ‘’Suspiria’’ de Goblin y Darío Argento), consigue una atmósfera poderosa, un agobio logrado y una calidad indudable.


    LA SOMBRA DEL VAMPIRO (2000).
    DAN JONES.

    7 sobre 10


    Partitura muy medida y controlada bajo detalles de una linealidad que otorgan al filme un sentido puro, elevado, como lo es la figura del vampiro. Jones ejecuta con gran acierto los numerosos fragmentos a los que su música se aplica, algunos de ellos casi imperceptibles, otros aderezados con matices de los vinilos antiguos y con la orquesta, en los más, dando muestras de un post-romanticismo elegante, intercalados, en instantes en los que Nosferatu aparece, con atmósferas sintetizadas de una sutileza tan extrema que apenas se sienten pero que sí delinean suavemente el deseo elevado, incomprendido y ahogante en la vida del monstruo. Un desarrollo orquestal y un final con la delicada línea de una o dos notas sintetizadas (y que han dejado de escucharse durante la secuencia última y clímax del argumento) que, con aparente sencillez, trabajan notablemente una obra de escucha agradabilísima y resultado muy formado.



    DÉJAME ENTRAR (2008).
    JOHAN SÖDERQVIST.

    9 sobre 10




    Cinta de terror vampírico elegante, de admirable tono y un realismo drástico e impactante. La partitura que para ella crea el compositor sueco mantiene un tono de auténtica y trabajada seriedad, firme, muy directo y con una paleta pictórica de notas realmente influyente. El inicio post-romántico y su ejercicio en la primera media hora son frontales y, a la par que sencillos, ejemplares: el primer ataque sobrenatural resulta aterrador, una escena de gran fotografía, ritmo y tensión. Calidad artística para una ejecución musical fortísima; sin embargo, Söderqvist abandona absolutamente la vertiente terrorífica de la composición y advierte al espectador del camino romántico que tomará la historia, endulzando y uniendo, entre guiños de angustia, la figura de los dos niños mediante una dulce muestra de temas verdaderos y humanos y que van a derivar, de forma hermosa y estudiada, en el tema principal más directo del filme, por vez primera interpretado a la guitarra y en el que, bajo la sensación aparente de asociarlo con la dupla padre-hijo (ya que aparece siempre cuando ambos están juntos), el compositor agrupa realmente todos los significados y sentimientos de la obra completa y dicta, con muchos minutos de antelación, la existencia de un desarrollo y un final apoyados inevitablemente en una vertiente de gran y profundo Romanticismo.
    En ‘’Let the right one in‘’ hay un detalle importantísimo para otorgar a la partitura su adjetivación de seria, estable y práctica: los instantes no ‘’musicados’’. Filme con escenas variadas de nula importancia en el sentido del global, el compositor y su director aciertan admirablemente en no componer pieza alguna para ellas, error muy común en este tipo de producciones (ciertamente en las no tan serias y trabajadas como la presente) y que golpea contundentemente a numerosas obras que pudieron ser grandes trabajos.  Söderqvist opta por variar el tema de piano de los dos enamorados durante el cuerpo central del metraje. El detalle de la inserción en él de apuntes atonales e imperceptibles modulaciones, ambos siempre livianos e ínfimos en presencia, nos giran astutamente de la personalidad y naturaleza humana del niño a la sobrenatural de la niña. Exquisito matiz dentro de una partitura emotiva que, progresivamente, adquiere una figura notablemente formada.
    El desenlace musical es soberbio. El tema antes mencionado, dos veces aparecido interpretado a la guitarra, ahora se versiona con toda la orquesta durante la despedida de la pareja haciendo brotar de la pantalla la cumbre de la producción certificando lo expuesto anteriormente, lejos de representar dicha melodía la unión anterior del padre y el hijo y sí, acertadamente anunciada, la de los dos niños. En definitiva, cinta de gran calidad con una banda sonora que, gracias a su precisa aplicación, exacta duración, sobria estructura y justa medida, alcanza merecidamente el sobresaliente.


    BYZANTIUM (2012).
    JAVIER NAVARRETE.

    6 sobre 10



    Obra vampírica romántica, hipnótica que mantiene unas atmósferas de un nivel notable durante gran parte de la historia y que, finalmente, pierde cierto aire de seriedad argumental girando desde una vertiente idealista y firme hacia otra ligeramente fantástica o, incluso, trivial. Su música, ciertamente, sigue la misma línea y si bien con su tema principal al piano (recordando muy de cerca el adagio de la ‘’ Piano Sonata in C Major, Op.2 No.3’’, de Beethoven) logra ese toque elegante y prometedor y con sus temas a medio tiempo consigue fuertes impresiones, cae de manera directa con otros de corte electrónico y activo que se centran más en la narración algo caótica de secuencias y olvidan los puntos más filosóficos que la historia ha ido creando.
    Partitura seria, por momentos muy bien fijada pero con un resultado global que, ya dicho, es golpeado por las partes menos trabajadas. Al igual que la película: pudo ser una obra grande pero se quedó en intento.



    SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN (2013).
    SQÜRL & JOZEF VAN WISSEM.

    7 sobre 10


    Partitura atmosférica, proyectada siempre hacia el espectador desde la historia y en ningún momento narrativa, contiene interesantes detalles estructurales dentro de cada composición, considerando todas ellas con una importancia igual a sus anteriores y posteriores. La secuencia en la que la mujer, por vez primera, sale en busca de la sangre por las callejas de Tánger  es, realmente, espectacular. La música adopta una postura drásticamente distinta a lo que hasta ahora se ha escuchado (y se va a escuchar) y la partitura, guiada por compositor y banda al tiempo, disfruta de un cambio intenso, con sentido y bien dispuesto: esta variación de atmósfera nos indica el inicio de algo distinto y, seguramente, negro y, al tiempo, ofrece la figura de la vampira como un halo de optimismo frente al resto de composición, más lúgubre y gris, reflejo absoluto de la historia, vida e inquietudes del hombre. La escena en la que los tres vampiros, por separado pero temporalmente superpuestos, beben la sangre en las copas es pintada por los compositores mediante unos sonidos pads rasgados a los que las punzadas en las guitarras clavan su sonido como si de dentelladas reales se tratara. Detalle extraordinario en una composición humilde pero con fuerza.
    No hay duda de la personalidad de la partitura; no obstante, piezas y fragmentos adquieren modelos de otros artistas anteriores. La figura global de la obra proyecta notablemente la presencia de Popol Vuh para el filme de W. Herzog ‘’Nosferatu’’ e incluso, en la secuencia en la que Adam (el protagonista) juguetea con su nueva adquisición en forma de bala de madera, la fortísima personalidad e influencia de John Carpenter brota por todos lados de una forma casi descarada, en su ya fijada y conocida manera de mantener una melodía constante completada por una base que va cambiando de forma repetida y minimalista. Pese a este par de detalles, pronto la música se afianza de una manera brillante y globaliza sus maneras hacia una orientación indudablemente atemporal, como lo es la vida de los vampiros. Un final sutil y espléndido, con los vampiros amenazantes y la música demostrando su función sobrenatural, como hemos dicho al inicio (en la que, ahora, los coros femeninos de fondo actúan como si de los tiernos cuellos adolescentes se tratara con las pulsaciones del instrumento de cuerda mostrando la melodía principal, cual colmillos apunto de clavarse).
    En definitiva, obra interesante que no ofrece nada nuevo pero sí una solidez notable y unos detalles ocultos muy meritorios.



    UNA CHICA VUELVE A CASA SOLA DE NOCHE (2014).
    VARIOS.

    5 sobre 10


        Producción intensa, directa y pausadísima. Nos encontramos ante un filme, el de la directora A.L. Amirpour, musicado por canciones de tipo variado, siempre identificadas con el mundo terrenal del vampirismo que afecta a la protagonista y con un matiz orquestal en mitad de la historia y, más tarde, en ambientaciones pocas que ofrece el lado más comercial de una obra minoritaria. Una pena que su exquisita fuerza y su poder hipnótico no fueran originalmente compuestos en una partitura propia para la película en sí. Oportunidad perdida pero, aún así, del gusto de los más comerciales en el mundo de la música. Por otro lado, cuidado con el argumento y la presentación pausada del metraje, sin duda de grandísima calidad.


     Antonio Miranda. Desde mayo de 2016.