Obra
maestra, partitura contenida e impactante en su tramo final con una de las secuencias
cinematográficas musicalmente más conseguidas de toda la historia. Fastuoso
momento, incomparable estructura y una influencia que obliga a difuminar toda
la composición anterior para centrarnos sólo en esta escena, algo
verdaderamente difícil.
La
historia evoluciona y llega la parte comentada. Cómo director y compositor
juntan conocimientos para intelectualizar el momento y evitar precipitaciones
es asombroso: hablan Tom Doniphon (John Wayne) y Ransom Stoddard (James
Stewart) confesándole aquél lo que realmente sucedió en el duelo de éste con el
bandido Liberty Valance. Momento cumbre del filme. ¿Cómo podríamos imaginar que
la música no entrara ahora, en tal circunstancia? La música espera, resulta
como si ella misma fuera testigo de la conversación (¡tal y como Doniphon
Brillante
composición del autor ruso, como la mayoría de sus producciones, con un
dinamismo único.
Con
momentos y situaciones asombrosas, Tiomkin ejerce un poder tan grande sobre el
argumento que él mismo conduce la marcha de las escenas. El ajuste rítmico de
los registros graves con el movimiento del péndulo de los relojes, como si la
vida de la gente dependiera realmente de dos o tres golpes del bandido que está
próximo a llegar o las melodías tersas asociadas a la mujer del sheriff incluso
la famosa canción y sus variaciones instrumentales, con la dupla
Sheriff-Bandido completamente ahogada en ella.
El
compositor se encuentra presente prácticamente en la totalidad del metraje,
algo realmente asombroso. Un filme espectacular que junta a estos dos
personajes (música y Sheriff) y lo cierra geométricamente en un triángulo
isósceles cuya punta única es, precisamente, el personaje que se anuncia y no
se ve hasta el final: Frank Miller y que queda diseñado, delineado, perfilado y
matizado con simplemente el ritmo repetitivo de la variación del tema principal
de la canción: asombroso. Este tema nunca se asocia al Sheriff, éste deambula
por el pueblo nervioso, la acción está en él mismo, y el tema suena tratado de
manera aeróbica, una repetición de matices que hacen pensar en la llegada
pausada del tren con el pistolero en él, tranquilo y seguro con la espera de
sus ayudantes en la estación del pueblo. Su tonalidad no es tensa ni dramática
(como sería conveniente si se tratara del trabajo de Kane, el Sheriff) sino de
un equilibrio y detalles tranquilos, precisamente como se transmite la figura
del pistolero. Un detalle nos lo corrobora: Miller y el último de los
ayudantes, rodeando al Sheriff en el enfrentamiento final, parecen dar con la
manera de liquidarlo. En estos momentos los vientos de la orquesta se decantan
por mostrarnos el tema principal alegre, esperanzado por conseguir y nunca
agobiado por morir. Es, pues, un claro ejemplo de que Frank Miller, sin
aparecer, es la figura principal de la obra.
Partitura inteligente, como lo
era su autor. Sorprende, en tiempo del filme y forma, su inicio: ímpetu máximo
y pegamento a las imágenes (auténtica narración); no obstante, la partitura en
absoluto se caracteriza por esta estructura. ¿Por qué, entonces, este comienzo
tan drástico? El mismo sentido del filme nos lo responde: la película,
caracterizada por una acción media, incluso pausada (no vuelve a narrarse una
imagen de muerte hasta casi llegada la hora de metraje), va a dejar la zona
activa para la parte final. Tiomkin entiende a la perfección esta situación y
emplea unos registros exquisitamente bajos para casi toda la cinta premiando
los diálogos y situándose en un segundo plano, una especie de pintor musical de
la atmósfera de melancolía, tristeza y equilibrio que llega a crear en torno a
un pueblo, de donde no sale la acción.
Con toques magistrales de manera
puntual (el tema principal es de una grandeza sentimental inigualable, el uso
de la trompeta tan y tan triste y etéreo, escuchándose tocar allá a lo lejos…,
las canciones interpretadas por los protagonistas, nexo inteligente entre la
psicología de todos ellos, prestos a arriesgar juntos sus vidas…), la aventura,
una de las más grandes de todos los tiempos en el género del western,
evoluciona admirablemente y así mismo la música. Cómo ésta va cogiendo cuerpo,
forma y carácter es admirable hasta el punto de convertirse en un personaje más
en el tramo final, fantástico, de la obra.
En definitiva, composición
humilde para una producción grandiosa; uno de los músicos que hizo crecer la
música de cine y que pocos conseguirán superar sus obras. Partitura que no deja
de subir cada vez que se ve el filme o se escuchan sus notas.