EL CUENTO DE LA PRINCESA KAGUYA- Joe Hisaishi

 
8 sobre 10


FESTIVAL DE CANNES: sección oficial ''Directors' fortnight''.

KAGUYA-HIME NO MONOGATARI

JOE HISAISHI.

Obra interesantísima en la filmografía del compositor nipón. Hisaishi cambia de registro y forma una estructura radicalmente de carácter tradicional basada en el empleo de las flautas y los sonidos étnicos del lejano oriente, con el koto como eje central, interpretado en la historia por la mismísima princesa. La vertiente narrativa inicia el argumento de forma radical, con la melodía del tema principal (que va a sufrir numerosas variaciones en lo que resta de obra) siempre presente y que alcanza, bastantes minutos después, el matiz descriptivo al ser empleada insistentemente, siempre dando sensación intensa del carácter de la sobrenatural muchacha en relación con la naturaleza. Será marchando a la ciudad cuando la partitura cambie y nos ofrezca una mayor variedad de registros, ahora más cercanos a la música occidental y la melódica presencia de la orquesta completa, muchas de las veces reflejo del sentimiento roto entre Kaguya y su amigo Sutemaru.



Un final mantenido, la parte más trabajada de la composición y siempre alejada de otras creaciones más raciales y pasionales del artista, Hisaishi completa el trabajo con el tema que señala la venida de los personajes de La Luna y una última canción hermosísima. Gran trabajo.




A TENER EN CUENTA: su complejidad y menos practicidad que sus obras más conocidas hace necesaria una múltiple escucha para comprender y alcanzar la verdadera fuerza de la obra.



Antonio Miranda. Marzo 2016.


EL RECUERDO DE MARNIE- Takatsugu Muramatsu.


                                    


9 sobre 10

OMOIDE NO MARNIE- WHEN MARNIE WAS THERE (2014)
TAKATSUGU MURAMATSU.

                Discreta y hermosa, la música para ‘’El recuerdo de Marnie’’ significa el global de una vida, la de Anna (la protagonista junto a la compleja figura de Marnie), una joven solitaria, antisocial, introvertida, triste, profunda y bellísima… No se trata, como muchísimas veces en las producciones de los estudios Ghibli, de una niña de corta edad. Anna mantiene ya una intensa madurez y la música, reflejo de su inquietud y vitalidad más allá de lo que vive, nunca podría haber sido tan variada ni tener tantos registros como las ya conocidas del genial Joe Hisaishi (aunque, ciertamente, mantiene un tono similar a la magnífica ‘’Nausicaä del valle del viento’’: ‘’When Marnie was there’’). Muramatsu opta, inteligentemente, por ofrecer al filme un sentido idílico, especialmente romántico y para eso crea una paleta de notas acordes con la vida de la joven, inquieta interiormente, describiendo siempre su mundo interno y dejando las secuencias más mundanas y triviales sin música, aspecto fundamental en la obra y, sin duda, muestra de la calidad de director y compositor.


              
                Los detalles en ‘’Marnie’’ son innumerables y, siempre, envueltos en una atmósfera vital triste que los oculta sutilmente para convertirlos, en ese instante, en hermosura. El inicio del filme es prudente, tranquilo y Muramatsu, de pronto, mientras Anna viaja a su nuevo destino preocupada e inquieta y el tren pasa de los campos en sombra al verde intenso por el sol  como si de su propia vida se tratara, convierte este instante en una luz tan intensa o más que la del sol que recibe a la joven. Muchos de los temas, de igual forma, pareciendo una línea inquebrantable de melodía continua, poseen ligeros matices narrativos que sorprenden  y que, sin romper con brusquedad el conjunto, enriquecen este ámbito sin tratarlo en demasiados momentos. Habría sido un grave error narrar instantes que vemos, que suceden y que, precisamente, Anna rechaza y odia. Muramatsu, con maestría, vitaliza a la joven mediante tramos ínfimos y elegantes y desecha los más prolongados y sociales (fiestas, conversaciones…), parte de la angustia vital de Anna.



                En definitiva, partitura hermosísima, de una calidad y cualidad sobresalientes, aplicación medidísima y una implicación en la historia que deja de lado, en todo momento, la realidad existencial de la protagonista (cediéndola admirablemente al espectador) adentrándose en los pensamientos de un ser humano entrañable, más vitalista que cualquier otro y que consigue vivir mientras muere. Admirable.











A TENER EN CUENTA: la sutileza, elegancia y belleza de toda la composición.



Antonio Miranda. Marzo 2016.



BANDA SONORA (CRÍTICA)- BATMAN V. SUPERMAN- Hans Zimmer & Junkie XL.




 6,5 sobre 10

BATMAN v. SUPERMAN: DOWN OF JUSTICE (2016).
HANS ZIMMER &JUNKIE XL.


Realmente, nada nuevo. La escucha del score de ambos artistas para la nueva película de los dos más conocidos superhéroes del cine ofrece una sensación algo pasiva, distante, a veces ilusionante, pocas trepidante y las más, expectante. Esta última es la impresión más fuerte que uno siente cuando la oye: esperamos, ansiosos, algo grande, notas fastuosamente doradas, fragmentos de una combinación global de composición y forma que, antaño, el artista alemán ofrecía a cada paso y que, actualmente (con sus muestras de valía) su compañero de obra también origina; no obstante, la expectación no va más allá. Su partitura, global e interesante, carece de una composición y estructura sobresaliente y se queda en una forma externa adecuada, un buen hacer que ambos, sin duda, controlan. 

A caballo entre ‘’Man of steel’’, ‘’El Caballero oscuro: la leyenda renace’’ (en las que también participó Junkie XL con música adicional en la primera y arreglos en la segunda), ‘’Interstellar’’ y ‘’Mad Max: furia en la carretera’’,  nunca llega a cuajar un contenido propio y, en absoluto, al nivel de las mencionadas obras (quizá empatando con ‘’Man of steel’’), cuya máxima expresión consiguieron, precisamente trabajando juntos, en la última entrega de la trilogía de Cristopher Nolan.



             Las modulaciones contenidas, sonidos electrónicos modificados y ritmos creados por Junky XL, demasiado escondidos y poco presentes para lo que podía haber sido un punto fuerte de toda la composición, son el elemento más destacable de una obra con profunda falta de personalidad, demasiado pendiente de otras referencias anteriores y poco del conjunto, resultando demasiado estridentes las partes activas y muy pausadas las lentas, abriendo un hueco muy importante entre ellas que perjudica absolutamente al resultado final, aún manteniendo bastante bien la unión de conjunto.


A TENER EN CUENTA: ¿seguirá Hans Zimmer el mismo camino que, en su día, tomó James Horner desde su insuperable ''Leyends of the fall''? Los amantes de las extraordinarias bandas sonoras de ambos compositores (el primero ya tristemente fallecido) sentimos que falta algo por llegar tras sus mayores obras maestras. El artista alemán nos ofrece pinceladas de buena música pero, no obstante, ya sin ser lo que fue y colaborando, para mal de sus obras, con numerosos músicos venidos de variopintos sectores del arte.


Antonio Miranda. Marzo 2016.




EL RESPLANDOR/The Shining- Penderecki, Bártok, Ligeti, Wendy Carlos & R. Elkind.





 7 sobre 10

THE SHINING (1980).
Béla Bártok, Wendy Carlos & Rachel Elkind, Krzysztof Penderecki y György Ligeti.


El conjunto de piezas que conforman la música para ‘’The shining’’ demuestran, sin duda, el conocimiento y la dedicada afición de su director para con la música clásica y, más concretamente, la música contemporánea y experimental. La obra muestra los numerosos fragmentos mediante una inserción continua en pantalla y, pese a ello, gran equilibrio entre todas, algo complicado tratándose de variados autores. Sin duda, el director y compositor polaco Krzysztof Penderecki es el eje central de todo el global y sus piezas experimentales, oscuras y complejas arman un cuerpo robusto aunque, a veces, demasiado presente en la historia, manejando así la mente del espectador y no dejando una libre interpretación mediante necesarios silencios musicales, aspecto éste en el que la producción se debilita, musicalmente hablando.




Wendy Carlos y Rachel Elkind versionan un fragmento de la ‘’Sinfonía Fantástica’’ de Héctor Berlioz y con él componen el tema principal de créditos, una idea interesante de Kubrick que, si bien opta por una pieza original, la gira inteligentemente hacia una obra clásica para seguir una línea equilibrada en toda la historia. Yéndonos más allá en el tiempo, el tema tomado por Berlioz se remonta al siglo XIII, concretamente al ‘’Dies Irae’’ de Tomás de Celano, unas notas y estructura que, referidas a un texto sobre el día del Juicio Final, ya no se separarán del concepto de muerte y dolor. Sin duda, ambos aspectos unifican la idea de lo que Kubrick está por contar.

Mención especial merece la famosa escena en la que Jack Torrance inicia la persecución de su mujer y su hijo, hacha en mano. El tratamiento de la secuencia y posterior silencio son ejemplares, forma en la que todo el filme debiera haberse entendido. Los minutos finales a los que da paso, marcados por los temas en los que las cuerdas graves potencian el conjunto de las piezas, son espectaculares. No obstante, deformación mental progresiva de unos personajes que hay que entender como el objetivo fundamental y final de la música en la película. Una desfiguración intelectual constante, como permanente son los sonidos histriónicos de toda la música.



En definitiva, alarde de aplicación musical que, si bien se excede en presencia y minutaje, consigue transformar el terror en una esquizofrenia absoluta gracias a la intensa presencia de unos fragmentos musicales complicados de escuchar y fáciles de admirar.






           ANTONIO MIRANDA. Marzo 2016.


INTELIGENCIA ARTIFICIAL (A.I.)- John Williams





 10 sobre 10

INTELIGENCIA ARTIFICIAL (2001).
JOHN WILLIAMS.

Inicio arrollador del compositor americano, sutil, delicado y con una curiosa aplicación: el niño protagonista, bajo una gran interpretación, nos introduce de lleno en su naturaleza fílmica de máquina que el músico, con gran maestría, es capaz de atacar para devolver la humanidad al robot (que, precisamente, es lo que buscará durante toda su aventura) gracias a una colección de momentos narrativos deliciosos que culminan, de forma sorprendente, con la declaración de amor de la madre en la que Williams presenta, por vez primera, la melodía inigualable del tema principal de esta obra. Un inicio de historia sólo al alcance de un genio como él es. Imaginar los quehaceres de la familia durante los primeros instantes de la película, sin las notas de la partitura, es realmente difícil. El ejemplo más claro, y que representa la forma de componer de todo este inicio, es la secuencia en la que la madre, a punto de irse con su marido, regresa junto a David, el niño robot, y le enseña el juguete del osito Teddy que su hijo, con problemas de salud, usaba a menudo. La escena, musicalmente hablando, es de una belleza plástica y calidad compositiva extraordinarias. Cómo John Williams modula y crea sensaciones distintas un segundo sí, otro también, cambiantes sin descanso y unidas todas sin grietas, resulta de un asombro particularísimo, siempre propio del ‘’Maestro’’. Secuencia, sin duda ninguna, a estudiar por cualquier compositor, seguidor o amante del cine o la música. Ejemplar y única, pese a pasar, seguramente, desapercibida.



La estructura formal de todo el cuerpo de la composición sigue le línea comentada, absolutamente convirtiendo ‘’Inteligencia artificial’’ en una narración sutil de las más elegantes de la carrera del artista y, al tiempo, de las menos valoradas, seguramente debido a esta forma de planteamiento mediante conceptos para nada comerciales, siempre melódicamente complejos y con un solo tema principal, hermosísimo, puntualmente empleado y con un significado importantísimo que, al tiempo, se lo ofrece también al resto de la, muchas veces, olvidada obra de John Williams para esta producción futurista de Steven Spielberg. La parte final, comenzada desde la llegada de David a la devastada Manhattan, mantiene una ejemplar medida de situaciones, aportando una simplificada narración a momentos aparentemente importantes y fácilmente elaborables mediante fragmentos sinfónicos y llamativos. No es así y Williams contiene todo, dueño del argumento, para los instantes finales, rebosantes (mediante la ya aparición directa del tema principal) de una belleza poco alcanzable en la historia de la música de cine. El desenlace del filme (tantas veces criticado pero, sin duda, elemento fundamental en la obra, como bien podemos darnos cuenta al escuchar detalladamente su composición musical), con la melodía principal ya presente todo el rato, contiene una explosión de emociones asombrosa. Y siempre, repetimos, mediante la elegancia y la sutileza, nunca desbordada ni exagerada, de la música. Ligeras referencias (en la parte final coral) a la música que Stanley Kubrick (fundamental en la concepción del proyecto) empleó del compositor György Ligeti en su ‘’2001’’.

Concluyendo, obra no tan reconocida como debiera, llena de detalles emocionales trabajados desde la prudencia musical y con un final, igualmente cauto, con una fuerza de Romanticismo insuperable por nadie.




A TENER EN CUENTA: partitura que ejemplifica como ninguna la verdadera naturaleza de la carrera artística de John Williams, compositor comercialmente valorado por sus temas únicos pero que, sin duda, basa toda su obra en complejas estructuras de composición, modulaciones ejemplares y una música en absoluto fácil de escuchar, lo que eleva su maestría a cotas históricas.


Antonio Miranda. Marzo 2016.